Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Gente que sabe que necesita ayuda y que también está dispuesta a apoyar a otros.

Homilía ap05017a, predicada en 20260503, con 14 min. y 10 seg.

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Transcripción:

Hermanos queridos, quiero en esta oportunidad ofrecer, compartir una reflexión, apoyándome sobre todo en la segunda lectura que fue tomada de una de las cartas del Apóstol San Pedro. En la Biblia tenemos dos cartas de Pedro, especialmente la primera de esas cartas tiene un tono que podemos llamar bautismal, en el sentido de que ayuda mucho a quienes están empezando en la vida cristiana. Por eso en el tiempo pascual se escucha con alguna frecuencia, tanto en oficio de lectura como en la Santa Misa, se escuchan textos de esta primera carta de Pedro.

La imagen que nos presenta el Apóstol en esta oportunidad es la imagen de la piedra o de la roca. Ustedes saben que nosotros los sacerdotes, tenemos que aprender unos de otros. Por eso hay toda una preparación para llegar al sacerdocio, donde hay que estudiar Padres de la Iglesia, Doctores de la Iglesia santos y también tenemos que aprender a escucharnos unos a otros. Tratando de preparar estas palabras me encontré con una reflexión de un obispo que hablaba precisamente sobre esa primera lectura y sobre el tema de la piedra, y me pareció original, me pareció muy bello, por eso lo voy a compartir. Básicamente lo que decía este venerable obispo es la diferencia entre ser una lápida y ser una piedra viva, porque a veces nosotros podemos tomar el camino de las lápidas.

Una lápida es como una piedra muerta. Una piedra que sella la muerte. O podemos tomar el camino de ser piedras vivas, que es lo que nos propone el apóstol Pedro en esa lectura de la primera carta que lleva su nombre. La lápida señala la muerte. La piedra viva señala la vida, y nosotros queremos ser, según lo que nos dijo este apóstol, queremos ser piedras vivas. Si lo piensas bien, es una metáfora un poco forzada, porque uno no asocia la vida, uno no la asocia con algo tan inerte como es una piedra. Pero eso es lo que aparece precisamente ahí en el apóstol Pedro. Él toma esa expresión precisamente de lo que es Cristo, porque Cristo es la piedra angular, la piedra de cimiento en la que uno puede apoyarse, en la que uno puede construir.

Hay un salmo que dice precisamente la frase que cita también Pedro: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular". Esa frase la cita aquí Pedro. Pero el mismo Cristo, en un lugar del Evangelio, también se la aplica a sí mismo, como diciendo a las autoridades judías de aquel tiempo, diciendo que ellos estaban desechando la propuesta del Evangelio, pero que esa propuesta, aunque pareciera inútil, aunque pareciera loca, aunque pareciera insuficiente, es la propuesta paradójica pero eficaz de Dios. Y por eso Cristo es la roca sobre la que se puede edificar la vida. Y como se puede edificar la vida, en ese sentido, Cristo es una roca viva, porque es la roca donde se puede edificar la vida. Ese es el sentido que tiene agregar el adjetivo viva a esa roca. Es una roca en la que se puede edificar la vida.

Y a partir de quién es Cristo, podemos entender que estamos llamados a ser nosotros. Cuando Pedro dice que aprendamos a ser piedras vivas, quiere decir que nosotros nos apoyamos en otros. Pero también significa que estamos dispuestos a apoyar a otros. Eso es lo propio de una construcción. En una construcción, piensa tú por ejemplo, en esas antiguas iglesias, en una construcción, cada parte se apoya en lo que está debajo, pero también le sirve de apoyo a lo que viene arriba. Y podemos decir que ser piedra viva es al mismo tiempo saber apoyarse. Y significa también saber apoyar. Porque en la Iglesia todos necesitamos ser apoyados, pero también en la Iglesia tú estás llamado a apoyar a otros. Hay una interdependencia, hay una armonía, hay una arquitectura del espíritu que es lo propio de la comunidad.

Ninguno de nosotros es toda la construcción, ninguno de nosotros es la casa entera. Pero todos nosotros, unidos como Iglesia, aprendiendo a dejarnos apoyar y aprendiendo también a apoyar a otros, llegamos a ser esas piedras vivas, así como Cristo le sirve de cimiento a otra persona, y esa persona eres tú, y esa persona soy yo, porque yo aprendo a apoyarme en Cristo. Entonces esto conduce la reflexión hacia qué significa apoyarse y qué significa ser apoyo. Y realmente es muy hermoso lo que sale aquí, sobre todo cuando lo comparamos con esa situación de la lápida. La lápida lo único que dice es aquí triunfó la muerte y por eso no tiene más mensaje que ese. Pero en cambio, la piedra viva tiene una relación que, a pesar de lo estático de la construcción, nos habla de un dinamismo vital.

¿Qué significa apoyarse? Apoyarse significa que uno no es autosuficiente. Apoyarse significa que uno necesita ayuda, que uno necesita aprender, que uno necesita ser corregido, que uno necesita escuchar, que uno necesita que lo perdonen, que uno necesita amor, reconocernos necesitados y aprender a recibir lo que otras personas pueden darnos, empezando por ese entorno hermoso que es la familia, eso es apoyarse. Mi vida, la mia, estaba rodeada de psicólogos. Yo tengo psicólogos por todas partes que me tienen bien analizado. Bueno, todos esos psicólogos hablan hoy sobre la necesidad de las redes de apoyo. El primer recurso que tiene una persona en una dificultad, en una crisis de ansiedad, en una crisis de depresión, en una crisis de soledad, es una red de apoyo.

En esa línea va precisamente lo que nos dice este texto de la Palabra de Dios. Por eso he querido dedicar esta reflexión a eso. Se vale necesitar, se vale levantar la mano, se vale decir me siento mal, necesito ayuda, necesito apoyo. Si nosotros nos acostumbramos a levantar la mano, a pedir ayuda, a salir de nuestro individualismo y muchas veces de la autosuficiencia en la que nos quieren meter tantos mensajes contemporáneos, ahí aprendemos a apoyarnos en otros. Y digo que hay mensajes de nuestro tiempo que nos quieren hacer como si fuéramos de bronce, como si fuéramos de titanio. El titanio es mucho más fuerte que el bronce y entonces nos están enseñando que tenemos que ser estoicos y tenemos que ser resilientes. Y por todas partes nos dicen aprenda a soltar. Hay que soltar despréndase, corte. Sí, es verdad que uno tiene que cerrar capítulos y es verdad que uno tiene que cortar, pero todo eso duele, todo eso cansa, todo eso erosiona, todo eso desgasta.

Hermanos, no somos de bronce, no somos de titanio, necesitamos ayuda. Y necesitamos ayuda es todos. Eso incluye al religioso. Eso incluye al sacerdote. Ustedes y yo hemos encontrado noticias absolutamente tristes, de religiosos o de sacerdotes que han llegado a decisiones extremas precisamente porque no encontraron o no buscaron ese apoyo; en la Iglesia de Dios todos necesitamos apoyo y es necesario que aprendamos que es normal eso. Dentro de ese apoyo quiero recordar tres palabras fundamentales: Necesitamos consejo, necesitamos perdón y necesitamos amor. Todos necesitamos esas tres palabras y muchas otras, pero subrayo esas por la experiencia pastoral que he vivido. A la vez, también somos llamados a servir de apoyo a otras personas.

La piedra viva es la piedra que está dispuesta a que se pueda construir encima de ello. Es decir, estamos llamados a ser gente de fiar. Hay que convertirse en personas de fiar. ¿Y qué es una persona de fiar? Es la persona que promete y cumple. Es la persona que anuncia un futuro. Yo sé que estamos en tiempos de fragilidad y se habla de que esta es una ¡sociedad líquida! Pero tenemos que aprender a ser personas de fiar. Ser persona de fiar es la persona que es capaz de decir yo no solo estoy, sino que yo estaré. Por eso yo invito a todos, pero muy especialmente a los más jóvenes, a que cultiven en lo profundo de su corazón la firmeza que solamente da Cristo para que ustedes sean de fiar. Yo miro, por ejemplo, a estos jóvenes que se forman en nuestro convento.

Están preparándose para ser frailes para toda la vida, y eso es exactamente lo que se realiza en una profesión solemne. En la profesión solemne, el religioso dice: -Yo prometo obediencia-. Se lo dice al provincial refiriéndose al maestro de la Orden, nuestro superior en el mundo. Yo prometo obediencia a ti y a tus sucesores hasta la muerte. ¿Qué significa eso? Eso significa: -Yo quiero ser de fiar. Yo quiero que la comunidad pueda contar conmigo-. ¿Va a haber tormentas? Claro, ¿Va a haber tentaciones? Por supuesto. Va a haber caídas. Lamentablemente, debemos decir: Sí, estadísticamente, hay caídas, hay errores, hay pecados. Pero la profesión solemne no es una promesa de que nunca voy a fallar. Es una promesa de que, fiado de la roca, fiado en Cristo, estoy dispuesto a pelear. Estoy dispuesto a batallar hasta el final.

A veces será agradable, a veces será feliz, a veces será difícil. Pero yo quiero dar esa batalla. Lo que digo de mis hermanos jóvenes de comunidad, lo digo también de quienes desean, por ejemplo, definirse por una vida de familia. Qué importante que las jóvenes y los jóvenes cultiven la ¡¡Firmeza en Cristo!! De manera que el día que vayan a celebrar el matrimonio, si esa es su vocación, puedan decir lo que escuchamos en la ceremonia del sacramento del matrimonio. Esa, esas palabras son perfectas allí donde se dice que tú vas a ser fiel en la alegría y en la tristeza, en la salud y en la enfermedad, en la pobreza, en la prosperidad. Eso significa ser de fiar. Me gusta la palabra que utilizan en inglés, "Reliable". Una persona en la que se puede apoyar uno. Éso es lo que necesitamos en la Iglesia.

Necesitamos sacerdotes de los que la gente diga -Uno se puede fiar, de ese tipo uno se puede fiar. Ese no está cambiando la doctrina cada tres años, de acuerdo con la teología de moda-. Que se pueda decir de esa mujer, se puede uno fiar; dijo "Sí" en el matrimonio, y así permanece hasta la muerte. Ésa es la gente que necesitamos. Pero hay que aprender que eso no es posible si no empezamos por fiarnos nosotros de Cristo, por fiarnos de la Iglesia y fiarnos y apoyarnos cuando necesitamos ayuda. Hermanos, es un mensaje que creo que es muy actual. Le pido a Dios por mí mismo, porque dice el Apóstol San Pablo en la carta a los Romanos: "El que esté de pie, mire, no caiga".

Todos somos frágiles. Hay que ¡¡Apoyarse en Cristo!! No en las solas fuerzas. Vamos a apoyarnos en Cristo. Vamos a apoyarnos en la Iglesia. Pero ustedes y yo hagámonos hoy la promesa: -Yo quiero ser una mujer de fiar-. -Yo quiero ser un hombre de fiar, quiero ser un esposo, un esposo tal que cuando mi esposa me mire a los ojos, ella pueda sentir con este hombre hasta el final-; que el esposo pueda mirar a la esposa y pueda decir -con esta mujer hasta el final-. Éso lo necesitamos, y eso es lo que nos da Cristo, y eso es lo que significa ser piedras vivas.

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