Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Al unirnos a la carne de Jesús y al vivir la santidad que Él nos trajo nos preparamos para entrar con Él a la gloria del cielo.

Homilía ap05013a, predicada en 20200510, con 6 min. y 35 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

El precioso Evangelio de este domingo, tomado del capítulo número 14 de San Juan, tiene como tres momentos y con la ayuda del Espíritu Santo, vamos a detenernos un instante en cada uno de esos momentos. El primer momento lo encontramos allí donde el Señor nos promete que aunque se va de esta tierra, se va a prepararnos un lugar. El segundo momento lo encontramos en la hermosa declaración que Él hace frente al apóstol Tomás: -Él es el camino, la verdad y la vida-. Y el tercer momento es la palabra que dirige a otro apóstol, es decir, a Felipe, a quien le dice: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre".

El primer momento, entonces, es la frase de Cristo: "Voy a prepararles un lugar. . . " ¿Qué indica esta frase? Si la pensamos bien, es extraña, porque Cristo, terminada su misión en esta tierra, va a ascender a la Gloria de los cielos. Y uno se pregunta: ¿Cómo se puede preparar el cielo? Pero luego caemos en cuenta que el mismo Cristo que aquí en la tierra hizo posible el cielo, ahora en cierto modo completa su misión, preparando el cielo para que reciba la tierra. Eso es lo propio de su ser, puesto que Él, según han declarado varios santos, es verdadero puente entre Dios y el hombre, ya que Él mismo, en la unidad de una persona es verdadero Dios y verdadero hombre.

¿Cómo hizo posible Cristo que el cielo estuviera en la tierra? A través de la santidad. Esto es lo que nos cuenta el Evangelio de Juan en el capítulo primero. . . "La Palabra se hizo carne y hemos contemplado su Gloria" La Gloria del Hijo de Dios en esta tierra es como cielo que ha venido a visitarnos. ¿Y cómo se hace posible entonces que ahora la tierra se haga presente en el cielo? Es lo que sucederá, es lo que ya sucedió con la resurrección gloriosa del Señor. Porque en el cielo Cristo no ha abandonado la naturaleza humana que recibió de María Santísima. de María Santísima. Ella recibió esta naturaleza en todo idéntica a la nuestra, aunque exenta de pecado. Y esa naturaleza humana de nuestro Señor Jesucristo es la que ahora glorificada está en el cielo.

De manera que la preparación que Cristo hace en el cielo para que pueda recibir la tierra, no es otra cosa sino llevar su Cuerpo santísimo, purísimo, inmaculado, a la Gloria del cielo. Es algo finito que se hace presente en el infinito del cielo. Es algo contingente que se hace presente allí donde todo es absoluto y necesario. Así, Cristo ha preparado un lugar para nosotros, de modo tal que nosotros, en la medida en que nos unimos a esa carne santísima de Cristo, y en la medida en que vivimos la santidad que Él ha traído a nuestras vidas, nos preparamos también nosotros para entrar junto con Él, a través de Él y por los méritos de Él a la Gloria del cielo. Luego Cristo nos dice que es camino, y creo que a la luz de lo que acabamos de explicar es bastante claro.

Efectivamente, el camino que une al cielo y a la tierra es la santidad y concretamente la santidad de Cristo. Pero aquella Gracia, aquella santidad sobreabundante que Cristo tiene como propia, es la que nosotros recibimos como regalo. No la tenemos como propia. Nosotros no somos santos por nosotros mismos, recibimos la irradiación, recibimos la donación de la Gracia de Cristo y así, cada día de Gracia es un paso en ese camino que es Jesucristo. Con algo muy bello. Y es que la Gracia que Cristo nos comunica a nosotros, no es otra sino la misma unción de Espíritu Santo que a Él en su naturaleza humana lo hizo santo. Y por eso, en verdad la santidad de los cristianos no está distante ni es distinta de la santidad de Cristo.

Por eso, como dirían antiguos predicadores, cada grado en la santidad es avanzar en el camino que es Cristo. Pero ese camino, -y aquí viene el tercer punto- ese camino no está distante de la meta. Es muy hermoso lo que nos enseña Santo Tomás de Aquino en este sentido; dice que cuando Cristo se declaró camino, verdad y vida en cuanto verdad y vida, representa la meta, porque es lo que uno como ser humano finalmente anhela. Una vida plena, donde no haya sombra de engaño ni de mentira. Pero al decir camino está indicando el proceso, el recorrido que hemos de hacer. Por eso dice Santo Tomás que: -Este camino no está distante de su meta, -y por eso, en cada paso que nosotros damos, aunque es solo un paso- ya degustamos algo del desenlace, ya degustamos algo de cielo-.

Así, por ejemplo, cuando vivimos el misterio del perdón, cuando vivimos el misterio de la alabanza, cuando entramos verdaderamente en adoración, cuando servimos a nuestro prójimo por puro amor a Dios, ahí, ya hay algo de la meta, ya hay algo de la verdad y de la vida que solo Cristo puede darnos. Precioso Evangelio, lo encuentras completo en el capítulo catorce de San Juan. No te lo pierdas y que Dios siga bendiciendo nuestra Pascua con la luz de su Gracia.

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