Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo es el gran Maestro que nos conduce hacia el misterio de su presencia viva que se queda con nosotros después de la resurrección en el Pan compartido, la Eucaristía.

Homilía ap03014a, predicada en 20170430, con 4 min. y 42 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

El Evangelio de hoy está tomado de San Lucas en el capítulo 24. Es un texto que una vez que uno lo ha oído, aunque solo sea una ocasión, queda grabado para siempre. Conocemos a este pasaje como el de los discípulos de Emaús. No necesariamente porque estos dos caminantes pertenecieran o fueran de esa villa llamada Emaús, sino porque saliendo de Jerusalén llevaban esa ruta, iban hacia ese lugar. Y hemos escuchado en el Evangelio Jesús se hace compañero de camino de ellos, en lo cual encontramos un hermoso mensaje para nosotros. Cristo que acompaña nuestro camino.

Cristo resucitado no se ha desentendido de nosotros. Cristo resucitado está presente en medio de su pueblo y nos ayuda a comprender lo que siempre estará más allá de nuestra mente. Es decir, el por qué de la cruz y el cómo y sobre todo, la Gloria de la resurrección. La verdad es que estas preguntas superan nuestra inteligencia. Pero la catequesis de Jesús nos pone en la ruta de admitir profundamente en nuestro corazón incluso aquello que nos rebasa, lo mismo que un niño que va confiado de la mano del papá. Así también nosotros, aunque no entendemos completamente por qué tanto sufrimiento, y aunque no entendemos completamente cómo es la Gloria de la Pascua, de la mano de Jesucristo, aprendemos a aceptar que efectivamente el sufrimiento es fecundo y que su fecundidad es precisamente la Gloria de la resurrección.

Así que Cristo hace a lo largo de este camino, hace la obra de un catequista, nos dice San Lucas. Les fue explicando paso a paso todos los pasajes que se referían a Él. La catequesis de Cristo, sin embargo, no termina únicamente con los textos. Cuando se sientan a la mesa habiendo llegado ya a la población de Emaús, Él parte el pan y al repartirlo lo reconocen. Sucede entonces algo que puede parecernos extraño, cuando lo reconocen, precisamente en ese momento se desaparece de sus ojos. Entonces éllos comentan: -Nuestro corazón ardía mientras nos iba explicando las Escrituras- Y a esa hora de la noche se ponen en camino de vuelta a Jerusalén para dar testimonio de lo que han encontrado y para volver a la comunidad creyente.

Efectivamente, la desilusión ante la cruz había producido una especie de dispersión. El encuentro con el Resucitado vuelve a congregar a los creyentes en una sola comunidad que con júbilo proclama: -Es verdad, el Señor ha resucitado-. Pero vuelve la pregunta ¿Por qué se desaparece después de que le reconocen? Una respuesta que conozco y que quiero compartir con ustedes está precisamente en esa palabra que hemos utilizado. Cristo es el gran Maestro. Cristo es el gran catequista y Cristo como catequista, les está conduciendo hacia el misterio.

Lo reconocen y Él desaparece, pero su presencia viva queda con éllos y su presencia viva está en ese pan compartido. Es una catequesis que ellos nunca van a olvidar, que en el pan compartido, en el Pan de la Eucaristía está Jesucristo. Al desaparecerse. Pero al quedarse en ese pan bendecido, consagrado y transformado por Él, al hacer, al obrar de esa manera, Cristo, como buen catequista, los está conduciendo hacia el sacramento. Como si les dijera: -Después de que no me vuelvan a ver, ya saben, ya saben dónde encontrarme-. La Gloria para el Señor.

Amén.

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