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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La cita con Jesucristo es junto a la Cruz.
Homilía ap05002a, predicada en 19990502, con 17 min. y 50 seg. 
Transcripción:
A menudo tenemos una idea un poquito romántica, un poquito idealizada de los primeros cristianos, porque efectivamente hay unos textos de los Hechos de los Apóstoles que nos hablan de cómo compartían, oraban juntos, recibían la enseñanza, eran bien vistos, tenían alegría, había milagros. Es tan bello este cuadro de la primera comunidad cristiana que en realidad prácticamente todos los fundadores en la Iglesia siempre toman como referencia la primera comunidad cristiana. Y es bueno que sea así. Lo que no es bueno es que proyectemos nuestros deseos sobre lo que debería ser. Proyectemos esos deseos sobre esta comunidad: Fue una comunidad donde hubo también tensiones y hoy nuestra madre, la Iglesia, en la primera lectura, nos ha presentado un cuadro de esas tensiones. Había algunos que eran convertidos del judaísmo, había otros que habían sido antes simpatizantes del judaísmo y que se habían convertido a Jesucristo. Estos que eran simpatizantes del judaísmo, pero que no eran judíos, eran de lengua griega, no tenían una pertenencia plena al judaísmo y quedaban ciertos resquemores, ciertos recelos entre unos y otros, y esos recelos que, como vemos, ya tienen historia de dos mil años. Entre los que ya estaban antes, los antiguos y los que llegaron después, los de lengua griega, los nuevos. Esos recelos entre los antiguos y los nuevos, que ya son recelos antiguos pero que siguen siendo recelos nuevos. Esos recelos causaron estas divisiones. Los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea porque las viudas de su grupo eran desatendidas en el servicio diario. Los Hechos de los Apóstoles no nos cuentan cuál era exactamente el problema, es decir, a qué se debía esta desatención. Tal vez había preferencias; tal vez los que distribuían esas raciones, mercados o ayudas tenían una de las preferencias, es decir, estaban del lado de la lengua hebrea o del lado de la lengua griega. A nosotros nos parece ridículo discutir porque uno es de lengua hebrea y otro de lengua griega, porque no hablamos ni hebreo ni griego, pero eso nos muestra lo ridículas que son todas las peleas en la iglesia, son por eso, porque yo llegué tres meses antes, porque usted llegó tres meses después, porque usted habla con este acento, porque yo hablo con el otro, porque siempre que yo hablo, usted cruza la pierna, ah pero siempre que yo hablo, usted parpadea. Cuando se trata de pelear, cuando se trata de discutir, el ser humano siempre encuentra de qué agarrarse, así sea de la lengua hebrea o de la lengua griega. La respuesta de los apóstoles ¿Cuál fue? Nombremos a unos encargados que sean de confianza de ustedes, que les resuelvan ese problema; pero nosotros seguimos en lo que tenemos que estar. Vamos a seguir en la predicación y en la oración. Eso fue lo que dijeron: -No está bien que descuidemos la Palabra de Dios por ocuparnos de los problemitas de ustedes. . ., de manera que vamos a ver cómo encargamos gente que les ayuden a sus problemitas-. Nosotros seguiremos orando y predicando; de manera que el que tenga oídos para oír, que oiga. En la segunda lectura nos encontramos un texto de la primera carta del apóstol Pedro. Es una descripción de lo que hace la Pascua de Jesucristo en nosotros. Pero una descripción que ya presenta no solo la victoria de Cristo, sino el escándalo que Cristo causa. Cristo es al mismo tiempo piedra de cimiento y piedra de tropiezo, y para unas personas es piedra de tropiezo, y para otras personas es piedra de cimiento. Porque una piedra grande puede servir para cualquiera de las dos cosas, puede servir para hacer un cimiento o puede servir para hacer un tropiezo. Con el cimiento se hace una casa, por ejemplo, la casa de Dios, que es un templo que se levanta por el poder del Espíritu o con el tropiezo se hace un gran accidente. Pero hay una cosa muy simpática aquí. Si uno se accidenta normalmente necesita que lo lleven a algún hospital o alguna casa. Entonces Cristo es una piedra que sirve de cimiento, que sirve de tropiezo, pero a los que sirve de tropiezo los manda para el hospital y el hospital es su propia casa. O sea que el que no llega a Cristo, encontrándolo como cimiento, tropieza con Cristo, se da duro y entonces tiene que ir a un hospital. Y entonces Cristo le dice: -yo tengo una casa donde te puedo recibir- Y de esta manera, si Cristo se convierte en piedra de tropiezo, no es para que la gente se pierda, sino es para que la gente se lastime, se hiera y así aporreada y herida diga: ¡hay una casa!, ¡una casa!. Entonces Cristo le dice: -yo le tengo una casa que está cimentada sobre esta piedra-. Cristo quiere que nosotros tropecemos a veces y diga lo que diga la canción, Cristo quiere que a veces tropecemos con la misma piedra. Cristo quiere que tropecemos. A veces, si uno no tropieza, lo atropellan. Cristo quiere que tropecemos. Sí, que tropecemos. Cristo se va a convertir o en la casa en la que tú puedes vivir o en el estorbo que no te deja vivir. Pero ambas cosas son obra de la misericordia de Cristo. Si Cristo es la casa donde puedes vivir, ya encontraste. Si Cristo es el estorbo que no te deja vivir, te pone a buscar hasta que lo encuentres a Él mismo y puedas vivir en Él. Ambas cosas son misericordia. Cristo no deja de ser misericordioso cuando alguien tropieza con Él. Más bien hace de ese tropiezo, de esa incomodidad, de ese accidente, una ocasión para que la persona se ponga en camino y de pronto en ese camino encuentre. En el Evangelio se nos habla de esta casa, o mejor, se nos habla de una casa una casa que tiene muchas habitaciones. -No se inquiete vuestro corazón- ¿Por qué les dice Cristo esto a los apóstoles? Estamos en el capítulo 14 de San Juan. Estas palabras pertenecen a los discursos de despedida de Cristo. Cristo les dice que no se inquieten porque les ha hablado de que se va a ir, los va a dejar. Para que no se inquieten, entonces les dice: que se va, pero se va a prepararles sitio, se va a prepararles lugar. Estas palabras que dice el Señor son como de tanta ternura: "Cuando haya ido y os haya preparado el lugar, vendré otra vez para llevaros conmigo" . Él se convierte aquí en constructor, anfitrión y hospedero de todos nosotros. Y como no ha vuelto; aquí, dice: "Vendré otra vez" , pero como no ha vuelto, quiere decir que está preparándonos un lugar. Está preparándonos un lugar. A donde yo voy, ya conocéis el camino. Esta parte tiene como de chistosa y dramática: Jesús les dice: "Ya conocéis el camino" , después de años, o por lo menos muchos meses de estarlos enseñando, -ya conocéis el camino-. Esto les dice Cristo después de la última Cena. Faltaban horas para que lo agarraran en el huerto, para que lo azotarán. Ya había terminado prácticamente su jornada en esta tierra. -Ya conocéis el camino-, como quien dice, ya los iba a graduar; y sale Tomás, ¿Cuál camino? Realmente, realmente si es como para llorar, ¿cuál camino? Jesús, sin embargo, le responde con delicadeza. No le dijo ¡cuál camino!, así no le dijo, si no le dijo: -hombre, pues Yo, ¿sí?. . . O sea. . . , Yo soy. Yo soy el camino, siga lo que Yo he hecho, oiga lo que Yo he dicho, practique lo que Yo he enseñado, padezca lo que Yo he sufrido y tenga vida para siempre conmigo-. Así le está hablando Jesucristo a Tomás. Sin embargo, tratemos de relacionar estas dos cosas. Mire usted que uno no conoce la Biblia. Mi teoría es esa, que uno no conoce la Biblia, porque ¿cuántas veces hemos oído esto? Y fíjese un detalle que le apuesto que no nos hemos dado cuenta. Jesús dijo: "Cuando haya ido y os haya preparado el lugar, vendré otra vez para llevaros conmigo" . Y después dice: "Yo soy el camino" . Toda la vida nos hemos imaginado, y ustedes me dirán ¿si no?, que -Yo soy el camino-, quiere decir que uno tiene que caminar por ese camino. Eso es lo que nos hemos imaginado toda la vida, creo yo. Pero fíjate lo que Él dijo: "Vendré otra vez para llevaros conmigo" . Cuando Cristo dice: Yo soy el camino, uno se imagina que el que le va a tocar caminar es a uno o ¿no? Eso es lo que nos hemos imaginado siempre. Pero Cristo no dijo, Cristo no dijo eso: dice aquí "Nadie va al Padre sino por Mí" . Por Mí. Uno se imagina que uno va al Padre caminando por Cristo y de ahí se pueden sacar unas enseñanzas muy bonitas. Caminar por Cristo. Pero ahí el que se está moviendo es uno. Y Cristo no dijo exactamente eso. Cristo dijo: -que Él, era el camino, pero Él dijo: que Él vendría a llevarnos con Él-. Si Cristo viene, el que se está moviendo es Él. Y si Cristo dice que nos va a llevar con Él, el que nos va a guiar, o el que nos va a cargar es Él. Cristo dijo: "Vendré otra vez para llevaros conmigo" . Y Cristo dijo: "Yo soy el camino" . En buena lógica, lo que esto significa es: -Ya saben en dónde y por dónde deben esperarme. Ya saben en qué camino deben esperarme-. A mí me parece que el sentido más profundo de este evangelio no es miren todo lo que les toca hacer. Sino el sentido más profundo es miren, en dónde deben aguardarme, porque este mundo tiene muchos caminos, muchos, muchos caminos. . . , ¿En dónde debo esperar yo la visita de Jesucristo?, ¿en donde debo esperar que Cristo venga por mí a llevarme con Él?, ¿en donde debo esperarle?, pues, en el camino que Él dijo Y ¿cuál es el camino que Él dijo? Él mismo, lo que Él había manifestado, había hecho, había enseñado y había padecido. O sea que Cristo no dijo que nosotros tuviéramos la fuerza para llegar hasta el Padre. Es que cuando uno piensa que uno es el que va a caminar, uno cree que es uno el que va a llegar hasta el Padre, como quien dice, ya me dijeron la ruta y ahora yo sigo esa ruta y yo esforzándome, entrenándome, llegaré hasta el padre. Eso ¡no fue! lo que dijo Cristo. Cristo nos contó en qué dirección tenemos que esperarle. Es como una cita de amor, como decir: -espérame en la trece con cincuenta y tres- Así habló Cristo. "Creed en Dios. Creed también en mí. Cuando haya ido y os haya preparado el lugar, vendré otra vez para llevaros conmigo. Ya sabéis el camino" . Ya sabéis, el camino. Esto quiere decir que Cristo, en este Evangelio, nos puso una cita. Ahora Él nos dijo que la cita era Él mismo. Esto le puede parecer a uno un poco extraño. ¿Cómo así que la cita es Él mismo?, así como lo oye. Miren. Cristo reveló unos misterios, pero hubo un momento en el que reveló todos los misterios. Fue el momento de la cruz. En la cruz, Cristo mostró completamente quién era Él en la cruz. Ahí mostró del todo quién era Él. Si uno tiene que hacer un dibujo de Jesucristo y solo puede hacer un dibujo, estoy seguro de que uno dibuja la cruz. Es lo propio de Él. La cruz es el trono de Él, es la cátedra de Él. La cruz es la firma de Él, es el estilo de Él. Nada caracteriza el cristianismo tanto como la cruz. De manera que si tuviéramos que decir frente a una imagen, -Este es Cristo-, yo no escogería esta imagen con todo el respeto, si no escogería esa imagen, esa, El Crucificado. Cuando Él dice: "Yo soy el camino" , lo dice a las puertas del misterio de la cruz. Reunamos lo que hemos dicho. Cristo nos ha puesto una cita de amor. Nos ha dicho que nos encontremos en lo que Él es. Lo que Él es, es La Cruz. Entonces, ¿en dónde hay que esperar a Jesucristo para que me lleve hasta el Padre? Ahí, junto a la cruz, ahí, es la cita. Y los que Cristo encuentre cercanos, abrazados a la cruz, a esos se los lleva a la casa que tiene muchas habitaciones. Ahí es la cita. La idea de que Él es el camino y que yo voy a tomar impulso y me voy a entrenar y voy a avanzar y voy a llegar al Padre, esa idea fue una interpretación que han hecho muchos predicadores sobre este texto. Repito, se puede tomar bien esa idea y puede ser útil para nuestra vida espiritual. Pero a mí me gusta más esta otra interpretación: que Cristo, realmente estaba poniendo una cita de amor con ellos y les estaba diciendo en lo que ustedes vean que Yo Soy, ese es el lugar a donde tienen que esperar que Yo vuelva. ¡Qué belleza! -Ahí donde ustedes vean que Yo soy ahí me tienen que esperar, por ese camino voy a volver-. Es como el papá que tiene que irse y el hijo menor llora. -Papi, no te vayas-. Y el papá le dice: -mira, me voy a ir por esta calle, espérame por aquí, por aquí vuelvo. Cristo se fue por esta puerta y por esta puerta, va a volver. En esta puerta nos espera. Ahí hay que estar cerquita de Él, porque vuelve, volverá y nos llevará con Él si nos encuentra ahí. Si no nos encuentra cerca de este misterio, tal vez no nos encuentre, tal vez no nos reconozca como suyos. Demos gracias a Dios por esta manifestación del amor de Cristo y estemos atentos, porque Él ya puso la cita, y los que estén ahí, quiera Dios que seamos, todos, seremos por Él recogidos, nos iremos con Él y habitaremos en su casa. Amén.

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