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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los Hechos delos Apóstoles dan pautas certeras sobre cómo abordar problemas reales de las comunidades cristianas.
Homilía ap05010a, predicada en 20140518, con 11 min. y 39 seg. 
Transcripción:
Hermanos amados, es precioso el texto del Evangelio y en más de una ocasión hemos reflexionado sobre esa frase tan brillante y tan cierta, tan luminosa y tan llena de esperanza. Jesús nos dice: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" . Pero en esta ocasión el Señor pone en mi corazón que meditemos sobre la primera lectura que nos da una lección muy clara sobre cómo resuelven problemas los cristianos. Observemos un detalle mis hermanos, a veces tenemos la idea de que los primeros cristianos eran una comunidad de perfectos, donde no había ningún problema, pero el rostro que nos presenta la primera lectura de hoy es muy distinto. Había problemas, había divisiones, había discusiones y eso quiso el Espíritu Santo que sucediera para que nosotros aprendiéramos cómo se resuelven los problemas. Entonces vamos a sacar unas lecciones sobre cómo resuelven los problemas los cristianos. Por eso me voy a centrar en la primera lectura de hoy, tomada del capítulo 6 del libro de los Hechos de los Apóstoles. ¿Cuál era el problema en ese momento? Sucede que en la comunidad cristiana había unos que venían del judaísmo, pero habían, había también otros que no eran judíos, sino que eran de lengua griega, eran paganos, pero paganos de aquellos que conocían muy bien la fe judía y que habían leído y que estaban muy familiarizados con las Escrituras. A esos, a ese grupo de personas que eran muy cercanos al judaísmo pero que no eran judíos, la Biblia los llama los prosélitos, o los llama también los que temían a Dios. Por ejemplo, se dice de tal persona: -Cornelio era temeroso de Dios-. Era de los que temía a Dios. Eran gente pagana por nacimiento, pero simpatizantes del judaísmo, aunque no practicaban, por ejemplo, la ley de Moisés en su totalidad. Entonces en la comunidad cristiana había de ambos, había judíos, y había también de estos prosélitos. Y sucede que cuando iban a repartir las obras de caridad, especialmente para las personas necesitadas, típicamente las viudas, entonces parece que los que repartían los bienes, los que repartían estas, diríamos nosotros, estos alimentos le daban preferencia a la gente de lengua hebrea, es decir, preferían a los judíos y a las viudas. Y a la gente necesitada de lengua griega, a esos, los tenían como ciudadanos de segunda categoría y los tenían un poco excluidos. Llegó un momento en el que la situación se volvió insostenible y se quejaron. Y ahí es donde aparece el texto de hoy. Capítulo 6 De los Hechos de los Apóstoles. -Hay división, hay preferencias, hay exclusión y hay quejas-. Lo mismo que puede pasar también en nuestros días, también en nuestras épocas, estas cosas pasan. Entonces, lo interesante es ver cómo se resuelve el problema, porque fíjate que este problema está en el capítulo 6 de los Hechos de los Apóstoles y el libro de los Hechos de los Apóstoles tiene veintiocho capítulos y resulta que de este problema ya no se vuelve a mencionar nunca. Quiere decir que el problema quedó solucionado y eso es maravilloso. No es maravilloso que haya un problema, sino lo maravilloso es que lograron resolverlo. Y la pregunta es cómo se dice entiendo yo en México, ¿Cómo le hicieron? ¿Cómo se hace para resolver un problema de estos? Pues vamos a aprenderlo el día de hoy de una manera muy breve, porque ya hemos tenido bastante predicación. Primer punto no esconder el problema, hay que enfrentarlo. Ese es el primer punto. El problema se enfrenta. ¿Cuál es la realidad? Hay como un descontento, hay como murmuración, la gente está como mal, está como indispuesta, no hay buen ambiente, no hay buena vibra. ¿A ver qué es la onda?, ¿qué es lo que está pasando aquí?, ¿qué es lo que sucede?. Lo primero es ¿que? -enfrentar el problema-. Los apóstoles sacan la verdad, ¿qué es lo que está sucediendo? Y el problema se plantea con claridad y dice aquí: -Quejas de los judíos griegos contra los hebreos, no se atendía bien a sus viudas en el servicio de caridad-. O sea, hay un diagnóstico; el problema se enfrenta, aparece y se enfrenta, la verdad; la verdad es completamente necesaria. Sin la verdad no se llega a la solución. Por eso la importancia de enfrentar las realidades que a veces son amargas. Pero lo primero es eso: El diagnóstico tiene que aparecer. Bueno, eso fue apenas el primer paso. Segundo paso: Los apóstoles. ¿Qué responden? Nosotros no nos vamos a dedicar en este momento a repartir mercados o a repartir alimentos. ¿Qué es lo que están haciendo los apóstoles? Definir prioridades. Ese es el segundo paso. Primero, enfrentar la realidad, segundo, definir prioridades. Ellos se dan cuenta que el tema de los mercados, el tema de los alimentos, el tema de, de ese desequilibrio, es algo que tiene un impacto en la comunidad. Pero cuidado, el hecho de que haya un problema no significa que haya que desarmar toda la comunidad, ni tampoco significa que haya que darle a ese problema el protagonismo y decir esto es lo único o esto es lo más importante. Los apóstoles se dan cuenta de que hay un problema. Pero ¿qué hacen?, ¿qué hacen? Definen prioridades. -No nos parece justo que nosotros descuidemos el ministerio de la palabra por dedicarnos a atender las mesas. Nosotros nos vamos a dedicar a la oración y a la predicación-. Es decir, ellos definen prioridades. No es una actitud cómoda, no es una actitud irresponsable, es una actitud práctica, funcional, justa y pedagógica. Porque le está enseñando también al resto de la comunidad que, aunque es incómodo el tema de los mercados y los alimentos, un momento. -Lo más importante es oración y ¿qué más? y ministerio de la palabra-. Entonces, clave ese asunto -Oración y ministerio de la palabra-. Muy bien, ahí van dos. Lo primero, a mi me encantan las listas, me encantan las enumeraciones porque así uno se lleva cosas concretas para la casa. Cuando usted llegue a su casa usted dice bueno, ¿qué fue lo que aprendí? Aprendí los siete pasos del misionero y si no me los aprendo bien, si no los puedo decir bien, no soy digno de comerme este almuerzo ¡ve!, de ese modo. . . no mentiras, vayan y aliméntense bien, cuídense mucho. Entonces lo mismo sucede aquí. Llevamos dos pasos. El segundo paso es definir prioridades. Hay que definir prioridades. El tercer paso me gusta mucho. Convocaron a la multitud de los discípulos y dijeron: -No es justo que dejemos el ministerio-. Y después dicen: -Escojan entre ustedes a siete hombres de buena reputación-. ¿Cómo llegaron ellos a ese número 7? ¿Por qué llegaron a ese número 7? Porque en el estudio del problema hicieron un discernimiento, o sea, hicieron una. . ., lo que se llama: dimensionaron el problema. Entonces, la tercera fase, ¿Cuál es? Discernimiento comunitario. Discernimiento comunitario es darnos cuenta de cuál es el tamaño de la solución, a partir de cuál es el tamaño del problema. Y eso fue lo que ellos dijeron. ¿Por qué dijeron siete?, ¿Por qué no dijeron, por ejemplo, veinticinco? ¡A ver, vamos a nombrar doscientos diáconos aquí que resuelvan este problema!, -no- Ellos tienen un discernimiento. Fíjate que los verbos que utiliza San Lucas aquí son todos verbos en plural: Se reunieron, dijeron, hablaron, pensaron, hicieron; ese plural que está indicando que disciernen ¿cómo? en comunidad. Entonces, primero: enfrentar el problema, segundo: definir prioridades, tercero: discernir en comunidad. Dicen que el presidente John F. Kennedy pronunció esta frase: -Ninguno de nosotros es tan bueno como todos nosotros-. La iglesia no puede funcionar simplemente con genios. El sacerdote, mejor sacerdote y el párroco más brillante también necesita gente que le hable. Y es muy importante que el discernimiento tenga ese ingrediente de comunidad. Llevamos tres pasos, vamos para el cuarto. El cuarto paso es muy importante. Convirtieron al problema en parte de la solución. Fíjate cómo ellos, los apóstoles, en cierto sentido, les devuelven el problema a los mismos que lo plantearon. -Mira-, escojan entre ustedes a siete a los cuales encargaremos este servicio. Es decir, la persona que se queje tiene que estar dispuesta a trabajar, porque es que hay gente, sobre todo en las parroquias, también pasa en las comunidades religiosas. Tranquilos, no se preocupen. En las parroquias hay gente que se especializa ¿en? en quejarse, en quejarse. Cuentan que una vez entrevistaron a la Madre Teresa de Calcuta y le dijeron: ¿Qué va a hacer la Iglesia con el problema de las sectas? Y la Madre Teresa respondió: ¿Qué va a hacer usted con el problema de las sectas? Es que usted tiene que ser parte de la solución. A ver, padre, ¿cómo va a resolver?. . ., no, un momentico: -El que se queje me hace el favor y se prepara para trabajar. El que se queje, que trabaje-. Si eres parte del diagnóstico, por favor, que seas parte del pronóstico. Entonces, convertir al diagnóstico en pronóstico o mejor, integrar en la solución los ingredientes del problema. O mejor todavía, aquellos que se han dado cuenta de la dificultad, son los mismos que en primer lugar pueden ayudar a resolverla. Tú te has dado cuenta de que hay un problema. Quiere decir que ya Dios está obrando en ti. Quiere decir que tú eres parte de la solución. Entonces, el cuarto punto es integrar a los que se dan cuenta del problema como parte de la solución. Y el quinto y último punto, ¿cuál es? Oraron, impusieron las manos, es decir, pusieron su confianza en Dios y a través de la oración y a través de la autoridad que viene de lo alto, pusieron un sello de solución en ese problema. Entonces ahí están cinco pasos muy interesantes: enfrentar el problema, definir prioridades, escucharnos, es decir, discernir en comunidad. Luego los que se quejan que sean parte de la solución. Y por último, todo lo encomendamos en el poder de Dios.

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