|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
¿Nos estamos preparando para dar razón de nuestra fe y de nuestra esperanza?
Homilía ap06001a, predicada en 19960512, con 12 min. y 9 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, este es ya el sexto domingo del tiempo de Pascua. Tiempo que va desde la celebración gozosa de la resurrección del Señor hasta la súplica también gozosa de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. Y ya se acerca ese día de Pentecostés. Es un tiempo entonces que empieza, un tiempo litúrgico que empieza y que termina en alegría. Es un tiempo muy hermoso en el que Dios tiene manjares sustanciosos, suculentos para ofrecernos. Quiera el mismo Dios darnos suficiente hambre, porque así, como no vas a ser invitado a un restaurante muy fino o a una comida bien preparada, si el estómago está enfermo o está hastiado; así también durante toda la Pascua, Cristo el Señor ha venido dándose a nosotros, a través de su Palabra, a través de los signos sacramentales, a través de los sacramentos mismos y sobre todo a través de la presencia de su Divino Espíritu. Que ese alimento, que ese manjar no se pierda en nosotros. Y por eso me permito exhortarlos a que siempre que vengamos a la Iglesia, no más pisar el umbral, le pidamos: -Señor, dame hambre de ti, dame hambre de tu palabra, dame sed de tu verdad, dame Señor, esa necesidad de ti, porque si yo tengo hambre, tú serás mi alimento-. Pero si llego sin hambre, no importa cuánto haga Dios sobre este altar, y no importa cuánto diga Dios desde este ambón; nosotros nos iremos como vinimos. Hoy, por ejemplo, nuestro Señor Jesucristo abre su corazón. Estamos escuchando en los domingos de este ciclo A, textos de los discursos de despedida de Nuestro Señor en la Última Cena, según el Evangelio de San Juan. En este caso se trata del capítulo 14. Cristo abre su corazón, como una invitación a que también nosotros abramos el nuestro, y qué nos ha revelado en este día. Ojalá lo aprendamos bien, porque el apóstol Pedro en la segunda lectura nos ha dicho: -Muestren con la santidad de su vida, que Jesús es su Señor-. Y el mismo Pedro nos ha dicho: -Y prepárense para dar razón de su esperanza a todo el que os pida explicaciones-. Pero con mansedumbre y en buena conciencia. ¿Cuántos de nosotros realmente estamos cumpliendo aquello que dijo el Apóstol? ¿Cuántos de nosotros soportamos o soportaríamos la pregunta por nuestra fe? Tendríamos que decir simplemente Bueno, yo soy católico porque mi papá era católico y mi abuelo era católico y mi bisabuelo parece que también era católico. ¿Es solamente eso, lo que hay en nosotros? ¿Se trata simplemente de una tradición en cierto modo humana? ¿Se trata de la repetición de unos ritos? ¿Se trata simplemente de conservar una especie de orden social?. Personas hay que miran en la religión solamente eso, una especie de salvaguarda del orden social para que no se acabe de descuadernar la sociedad que tantas tristezas nos trae. -Pues por lo menos pongamos una especie de corsé, que sea la religión para que no pierda del todo su figura, para que no se termine de corromper-. Pero ¿quiénes? de entre nosotros, le pregunto a usted y a usted ¿quiénes de entre nosotros nos hemos ocupado de crecer en el conocimiento y en la gracia de Dios? Hay una comparación que he dicho en otras oportunidades Si en este momento yo trajera aquí la ropita que usted utilizó para su primera comunión, salvo en el caso de algún niño o alguna niña, usted descubriría que esa ropa evidentemente ya no le sirve a usted. . . ha crecido usted en peso, en longitud y en anchura, de manera que la ropita de la primera comunión ya no le sirve. La pregunta es: ¿usted así como le ha crecido su cuerpo, le ha crecido su fe? La gente hoy se preocupa de formarse continuamente, de hacer estudios complementarios y después de una jornada agotadora de trabajo, estudia otra carrera por la noche y después de una semana extenuante de labores, sábado y domingo en un seminario para un posgrado que estoy haciendo. Y así usted se prepara, yo creo que eso es bueno, para ser cada vez un mejor abogado, un mejor ingeniero, un mejor profesional. Pues yo tomo la invitación del apóstol Pedro y le invito a usted a que se prepare en su fe cristiana. ¿Usted qué ha hecho por su fe? ¿Hace cuánto leyó lo último que fuera provechoso para su fe? La mayor parte de las personas lo único que vuelven a saber en términos de fe es lo que bien o mal, pueda decir el sacerdote en las homilías del domingo y pare de contar. Algún otro, un poquito más fervoroso, alguna vez reza el rosario en la casa o abre la Biblia y ojea unos cuantos capítulos ¿Usted se está preparando para dar razón de su esperanza?. ¿Usted se está preparando en un mundo en el que cada vez es más difícil creer a fondo y ser cristiano coherente; usted se está preparando para vivir esa fe?. Me imagino que aquí hay muchos padres de familia. ¿Usted ha caído en la cuenta de que es el primer evangelizador de sus hijos?. Usted es el primer evangelizador de ellos. Al primer síntoma de una infección en el niño. Yo sé que usted vuela a la clínica Ausencia. Y si hay que hospitalizarlo, le hospitaliza. Y si el niño tiene un accidente, usted vuela con el niño. ¿Usted cuida del corazón y del alma de su hijo, así como cuida de su cuerpo?. ¿Usted cree que Dios le dio únicamente dos cuerpos o tres cuerpos de acuerdo con el número de hijos? ¿Le dio Dios cuerpos para que usted los embelleciera con el gimnasio, con el maquillaje, con la cultura, con la danza, con la literatura? y la eternidad de su hijo ¿Qué? ¿Su hijo se está preparando, su hija se está preparando para dar razón de su esperanza?. ¿Sabe su hijo, su hija y sobre todo, sabe usted, en primer lugar, esto que nos ha dicho Cristo?, -Amar a Cristo es guardar sus mandamientos-. Hace unos años, cuando se predicaba sobre el amor de Dios, por ejemplo, en esto que se llamaban o se llaman los seminarios de vida en el Espíritu, siempre la primera charla era para decirle a la gente mira: -Dios no es ese juez espantoso que a ti te han contado. Dios es amor-. Hace veinte o quince años esa era la charla introductoria del Seminario de Vida en el Espíritu: -Dios no es ese Señor malgeniado, Dios es amor- ¡Maravilloso!, eso es cierto. Pero hemos hablado tanto de que Dios es amor, que ahora a los niños y a los jóvenes casi me parece que toca hacer en parte una predicación complementaria, a la de que Dios es amor, porque al niño ya se le habla tanto de que Dios es tan amor y tan amoroso que el niño termina pensando que Dios es: aquello que yo me estoy imaginando. Es decir: -el que siempre tiene que estar a mi favor, el que nunca puede meterse con mis intereses- "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos" . Amar a Dios. Dios es amor. ¿Sabemos lo que eso significa? ¿No será el amor la palabra más prostituida, más desgastada de nuestros días? Queridos amigos, vamos a concretar esto en tres invitaciones: de aquí al próximo domingo, o sea, para mí ya este domingo empezó, de manera que estoy hablando del siguiente, para mí. Le propongo de aquí al próximo domingo, échele cabeza a ver qué va a hacer por, por su fe. Piense algo que vaya a hacer usted por su fe: Una lectura, una consulta, un curso, un grupo de oración; haga algo por su fe, algo que le ayude a alimentar su corazón y a venir y participar con más provecho de la Santa Misa. Ese es mi primer llamado. Esa es la primera invitación. Haga algo por su fe. Segunda invitación de este día. Lo invito a que usted revise su vida delante de Jesucristo. "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos" , ha dicho el Señor. Revise usted su vida delante de Él. Claro que su mandamiento fundamental es que amemos. Pero bueno, amar es guardar los mandamientos, y su mandamiento es amar. No es un simple círculo vicioso. Es la expresión profunda de cómo la vida de Cristo es palabra, y la Palabra de Cristo es vida. De manera que es conveniente que usted examine su propia vida. Y tercera invitación recapacite sobre la responsabilidad que usted tiene con otras personas, muy especialmente con sus hijos y con sus nietos, con sus hijos y con sus nietos. Por favor, que no solo esté bonitica la cara, que no sólo esté sanito el niño, cuide de que ese niño o esa niña con esa cara bonita no sea una alimaña, cuide que sea una persona que sirva a Dios, que ame a Dios sobre todas las cosas y que sea útil en la construcción de una sociedad según el corazón de Dios. Le dejo esas inquietudes.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|