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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
"Yo soy el camino, la verdad y la vida."
Homilía ap05001a, predicada en 19960505, con 13 min. y 54 seg. 
Transcripción:
El Evangelio que hemos escuchado, según San Juan, pertenece a los discursos de despedida de Jesús a sus discípulos allá en la Última Cena. Estos discursos, según la versión de San Juan, son bastante largos. Ocupan varias páginas, varios capítulos. Si quiere leerlos en su casa, y le hará bien, empiezan en el capítulo 13 y terminan en el capítulo 17 de este Evangelio según San Juan. Como en la época no había grabadoras ni cosas parecidas, no hubo para estas palabras más grabadora que el corazón amado y amante de aquel discípulo que es llamado precisamente el discípulo amado. Y ahí hay una primera enseñanza para nosotros. Si usted quiere algo que tenga más fidelidad que una grabadora, que la más perfecta grabadora, busque un corazón que ame los corazones que aman. Tienen la capacidad de recoger no sólo las palabras, sino el sentido de esas palabras. Una grabadora puede llevar el registro analógico o digital de las ondas que se propagan por el aire. Pero una grabadora no puede registrar lo que hay en mi corazón. Una cinta de vídeo puede recoger el reflejo de la luz en mi rostro o el suyo. Pero no puede recoger cuánta luz o cuánta oscuridad hay en su mente, hay en su vida. No hay grabadoras para la Palabra de Dios. No hay videocasetes para la Palabra de Dios. La Palabra de Dios solo permanece en los corazones que aman. Y por eso este discípulo, al cual la tradición unánimemente reconoce como Juan. Por eso este discípulo es la gran grabadora de Cristo. Porque tenía mucho amor. Porque tenía mucho amor que había recibido y porque tenía mucho amor que podía y debía dar. Y por eso, mientras que el relato de la última Cena es relativamente corto. En los otros evangelios, es decir, San Mateo, San Marcos y San Lucas, los discursos de la Última Cena en el Evangelio de Juan ocupan tantas páginas. Porque había mucho amor que estaba grabando aquellas palabras, porque había mucho amor que estaba aprendiendo ahí. ¿Y qué dice este corazón amado y amante? ¿Qué dice el corazón de Juan en este domingo? Pues, dice Pascua estamos en el tiempo de la Pascua y todo lo que se dice en estos domingos se dice solamente para una causa, por una causa, para que nosotros creamos y tengamos vida en su nombre. En este mismo Evangelio aparecen esas palabras, dice por allá más adelante el autor: "Muchas más cosas hizo Jesús, pero éstas se han escrito para que creáis que Él es el enviado de Dios, y para que creyendo tengáis vida eterna, tengáis vida en su nombre". Las palabras que escuchamos en la Santa Misa, las palabras que escuchamos, especialmente en Pascua, son palabras para que nosotros tengamos vida. Es decir, estas palabras se leen en la Iglesia para que también nuestros corazones se inflamen en amor y para que también ellos graben el testimonio del amor de Dios, que es Jesucristo. Por eso; de la Iglesia, cada persona sale en cierto modo como entra. Si entró con poca fe y con poco amor, se parece a un granito o piso de estos en el cual es muy difícil escribir y la persona saldrá casi vacía. Pero si la persona viene con amor. Si la persona viene con fe viva en Jesucristo, el corazón será como cera blanda y Cristo podrá escribir en ese corazón una palabra, y esa palabra permanecerá. ¿Qué nos ha dicho Jesús en este Evangelio? En estas palabras de despedida, que han sido primero grabadas por el discípulo amado y que esperan encontrar un sitio en nuestro propio amor y en nuestro propio corazón. ¿Qué nos ha dicho Cristo? Algo bien sencillo, pero infinitamente profundo: "El que me ve a mí, ve al Padre". Cristo nos está diciendo que Él precisamente es la máxima manifestación de Dios. Sobre esto se podrían decir tantas cosas tan hermosas. Yo quiero decir una, quizá no sea la más bella. Quisiera responder a una pregunta un poco suspicaz. Bueno, esto que dice Cristo: "Yo soy el camino, la verdad, y la vida" ¿No será el colmo de la presunción? Si una persona dice: -Yo tengo la verdad-, Seguramente lo vamos a tratar de dogmático o de iluso. Y si una persona llegara a decir es que yo soy la vida, pues creo que no le daríamos más importancia que a cualquier loco. Y si una persona dice yo soy el camino, lo trataríamos de psicorrígido. Pues bien, ¿Por qué cuando Cristo dice Yo soy el camino, la verdad y la vida, nosotros le recibimos esas palabras? ¿No será que nosotros somos, otros fanáticos seguidores de cualquier entusiasta? Mahoma dijo que Dios le había hablado a él; y que todo lo que Dios le había hablado había quedado en un libro inmutable, el Corán, y que, por consiguiente, lo que no estuviera en el Corán era mentira. Ahora Jesús dice que Él es el camino y es la verdad. Y Buda dirá que hay un solo camino, que es el que Él enseña. ¿No será que todas las religiones se vuelven así de pronto dogmáticas y se vuelven intolerantes? ¿Puede una persona civilizada, culta, estudiada como usted? ¿Puede usted decir, por ejemplo, en su universidad o en su trabajo. . . ? -Es que yo sigo a Cristo porque Cristo es el camino-. Otra persona le diría: -Pues no Señor, el camino es. . . qué sé yo; cualquier otro-. Entonces la pregunta es doble: ¿Con qué autoridad; con qué conciencia podemos decir nosotros que Cristo es el camino? ¿Qué razones tenemos para eso? Y segundo: ¿Qué podemos afirmar sobre los que hablan de otros caminos? Tratemos de ver la primera pregunta. ¿Qué razón tenemos nosotros los cristianos para afirmar a Cristo como, el, camino? ¿Eso no nos hace privarnos de un montón de posibilidades y de cosas que otra gente podría enseñarnos? Aquí es donde es necesario recordar en qué momento fueron pronunciadas estas palabras. Cristo no dijo: -Yo soy el camino. . . En un aula de clase, Cristo no dijo: -Yo soy el camino. . . En una conferencia, ni en una manifestación política, Cristo dijo: "Yo soy el camino" En el momento mismo en que iba a donar su vida. En el momento en el que iba a entregarlo todo, ahí dijo que era el camino. Si al principio de su ministerio, cuando había multitudes, hubiera dicho: -Yo soy el camino-, sería un loco fanático, pero si dice yo soy el camino, faltando unas pocas horas para que sus enemigos lo agarren, literalmente lo destrocen y Él muera perdonando a esos enemigos. Estas palabras dichas a unas horas de la cruz tienen sentido, y si queremos tratarlo de loco, ya no será un loco fanático, será un loco enamorado, porque también el amor enloquece. Lo que hace que nosotros afirmemos a Cristo como camino y como -el camino-, es que estas palabras dichas por Él, son luego la vida de Él, o mejor dicho, la muerte de Él, la oferta de Él; la ofrenda de Él. Este es Jesucristo. Además, conviene que le demos la vuelta a la frase: La gente busca un camino para su vida. Démosle la vuelta a la frase de Cristo y digamos: -El camino soy yo-, dice Cristo. Tú andas buscando un camino. "El camino soy yo". -Haz lo que yo hago-. Porque le pregunta el apóstol, Tomás: "No sabemos a dónde vas; ¿Cómo sabremos el camino?" Jesús le dice: "El camino soy yo". -¿Quieres buscarle un camino, un sentido a tu vida? Mira lo que yo voy a hacer. Ese es también tu camino-. Esto es, Deja de pensar en acumular para ti que te vas a podrir en una tumba o te vas a volver cenizas en un quemador, en una especie de microondas atómico donde incineran los cadáveres. Deja de estar pensando en acumular para ti. ¿En qué momento vas a empezar a dar? ¿En qué momento? ¿Cuándo vas a empezar a repartir todo lo que acumulas? Llene y llene y llene la vida. ¿Para el gran banquete de los gusanos? ¿Para la gran fiesta de las llamas en el quemador que queda allá, como por San Fernando? Es eso en la 68 con 68. ¿Estás acumulando para gusanos o para las llamas? El camino no es ese. Eso es lo que nos está diciendo Cristo. Si tú estudias y te preparas y haces otro posgrado, y logras otro título y otro aumento de sueldo, ¿Para qué, hombre? ¿Para qué todo eso; lo que has acumulado, para quién será? El camino es que empieces a dar y que llegues a dar hasta tu propia vida. Como eso lo hizo Cristo. Y ese es el testimonio del Evangelio, nosotros creemos que ese es el modo que por ahí es la cosa, y eso es lo que quiere decir, que Él es el camino. ¿Y qué hacemos con los otros caminos que nos presentan u ofrecen? Bueno, muy sencillo. Pásalos por un doble Test, un doble colador. Primero: ¿A quién le hablaba Confucio?, por dar un ejemplo. Las mejores predicaciones de Confucio; por ahí se encuentran las obras de Confucio. Son buenísimas. Pero ¿A quién le hablaba Confucio? ¿Cuál era su meta? Lograr el hombre superior. Confucio continuamente habla de cómo debe ser el hombre superior, el hombre trascendente, el hombre que trasciende y que logra una vida mejor. Esa es la predicación de Confucio. Confucio predica para que los demás logren ser hombres superiores.

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