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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Al apartarte de Jesús dejas de llegar a donde querías llegar y enfrentarás consecuencias dolorosas y profundas que no tenían por qué haber llegado a tu vida.
Homilía ap05015a, predicada en 20230507, con 6 min. y 15 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! En este domingo Cristo le responde al apóstol Tomás aquella frase que es una consigna para todo verdadero cristiano: "Yo soy el camino, la verdad y la vida". Esa frase se vuelve impresionante cuando la aplicas poniéndola como tuya, por ejemplo: Cristo es mi camino, Cristo es mi verdad. Cristo es mi vida. ¿Y qué significa decir que Cristo es mi camino? Bueno, piensa lo que sucede cuando uno se aparta del camino. Si vas, por ejemplo, de una ciudad a otra y te sales del camino, pues no vas a llegar nunca y es muy probable que tengas que enfrentar peligros o problemas que de otra manera no hubieras tenido. Eso es lo que significa que Cristo es el camino que en cuanto te apartas de Cristo, dejas de llegar a donde querías llegar. Y además enfrentas una cantidad de problemas, de dificultades, de dolores, de pérdidas que no tenían por qué llegar a tu vida. Hay muchas maneras de aplicar esta consigna: Cristo es mi camino, a la propia vida de uno. Por ejemplo, piensa en lo que le ha sucedido a tantas personas que empezaron de niños o de adolescentes. Llevaron una vida más o menos cristiana, pero luego se apartaron del camino porque otras voces los convencieron de que tomaran otra ruta. Típicamente y esto es muy doloroso decirlo por la cantidad de personas implicadas. Típicamente esto sucede en la juventud. La persona iba creciendo dentro de una familia cristiana. Hizo de hecho su primera comunión, incluso con bastante fervor. Todo parecía ir muy bien. Pero luego llegan otras voces. Voces que le dicen que no sea tonto, que no sea tonta, que disfrute la vida, que conozca el licor, que conozca la droga. Que empiece a probar sexo con hombres, con mujeres. Y entonces la persona que empezó bien y que iba por el camino se aparta de ese camino. Es impresionante ver cómo nos aguardan los enemigos apenas nos apartamos del camino. Tengo el caso, por ejemplo, de una amiga que en su adolescencia, convencida así por otras personas, pues probó la marihuana. Ya sabes que está de moda eso de legalizar la marihuana y la libertad de cada uno. Oye, me parece tan impactante ver a esta chica. Ya han pasado los años, ver a esta chica luchando para no recaer en la marihuana. Ella ya está convencida de que eso no le sirve. Ella ya sabe que eso no es. Pero las garras de los enemigos, esos enemigos que la atraparon en cuanto ella se apartó del camino, las garras de los enemigos, las cuerdas de la adicción, vuelven a halarla. Eso es lo que sucede cuando nos apartamos del camino. Y por eso es tan importante que cada uno de nosotros pueda decir de una manera convencida y de una manera frecuente, amorosa y alegre Cristo es mi camino. Tener esa consigna, cuando estés con tus amigos, con tus amigas. Cristo es mi camino. Cristo es mi camino, ese es mi estilo, esa es mi manera de hacer las cosas. Y no voy a dejar que las garras de los enemigos se hundan en mi carne y resulte yo encadenado a quién sabe qué vicio, a quién sabe qué mala amistad, qué pésimo noviazgo. Porque todo eso deja huellas, porque todo eso deja heridas, porque todo eso deja rupturas. A eso es a lo que me refiero. Ese es el daño que se causa. Y luego pasan tantos años la persona tratando de reparar esas heridas. Hace poco me escribía, me enviaba un audio, un mensaje, una señora amiga y me comentaba sobre, sobre el tema del aborto. Ustedes saben que continuamente estamos defendiendo la vida y ella me comentaba sobre el error que cometió, el grave error que cometió precisamente por el aborto. Se salió del camino y cayeron sobre ella las garras de los enemigos. Ha tenido todo un proceso de sanación y sin embargo ahí están todavía esas cicatrices y todavía se infectan. Y todavía hay llanto y todavía hay dolor. Lo que te quiero decir es: -Uno no se aparta impunemente del camino. ¡No! Siempre hay consecuencias y las consecuencias son dolorosas y son profundas-. Y por eso cuando Cristo nos dice: -Yo soy el camino, Yo soy la verdad, Yo soy tú verdad, Yo soy tu vida-. Lo está diciendo porque nos ama. Lo está diciendo porque no quiere que nosotros seamos rasgados, que nuestra carne sea destrozada por los enemigos que nos aguardan fuera del camino. Pidamos misericordia, fe, obediencia. Lo necesitamos y repito cada día, cada día. Dile a tu corazón: -Cristo es mi camino, es mi manera de vivir, es mi estilo de vida. Y no voy a dejarme engañar-. No lo dejaré. Amen.

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