Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Sólo tiene paz el que ya no tiene miedo. Sólo vence al miedo el que tiene una respuesta frente a la muerte. Llega a vencer la muerte sólo quien camina por Aquel que es el camino.

Homilía ap05008a, predicada en 20110522, con 14 min. y 21 seg.

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Transcripción:

Vamos a tratar de sacar enseñanzas breves, concretas, así como nos gusta de este hermosísimo Evangelio y también de la segunda lectura de la primera lectura. Lo único que vamos a decir es que la Iglesia en sus comienzos tenía problemas, lo mismo que tiene la Iglesia hoy. Había discusiones, había tensiones, había gente que se sentía incomprendida y hubo que buscar una solución. La solución fueron aquellos primeros siete diáconos. No, no nos detengamos en esa escena de la cual se pueden aprender ciertamente otras cosas, pero queremos ir directamente al Evangelio. Y algo de la segunda lectura.

Lo primero que me llama la atención es que Jesús está infundiendo paz, infundiendo fortaleza en sus discípulos, pero el tipo de fortaleza que les da es fortaleza sobre un futuro que está más allá de la muerte. Es decir, solo tiene paz el que tiene resuelto el problema de la muerte. Esa es la primera lección de hoy, para la gente que tomaba, es decir, los tres que estaban tomando apuntes. Creo que queda uno. Entonces lo primero, lo primero, lo primero que hay que ver es eso. Miren, solo tiene paz el que tiene resuelto el problema de la muerte, el que no tiene resuelto el problema de la muerte, siempre se le puede manipular con la muerte, siempre.

Y los imperios y los tiranos y el demonio Y el pecado siempre nos maneja con la muerte. Por eso dice la carta a los Hebreos que Cristo vino a liberar a aquellos que por temor a la muerte vivíamos como esclavos del demonio. Entonces, el temor que hay que vencer es el temor a la muerte. Eso es lo que hacen los fundamentalistas para sus propios fines, por supuesto, torcidos. Lo primero que hacen es enseñarle a la persona: -Mira, vamos a hablar no de lo que eres, sino vamos a hablar de lo que serás. Vamos a hablar de tu cielo, vamos a hablar de tu paraíso, vamos a hablar del más allá-. Y una vez que la persona está convencida de que efectivamente va a ir a un paraíso, si se pone un chaleco de bomba, si se explota esa persona se pone su chaleco de bombas y explota.

Entonces hay que tener resuelto el problema de la muerte. Y fíjate la frase que les dice Jesús: "No tiemble vuestro corazón, creed en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias". A veces uno cree que solucionar el problema del miedo es solucionar el problema de la vida. El problema no es cómo voy a vivir, el problema es qué va a pasar cuando me muera. Ése es el problema real. El problema real es ese, un problema que subsiste en la comunidad judía en este tiempo. Tengo unos amigos que viven en Miami, en la zona donde hay una amplia comunidad judía y me decían éllos mire: -El verdadero miedo de estos judíos es el miedo a la muerte-. Le tienen terror a la muerte. Ustedes saben que una porción bastante grande del judaísmo no cree en vida después de la muerte.

Entonces, quiere decir que para nosotros tener paz y vencer el miedo es siempre un tema de decir: -Existe uno que ha vencido a la muerte, yo me agarro de Él-. Esa es la victoria. Ese es el primer puntico concreto. Segundo, vamos con Tomás. Tomás, el hombre que dijo que: -Si no veo, no creo-. Pero antes de decir esa frase tuvo otra perlita que fue la de hoy. ¿Cuál es la perla de Tomás el día de hoy? Es la siguiente: Tomás le dice: "Señor, no sabemos a dónde vas; ¿Cómo podemos saber el camino?" Realmente Tomás está haciendo ahí como embajador de todos nosotros Eso es lo que uno piensa. Y detrás de esta manera de hablar de Tomás hay una mentalidad y la mentalidad es: -Usted dígame a dónde, yo llego-. Y hay gente que se imagina que con Dios las cosas son así, porque de hecho así eran en la ley de Moisés.

La ley de Moisés, la que estaba escrita en piedra, funciona de esa manera. -Aquí dice no robar, ay, pero es que yo tengo ganas. . . -De malas, hermano, de malas, no robar. Pero, ¿Cómo llego yo a esa estatura moral para no robar? No tengo ni idea, problema suyo. . . -Aquí dice no robar, aquí dice no adulterar. . . Pero es que yo tengo muchas ganas de adulterar y por fin conseguí con quien. . . No importa, no importa, hermano. Aquí dice no adulterar. Ni siquiera adultere el aguardiente. Nada, no adulterar. Pero es que yo tengo ganas. Pero es que yo quiero. . . De malas, hermano, de malas. Problema suyo. Problema suyo, como decían antes: -Paila, papá. Eso sí, problema suyo. Pero, no, no importa. Usted tiene que llegar ahí-. Ahí. Ese era el problema de la ley de Moisés, que la ley de Moisés decía. Incluso dice: -Seréis santos-. Cierto libro Levítico. No me pregunte el capítulo libro Levítico: -Seréis santos, porque yo soy santo-. Y dice uno: ¿Yo cómo llego allá? ¿Yo cómo me encaramo allá; yo cómo subo? Y uno se empina, y dice todavía me hacen falta cuarenta y ocho pisos, ¿Qué hago para llegar allá? Y la ley de Moisés? Lo único que decía era usted. Verá, hermano, empínese, más dé un brinquito, pero a base de brinquitos no llega uno al piso cuarenta y ocho. Entonces esa era la ley de Moisés. La ley de Moisés ponía un estándar.

Y hay gente que cree que todavía estamos en la ley de Moisés y la ley de Moisés es eso: Que a uno le dicen llegue aquí y uno tiene que ingeniárselas, ingeniárselas para llegar allá. La ley nueva, la ley del Espíritu Santo. La vida cristiana no consiste en ingeniárselas. Esto es lo que nos está enseñando Jesús cuando dice que Él es el camino. Cristo no nos dice simplemente: -Yo soy la verdad, Yo soy la vida-. Si hubiera dicho solo esas dos, dijo tres ¿No?, cierto, camino, ¿Qué más? Verdad y vida. Si Cristo no hubiera hecho sino las dos últimas, -Yo soy la verdad. Yo soy la vida-. Hubiéramos quedado otra vez como en el Antiguo Testamento, otra vez como Moisés.

Jesús es la verdad. ¿Y ahora cómo hago yo? Sí, más o menos como ese Cristo, que yo me imagino a Heliodoro trepado poniendo ese Cristo allá. ¿Cierto? ¿Cómo hago yo para llegar allá? ¿Cómo hago yo para subir hasta allá? No sé, hermano, Problema suyo, problema suyo. Yo me siento como en una serie de televisión que se llama 24. Ah, yo, ya cito a 24 en las homilías. En la serie 24 le ponen ese tipo de problemas al protagonista, que es un señor que se llama, bueno como se llame. Se me olvidó cómo se llamaba el señor. . . "Jack" ah, hay gente que lo mira. Bueno, entonces le dicen a Jack, usted tiene que hacer eso, tiene que liberar allá, tiene que llegar allá, tiene que pararse en el asta mayor de la bandera del Capitolio y desde allá. . . ¿Yo cómo llego? No sé. Problema suyo.

Jesús. Si Jesús hubiera dicho simplemente: -Yo soy la verdad, Yo soy la vida-, todos estaríamos con el problema de 24 ¿Y ahora yo como hago. . . ? No sé, no sé. Y entonces el cristianismo sería únicamente para una élite, para los que fueran súper ingeniosos, superhéroes, súper especiales, y que pudieran llegar allá. Pero los demás, por ejemplo, yo con este cuerpo atlético para trepar no es tan fácil, entonces los demás estaríamos condenados, no podríamos llegar a esa sublime perfección. Cristo es la verdad. Pero pero yo no alcanzo, no alcanzo. Pero Jesús dijo la frase fundamental: Yo soy ¿Qué? El camino. Entonces el arte es: -Yo me agarro del camino y llego a la verdad y llego a la vida-. El arte es ese, estar con Jesús, quedarse con Jesús, llamar a Jesús, avanzar en Jesús.

Miremos otra. Llevamos dos. Vamos con la tercera: dice Felipe: "Muéstranos al Padre y eso nos basta". Esa frase me fascina, porque esa frase expresa el anhelo más profundo del corazón humano: -Muéstranos al Padre y nos basta-. Y tiene razón Felipe, tiene razón. Claro que la respuesta que da Jesús es todavía más bella: "El Padre permanece en mí y yo permanezco en el Padre". Pero fíjate eso realmente el corazón humano, cuando ya está purificado, lo que siente es el anhelo de ver a Papá Dios. Hay un hombre muy santo que murió mártir en el año 107. Ese hombre se llamaba Ignacio de Antioquía. Hay gente que por un cierto sesgo paisa dice Antioquia, no, es Antioquía. Ignacio de Antioquía. ¿Cierto? Entonces. Ignacio de Antioquía. Hay dos Antioquía en el Nuevo Testamento. Antioquía de Siria y Antioquía de Pisidia. Entonces Ignacio de Antioquía era de Antioquía, de Siria. Murió en el año 107. Era un obispo.

Y este obispo fue un hombre muy, muy lleno de sabiduría, muy lleno de caridad, muy lleno de valor. Cuando ya faltaban prácticamente meses o semanas, quizás para su martirio, él fue martirizado de una manera horrorosa. Fue llevado al Coliseo romano, fue arrojado a las fieras, de manera que fue devorado por esos animales espantosos que se llaman los felinos. Por eso ustedes, cuando vean así gatos y cuando vean tigres y ustedes piensen Uy, este es el tipo de seres que matan. Bueno, entonces.

Ignacio de Antioquía fue muerto, en esas condiciones horrorosas; cuando faltaban semanas para que muriera, Él dijo Solo escucho dentro de mí un murmullo que dice: "Ven a mí; es la voz de mi Padre del cielo". El anhelo más profundo de un corazón cuando se ha purificado es el deseo de la contemplación de Papá Dios ¡Qué belleza eso! Jesús les dice a los apóstoles en el capítulo 15 de San Juan. La lectura de hoy fue Capítulo 14. En el capítulo 15 Jesús les dice: "Vosotros ya estáis limpios. Las palabras que os he dicho os han purificado". Felipe, en ese tiempo ¿Qué ha hecho con Cristo?, en realidad ha tenido un proceso de purificación que Él mismo no termina de entender. Y en ese proceso maravilloso ya su corazón, lo que tiene por dentro es esto que ha dicho.

Eso quiere decir que aquí tenemos una manera de detectar nuestro verdadero, nuestra verdadera madurez en el espíritu. A medida que crece el deseo de la contemplación de Papá Dios, quiere decir que el Señor nos va llevando cada vez más y más en ese crecimiento y en esa madurez. Último pensamiento del día de hoy, dice Jesús: "El que cree en mí, también él hará las obras que yo hago y aún mayores" . Jesús no es envidioso, Jesús no es mezquino, Jesús no está como diciendo: -Bueno, aquí el único que hace milagros soy yo, ¿Ok? Ese no es Jesús. Al contrario

¿Tú te acuerdas de Moisés? ¿Moisés? Moisés dijo allá a el que le tenía; le tenía como celos, que en esa escena me parece que es Josué. Josué le dice: -Mira que están. . . - ah no, fue uno anónimo. Ese nombre no aparece ahí, dice: -Mira que fulano y zutano están profetizando allá, y eso no es. Vinieron a la reunión y están profetizando; entonces ¿Cómo así?, ¿Qué es ese desorden?, No sé qué. . . Y entonces dice Moisés: "¿Estás celoso de mí?; Ojalá todo el pueblo fuera profeta". Ojalá todo el pueblo fuera profeta. Esta es una señal de gran madurez. El líder que intenta acaparar y controlar y retener todo, ese no, ese no es. El verdadero líder es como Moisés en su madurez.

Ojalá todo el mundo recibiera la abundancia del Espíritu Santo de Dios. Ojalá todo el mundo experimentara el poder de los dones y la oración, y la profecía y el don de lenguas y los milagros. Eso es muy bonito. Cuando uno le pasa a un milagro. Si tenemos tiempo al final de la misa. Les cuento un milagro que me acaba de suceder. Ahí lo publiqué en Internet. Un milagro que me acaba de suceder en el Congreso Mariano en Ocaña. Eso es una belleza. Yo quiero que a todo el mundo le pasen milagros. Eso es muy bello. Que usted experimente en su vida, que usted vea a Jesús -Uy Jesús funciona-, Jesús funciona. Jesús es de verdad, es de verdad. No es un recuerdo nada más, porque todavía hay mucha gente que se queda únicamente con el Jesús de qué? Del recuerdo. Uy, Es un recuerdo lejano, no? Jesús. Jesús está vivo, decía Emiliano Tardif. El padre Alberto Linero lo tradujo por: "El Man está vivo". Imagínese, bueno; una traducción al costeño.

Pero bueno, está bien. En todo caso, Él está vivo. Esta es la señal. Esta es la segunda señal de la madurez. Un deseo de compartir. Mira, Jesús es tan generoso que Jesús quisiera que un día tú multiplicaras los panes. Y yo creo que aquí hay señoras que han multiplicado comida en esas cocinas. Porque hay veces que uno dice: ¿Pero cómo fue posible que esto alcanzara? Y sí, Señor, que alcanzó. Dios sigue multiplicando panes. Dios sigue haciendo milagros maravillosos. Y a Jesús le encanta eso. Entonces fíjate lo que también nos enseña. Reunamos la enseñanza tercera y la cuarta del día de hoy.

Fíjate las otras cosas que nos enseña Jesús. Nos enseña estas dos cosas señales de la madurez. Primero, un deseo intenso de una vida contemplativa, un deseo intenso de oración, un deseo intenso de ver a papá Dios. Y segundo lugar, un deseo intenso de que todo el mundo comparta los bienes del cielo. Que todos se llenen de dones. Esas son señales de una gran madurez cristiana. Nos quedamos con esos puntos. Agradecemos a Dios. Nos ponemos de pie.

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