Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El Padre es la meta y Cristo es el camino para llegar a Él. Cuando crecen la fe y el amor, el camino se hace más corto y cercano.

Homilía ap05016a, predicada en 20260501, con 7 min. y 10 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

Llegamos al quinto domingo de Pascua y el texto del evangelio de hoy nos presenta una conversación cercana, una conversación íntima, podríamos decir, con esa intimidad que nos acerca al corazón de Jesús, con esa intimidad que nos permite acercarnos a los secretos del Hijo de Dios encarnado. Y en ese contexto de amistad, de cercanía, de intimidad, dos apóstoles intervienen en el pasaje de hoy. Uno de ellos es Tomás y el otro es Felipe. Y lo que quiero destacar en esta oportunidad es cómo se relacionan esas preguntas o esas intervenciones de ellos.

Jesús les dice: "A donde yo voy, ya sabéis el camino". Tomás le pregunta: "No sabemos a dónde vas, ¿Cómo sabremos el camino?" Esta pregunta nos muestra bien el temperamento de Tomás. Él quiere decidir, quiere resolver por sí mismo cómo se llega. Para él, el tema es que le digan a dónde hay que llegar y ya él se las arreglará para conseguir esa meta. -Dime a dónde, y yo veré cómo-. Pero Jesucristo con su respuesta muestra que el a dónde, y el por dónde, o cómo, están profundamente relacionados. ¿A dónde vas? y, ¿Cómo vas? O lo pregunto de otra manera. ¿A dónde vas? y, ¿Por dónde vas? Tomás cree que se pueden separar estas dos preguntas, dime a dónde; y yo miraré por dónde.

Pero la verdad es que la indigencia humana es mayor de lo que cree Tomás. El adónde está vinculado al por dónde. Y aquí es donde tiene su importancia la intervención del otro apóstol de Felipe. Felipe le dice: "Muéstranos al Padre y eso nos basta". El Padre. Es muy natural que Felipe haga esta pregunta porque Cristo hablaba con frecuencia del Padre. Hablaba de su Padre. De hecho, la voluntad del Padre es todo para Jesús, y lo mismo que algunos contemporáneos, incluso adversarios de Cristo, pues también Felipe dice Bueno, pues acabemos con esta expectativa. Muéstranos al Padre. El Padre es. . . el ¡A dónde! Y Cristo es. . . el ¡Por dónde! Y por eso no se pueden separar.

Porque así como no se puede separar a Dios Hijo de Dios Padre en la indivisa Trinidad, tampoco se puede separar el ¡Por dónde! Que es el Hijo, el camino, del ¡A dónde! Que es la meta, el cielo, el Padre. Por eso he dicho que estas dos intervenciones, estas dos preguntas de estos dos apóstoles, son en realidad inseparables, porque también son inseparables el por dónde y el a dónde. Cuando Felipe le dice: "Muéstranos al Padre y eso nos basta", Cristo le dice: Hace tanto que estoy con vosotros Felipe, y ¿No me conoces? El que me ha visto a mí ha visto al Padre". Es decir, que para llegar al Padre, el camino es el Hijo. Pero hay un sentido místico supremamente bello con el que quisiera terminar esta breve reflexión.

Cuando Cristo le dice a Felipe: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre". Si tenemos en cuenta que el Padre es precisamente la culminación de todos nuestros anhelos, entonces entendemos que en Cristo, de alguna manera ya hemos llegado. Esto me hace acordar un pasaje muy lindo también de San Juan, después de la multiplicación de los panes. En el capítulo 6, nos dice San Juan que los discípulos, los apóstoles, partieron solos en una barca. Luego, ya muy avanzada la noche, Cristo va hacia éllos caminando sobre el agua. Ellos, por supuesto, quedan absolutamente turbados. Él les da paz, y nos dice el evangelista Iban a recogerlo, pero la barca tocó tierra al lugar donde iban. ¿Te das cuenta el sentido místico que esto tiene? Ellos iban en ese caso a un cierto punto a una orilla, y el camino se hizo corto porque estaba Cristo, porque Cristo es el camino; pero deberíamos decir es el camino corto.

Tan corto se vuelve ese camino como grande se vuelva tu fe. Cuanto más encuentras tú en Cristo, cuanto más encuentras tú en Él, más corto se vuelve el camino, y más pronto encuentras la verdad y la gloria del Padre. Y el que haya avanzado, aunque solo sea un poquito en la oración, sabe la hermosa profundidad mística que tiene esta última parte de la enseñanza que nos da el evangelio. ¿Quieres acortar el camino a la meta? Aumenta. Aumenta tu fe. Aumenta tu amor. Aumenta tu deseo. Mayor deseo, mayor amor, mayor fe, menor camino, más breve camino. Que Dios te bendiga.

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