Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Pascua tiene tres objetivos, que se ven bien en las lecturas de hoy: (1) Confirmarnos en la fe de la verdad de la resurrección de Cristo; (2) Enseñarnos en qué consiste la vida nueva del cristiano; (3) Prepararnos paulatinamente para Pentecostés.

Homilía ap03010a, predicada en 20110511, con 13 min. y 45 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, ¿Para qué sirve este tiempo de Pascua? ¿Cuál es su propósito? Podemos decir que hay tres propósitos para el tiempo de la Pascua. En primer lugar, reconocer al Resucitado. Afianzarnos en la verdad fundamental de nuestra fe. Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe. Seguimos en nuestros pecados, y no vale la pena tratar de ser buenos, porque si uno trata de ser bueno, termina crucificado, pudriéndose en una tumba. Pero si Cristo ha vencido al sepulcro. Si las llagas de Cristo no son llagas de oprobio, sino llagas gloriosas, entonces sí que vale la pena seguir el camino de la vida. Como hermosísimamente cantábamos en el salmo responsorial Enséñanos, decíamos: -Enséñanos el camino de la vida-.

Y así es. Cuando encontramos al Resucitado, encontramos esa senda escondida, ese caminito secreto, que pasa por la muerte, pero que acaba en triunfo, en Gloria y en vida, que no muere. El primer objetivo del tiempo pascual es reconocer al Resucitado, Afianzarnos sobre la base de los testimonios inexplicables, avasallantes cada uno más hermoso que el otro. Descubrir la belleza de Jesucristo resucitado. Ese es el primer objetivo. Segundo objetivo: Aprender a llevar una vida nueva. Si Cristo ha resucitado, entonces siguen siendo ciertas y válidas las palabras del apóstol San Pablo, las mismas que escuchamos en el día mismo de la resurrección: "Si habéis resucitado con Cristo, -nos dice San Pablo- Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha del Padre".

Es decir, que el tiempo pascual, es el tiempo para aprender la vida nueva, la vida propia del cristiano, la vida resucitada, la vida que Jesús ha embellecido y transformado con el esplendor de su victoria. Ése es el segundo objetivo del tiempo pascual, que aprendamos lo que significa Vida Nueva, que tengamos, eso que San Pablo llama en el capítulo 12 de la Carta a los Romanos un cambio de mentalidad, "Metanoia", cambio de demente. Si San Pablo viviera en el siglo XXI, probablemente utilizaría un ejemplo tomado de los computadores: -Tienes que cambiar ¡¡el chip!!-. Ahora la vida es otra. Ahora el sistema es otro. Ahora lo que parecía pérdida es una ganancia.

Por ejemplo, ser humilde, puro, orante, sincero, generoso. Eso parece pérdida a los ojos del mundo. Pero ahora, en la nueva vida que nos ha dado Cristo, es ganancia. Primer objetivo de la Pascua: Confirmarnos en la verdad de la resurrección de Cristo. Segundo objetivo de la Pascua: Conocer, asimilar y practicar. Llevar a la práctica la vida nueva. Tercer objetivo de la Pascua: Prepararnos para la Efusión del Espíritu Santo. Porque ciertamente sólo con el regalo del Espíritu Santo nuestra mente quedará transformada, nuestro entendimiento quedará convencido de la verdad de Cristo, y solamente con la acción del Espíritu Santo. Llegaremos a esa vida nueva, esa vida resucitada que ya empieza en esta tierra, pero que tiene su culminación más allá de las fronteras de la muerte.

Tres propósitos para la Pascua: Reconocer a Cristo resucitado. Llevar una vida resucitada. Prepararnos para la efusión del Espíritu Santo en Pentecostés. Esos tres propósitos están bien representados en las lecturas de hoy. Nos dice el apóstol San Pedro en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Dios resucitó a Jesús rompiendo las ataduras de la muerte. No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio. Reconocer a Jesucristo es también lo que encontramos en el Evangelio de hoy. El famoso Evangelio de San Lucas, capítulo 24, llamado de los discípulos de Emaús. Porque estos discípulos, estos dos discípulos, iban a una aldea llamada Emaús.

Ellos reconocieron a Jesucristo. Ellos no estaban preparados. Ellos no eran sugestionables. Ellos tenían el corazón deshecho por el fracaso y la tristeza. Pero podemos decir que es Cristo mismo. Cristo, con el resplandor de su Pascua. Cristo con el poder de su Palabra. Cristo con la irradiación de su Espíritu. Es Él, el que se impone sobre la incredulidad de los discípulos. Y esto es maravilloso, porque para nosotros significa que no son los discípulos los que le dan vida al recuerdo de Cristo, sino que es el Cristo victorioso, el Cristo resucitado, el que se impone y da vida a la fe moribunda de los discípulos.

La segunda lectura de hoy está tomada de la segunda, de la primera carta del apóstol San Pedro: "Bien saben ustedes que de su estéril manera de vivir los ha rescatado Dios, no con bienes efímeros, sino con la sangre preciosa de Cristo. Y la consecuencia que esto tiene es: Por Cristo ustedes creen en Dios, a fin de que la fe de ustedes sea también esperanza en Dios". Pedro nos recuerda en esta segunda lectura, cómo somos preciosos ante Dios. Y ahí está el segundo objetivo de la Pascua: Eres precioso ante Dios y es importante que lo digas y que lo repitas: -Soy precioso ante Dios, valgo precio de la sangre de Cristo-. -Soy precioso ante Dios. Valgo precio de la sangre de Cristo-. Nuevamente: -Soy precioso ante Dios. Valgo precio de la sangre de Cristo-. Por última vez: -Soy Precioso ante Dios, valgo precio de la sangre de Cristo-. Una vez que descubrimos que valemos precio de la sangre de Cristo.

Nuestra mirada sobre el mundo cambia. Ya no podemos caer en idolatría. Valemos más que los ídolos, cualesquiera que sean, sobre todo los ídolos de la mente, los ídolos del corazón. El gran peligro en nuestro tiempo, no son tanto la madera, el yeso o la piedra como creen los protestantes. El gran peligro son los ídolos de la mente y del corazón, el ídolo del poder, el ídolo del prestigio, el ídolo del pecado, el ídolo del placer. A medida que encontramos el verdadero precio de nuestra vida ante Dios, a medida que descubrimos cuánto valemos ante el Señor, menos y menos poder tienen esos ídolos. Y así nuestra vida cambia y se cumple el segundo objetivo de la Pascua.

Y el tercer objetivo: Necesitamos el Espíritu Santo. Termina diciendo la primera lectura de hoy. A este Jesús, Dios lo resucitó, y de ello, todos nosotros somos testigos. Llevado a los cielos por el poder de Dios, recibió del Padre el Espíritu Santo prometido a Él y lo ha comunicado, como ustedes lo están viendo y oyendo. Hay que clamar ese Espíritu para que también nosotros podamos ser testigos de la victoria de Cristo. Podamos ser espejos en que se refleje su Gloria y podamos contar las maravillas interminables del Dios que nos amó sin medida. A quien sea la Gloria por los siglos de los siglos.

Amén.

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