Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Una presentación del pasaje de los discípulos de Emaús basado en el texto original griego.

Homilía ap03020a, predicada en 20230423, con 33 min. y 49 seg.

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Transcripción:

Mis hermanos desde hace unos meses he tenido y sigo en ese camino; he tenido la experiencia de acercarme al texto primero de las Escrituras, concretamente del Evangelio en su lengua original, como primero le llegó a la Iglesia, es decir, en griego. Y les quiero contar que ha sido y está siendo una una experiencia de aprendizaje para mí, que muchas veces me, me inunda de alegría y creo que trae un poco de luz también a mi corazón. De lo que he encontrado preparando este texto, les voy a compartir algunos detalles y espero que todos podamos disfrutarlo, pero sobre todo que en nosotros se pueda repetir aquello que dice el texto, es decir, que nuestro corazón arda, que podamos sentir ardor en el corazón y podamos sentir el fuego del Espíritu en nuestras vidas.

Observemos que estos discípulos van de Jerusalén, que era el lugar de la comunidad, van hacia Emaús. Era un camino largo, según las cuentas, a partir de la medida que utilizaban en aquel tiempo. Se dice que eran sesenta estadios: Eso es más o menos unos once o probablemente doce kilómetros, entre once y doce kilómetros. Una caminata bastante larga. ¿Y qué hacían en el camino? En el camino se reforzaban mutuamente la tristeza. Podríamos decir que aquella conversación llegaba a un punto de frustración, de decepción, de desconcierto.

Nos dice aquí el texto: Conversaban y discutían. El verbo que aparece originalmente para discutir es el verbo zeteo, que significa buscar, synzeteo era lo que ellos estaban haciendo y zeteo es. . . es tratar de buscar, Synzeteo es: buscar juntos. Entonces. . ., por favor, no me lo tomen a mal, sé que suena a veces un poco pedante porque esta es una traducción oficial, la que hemos leído, pero vamos a mirar que algunas palabras tal vez se pueden entender mejor. Entonces ellos estaban conversando, pero ellos estaban también -synzeteando- y synzeteo significa buscar juntos. Hay una traducción en inglés que dice que ellos estaban: They were talking and reasoning, -estaban tratando de razonar-.

Es decir, para ellos fue un choque brutal; la cruz de Cristo, para ellos fue una decepción, para ellos fue algo incomprensible. Y así como tenían su tristeza, en medio de su tristeza, trataban de encontrarle un sentido a lo que había sucedido. Trataban de buscarle una lógica a eso. Y este elemento creo que es importante porque eso que ellos estaban buscando, pues eso fue lo que Dios les dio. Es decir, Cristo es el único que podía explicarles; mientras ellos estaban -synzeteando-, mientras ellos estaban razonando y buscando un sentido, pues Cristo sale a buscarlos a ellos.

Y yo creo que esto nos hace recordar y es el primer punto de esta reflexión. Esto nos hace recordar lo que dijo Jesús en el Sermón de la Montaña: "El que busca, encuentra" . Ellos no estaban en una fe plena. Ellos no tenían las cosas claras, pero estaban buscando. Y Dios aprecia al que está buscando, Dios aprecia a aquél que de alguna manera pone a trabajar su inteligencia y su corazón y dice: Voy a ver esto qué sentido tiene. -A todo buscador honesto le llegará el momento de la luz, el momento de la verdad-, estas palabras son del Papa Benedicto, y por eso la Iglesia no le tiene miedo a los ateos si están buscando honestamente la verdad, no le tiene miedo al protestante que está buscando honestamente la verdad, no le tiene miedo al que está contrariado y decepcionado de la iglesia, si, está buscando honradamente la verdad, porque el que busca, encuentra.

Y la historia de la humanidad, la historia de la Iglesia, de hecho, nos cuenta de muchas personas que estaban buscando honestamente y encontraron. Un caso impresionante, sucedió en el siglo XIX con aquel hombre que llegó a ser cardenal de la Iglesia Católica, John Henry Newman. John Henry Newman, él nació anglicano, se formó como anglicano, era párroco anglicano y él tenía una gran inquietud y era: ¿qué era lo que creían los primeros cristianos? -¿Lo que creían los primeros cristianos, se parece más a lo que creemos nosotros los anglicanos o se parece más a lo que creen los católicos?- Y empezó a hacer una búsqueda, una búsqueda honesta, lo importante es eso, no te canses de buscar. Ese es un primer punto.

Luego dice: -Jesús en persona, se acercó y se puso a caminar con ellos-. Es conmovedor esto, aunque no lo reconocían, Jesús estaba caminando con ellos. Jesús camina con nosotros, aún en los momentos de eso, de tristeza, de perplejidad, de ¿por qué me pasa esto? ¿Por qué pasa esto en mi familia? ¿Por qué tengo esta enfermedad? ¿Por qué? ¿Por qué el mundo está como está? Jesús camina muchas veces en silencio, discreto, anónimo. Está haciendo camino con nosotros.

Luego dice aquí: -Sus ojos no eran capaces de reconocerlo-. Ahí viene otro texto, otra palabra griega que es clave. El verbo que aparece ahí es el verbo krateo. Krateo, que es el verbo que está, por ejemplo, en democracia, aristocracia, quiere decir poder. Pero hay una cosa muy interesante que sucede en el español y es que en español tenemos muchas maneras de conjugar los verbos en voz activa y voz pasiva. Pero el verbo poder es un verbo que no tiene propiamente una voz pasiva.

Bueno, ¿cómo es lo de la voz activa y pasiva? Voz activa es, por ejemplo: yo veo un balón, voz pasiva es: el balón es visto por mí. O por ejemplo yo escucho una canción, la canción es escuchada por mí. Eso es voz activa y voz pasiva. Pero ahora intente hacer eso con el verbo poder: por ejemplo, yo puedo ganar el partido. Sería algo así como: El partido puede ser ganado por mí, -suena muy raro-. Pues en este caso este verbo está conjugado en voz pasiva.

Y realmente lo que dice el texto es: que sus ojos eran podidos, eso no tiene ningún sentido. Los ojos de ellos, y está en voz pasiva -eran podidos-. La única manera de tratar de entenderlo es: -algo tenía poder sobre sus ojos-. O sea que si yo tuviera que traducir esto, lo traduciría de esta manera. -Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos; pero algo tenía poder sobre sus ojos, y no lo reconocían-. Y es muy hermoso eso. Cuando llegamos a esa traducción.

Porque resulta que el texto de San Lucas no nos dice qué era lo que tenía poder sobre los ojos de ellos. Simplemente está, la voz pasiva que estoy tratando de traducir con la expresión: -Algo tenía poder sobre ellos-. Entonces uno dice: queda abierta la pregunta ¿Qué era lo que tenía poder sobre esos ojos? Y probablemente lo que tenía poder sobre esos ojos, es lo mismo que nos cuenta el evangelista: Estaban demasiado tristes, estaban demasiado preocupados, estaban demasiado frustrados y. . . Y entonces esa tristeza tenía poder sobre los ojos de ellos. Y esa tristeza hacía que no podían ver, porque sus ojos estaban bajo poder. Y en buena parte, todo el texto de Emaús es Cristo, rompiéndole el poder a eso que había tenido poder sobre los ojos de ellos. Todo el texto es Cristo, quitándole poder a lo que retenía a los ojos de ellos, a lo que tenía poder sobre los ojos de ellos.

En buena parte, una conversión. . . Varios de ustedes tienen experiencias muy profundas de conversión. Una conversión, es eso exactamente: Es como que Dios le quita a uno una venda, se han dado cuenta que en los retiros la gente dice: -como que me quitaron una venda- Algo tenía poder sobre tus ojos. El evangélico que lee y lee la Biblia y a veces la lee, es mucho más que nosotros los católicos y puede durar treinta años leyendo la Biblia y no reconoce a Cristo en la Eucaristía. Algo tiene poder sobre los ojos de ese evangélico, y así podríamos decir de tantas otras cosas, por ejemplo, sobre nosotros mismos. ¿Por qué Dios no es el primero en mi vida? ¿Por qué?

Como decía uno de ustedes, una de ustedes, en la última pregunta que tuvimos en la mañana -La vida nos enreda, lo inmediato nos enreda-. No hay nada más importante para mí que tener novio, no hay nada más importante para mí que tener novia o que casarme o que irme al extranjero o ganar más plata. Y ese tipo de cosas adquieren poder sobre nuestros ojos. Y entonces no vemos a Cristo, no vemos su Eucaristía, no vemos su amor, no nos parece interesante, no nos parece atrayente. Esa parte del poder sobre los ojos, yo creo que es muy interesante.

Más adelante encontramos esto: le dice uno de ellos, Cleofás le pregunta a Cristo: -¿Eres tú el único forastero? Ahí aparece un verbo que esto es casi una nota de pie de página, que es el verbo paroikéó que significa ser visitante, ser forastero. Pero les cuento el verbo, porque de paroikéó viene parroquia. Y es interesante ver por qué los primeros cristianos empiezan a llamar parroquias, no tanto a una zona geográfica, sino a la comunidad misma que se reúne. El primer sentido de parroquia es la comunidad. Pero ¿por qué? ¿Qué querían decir ellos? ¿Qué tiene eso que ver con el verbo Paroikéó? pues es que paroikéó quiere decir el que es residente pero residente forastero. Tiene el griego, tiene ese verbo tan específico, residir como forastero. Se dice paroikéó en griego, griego, bíblico. Entonces, ¿qué es una parroquia? Una parroquia es el grupo de personas que habitan en esta tierra, pero que son forasteros, es decir, los cristianos de aquella época, conocían muy bien Juan 17 -Estamos en el mundo, pero no somos del mundo-. Entonces, ser parroquiano ¿qué significa ser parroquiano? , quiere decir que yo estoy aquí, pero yo no soy de aquí. Entonces imagínate pertenecer a la misma parroquia, por ejemplo, tú y yo, pertenecer a la misma parroquia. El hecho de que yo te dijera a ti, parroquiana o tú me dijeras a mí parroquiano, era un recordatorio permanente, como si yo te dijera todo el tiempo: -Natalia, estamos aquí, pero no somos de aquí- y Natalia me diría: -Sí, fray Nelson, estamos aquí, pero no somos de aquí-.

Imagínate lo que es recordar uno, todos los días estamos aquí, pero no somos de aquí, que es exactamente lo que aparece en primera Corintios siete cuando Pablo dice: -Queda como solución los que habitan en el mundo como si no habitaran en él, los que disfrutan del mundo como si no lo disfrutaran, los que se casen como si no se casaran-.

Entonces, como aquí hay gente que tiene la idea, ya la idea fija, que me voy a casar. Entonces lo que San Pablo le recomienda a una mujer que se va a casar, a un hombre que se va a casar, lo que San Pablo recomienda es no se case tanto, que se le olvide que eso es por un tiempo. O sea, hermoso que usted esté casado, mire, que usted tenga una mujer y una mujer que lo entiende, que lo ama, que lo acompaña. Tesoro incalculable que usted tenga un hombre que la ama, tesoro incalculable. Pero tenga presente que eso es por un tiempo. Tenga presente que usted es parroquiana. Tenga presente que usted y él ambos tienen que irse. Y por eso el matrimonio es una manera honesta y bella de sostenerse en este camino en estos años. Es una manera preciosa, querida por Dios, de sostenerse. Pero no es más, no es más.

Y en ese sentido es muy curioso, porque no hay institución en esta tierra que valore tanto el matrimonio como la Iglesia Católica. Pero no hay institución en esta tierra que ponga en su lugar al matrimonio como la Iglesia, diciéndole el mismo día en que se están casando. ¡Esto se va a acabar!. Exacto, hasta que la muerte los separe. Esto se va a acabar porque usted es parroquiana Sandrita, porque usted es parroquiano Alejandro. Entonces vivan bien, vivan santamente. Ayúdeme Alejandro a que Sandra sea santa, ayúdeme Sandrita, que Alejandro sea santo. Ayúdense quieranse respétense acompáñense pero esto se va a acabar porque ustedes no son de aquí.

Ellos cuentan la historia de Jesús. Y también cuentan que son incapaces de creer. O sea, fíjate, son incapaces de ver a Jesús. Son incapaces de creer. Esta mañana escuché la homilía que hizo el señor Arzobispo de Bogotá, que muchos lo apreciamos como predicador; cuando quieran oír buenas predicaciones, las de Monseñor Luis José Rueda son buenas. Y decía Monseñor Luis José que: -Cristo nuestro Señor-, utilizó la expresión varias veces, -era un acompañante respetuoso-, decía él -no- pues por esa discreción, por esa manera, como se acerca -no- a los caminantes.

Bonito que lo diga Monseñor, pero Cristo no fue tan respetuoso en sus palabras, porque fíjate, la traducción esta: Los llama necios y torpes, eso no me sonó demasiado respetuoso. Bueno, es decir, Cristo sí los respeta, pero también les dice la verdad. O sea, no me estoy oponiendo a la predicación del arzobispo, sino que Cristo es crudo para decir las cosas, y Cristo a veces tiene que plantarse delante de uno y a veces tiene que hacerle preguntas. . ., como las preguntas, me acuerdo ahora de la conversión de un famoso franciscano que veneran mucho en México, al que Cristo se le manifestó, se le plantó delante y le dijo: "Bueno, Fray, ¿hasta cuándo?, ¿Hasta cuándo tu mediocridad?, ¿No te vas a cansar de traicionarme?" O sea, Cristo dice las cosas ¿hasta cuándo? Y aquí les dice las palabras en griego son: anó itoi que literalmente quiere decir gente sin cabeza, sin mente. En español popular antiguo se dice gente sin seso. Anó itoi, sin luz, sin sin mente.

La palabra demente originalmente lo que quiere decir es eso: Gente a la que le falta cabeza: Kai bradeis te Kardía, que quiere decir lentos en el corazón, recuérdese la bradicardia, la bradicardia es corazón demasiado lento. Las dos palabras son fuertes. Pero en esas dos palabras hay un contraste muy bonito, hermanos. Y es que la primera palabra realmente es así. Tipo bofetada. Es ¡así! O sea, a ustedes ¿Qué les pasa? Es que no tienen cabeza o ¿qué? Pero la segunda palabra tiene un toque de caridad, porque Jesús en realidad no les dice torpes. Aunque torpor en latín quiere decir lentitud; o sea que seguramente viene de ahí. Pero la palabra brandeis te kardía que es distinto decir dureza de corazón, dureza de corazón, en griego se dice sklerós kardía. Y Cristo no los llama duros de corazón, sino les dice lentos de corazón, como quien dice: -Ustedes ahí van, ahí van, pero, pero ¡Apúrele!. O sea, van lento, van lento-. O sea, Cristo reconoce que ellos se están moviendo, pero. . . , -sus mercedes van muy despacito; métale, métale ganas, acelere un poquito-.

Luego hay otro detalle que es muy hermoso y es que Jesús les explica las Escrituras. Dice aquí: -ya cerca de la aldea donde iban-, la gente de la antigüedad, según todos los estudios, caminaba más rápido que nosotros; hoy es difícil encontrar personas que logren sostener un paso de cinco kilómetros por hora; yo lo sé porque ustedes saben que trato de caminar todo lo que puedo y de verdad que caminar a cinco kilómetros por hora, es caminar casi cuando usted siente que está caminando a su máximo sin trotar, pero caminar a su máximo.

Esta gente caminaba rapidísimo, pero por rápido que caminaran, el sermón de Cristo muy probablemente duró unas dos horas, porque la caminata esa, no se hace en menos de dos horas y media. Entonces, ¿por qué digo esto? Porque esto me trae mucho consuelo, entonces, si hay sermones largos. Y a veces. . ., no, es que es en serio. Las conversiones no son rápidas. Yo cuando veo que la persona quiere que rapidito, rapidito, yo digo: -cuando usted visita su novia, usted ¿cómo quiere? visita, rapidita, rapidita; cuando usted está viendo su partido, supongamos que usted es fanático de algún equipo, no digamos ninguno aquí, pero si usted está viendo su partido, usted ¿qué quiere?, ¿Por qué no hacen partidos corticos de veinte minutos?, ¿Porque tienen que ser esos partidotes largotes? ¡No!, lo que tú disfrutas, lo que te hace bien, tú quieres que sean largos.

Pero todavía más hermoso es el hecho de lo que sucedió aquí. Cristo hizo ademán de seguir adelante. Esa traducción es buena. Ese, -hizo ademán- porque resulta que hay otras traducciones que utilizan el verbo fingir y cosas así parecidas, que implica como una idea de mentira. Ellos le dicen: -quédate con nosotros porque atardece y el día va de caída-. Nosotros no sabemos por qué ellos le dijeron esas palabras a Cristo, eso no lo sabemos. Entonces hay varias interpretaciones. Por ejemplo, pues que ellos, sentían la dulzura de la compañía de este forastero y no querían perder a ese nuevo amigo, por así decirlo. Esa es una interpretación.

Pero hay otra que es la que me parece más bonita, y es que acuérdese que para los judíos el día termina cuando el sol se oculta. La noche es particularmente insegura. No existe ningún tipo de seguridad, llamémoslo así, oficial nacional ciudadana. La noche es peligrosa. Y a mí me parece tan bello pensar que esta gente pensó en el forastero. Es decir, ellos ya iban a entrar a su Emaús, a donde ellos iban. Y este señor va a seguir en la noche, ¿para donde va a seguir?. O sea, la interpretación que les estoy compartiendo es que ellos se preocuparon por Él. O sea, -¿qué le va a pasar a este hombre caminando solo de noche por aquí?- -Quédate con nosotros-.

Al principio de esta predicación les decía a ustedes que ellos estaban buscando, el famoso Synzeteo , ellos estaban buscando y Cristo salió a su encuentro. Cristo no deja sin respuesta al que está buscando. Pero ahora, según esta interpretación que les repito, es perfectamente válida y personalmente es la que más me gusta. Ellos se preocuparon por Él. Y a mí, no sé, me sacude pensar qué hubiera sucedido si ellos no hubieran tenido ese acto de amor. ¿Quiénes hubieran perdido? Supongamos que ellos hubieran dicho: -Bueno, nosotros ya llegamos donde íbamos, muchas gracias, muchas gracias, que le vaya bien, adéntrese en esa noche, que le vaya bien, Chao, chao, Gracias-. Hubiera sido más cómodo, pero hubieran perdido.

Y yo creo que ese es un gran mensaje, una gran lección para nosotros. ¿De qué se pierde uno por su egoísmo? Porque siempre será más cómodo entrar uno a su pequeño Emaús. Entrar uno a su Emaús y quedarse ahí, cómodo y listo; descansemos aquí. Eso es lo más cómodo. Pero ese pequeñito acto de amor que tuvieron preocupándose por Él recibió una recompensa infinita, fantástica. Porque lo mejor estaba por suceder, lo mejor era la revelación. Eso era lo que estaba a punto de suceder. Y ellos se hubieran perdido eso y se lo hubieran perdido por su egoísmo.

En la carta a los Hebreos hay una frase que muchos exégetas desprecian para pesar de mi alma, pero está ahí, en la carta a los Hebreos. Dice la carta a los Hebreos: -No se olviden del hospedaje-. El Papa Francisco interpreta lo del hospedaje, que creo que lo hace muy, muy bien cuando nos dice que nuestro corazón tiene que estar abierto para recibir, para acoger, para escuchar. Dice el Papa Francisco que esa es la manera de entender hoy el hospedaje. Aprender a recibir, a escuchar, a acoger, salir de nosotros, abrirle espacio al otro para que tenga espacio en mi vida.

Entonces lo que quiero destacar es esto: ¿De qué nos hemos perdido por nuestras vidas cerradas? Porque no hay espacio para otras personas, porque no hay tiempo para otras personas. En el ejercicio que hicimos al final. Alguna de ustedes decía: -El egoísmo nos acaba-. Y es verdad, el egoísmo nos esteriliza. ¿Había alguna ley que dijera que ellos tenían que hospedar a este forastero?, ¡No!, fue un acto bueno, un acto generoso de ellos. El que abre su corazón de esa manera recibirá bendición, recibirá recompensa. Y personalmente, yo le pido al Señor que esa sea Familia Espiritual.

Y de nuevo me apoyo en las palabras del Papa Francisco. El Papa Francisco, de distintas maneras, nos ha dicho que la tentación más permanente de la Iglesia a lo largo de los siglos es volverse un club, una élite, una especie de federación, de clubes y de élites. Y la única manera de romper con eso es tener siempre espacio para el que está confundido, para el que está triste, para el que tiene una situación psiquiátrica, para el que tiene un pecado dominante, para el que tiene una adicción, para el que tiene una depresión. Porque cada vez que hospedamos a estas personas, como lo dice Mateo 25, estamos hospedando a Jesús y el milagro sucede.

Último punto. A ellos se les abrieron los ojos, se les abrieron los ojos. El verbo es dianoígo. Pero lo más hermoso que aparece aquí es que mire cómo aparece la traducción: -A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Ellos comentaron ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?-. Ahí es donde yo les digo: -Por favor, enamorémonos de las lenguas bíblicas-. Mi especialidad en teología no es la Biblia, mi especialidad es la teología fundamental.

Pero es que yo creo que todos debemos apasionarnos por esto. ¿Qué les quiero destacar? Mire, aquí dice: -se les abrieron los ojos,- es el verbo dianoígo; -nos explicaba las Escrituras-, es el verbo dianoígo ¿Entiendes?, el que te abre las Escrituras te abre los ojos. En griego se nota perfecto ese que te abre las escrituras, ese que te ayuda a leer la palabra, es el que hace que tus ojos se abran. El abrirse de las Escrituras, el abrirse de los ojos, el abrirse del corazón a la fe, todo lo hace Cristo. Él es el que abre las Escrituras. Él es el que abre el corazón. Él es el que abre los ojos porque Él fue el que abrió la tumba.

El que tiene el poder para abrir la tumba es el que tiene el poder para abrir la pequeña tumba en la que tú estás sufriendo, que es la tumba de tu tristeza, la tumba de tu amargura, la tumba de tu soledad, la tumba de. . ., ¿para que esta vida?, la tumba de ¿por qué no me salen las cosas? O sea que el último sentido de este texto es: Deja que Cristo abra tu tumba. Él abrió la tumba de Él, pero Él puede abrir también la tuya. Estaba prometido en Ezequiel 36 : "Abriré vuestros sepulcros" . Aquí lo está cumpliendo, y eso se nota en el verbo dianoígo: -Él es el que abre-. Me puse a mirar la traducción en latín, gracias a Dios, en latín está perfecto. Aperire, aperit, Él es el que abre, Él es el que abrió.

Termina el texto diciendo que Él se desapareció, no, se les abrieron los ojos y Él desapareció. No, no es la mejor traducción, en latín dice: Evanuit que es muy parecido al español desaparecer. La palabra griega es áphantos y la palabra griega áphantos es un adjetivo, no es un verbo. Entonces, la manera como aparece en griego es áphantos egéneto, que significa Él se volvió áphantos y áphantos, ¿Qué es?, invisible, se volvió invisible. No es lo mismo desaparecerse, que volverse invisible, porque yo no sé ustedes, pero cuando yo tenía la edad de un amigo que tengo acá, pero yo no tenía papás que hicieran por mí lo que están haciendo los papás por él. Mis papás eran buenos, no lo niego, pero ellos no hacían lo que lo que hacen otros papás por estos chicos.

Cuando yo tenía esa edad y me acuerdo haber escuchado este texto, yo lo que sentía, yo no sé si ustedes sienten lo mismo, yo lo que sentía era: -se fue- porque es que un desaparecido es el que se fue. De hecho así se utiliza políticamente la palabra. ¿Quiénes son los desaparecidos? Pues la gente a la que se llevaron son los que el gobierno se llevó, o los grupos paramilitares o el que sea, se lo llevó. Son los desaparecidos. No me gusta para nada la traducción. Él se desapareció. Literalmente, es: Él se volvió invisible.

O sea que este texto no nos está diciendo que Cristo se va, sino que aunque no lo veamos, está. Que es totalmente diferente, porque yo de niño, yo me acuerdo pensar ¡ahhh!, -se fue-. Exacto, entonces lo que yo sentía, era eso, como que: partió el pan ahhh, se fue. ¡No!, no se fue. No se fue. Invisible pero presente. Y cuando uno capta un poco eso, uno se da cuenta porqué Cristo quiere dar este signo particular de estar invisible pero presente. Porque el invisible pero presente es el que está aquí ya con nosotros. El invisible pero presente es el que está en esa Hostia consagrada que yo la miro y la miro y no veo nada, invisible pero presente. El invisible pero presente es el que está en una iglesia que a veces me hace llevar las manos a la cabeza y digo: -estos son los de Cristo-. Invisible pero presente.

Ellos no se quedaron con ese fuego. Volvieron a caminar otras dos horas y media ya de noche. La noche que ellos no quisieron para el forastero, ahora ellos la enfrentaron ¡dos horas y media!. Debía ser sobre las cinco y media de la tarde o cosa parecida, dos horas y media. A mí me da, las ocho de la noche cuando llegan de nuevo a Jerusalén. ¿Por qué llegan a Jerusalén? Porque hay que estar en comunidad. Porque el lugar de la fe es la comunidad. El lugar donde hay que dar testimonio es la comunidad. Amén. Amén. Amén.

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