Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Homilía ap04004a, predicada en 20080413, con 19 min. y 38 seg.

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Transcripción:

Bueno mis hermanos, aquí tenemos el resumen y la descripción de lo que ha venido a hacer Cristo en esta tierra: "Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante". Y es un texto que creo que podemos entender cuando hacemos la comparación con aquello otro que está en el capítulo tercero del libro del Apocalipsis. En ese otro texto, en ese otro libro, el Espíritu Santo dice a una comunidad de cristianos: "Ustedes tienen nombre de vivos, pero están muertos". Es decir, que hay personas que caminan por esta tierra. Suben, bajan, compran, gastan, se ríen, lloran, pero están muertos.

Corresponden a lo que en las películas de terror son los zombis. Un zombi es una persona que se supone que está muerta, pero por una fuerza extraña exterior es levantada no para que tenga vida, sino para que parezca vivo. Por supuesto, el resultado es macabro. Es desastroso. Es propio del cine de terror. Pues terror es lo que encontramos muchas veces en nuestras calles y es lo que encontramos en nuestra sociedad, porque muchas personas están obrando como zombis, no tienen vida adentro, lo que hacen es cómo representar un papel, hacen el papel de que son felices, hacen el papel de que son papás, de que son esposos, hacen el papel, de que son serios, de que son estudiosos, hacen el papel de que sus cosas son importantes y arrugan la frente, porque es muy importante lo que estoy haciendo.

Pero todo es una mentira, es algo solamente externo. Falta esa vida, esa vida interior que es exactamente lo que viene Cristo a prometer. "Yo he venido para que tengan vida. . . " ¿Y qué significa ese tener vida? Esta es una de las palabras importantes centrales dentro del Evangelio de Juan. -Tener vida-. Tener vida es mucho más que sobrevivir. Tener vida es mucho más que aguantar muchos días sobre la tierra. Tener vida es mucho más que tener eso que los médicos llaman signos vitales. ¿Qué es tener vida? En otra ocasión, en otro pasaje, nos dice Jesucristo: "El Padre vive, y yo vivo por el Padre, así también el que me come vivirá por mí". Es interesante la secuencia que se da ahí: -El Padre tiene vida-. Toda vida proviene del Padre Celestial. El Padre ha dado al Hijo la vida. El Hijo da vida al que quiere, también nos dice el mismo evangelista: -El Hijo da vida-.

¿En qué consiste tener esa vida? Sí, es más que sobrevivir, ¿En qué consiste? Todavía no tenemos una respuesta y sin embargo, sabemos que Jesús ha venido para que tengamos una vida abundante. Nosotros reconocemos la vida porque hay cambio, hay evolución, hay color, hay dinamismo, hay crecimiento. Las cosas que permanecen completamente quietas difícilmente las consideraríamos vivas. Una roca, por ejemplo, que donde la dejamos ahí se queda y que permanece igual, salvo los pocos cambios que traiga la cuestión atmosférica, el viento o la erosión. Una roca no la consideramos viva. La vida implica que hay un principio interior de crecimiento, un principio interior de movimiento.

Así define con palabras semejantes, Santo Tomás de Aquino a la vida, es como un principio interior de decisión, de cambio, de movimiento. Cuando una cosa empieza a moverse por sí misma, entonces parece viva efectivamente. Y por eso cuando uno ve esos robots que ahora están haciendo distintas compañías que se mueven por sí mismos y cada vez parecen más humanos, le produce a uno una sensación como de escalofrío porque parece que estuvieran vivos. La vida es como ese principio interior de cambio, de movimiento, de respuesta también a lo que encontramos en el ambiente. Entonces, ¿Cuál es la diferencia entre sobrevivir y tener vida? Las personas que solamente sobreviven únicamente están reaccionando a lo que sucede de fuera. Entonces les ordenan que compren tales zapatos o que usen tal ropa, o que vivan en tal barrio, o que usen tal carro, y éso que viene de fuera, eso se convierte en norma desde dentro.

Es decir, la persona que únicamente sobrevive es completamente gobernada por su gusto, por su necesidad o por su miedo y a base de las necesidades, los gustos y los miedos, el ambiente, o diríamos más precisamente, el mundo los maneja. Cuando una persona es un zombi. Cuando una persona únicamente sobrevive es cuando está a merced de: Dos puntos, sus necesidades, sus gustos y sus miedos. Y así lo maneja la vida, así lo maneja el mundo. Digo más precisamente a base de eso, necesidades, gustos y miedos. Hoy los psicólogos estudian muy bien el cerebro humano para ver cuáles son los gustos. Al joven hay que hablarle de autenticidad, claro. Ahí está la clave. Entonces empezamos a decirle: -Mira, estos son los zapatos auténticos-. Y entonces el muchacho es gobernado por ese estudio que se ha hecho como a él le gusta la palabra autenticidad. Entonces le ofrecemos los zapatos auténticos y el muchacho compra los zapatos auténticos que se gastan igual que los zapatos, que no eran auténticos, pero igual los compra. Eso es ser gobernado por las necesidades, por los gustos o por los miedos.

El miedo, por ejemplo, es terrible para dominar una vida. El miedo nos puede condicionar de un modo espantoso. Lo mejor de nosotros jamás florecerá si no vencemos al miedo. Y hay muchos miedos. Uno cree que es Juan sin miedo, pero uno le tiene una cantidad de miedos, una cantidad de miedo, a una cantidad de cosas. Por ejemplo, existe el miedo a la soledad. Existe el miedo a ser distinto. Existe el miedo a ser señalado, a ser criticado. En las comunidades religiosas a menudo se da la mediocridad porque las personas que quieren que las cosas sean distintas, sin embargo, tienen miedo de ser señalados. Son gobernados por el miedo. Y cuando a uno lo gobierna, la necesidad o lo gobierna el miedo, o lo gobiernan los gustos, entonces uno es gobernado desde fuera y no tiene un principio interior, es decir, no tiene vida, sino que simplemente está sobreviviendo.

Pero Jesús dice: "Yo he venido para que tengan vida". No, -yo he venido para que sobrevivan-. Jesús dice: "Yo he venido para que tengan vida abundante". No dice: -Yo he venido para que aguanten un poco más-. Entonces tener vida es estar más allá de las necesidades, de los gustos y de los miedos. ¿Y qué es lo que está más allá de eso?, de la necesidad, del gusto, del miedo. ¿Qué es tener ese principio interior? Pues eso es lo que encontramos, por ejemplo, en Cristo. En nuestro Señor Jesucristo. Ser gobernado por algo distinto de necesidad, gusto, ¿Y cuál es el otro. . . ? Necesidad, gusto y miedo. Es ser gobernado por la, lo que San Juan llama la verdad.

La verdad. Es decir: Si a mí me ofrecen los zapatos auténticos; y yo veo que en realidad, en verdad no son distintos de los demás zapatos, "inauténticos" que he usado toda la vida, como la verdad es que esos zapatos no son distintos de los otros. . . Entonces yo no me siento urgido a comprar los zapatos auténticos. No me convence esa publicidad. No tuvo poder sobre mí. Lo mismo pasa con los miedos. Uno tiene miedo, por ejemplo, de quedarse solo. Uno tiene miedo de que lo destierren y la gente lo, lo amenaza a uno. Un problema que tenemos hoy con la juventud es ese. Muchos jóvenes, por ejemplo, muchas niñas, incurren en pecado por no sentirse distintas de sus compañeras, por no usar un discurso diferente del de las demás para ser iguales a sus compañeras, tienen que comportarse del mismo modo.

Tienen que aprender, por ejemplo, a beber o tienen que aprender a fumar, o tienen que tener relaciones íntimas o tienen que tener novia porque si no, no saben las cosas de la vida. Entonces, para no ser distinta, una niña siente -Ay tengo que portarme como las demás-. Pero ¿Cuál es la verdad? La verdad es que esas otras niñas están iguales o peores que élla. Y la verdad es que hay uno que se llama Jesús, que es verdadero amigo y que está ahí, y que es presencia y que es compañía. Entonces, como la verdad es que yo encuentro mi compañía y mi soporte en Jesús, y como Jesús no me pone esa clase de condiciones, entonces yo no tengo que ser como mis compañeras. Entonces ya le perdí el temor, o por lo menos ya superé el miedo a esa clase de soledad.

Es un ejemplo un poco tonto, pero a veces los ejemplos tontos son los que más se le graban a uno. Ese ejemplo sirve para que uno sepa como en la verdad se encuentra la libertad. Este es el mismo Evangelio, San Juan, en el cual Jesucristo nos dice: "La verdad los va a hacer libres". Libres ¿De qué? Libres de las tres esclavitudes. Estar dependiendo de las necesidades, de los gustos y de los miedos. Cuando una persona ya no depende de necesidades, gustos y miedos, sino que busca la verdad, entonces esa persona empieza a ser libre y esa persona obra desde dentro. Obra por convicción, obra con ese principio interior que se llama tener vida. Eso es llegar a tener vida.

Pero la verdad que nos ofrece Jesucristo no es una verdad abstracta, no es la verdad de un filósofo que dice: -Bueno, aquí ¿qué es lo cierto y qué es lo incierto? Tampoco es la verdad del científico, no es la verdad del historiador. La verdad que nos ofrece Jesucristo es lo que se llama "La Revelación". Es el rostro de Dios que aparece con plena claridad, es decir, la verdad de la que nos habla Jesucristo. Finalmente, es la verdad de lo que somos ante Dios. Cuando nosotros encontramos esa verdad, cuando encontramos quiénes somos ante Dios, cuánto valemos ante Dios, cómo nos ama Dios, cuán importantes somos para Él, cuando encontramos esas verdades fundamentales, entonces dejamos de ser esclavos del miedo y dejamos de ser esclavos de la necesidad e incluso dejamos de ser esclavos de nuestros propios gustos.

Entonces Jesús, al revelarnos la verdad de lo que somos ante Dios, al revelarnos la verdad del ser humano, al revelarnos la verdad de la amistad y de la relación entre personas humanas, Jesús nos otorga el ser libres de las cadenas de la necesidad, del gusto y del miedo. Y cuando uno es libre de esas cadenas, entonces uno empieza a tener vida y uno empieza a obrar desde sí mismo. Y uno empieza a no depender de lo que le ofrezcan, de las carnadas que le pongan o de las amenazas que le hagan. Entonces empieza a obrar con una libertad maravillosa. Ahí sí la palabra autenticidad deja de ser un lema de mercadeo y empieza a ser un esquema de vida. Ahí empieza una existencia auténtica.

Bueno, repasemos lo que tenemos hasta aquí para sacar provecho de este Evangelio. Jesús nos ha dicho que ha venido para que tengamos vida. Él mismo es la vida. "Soy el camino, la verdad y la vida". Tener vida es más que sobrevivir. La diferencia entre sobrevivir y tener vida es; que los que sobreviven en el fondo son esclavos, que están reaccionando a lo que les presenta el mundo en términos de sus necesidades, sus gustos y sus miedos. Uno llega a ser libre de esa dependencia, de ese condicionamiento. Uno llega a ser libre de eso cuando encuentra la verdad. Y la verdad es lo que nosotros somos ante Dios, lo que Dios nos ha revelado en Jesucristo.

Lo importante es que descubrimos qué somos cuando el Señor precisamente ofrece su vida por nosotros, en ese momento encontramos vida y en ese momento podemos decir -ahora sé lo que significa vivir-. Ahora encuentro un sentido a la vida. Lo que mucha gente llama encontrarle el sentido a la vida corresponde más o menos a lo que aquí estamos llamando vida. Encontrar el sentido a la vida es: -Dejar de depender de esas tres cadenas, encontrar esa verdad de amor que ha sido revelada en Jesús y orientar lo mejor, lo mayor de nuestras fuerzas y de todo lo que tenemos en esa dirección-. Cuando eso sucede, nuestra vida se llena de sentido, se llena de alegría, se llena de fecundidad. Bueno, pero Jesús no solamente dice que ha venido para que tengamos vida, sino que dice que es una vida abundante. ¿Qué quiere decir la palabra abundante aquí? A la Biblia no le sobran palabras.

Si Él dice: "He venido para que tengan vida y vida en abundancia", esa abundancia debe significar algo, pues la abundancia es lo que nos permite compartir. No solo recibimos vida para nosotros mismos, no solo experimentamos esa libertad y esa alegría y esa fecundidad, sino que descubrimos que podemos compartir con otros. Eso es vida abundante. La vida que yo puedo compartir con otros. No solo mi vida ha adquirido sentido, sino que mi vida se ha llenado de una alegría que desborda, que salpica, que rebasa y alcanza a otros. No solo he encontrado una luz, sino que mi vida alcanza una Gracia, una belleza, un brillo que llega a otros.

La vida abundante es la vida que se puede compartir, es decir, Jesucristo, lo mismo que en las reacciones termonucleares y está iniciando aquí lo que llamamos una reacción en cadena. El que descubre libertad y el que encuentra libertad se vuelve también liberador para otros. Ser liberados y ayudar a la libertad de otros se convierte en una sola cosa. Encontrar la luz y compartir la luz se vuelve una sola cosa. O como decimos los dominicos: "Contemplar y dar a los demás lo contemplado", se vuelve una sola cosa. El amor a Dios que experimentamos, fundamentalmente porque nos hace libres, y el amor al prójimo que se convierte en ayudarlos, en ayudarlos a que sean libres de sus cadenas infrahumanas o de ignorancia o de pecado, se convierte en una sola cosa.

La vida abundante es la vida que hace que tú sientas que no solamente tienes, sino que puedes dar, que no solamente recibes, sino que comunicas, ésa es la vida abundante. Agradezcamos al Señor esta vida. Pongámonos en este momento en su presencia, mis hermanos, pongámonos en su presencia para decirle: -Yo quiero experimentar esa vida abundante. Yo no quiero que a mí la vida me la manejen con mis necesidades, con mis miedos o con mis gustos-.

-Yo quiero encontrar la verdad que tú has regalado. Yo quiero encontrar esa verdad que brilla en el rojo de tu sangre. Yo quiero encontrar esa verdad que brilla en el esplendor de tu cuerpo resucitado. Yo quiero encontrar esa verdad que es mi verdad, eso que tú has mostrado, yo lo quiero encontrar y lo quiero interiorizar y lo quiero vivir con tal fuerza, con tal intensidad, con tal, con tal alegría que otros a mi alrededor, mis hermanos, mis amigos, mis conocidos, puedan también sentir ese brillo, puedan también sentir ese gozo, puedan también participar de esa alegría-.

Sigamos esta celebración, hermanos, en la cual a través del sacrificio eucarístico, nos acercamos cuanto es posible en esta tierra a la revelación del amor. Es decir, el Sacramento Eucarístico es, entre otras cosas, el sacramento de la verdad de Dios. Porque la verdad de Dios es lo que Dios nos ha mostrado, lo que Dios ha revelado, y en ningún lugar reveló tanto quién era Él como en la cruz, en su sacrificio, qué es exactamente lo que sucede en el altar. Recuerde, la Eucaristía no es repetición del Calvario, es el mismo Calvario, es el mismo amor, es el mismo Jesús, por consiguiente, es la misma revelación, es la misma verdad. Es aquí, en este sacramento, sobre todo, donde recibimos esa verdad de Dios, donde nos la comemos, donde la asimilamos, donde la abrazamos con todo nuestro ser para decir con esta verdad soy libre.

Nadie manifestó esto con tanta fuerza como los mártires, a punto de ser sacrificados a las fieras. Comulgaban el pan que habían escondido entre sus ropas, comían el pan eucarístico, comían el cuerpo de Cristo y fortalecidos por esa verdad, iban más allá del miedo, más allá de la necesidad, más allá del gusto. La verdad de Cristo en la Eucaristía los había hecho libres. Esa misma verdad es la que ustedes y yo vamos a recibir. Es la que vamos a compartir de este Altar para Gloria de Dios.

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