Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Mi JESÚS de los Cuatro Caminos

Homilía ap03022a, predicada en 20260419, con 12 min. y 58 seg.

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Transcripción:

Hermanos queridos, creo que la palabra camino es muy importante en las lecturas de hoy. Esa palabra nos muestra cómo Cristo acompañó el camino de estos dos discípulos que se iban alejando de Jerusalén. Pero además de caminar con ellos, Jesús también hizo otro camino que fue el camino de la Escritura. Porque nos dice el texto de San Lucas que Jesús les fue explicando los textos de los profetas que se referían a Él. Es decir, que ahí también está otro camino, el camino de la Biblia, el camino que nos permite recorrer todo lo que Dios ha hecho por nosotros, para conducirnos hacia su Hijo.

Entonces, fíjate cuántos caminos hay. Está el camino físico, ese camino que se recorre con los pies, pero también está el camino de la Escritura que se recorre con la predicación. Y también podemos hablar de otro camino, porque a medida que Jesús iba hablando, la Gracia de Dios se iba ¡Abriendo camino dentro de éllos! De manera que esos corazones que estaban frustrados, tristes, corazones que estaban al borde de la incredulidad y de la frustración, se fueron abriendo de tal manera que luego ellos decían -Nuestros corazones ardían-. A medida que Él nos explicaba las Escrituras. O sea que Dios también iba haciendo un camino, un camino en el corazón de ellos, para encender nuevamente ese fuego del amor, ese fuego de la fe. Ahí tenemos el camino de la Gracia que lo recorre el Espíritu Santo. Y luego tenemos otro camino.

A pesar de que estaban ya lejos de Jerusalén, nos dice el texto que eran como unos once kilómetros. Eso ya es una cierta extensión. A esa hora, cuando ya estaba anocheciendo, después de reconocerlo, ellos hicieron otro camino. Y ese es el camino de la comunidad. Observa cómo al principio ellos iban de Jerusalén hacia Emaús, o sea, se estaban alejando de la comunidad, es el recorrido de la dispersión, de la tristeza, de la derrota. Pero ahora éllos van a hacer otro camino que es el camino del testimonio, el camino de la alegría, el camino de la comunidad. O sea que en total tenemos por lo menos cuatro caminos en este texto el camino de Jerusalén a Emaús, que es el camino que Cristo hace con ellos. Cristo piadosamente, misericordiosamente se acerca a ellos y hace un camino con éllos. No los deja abandonados en su soledad, en su tristeza.

Ahí encontramos la Providencia, la misericordia de Jesús que se pone a nuestro lado, que hace camino a nuestro lado. Es lo mismo que hace la Santa Iglesia, por ejemplo, cuando acompaña en sus preocupaciones a los migrantes, cuando acompaña en sus angustias a los enfermos, cuando acompaña en su depresión a los que están en las cárceles, cuando acompaña a los que están abandonados porque se han quedado huérfanos o porque son ancianos y nadie los voltea a mirar. Esa es la Iglesia que sigue haciendo el camino de Jesús. Es la Iglesia que sigue acompañando al que está triste, al que está desolado, al que se siente frustrado. Por supuesto, tú también puedes ser parte de ese camino de la Iglesia. Cuando tú das el oído atento a la persona que está triste y le dedicas tiempo, y escuchas y siembras una esperanza, tú también eres como Jesús acompañando a esa persona que va de Jerusalén a Emaús.

Después tenemos el camino de la escritura. Es un camino que todos tenemos que hacer para reconocer auténticamente a Cristo, y sobre todo, para entender hasta dónde es posible el misterio más grande de nuestra fe, que es el misterio del Dios humanado y crucificado. El misterio de la cruz; no lo demos por descontado ni por entendido. Necesitamos el camino de la Escritura para acercarnos al misterio de la Cruz y no quedarnos simplemente con lo exterior, no quedarnos simplemente con que hay mucho dolor y mucha injusticia en la cruz. Así como hay mucha injusticia y mucho dolor en el mundo, no podemos quedarnos en eso, mis hermanos, no podemos limitarnos a eso.

Tenemos que entrar en el misterio del amor divino, del amor salvador, del amor que se inmola, del amor que detiene la presión y la carrera del pecado. Y eso no lo podemos hacer sin la Escritura. Por eso hoy tenemos que hacer propósito todos de formarnos más en nuestra fe. Aprovechar todas las oportunidades que nos da la Iglesia para formarnos en la fe. Cuando tú veas que en esta parroquia o que en otro lugar se ofrece un curso católico para formarse en la fe, se ofrece un buen retiro espiritual, se ofrecen unas catequesis, se ofrece conocimiento bíblico. Tú tienes que decir: -Yo necesito eso, porque yo tengo que hacer el camino de la Sagrada Escritura-.

Fíjate que la mayor parte, la mayor parte de los católicos que se apartan de la fe de nuestra Iglesia y que se van a grupos protestantes. ¿Sabes por qué se van? Por ignorancia. Porque no conocen la Biblia. El protestante te dice bueno, pero tú has leído Juan tres dieciséis y el otro queda así como paralizado, y dice Yo de eso no sé. Tenemos que detener la hemorragia de los católicos que abandonan su fe porque no se forman. Hay que hacer el camino de la Escritura. Aprovecha tu Biblia católica, que tiene buenas notas, buenas explicaciones, aprovecha las actividades de tu parroquia, aprovecha las misiones, los congresos, los encuentros donde tú puedes hacer el camino de la Escritura. Tercer camino el camino de la Gracia. Dios te está buscando. Dios quiere llegar a lo profundo de tu corazón.

¿Cómo podemos hacer el camino de la Gracia? Abriéndonos a la oración, abriéndonos a los sacramentos. Tal vez tu vida ha sido visitada por la tristeza, tal vez tu vida ha sido visitada por el fracaso, por la frustración. No te quedes simplemente postrado en el dolor. Es necesario que tú te abras a la oración. Tú puedes orar con palabras como las que nos da el libro de los Salmos. Tú puedes orar y decirle al Señor: -Muéstrame tu rostro, Tu rostro buscaré, Señor-. Tú puedes orar, como dice el Salmo: -Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo. Mi alma está sedienta de ti-. Tú puedes orar, como dice el Salmo: -Desde lo hondo a ti grito Señor, Señor, escucha mi oración-. Si te sientes en pecado, tú puedes orar como dice el Salmo: -Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión, borra mi culpa-. Tú puedes orar como dice el Salmo: -Como busca la cierva corrientes de aguas, y mi alma te busca a ti, Dios mío-.

Si tú oras, si tú oras con los Salmos, tú estás abriendo espacio para que la Gracia de Dios haga el camino dentro de ti, para que Dios te levante, para que Dios te restituya, te reconstruya. Tú no fuiste hecho para la tristeza, tú no fuiste hecho para la derrota. Tú no fuiste hecho para la frustración. Y aún en medio de las batallas, el católico que ora, el católico que se acerca a los sacramentos, encuentra fuerza, encuentra alegría, puede sonreír y puede proclamar que hay un Dios que le ama. Así que ese es el tercer camino, el camino de la Gracia. Deja que Dios visite tu corazón. Deja que Dios te muestre su amor. Deja que Dios te consuele y te levante, para que se cumpla en ti lo que dice la segunda carta a los Corintios: "Bendito sea Dios que nos consuela en todas nuestras luchas", para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios.

Eso lo podía decir San Pablo, que sufrió tanto, tanto, tanto, porque él estaba abierto al camino de la Gracia, ¡Qué maravilla, qué belleza! Y por último, cuarto camino. El cuarto camino es el del testimonio. Es el testimonio que estos discípulos de Emaús sintieron que tenían que darlo después de caminar once kilómetros, que es la cifra que nos dan aquí. Yo creo que uno se siente un poquito cansado; pero a pesar de que estuvieran un poquito cansados, ellos dijeron: -Vamos, vamos a Jerusalén-. Y emprendieron ese camino a buen paso. Esos son dos horas y media por lo menos. Otras dos horas y media ya habían caminado hasta llegar a Emaús. Dos horas y media. Y te recuerdo un detalle: Jerusalén es un punto alto en la Tierra Santa.

De manera que si ellos habían caminado de Jerusalén a Emaús, eso era embajada. Pero ahora, para volver a Jerusalén, les tocaba subiendo. O sea que seguramente fue más tiempo y más esfuerzo. Pero, ¿Qué los movía? Tenían alegría, tenían la alegría de haberse encontrado con Jesús. Si tú hiciste un buen retiro espiritual, por ejemplo, hay unos retiros que se llaman Retiros de Emaús. Si tú hiciste tu retiro espiritual, te encontraste con Jesús. Tú tienes que emprender aunque sea cuesta arriba. Tú tienes que emprender el camino para contarle al mundo que Dios está vivo, que Jesús hace maravillas. Hay que dar testimonio. Este mundo a veces se muere en medio de la indiferencia, en medio de la soledad, en medio de la tristeza.

No podemos permitir que más hermanos nuestros sigan cayendo en la depresión, en la ansiedad, en la soledad. Nosotros tenemos que contar que Jesús está vivo. Tenemos que hacer el camino, tenemos que proclamar por los caminos que hay un Dios que nos ha amado hasta el extremo. ¿Ya se aprendieron los cuatro caminos? Se los voy a repetir por última vez. Ustedes tienen que hacer cara de que ya saben cuáles son los cuatro caminos. El primer camino es el camino de la misericordia. Jesús que nos acompaña. El segundo camino es el camino de la Biblia. Hay que formarse. El tercer camino es el camino de la Gracia. Hay que dejar que Dios entre hasta lo profundo de mi ser. Y el cuarto camino es el camino del testimonio, porque hay que contarle al mundo que Jesús está vivo. La Gloria sea para Él por los siglos de los siglos.

Amén.

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