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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Para que Cristo sea mi camino he de acostumbrar a mis oídos y mi corazón a su voz de Buen Pastor; para que Cristo sea mi verdad he de confrontar en oración con él todo aquello que de verdad me importa; para que Cristo sea mi vida he de verificar si estoy acercando a otros a Cristo porque sólo puede dar vida el que está vivo.
Homilía ap05014a, predicada en 20200510, con 26 min. y 55 seg. 
Transcripción:
Mis hermanos queridos, empecemos por descubrir la semejanza en las peticiones que hacen dos de los apóstoles de Cristo, según el texto del Evangelio que acabamos de oír. Los dos apóstoles que intervinieron en esta parte de la conversación después de la Última Cena fueron Tomás y Felipe. ¿Qué es lo que pide Tomás?, Lo pide implícitamente. Muéstrame la meta. Lo que dice Tomás es: "Señor, no sabemos a dónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?" Tomás quiere saber a dónde va Cristo. Y como el mismo Tomás es seguidor de Cristo, no cabe duda de que en su pregunta también está esta inquietud ¿A dónde va todo esto?, ¿Esto hasta dónde va a llegar? O como a veces preguntamos: ¿Y ahora qué sigue? Tomás quiere conocer la meta. Tomás quiere estar seguro de cuál va a ser el desenlace. No es tan fácil que Dios le responda algo como eso, porque si miramos a nuestro Padre en la fe, es decir Abraham, nos damos cuenta que Dios no le dio muchas respuestas sobre la meta, ni Abraham tampoco las pidió. Por eso es nuestro Padre en la fe. Lo que Dios le dijo a nuestro padre Abraham fue. . . Que, emprendiera el camino y le dijo: "Ponte en marcha hacia la tierra que yo te mostraré. . . " ¿Te mostraré cuál es esa tierra; cuáles son sus coordenadas en el mapa que tengo en mi celular; cuál va a ser el resultado de todo esto? ¿En qué acabarán mis esfuerzos? Eso no lo podía saber Abraham. A Abraham se le pidió que viviera día por día, como en una de esas películas de -Mission Impossible-, en las que te van dando las instrucciones, pero solo poco a poco. Y sin embargo, nuestra vida cristiana no es una misión imposible. Es una misión posible, pero es posible si aprendemos a confiar cada día, si aprendemos a recibir instrucciones cada día. Esto es muy humano, y esto es muy realista. La vida humana funciona así. ¿Cuántas veces sucede en la vida humana que acontecimientos totalmente inesperados nos marcan? Recuerdo el caso de un amigo que lamentablemente tuvo un accidente, algo muy grave. Él quedó paralítico. Volviendo de ese viaje, tuvo un accidente. Él no sabía que ese viaje, concretamente ese paseo, esa comida, iba a ser la última vez que él podía caminar. Estoy hablando de cosas muy duras, pero es que son las que pasan en la vida. ¿Cuántas personas se podían haber imaginado hace un año, hace dos años, por no decir más tiempo, que se iba a presentar una situación mundial como esta que estamos viviendo con la pandemia? Entonces, fíjate que eso de tratar uno de asegurar la meta, que es lo que quería Tomás aquí, no es tan sabio y no es tan sabio, porque lo que en realidad necesitamos como seres humanos, que somos frágiles, que nos llegan circunstancias inesperadas, que nuestros planes están llenos de ilusión, pero nuestras realidades están llenas de sorpresas, a veces bonitas, a veces feas. Para nosotros, seres humanos lo realmente sabio es lo que Dios le dijo a Abraham: "Yo te mostraré, tú camina conmigo". El otro discípulo que también hizo una petición semejante fue Felipe. Felipe dice: "Muéstranos al Padre y eso nos basta". -Muéstranos al Padre-. Tanto hablar del Padre, -Mi Padre del cielo-; el Padre que me envió ; el Padre que me envió; muéstranos al Padre-. Es una pregunta o petición muy semejante a la que había hecho Tomás. Efectivamente, toda la vida cristiana es como un caminar hacia la casa del Padre. Eso lo destaca el mismo Cristo en sus palabras. El mismo Cristo dice: "Me voy a prepararos un lugar", -voy a prepararos sitio-. O sea que nuestro destino, nuestro camino, sí va hacia allá. Y Felipe, con un tipo diferente pero semejante de impaciencia, le pide a Cristo: "Muéstranos al Padre". Y entonces la respuesta de Cristo es un poco asombrosa. -Ya lo has visto-. "El que me ha visto a mí ha visto al Padre" Felipe estaba preguntando por el final, por la meta, porque ahí se va a aclarar todo y ahí tendremos la felicidad plena. Y Cristo le dice: -Es que ya al final de algún modo está aquí-. Porque -el que me ha visto a mí ha visto al Padre- y por eso son tan importantes también aquellas palabras inmortales y muy recordadas de Cristo. Él es el camino, la verdad y la vida. Y como lo hemos comentado en otras veces, según las palabras de Santo Tomás, Él es meta en cuanto es verdad y vida. Él es camino en cuanto Él mismo se anuncia y se presenta como camino. O sea que Él es camino para Él mismo. Así lo enseña Santo Tomás. ¿En qué sentido? En que Cristo en su humanidad es camino y en su divinidad es verdad y vida. Y por eso Cristo, de algún modo, es camino para sí mismo. Porque si le seguimos en su humanidad, le encontramos plenamente en su divinidad. Terminemos esta reflexión hermanos, preguntándonos ahora ¿Cómo podemos hacer nuestras estas palabras del Señor? Es decir, que Cristo sea no solamente, el camino, sino mí camino. Que Cristo sea no solamente la verdad, sino mí verdad, y que sea igualmente no sólo la vida, así en general, sino mí vida. ¿Qué recomendaciones prácticas podemos tener? ¿Cómo puede ser Cristo nuestro camino? Debemos enlazar estas palabras hermanos, con las que nos ha dicho el mismo Cristo en evangelios recientes de este tiempo pascual. ¿Recuerdas lo que Él nos dijo? "Mis ovejas escuchan mi voz y ellas me siguen". Entonces, para que Cristo sea tu camino, lo esencial es que oigas su voz. Porque si la voz de Cristo resuena, resuena en tus oídos, esa voz de Cristo es la que te permite no apartarte de sus pasos, y así Él será tu camino. Entonces, la resolución práctica para que Cristo sea tu camino es que acostumbres tus oídos, tu corazón y tu mente los acostumbres a la voz del Señor. Me estoy acordando del testimonio que daba una joven. Ustedes saben que en los tiempos en que vivimos, pues hay muchas ofertas para los jóvenes y algunas y muchas de esas ofertas son ofertas inconvenientes. Son puertas para el vicio, son puertas para el pecado. Y lo que le sucedió a esta joven y me lo comentaba en una confesión, es que ella decía que estaba pasando por un tiempo de mucha rebeldía. Es algo que puede pasar y suele suceder en la juventud y la forma de rebeldía de ella era apartarse, apartarse de las palabras y las recomendaciones y los discursos de ese papá y de esa mamá que todo el tiempo le estaban diciendo. . . "Cuidado con esto, no hagas esto, mira con quién te juntas. . . " Esa clase de cosas. Entonces a ella le entró mucha curiosidad por ir a un bar. Bueno, ya ese es un lugar en donde una jovencita puede tener ciertos peligros, pero es que este bar era conocido además por una orientación claramente homosexual, un bar homosexual. O sea, ella sabía, fue invitada por algunas amigas, supuestamente en plan de curiosidad, en plan de experimentar algo nuevo, en plan de tener una anécdota, en plan de sacar una foto distinta para luego decir miren dónde estuve. Y cuando iba de camino con sus amigas para ese lugar, empieza a resonar en su cabecita, empieza a resonar la voz de su mamá, una voz que ella rechazaba, lamentablemente. Pero también digo, son cosas que suceden con alguna frecuencia en la juventud, en la adolescencia. Ella rechazaba esa voz, pero esa voz como que no se iba, esa voz no se iba de su cabeza. Ahí estaba, ahí estaba. Y esa voz le advertía del peligro, pues ella iba en un taxi con dos de sus amigas. Iban para ese lugar, para ese bar homosexual. Y mientras iba en ese camino no se callaba esa voz. Bueno, ustedes ¿Pueden creer posible que ese taxi en el que iban tuvo un problema mecánico? Faltaba todavía camino para allá, faltaba camino para llegar. No estaban tan cerca. Y yo no sé qué le pasó al motor, una llanta, lo que haya sido. Y entonces, las amigas dijeron: -bueno, nos toca agarrar otro taxi-. Cuando ella vio que se había varado, como decimos en Colombia, se había malogrado, dicen en otros países, se había malogrado ese carro, ahí como que esa voz se volvió un grito en su cabeza, como diciéndole. . . -Está a tiempo, hija-. Y ella había salido con mentiras. Los papás ni sabían dónde estaba. Y entonces ella les dijo a las amigas: -No, yo creo que mejor no-. ¡Ay, no seas tonta! -No, yo creo que mejor no. Mejor dicho, yo no voy-. Ya tomó fuerzas y dijo: -Yo no voy-. Y las otras, viendo a esta tan firme y no queriéndola dejar de noche en una calle de una ciudad grande, entonces dijeron ¡Ay! Pero entonces nos dañaste el plan y bueno, tocó el regaño. Pero no fueron. Eso sucede cuando hay una voz, una voz del Señor que realmente la has hecho tuya. Y a mí me llama la atención de esa historia que ella rechazaba en esa época de su vida. Ella rechazaba mucho la voz de la mamá y sin embargo la voz estaba ahí. ¿Qué no podrá hacer Cristo en ti, si tú acoges esa voz del Señor? Si tú la haces tuya. Y sirva esto para explicar en qué consiste la ¡Meditación Cristiana! Porque hoy todo el mundo habla de meditación, pero ya sabes cómo es la meditación de ellos. La meditación de ellos, es flor de loto. Poner los deditos así, respirar profundo, columna recta, mente en blanco. Nosotros no tenemos que ir a mendigar a otras religiones o filosofías. Nosotros tenemos nuestra meditación cristiana. ¿Y sabes qué es la meditación cristiana? Es exactamente de lo que estamos hablando hoy. Es acoger la voz del Señor. Es hacerle eco a esa voz. Es guardar silencio y repetir despacio esa voz. ¿Cómo es que la gente hoy en día se mete en cuentos de meditación trascendental; se ponen a repetir mantras en otras lenguas? ¿Es que no les han contado que la inmensa mayoría de esos mantras son invocaciones cifradas a demonios y puertas que se abren a las tinieblas? Nosotros, no tenemos ni que poner la mente en blanco ni la mente en mantra. Nosotros ponemos la mente en ¡Cristo! y nosotros nos bañamos y nos impregnamos y nos penetra la palabra de Cristo. Y esa palabra es la que resuena en tí. Y esa palabra es la que, como aquella chica de la historia en un momento dado, te impide, te impide, te ¡¡frena!! Cree en esa voz. Esa es la manera de hacer a Cristo tu camino. Entonces, ¿Cómo puede ser Cristo mi camino? Con Él, con la práctica de la meditación cristiana. ¿Qué es la meditación cristiana? Lo que dice la Carta de Santiago: -No te limites a mirarte en la Palabra como en un espejo-, y después retirarte olvidando lo que dice la Palabra. Dice la carta de Santiago: "No seas olvidadizo". Graba, fija esa palabra en tu corazón, fíjala en tu mente. . . "Que estas palabras estén con vosotros". Mira lo que dice Deuteronomio 6: "Repite estas palabras estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado". Entonces, ¿Cómo será Cristo mi camino? Familiarizando mis oídos con su voz. ¿Y cómo se hace eso? Practicando la meditación ¡¡cristiana!! ¿Y meditación cristiana, qué es? El repetir, el dar oportunidad de repetir en nosotros. ¿Sabes cuál es una de las formas más sencillas de meditación cristiana? Un rosario bien rezado. Porque un Rosario bien rezado, como lo dijo el Papa San Pablo VI en "Marialis Cultus" un rosario bien rezado. Es un acto de apropiación del misterio que estoy meditando. Y de ese modo la voz de Cristo, la verdad del Señor queda en mi. ¿Qué puedo hacer para que Cristo sea mi verdad? Hay dos cosas que puedo hacer. No nos quedemos simplemente repitiendo. . . -Él es el camino, la verdad y la vida-. Tiene que ser tu verdad. ¿Qué podemos hacer para que Cristo sea tu verdad y mi verdad? Dos cosas muy importantes. Primera: Recordemos el poder que tiene la oración. La manera como Cristo ha querido llegar a nuestras vidas es fundamentalmente a través de la oración. Porque el que suplica está recibiendo voluntariamente lo que voluntariamente Dios le quiere dar. Dios, que te hizo libre, no quiere aplastar tu voluntad, cancelar tu voluntad, nulificar tu voluntad para empezar, Él a ser Señor de tu vida. Él quiere que voluntariamente tú lo aceptes. Entonces, en una oración, en la oración frecuente, tú estás diciéndole a Cristo: -Ven a vivir, ven a darle forma a mi vida-. Esa es la primera recomendación. Y la segunda recomendación, que no es sino una prolongación de la primera, es: En el momento de toda decisión, confronta, confronta, lo que estás pensando con Cristo. Para eso de nuevo, una oración. A veces uno no sabe. A veces uno no sabe qué es lo mejor. Y a todos en alguna vez nos toca tomar decisiones que son difíciles, Decisiones difíciles. Me acuerdo el caso, de un joven. Me gusta dar ejemplos de jóvenes, entre otras razones porque son la etapa de la vida en que se toman decisiones que lo van a marcar a uno, para siempre. Entonces este joven termina su carrera y tiene varias posibilidades profesionales. Cada una tiene su atractivo. El ambiente empresarial de este lugar, me fascina. Las posibilidades de este lugar, me encantan. Los viajes, a muchos les encanta viajar; los viajes me parecen maravillosos. El sueldo que me voy a ganar aquí es mucho. ¿No es verdad que es muy fácil dejarse llevar por apetitos inmediatistas? ¿No es verdad que muy fácilmente uno se puede dejar llevar por cosas como esas?, por cómo me trataron; por voy a ascender rápidamente; por voy a ganar mucho dinero. . . ¿Qué tal que ese sea el criterio? ¿Y acaso sabes tú el futuro? Seguro que no. Nadie lo sabe. Pero en la medida en que tú puedes poner ante Cristo esas distintas propuestas y en que tú le dices Señor, ayúdame. Ayúdame a escoger. Te aseguro que si tu oración es sincera, si tu discernimiento es sereno, te aseguro, vas a tomar la mejor decisión. No significa que no haya sufrimiento. ¿Ah?, seguramente va a haber sufrimiento, pero será un sufrimiento fecundo. Entonces, ¿Qué hago para que Cristo sea mi verdad? Orar con frecuencia. Primer consejo, y dos, orar con mayor intensidad. Lo primero es orar con frecuencia y lo segundo es orar con intensidad. O sea que es orar, orar y orar. Por supuesto. Yo estoy poniendo aquí como base. Estoy suponiendo como base lo que dijimos antes del camino, que tú estás oyendo la voz de Cristo. Si tú estás oyendo la voz de Cristo, esto tiene mucho sentido. Si no, no va a tener mucho sentido. Entonces la primera recomendación es: Oye con frecuencia la voz de Cristo y Medítala. ¡¡Deja de lado todas esas meditaciones de mentes en blanco y cosas de esas!! No. Meditación cristiana. Segundo, oración frecuente. Y cuando llegue una decisión, oración intensa, siempre diciéndole a Dios: -Quiero buscar tu gloria. Solo tú sabes lo que me espera. Solo tú sabes con qué personas me voy a encontrar. Solo tú sabes a dónde me conviene-. Esa es la manera de orar. ¿Y como hago para que Cristo sea mi vida? ¿Qué hago para que Cristo sea mi vida? Hay uno que dijo: "Para mi la vida es Cristo y la muerte una ganancia". -Para mi la vida es Cristo- Esa expresión es del apóstol San Pablo, el mismo que también dijo: "Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mi". ¿Cómo puedo yo detectar si Cristo es mi vida y por consiguiente, orientarme de modo que Cristo ¡¡sea!! mi vida? ¿Qué puedo hacer? Sí hay algo que puedo hacer mis queridos hermanos, sí hay algo que puedo hacer, lo que puedo hacer es darme cuenta que si gano para Cristo, gano vida. ¿Y eso cómo se traduce? Pues se parece mucho a lo que decíamos en una homilía no hace mucho. Hazte preguntas como éstas. En el último mes, si te parece muy corto el periodo alarguemos, en el último semestre, ¿Todavía te parece muy corto? Alarguemos otro poquito en el último año, ya no me pidas que alargue más; en el último año: ¿A quién he acercado a Cristo? ¿Por qué esa pregunta tiene que ver con el tema de la vida? Por dos razones. Primera, porque si tú estás acercando gente a Cristo, tú les estás dando una vida que no acaba, tú les estás dando vida eterna. ¿Yo? Vas a decir tú. Pues si, tú estás dando vida eterna, tú. Porque si tú acercas a alguien a un conocimiento científico y le has dado algo precioso, pero le servirá o no le servirá para la eternidad. No se sabe. Si tú acercas a alguien y le das bienes materiales, le has dado algo valioso, pero ¿Le servirá para la eternidad o será trampa que encierre su corazón? No lo sabemos. Entonces, cuando tú das vida a otros, en ese momento esa vida que estás dando es vida eterna. Y tú puedes saber que tú tienes vida, si tú estás dando vida. No sé si me expliqué. Tú puedes saber que estás dando vida; que tú tienes vida si estás dando vida. Así de sencillo. El árbol que tú ves que florece puntualmente con hermosas y perfumadas flores y que además da fruto. Ese árbol está vivo. Entonces, si tú estás dando fruto, tú estás vivo, así sabes si tienes vida. Pero si tú no estás dando fruto, ¡cuidado! Porque es bastante posible que se cumpla en ti lo del Apocalipsis capítulo 3; "Tienes nombre de vivo, pero estás muerto". ¡Cuidado, cuidado! Entonces, yo sé que si gano corazones para Cristo, estoy vivo, porque si estoy dando vida, estoy vivo yo mismo. Y lo dice también la Escritura, y esta es la segunda prueba. Está en la Carta de Santiago: "El que logre convertir a un pecador cubre la multitud de sus pecados". ¿Ves? Ahí hay vida. Vida nueva. Vida que se renueva en ti. Entonces, resumamos. Resumamos nuestra enseñanza. ¿Qué fue lo primero que hicimos? Comentar que dos apóstoles tenían mucha prisa en saber la meta y eso no es tan sabio, porque en la vida pasan muchas cosas. Más bien lo que uno tiene que hacer es saber vivir cada día. Y luego eso nos condujo a la frase de Cristo, Él es camino, verdad y vida. ¿Cómo sé si Cristo es mí camino? A medida que me acostumbro más y más a su voz, a medida que me apropio más de esa voz a través de la santa meditación ¡¡Cristiana!! Segundo, Cristo es la verdad. ¿Qué hago para que Cristo sea mi verdad? Número uno. Oración frecuente Número dos. Oración intensa, sobre todo cuando llega una decisión. Así, voy confrontando ante Cristo cada momento de mi vida. Tercero, ¿Y cómo sé que Cristo es mi vida? Sé que Cristo es mi vida. Si yo estoy dando vida, si yo no estoy dando vida, probablemente estoy muerto. ¿Y cómo sé si estoy dando vida? Sé que estoy dando vida, si estoy acercando gente al Señor. Si no estoy acercando gente al Señor; si la gente de mi colegio no se está acercando al Señor, si la gente de mi trabajo no se está acercando al Señor, si mis compañeros de maestría no se están acercando al Señor, tengo que preguntarme ¿Quién soy yo? Porque quizás la razón principal por la que no estoy dando vida es porque yo mismo estoy muerto. Pidamos al Señor. Ya que hemos hablado tanto de la oración, pidamos al Señor que nos unja, que nos bendiga, que nos fortalezca, para que Cristo sea de verdad, tu camino y mi camino, tu verdad y mi verdad, tu vida y mi vida. Amén.

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