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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo es el camino. Y la insensatez humana cree que puede alejarse de Cristo sin que nada suceda, como aquel que corta una rosa y piensa que nada ha sucedido porque todavía la ve bella y la siente perfumada.
Homilía ap05007a, predicada en 20110522, con 16 min. y 23 seg. 
Transcripción:
Hermanos, Una de las cosas bellas que tiene este templo de Santo Domingo es que como distintas personas, grupos, colegios, escogen este templo para sus ceremonias. Con alguna frecuencia los arreglos florales que hay aquí son muy bonitos. Tuvimos hace poco unas primeras comuniones y están todavía las rosas que nos van a servir de punto de partida para la predicación. Porque ya algunas empiezan a decaer, a mostrar señales de muerte, otras están todavía como en la plenitud de su fuerza y de su belleza. Por supuesto, hace unas horas estaban más vivas todas. ¿Qué nos pueden enseñar estas rosas? ¿Qué tienen que ver ellas, con la predicación, con las lecturas de hoy? Desde que las rosas fueron cortadas, fueron sentenciadas a muerte, pero la muerte no se les veía, ¿no?, todavía, algunas no se les ve a otras ya; al cortarlas ya empezaron a morir, pero no se les veía la muerte. Eso es lo que me llama la atención. Puede decirse que todavía tenían un poco de vida adentro. Esa vida le sirvió, por ejemplo, para abrirse, para esparcir el último poquito de su perfume y para deleitarnos con su color. Vamos con el Evangelio. Jesús dice: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" . Pero a veces uno se aparta de Jesús, uno se aparta del camino y el que se aparta del camino es como la rosa, cuando la han cortado, no se muere instantáneamente. Yo al fin, no sé si es misericordia o crueldad que las cosas sean así. A veces, cuando se tiene mucha vida por dentro, la persona puede resistir mucho tiempo antes de morir. Un hombre que tenía mucha vida por dentro era el padre Maximiliano María Kolbe. Él fue condenado a muerte. O mejor, escogió reemplazar a un condenado a muerte. Y el tipo de muerte era de lo más espantoso, porque lo que hicieron fue: encerrar a un grupo de prisioneros por allá en un sótano, a que se murieran de hambre y de sed. Una muerte extremadamente lenta y, por supuesto, espantosa. Del número de prisioneros que encerraron ahí, el último que no se les quería morir por lo visto, el que tenía más vida por dentro fue Maximiliano; él aprovechó esos días sin alimento y sin agua, y en esa condición humillante, para evangelizar y consolar cuanto pudo a los compañeros de desgracia. Cuando bajaron, como a los ocho o nueve días después de haberlos encerrado ahí, todavía no se había muerto. Entonces le inyectaron veneno en las venas; y así murió el padre mártir, por supuesto. Es decir, ese hombre tenía tanta vida adentro que aunque no le daban ni comida ni bebida, resistía como algunas de estas rosas que fueron recortadas hace tiempo, hace ya muchas horas y sin embargo, obstinadamente siguen regalando su belleza. Y eso le puede pasar también a uno. Uno se aleja de Cristo y uno dice: -No me ha pasado nada, nada pasa-. Pero uno se apartó del camino, y sin embargo, ya la muerte está caminando adentro, como la muerte está caminando por las fibras de estas hermosas rosas, cuyo destino ya conocemos. No hace mucho, en una de estas tragedias que han acontecido en escuelas norteamericanas, ustedes saben a qué me refiero: Llega una persona con un arma, a veces incluso un compañero de clase llega armado y empieza a disparar indiscriminadamente. Eso puede producir, por supuesto, un buen número de muertos. Cuando sucedió una de esas tragedias, se repitió lo que hemos visto muchas veces, la gente empieza a cuestionar a Dios. ¿Dónde está Dios? ¿Por qué Dios permite que maten a mi hija? ¿Que maten a mi hijo? Hay que entender que en esos momentos de dolor la gente suelta esas expresiones. No debemos ser duros, humanamente hablando contra esas personas, porque creo y Dios nos libre, que si nos pasara a nosotros quién sabe qué locuras también diríamos. Pero el hecho es que en un escrito, en un periódico local, alguien hacía ese cuestionamiento ¿Dónde está Dios? Pero como los periódicos permiten a veces que se publique una carta y luego se publique la respuesta, entonces hubo alguien que respondió a la pregunta ¿Dónde está Dios? ¿Dónde estaba Dios en la escuela tal? Y respondió alguien: -Lo habían sacado hacía mucho tiempo de esa escuela-. Nosotros sacamos a Dios de la casa y cuando nos pasan cosas malas, entonces ahí sí preguntamos ¿Dónde está Dios? Sacamos a Dios de la vida y cuando nos sentimos solos, deprimidos, traicionados, frustrados, ¡¡¿dónde está Dios?!! Ese que escribió a ese periódico podría respondernos a nosotros ¿Quiere saber dónde está?. Pero si tú mismo lo sacaste de tu vida. Lamentablemente seguimos sacando a Dios de muchos lugares y hay gente que es tremendamente agresiva en eso de sacar a Dios. En algunos países, en Europa y también aquí, ya empieza a haber algunas tendencias de que hay que quitar los símbolos religiosos. Hasta el crucifijo ¡Quitenlo! ¡Quítenlo de los juzgados! ¡Quítenlo de las escuelas! ¡Quítenlo de los lugares públicos! Luego preguntamos: ¿Dónde está Dios? Pues Dios está donde lo mandamos, lo mandamos lejos, lo mandamos a paseo. Luego preguntamos ¿dónde está? Pero lo grave es que uno no se da cuenta. Cuando Lutero se separó de la Iglesia romana, se separó de la comunión con el Papa. Pues él tenía sus razones, obviamente, había mucho que criticarle a la Iglesia, porque en todos los siglos, en todas las épocas, siempre ha habido mucho que criticarle a la Iglesia. Pero eso no significa que separarse de la Iglesia sea una buena idea. Lutero tuvo una vida suficientemente larga como para ver las consecuencias de haberse separado de la Iglesia. Dos cosas que él no pudo negar fueron las siguientes. Primera, que una vez que tú empiezas con el principio protestante de que cada uno interprete la Biblia a su manera, es inevitable la división. Hay un escrito precioso de Lutero lamentándose de cómo entre todos los que se han separado de Roma empiezan a pulular todo tipo de opiniones. Gente que dice que si hay que bautizarse, que no hay que bautizarse, que si hay Eucaristía, que no hay Eucaristía, que estamos predestinados, que no hay predestinación. Y Lutero se da cuenta de que ya es imposible lograr la unidad. Tuvo una vida suficientemente larga para eso, pero eso no significa que cuando se separaron de Roma, entonces todos se volvieron unos demonios espantosos, ¡No!, el luteranismo ha tenido cosas notables; y grandes escritores, buenos pensadores, excelentes poetas como estas rosas recortadas, separadas de su fuente vital, sin embargo, siguen regalando su belleza y su perfume. Y uno puede decir: -Mira, yo puedo vivir sin agua-. Espeeeere un poquito a ver qué sucede con esa clase de vida. Decían las noticias del periódico que ya en Colombia hay mil setecientas iglesias protestantes matriculadas, ¡mil setecientas!. No hay manera de unificarlas, no hay manera de ponerlas de acuerdo; mil setecientas en Colombia. Hace treinta años eran ocho mil en Estados Unidos, hoy nadie sabe cuántas son, en Estados Unidos. Lo que Lutero vió se sigue cumpliendo: más y más nuevas y nuevas divisiones. Pero uno se aparta del camino y dice: -No me ha pasado nada-, uno deja de ir un domingo a misa y no le pasa nada, ¿Qué le puede pasar a uno?, -No pasa nada-. Se despierta el lunes y va a trabajar y va descansado y no le hizo falta la Misa. También a la Rosa le sucede lo mismo. La recorté y no me pasó nada. Yo no sé si a eso hay que llamarlo paciencia o crueldad. Lo más grave que hay en la vida es eso. Y hay un texto del Eclesiastés que habla de este problema: -Si a uno le pasaran cosas malas, apenas se aparta del camino; uno volvería pronto-. Pero el problema es ese, que uno se burla de Dios, uno se burla de la oración, uno deja la Misa, a veces países enteros le dan la espalda a Dios y sin embargo siguen teniendo muchas cosas buenas. Este es el gran argumento de los ateos, entre otras cosas, la teoría que tienen muchos ateos, incluyendo ateos beligerantes como Peter Singer, como Richard Dawkins, como Daniel Dennett y otros que viven llenando estadios y predicando su ateísmo a los cuatro vientos. Uno de los grandes argumentos de ellos es: -que se puede perfectamente fundamentar una ética sin religión-, pero ellos no se dan cuenta que la razón por la que parece que se puede fundamentar esa ética es porque después de que tú cortas tus raíces cristianas, todavía tienes mucha vida adentro. Y esa vida se expresa en cosas que se convierten en el lenguaje colectivo, en el acuerdo fundamental. Pero ese acuerdo fundamental lo recibimos de antes. Yo voy a dar solamente un ejemplo, porque hay que resumir. Para mí el ejemplo típico es los derechos humanos. Todos los ateos creen que los derechos humanos son una cosa evidente. Pero los derechos humanos tienen una larga historia y de esto habló muy bien Juan Pablo II. Tienen una larga historia que se remonta a la dignidad de todo ser humano en cuanto a ser humano. Y ahora yo le pregunto a usted: ¿cuál ha sido la escuela de pensamiento que ha hablado de la dignidad de todo ser humano por el solo hecho de ser humano? Y la respuesta es -el Evangelio de Jesucristo-. Los griegos, tan inteligentes como eran, esos griegos antiguos. Siglo, IV siglo, V época de Sócrates, Platón. Aristóteles. A Aristóteles le parecía perfectamente natural que el noventa por ciento de la población fueran esclavos. En la Bogotá de hoy eso equivale a que siete millones de personas o un poco más, sean esclavos. Y Aristóteles no era ningún tonto, ni Platón tampoco. Pero es que la sola inteligencia humana no descubre los derechos humanos. Los derechos humanos solo salen a luz cuando uno dice: -todo ser humano es valioso- y eso no lo puede decir ni el comunista, ni lo puede decir el pagano. Eso lo dijo uno que se llama Jesucristo, porque cuando se ve que la sangre de Cristo es sangre derramada por todos y cada uno, cuando dice San Pablo: -Dios quiere que todos los hombres se salven- , eso es lo que ha fundamentado los derechos humanos. Pero entonces el ateo dice: -No-, podemos quitar la religión, acabemos con la Iglesia, salgamos de todos esos curas, ese clericalismo, la opresión de la Iglesia, la Inquisición, Galileo y después de que echan toda su parrafada, dicen: -podemos organizar la sociedad sin Iglesia, sin Cristo y sin Dios-. Y le pregunta a uno ¿Y usted cómo la va a organizar? Y dicen: -Pues obvio que cada uno respete los derechos de los demás-. Y de ¿dónde sale esa idea? Papito, ¿de dónde sale? Esa idea, viene del cristianismo, que fue el único que habló de la dignidad de todos. Para los emperadores chinos antiguos, para los mongoles del siglo XII, para los esclavistas, para todos, el ser humano es usable. El cristianismo fue el primero que dijo No puedes usar al ser humano ni para células madre, ni para guardar tu prestigio abortando, ni como esclavo, ni de ninguna manera. Pero uno se aparta del camino y no le pasa nada inmediatamente. Sin embargo, la muerte va caminando. Desde que empecé a hablar ya avanzó otro poco la muerte, por ejemplo, esa acaba de morir. La muerte va caminando y hoy tenemos que escoger como colombianos si queremos que la muerte siga caminando por las calles o no, eso tenemos que escoger. Por favor, sobre todo los jóvenes, los que el día de mañana van a dirigir empresas y van a estar en asambleas departamentales y concejos municipales y Congreso de la República, caigan en cuenta de la terrible responsabilidad que tienen. Si ustedes le dan una patada a Dios y sacan a Dios. Ustedes dirán fíjese, sacamos a Dios y no pasó nada. No pasó nada. Fue que le diste alas a la muerte, le diste fuerza a la muerte y le quitaste una victoria a la vida. Hoy, hermanos, hoy tenemos que hacer el propósito de volver al camino, volver a Jesucristo. Porque si se vuelve a Él sucede lo que ya no le puede pasar a estas rosas. Si se vuelve a Él, también la resurrección sucede en nosotros.

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