Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El trasfondo semita que subyace a la predicación del Evangelio nos invita a leer la frase de Jesús, Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, desde este ángulo: ¿qué somos sin él, y qué llegamos a ser con él?

Homilía ap05006a, predicada en 20110522, con 14 min. y 30 seg.

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Transcripción:

Contando con el auxilio del Espíritu Santo. Intentemos exponer la Palabra de Dios que hemos escuchado. Empezando por esa frase, la más conocida: "Yo soy el camino, la verdad y la vida". Es una frase que hemos oído muchas veces. Pero si uno se pregunta un poco, ve que no es tan fácil de entender. ¿Qué quiere decir que una persona diga yo soy la verdad? En español creo que esa frase solo la utilizamos cuando se trata de algo de fe, del Evangelio, de Cristo. Pero que una persona diga: -Yo soy la verdad-. No, la persona diría yo tengo razón o yo sé la verdad, o eso que dices no es verdad, pero la expresión: -Yo soy la verdad- es supremamente extraña.

Y también es extraño decir: -Yo soy la vida-. Son palabras que suenan demasiado ajenas, demasiado distantes. Creo que nos puede ayudar a comprender esta frase, si miramos un poco el contexto del pueblo hebreo. Porque Jesús era judío, era semita, hablaba arameo, que es una variante del hebreo. Sus apóstoles eran todos de la misma familia lingüística. De modo que esta expresión seguramente la entendemos mejor relacionándola con la manera como se componen las frases, como se dicen las cosas en hebreo. Sucede que el hebreo es una lengua bastante diferente de la nuestra, en la que prácticamente no existe el verbo ser.

Las cosas se relacionan más bien poniéndolas una junto a otra. Por eso en la Biblia, en el Antiguo Testamento encontramos expresiones como ésta: -Él, Él es nuestra paz-, o por lo menos esa es la traducción que hacemos, porque al vertir ese texto a nuestra lengua hay que introducir el verbo ser. Pero propiamente lo que tiene el hebreo es algo así como: -El Señor nuestra paz, el Señor, nuestra justicia-, son expresiones que van así la una junto a la otra. No pronuncian propiamente un verbo ser, sino que al poner las cosas así juntas, se entiende que van juntas. Y esta es la clave, creo yo, para entender la frase de la que hemos empezado.

En la lengua hebrea dos cosas que van siempre juntas, dos cosas que son equivalentes es lo que nosotros llamamos o es lo que nosotros expresamos con el verbo ser. Vuelvo a repetir aquellas expresiones. -El Señor nuestra paz, el Señor nuestra justicia-. Eso quiere decir que la verdadera paz está unida a la presencia del Señor, a la alianza con el Señor, a la vida en el Señor. El Señor nuestra justicia quiere decir que allí donde Dios está, hay justicia, y donde Dios no está, no hay justicia. Podemos decir entonces que en la lengua hebrea este tipo de expresiones son dinámicas.

El problema que nosotros podemos tener un poco con esta frase es que nosotros hemos sido mucho más educados en el estilo de las lenguas llamadas indoeuropeas, como el griego, el latín y lo que nació del latín como es el español, y en las lenguas indoeuropeas, sobre todo las que son herederas del griego y el latín, pues nosotros pensamos mucho en términos abstractos. Por ejemplo, fíjate la pregunta que le hace Pilatos, que era un romano. Pregunta que le hace a Jesús: ¿Qué es la verdad? Esa pregunta, ese tipo de pregunta por la esencia de las cosas, es una pregunta que apunta a un lenguaje más bien abstracto. Es como tratar de buscar qué es lo esencial, qué es lo característico, lo irrenunciable de algo.

Y por eso los romanos fueron tan buenos en encontrar algunas definiciones. Por ejemplo, para hablar de la justicia, un romano como Ulpiano podía decir: "Uni cuique sum". Eso es una frase majestuosa: "A cada uno lo suyo". Esa es la esencia de la justicia. Nuestro cerebro se ha acostumbrado a trabajar y a pensar en ese sentido. Buscar lo que es esencial, buscar lo que es irrenunciable. Entonces, cuando nos hablan, por ejemplo de verdad, de ¿Qué es la verdad? Pues buscamos qué es lo que pueden tener en común todos los usos del lenguaje en los que aparece la verdad, lo verdadero o parecido. Entonces, se puede decir, por ejemplo, que la verdad es como correspondencia entre lo que se piensa y la realidad, y por eso está esa definición: "Adequatio intellectus et rei". Esa es otra definición latina. Ahí estamos pintados los occidentales.

Buscar la abstracción, buscar la esencia. . . "Adequatio intellectus et rei", la adecuación del pensamiento y de la realidad. Eso es la verdad. Seguramente Pilatos estaba esperando que el profeta de Nazaret le hubiera respondido algo así, dijo Pilatos: "Cuides de veritas?" Jesús tenía que haber dicho: -Adequatio intellectus et rei. Y se ponían los dos a filosofar ahí un rato. . . Pero Pilatos estaba en una clave distinta, y de hecho Jesús no le responde a Pilato. Y de hecho Pilato se va antes de oír una respuesta que no puede digerir. Entonces nuestra cabeza, nuestro cerebro, está acostumbrado a trabajar de esa manera. ¿Qué es lo esencial? Si una persona nos habla o está haciendo una propuesta o quiere que hagamos un negocio con élla, nuestra mente lo primero que intenta ver es bueno, en síntesis, ¿Qué es lo que usted quiere? A ver, ¿Yo aquí como voy a quedar?, ¿Cuáles son los términos de esto? Usted gana tanto, yo pierdo tanto.

¿En qué quedamos? Nosotros trabajamos de esa manera. La síntesis, la esencia, lo abstracto. Pero es muy complicado leer a Jesús de ese modo, porque si uno tiene una definición de: -Adequatio intellectus et rei-, y luego llega a la persona de Jesucristo, que es un torrente de amor, que es una unción poderosa del Espíritu, entonces uno no tiene ni idea qué hacer con esa frase. En cambio, desde el punto de vista hebreo, empezamos a entenderlo diferente. La frase: -Yo soy el camino, la verdad y la vida- no significa saquen sus manuales de filosofía, busquen qué es lo esencial de un camino. Busquen en qué consiste la verdad, busquen la definición de vida. Todavía no se logran poner de acuerdo los científicos en qué es la vida. Eso cada año hay discusiones sobre eso.

Yo por lo menos estoy fascinado con un descubrimiento de hace unos años, de unos ciertos microorganismos que me imagino que en español se traducen por tardígrados. "Tardigrade" llaman eso en inglés. Estos tardígrados son unos microorganismos que resisten el espacio exterior, radiación ultravioleta, rayos cósmicos, temperaturas de muchos centenares bajo cero o de varios centenares bajo cero y temperaturas altísimas. ¿Cómo logran resistir eso? Pues estos microorganismos pueden entrar en un estado que se parece mucho al de una momia. Es decir, ellos quedan secos, se secan y luego, cuando vuelve a haber agua, reviven. Es decir, su vida queda como suspendida. Si tú tomas un microorganismo de esos que por algo son micro y lo miras al microscopio, parece una piedrita, pero resulta que vuelve el agua y vuelve a vivir. Entonces, con cada descubrimiento se complica más la definición de qué es la vida.

¿Y si le preguntamos a los apóstoles? Le preguntamos a Bartolomé y a Mateo, y a Simón y a Tomás. Bueno, a ver, explícame qué es la vida, qué es el camino, qué es la verdad. Es muy difícil entender la frase de Cristo. Probablemente lo que Cristo estaba diciendo, como fue recordado por su apóstol, particularmente San Juan, lo que Cristo estaba diciendo no tenía tanto que ver con ese estilo de pensamiento. El estilo que es más nuestro. Jesús seguramente estaba utilizando el lenguaje de esta otra manera, del modo hebreo. Bueno, entonces, ¿Cómo se traduce esta frase según el estilo hebreo? Sale muy bonito, miren, según el estilo hebreo, la frase: -Yo soy el camino, la verdad y la vida- se traduce de la siguiente forma: -Sin mí no hay camino, sin mí no hay verdad, sino mentira, confusión o ignorancia; sin mí no hay vida, sino desperdicio, esfuerzo vano y sin sentido-. Eso es lo que quiere decir la frase.

Y luego haces la misma construcción pero con el, con la otra preposición: -Conmigo. Tienes una ruta para tu vida, conmigo. Tus palabras son de fiar-. Eso es la verdad. La verdad hebrea es algo muy. . . En el genio hebreo es algo dinámico. Ser verdadero es eso, ser de fiar. Conmigo tú te vuelves de fiar. Si me tienes en tu vida, se podrá creer en ti. Si me tienes en tu vida, tu palabra será real. Conmigo experimentarás alegría, fecundidad, comunión, cercanía. Esa es más o menos la traducción hebrea de esta frase. Yo estoy bastante convencido de que ese modo de leer esa frase nos ayuda seguramente a acercarnos más a Jesús. Y por eso también agrega: "Nadie va al Padre sino por mí". Y aquí hay que hacer un breve comentario sobre esa esa interpelación de Felipe: "Señor, muéstranos al Padre y nos basta".

Seguramente el pobre Felipe ya estaba saturado de oír hablar que el padre, el padre para arriba, el padre para abajo, que mi padre, mi padre. . . -Muéstrenos al Padre-. Parece que Felipe ya se había occidentalizado bastante. De hecho, ese nombre, Felipe, es más bien un nombre griego. No se nos olvide que estos apóstoles eran del norte de Palestina, de Galilea, que era la parte más griega más helenizada, la parte que estaba más en contacto con Siria, con Fenicia y por consiguiente toda la influencia del Imperio Romano. Entonces Felipe dice Bueno, -Muéstranos al Padre y nos basta-. Y Jesús le dice: "El que me ve a mí ha visto a mi Padre". Pero yo quiero que nos quedemos con la frase de Felipe. . . -Muéstranos al Padre y nos basta-. No sabemos cuáles eran las circunstancias psicológicas precisas de Felipe cuando dijo eso, pero de una cosa estamos seguros, dijo una tremenda verdad.

El corazón humano para aquietarse, el corazón humano para alcanzar su plenitud, el corazón humano para sentir su descanso, necesita del Padre. Y esa es la meta. Ese es precisamente el punto de llegada. Por eso Jesús dice que: -Hay muchas habitaciones y por eso dice que hay lugar para nosotros-. Entonces, ¿Qué queda para nuestra vida después de este intento de explicación? Queda una interpretación dinámica, tratando de extraerla del estilo de la lengua hebrea que da una interpretación dinámica de esta frase. Una interpretación que utiliza dos palabras: "sin" y "con".

¿Cómo es; cómo son las cosas sin Jesús? Y ¿Cómo se vuelven las cosas con Jesús? Esa es la clave de la interpretación hebrea. Ahora llévate eso a tu casa. Seguramente en tu propia vida puedes hacer la comparación de lo que es estar sin Jesús y de lo que es estar con Jesús. Ahí estás entendiendo la frase de hoy. Y en segundo lugar, saber que todo nuestro camino encuentra finalmente su descanso y reposo únicamente en la casa del Padre, en el regazo del Padre y en la contemplación del Padre.

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