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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Homilía ap03008a, predicada en 20080406, con 23 min. y 7 seg. 
Transcripción:
La paciencia se renueva cada vez que uno piensa en la paciencia que ha tenido Dios con nosotros. Y la paciencia se renueva también cuando uno piensa en las condiciones en las que Jesús tuvo que evangelizar, ya hubiera tenido Jesús un micrófono así zumbara. Eso no estaba en esa época. Nosotros tenemos aquí un auditorio bendito Dios. A Jesús le tocó en condiciones mucho más difíciles. Muchas veces a campo abierto. Con esa convicción les pido que recojamos nuestro corazón, nuestro espíritu y vivamos de la mejor manera posible este santo sacrificio en las condiciones en que estamos. Son tantas las reflexiones hermosas que podemos hacer en torno a ese pasaje del capítulo 24 del Evangelio de Lucas. Nosotros solemos llamarlo el pasaje de los discípulos de Emaús. Es una caminata larga. Son un poco más de dos horas entre Jerusalén y Emaús. Pero esas dos horas cambiaron completamente la vida de esos dos hombres. Ellos reconocieron a Jesús en las Escrituras. Guiados por el mismo Jesús y después reconocieron a Jesús en el partir del pan. De manera que este es un texto eucarístico por excelencia, porque eso es lo que la Iglesia quiere de nosotros también, que nosotros reconozcamos a Jesús primero en la Palabra, y por eso esta liturgia de la Palabra, y que luego lo reconozcamos en la Eucaristía, en la fracción del pan, la liturgia nuestra, la fe nuestra, consiste en eso reconocer a Jesús, conocer y reconocer a Jesús, para ser también conocidos por Él. La fórmula de condenación de la cual nos libre Dios, por su misericordia, es la que pronuncia Jesucristo en el Evangelio: "No os conozco", a los que querían entrar de contrabando al Banquete Celestial. El dueño de casa dice esas palabras de las cuales nos preserve la sangre de Cristo. -No os conozco- para que esas palabras no las diga Jesús de ninguno de nosotros. Es importante que Él sí nos conozca. Es importante conocerlo a Él y que Él nos conozca. Jesús dice en el capítulo décimo del Evangelio de Juan: "Mis ovejas conocen mi voz". Lo que nosotros hacemos cada vez que asistimos a la Santa Misa es conocer la voz de nuestro Pastor. Acostumbrar el oído a la voz de Cristo para que Él también sepa reconocernos como parte de su rebaño, para que Él nos reconozca como pueblo suyo. Cuando la beata que yo creo que es Santa Teresa de Calcuta, se acercaba a su momento final, se acercaba a la partida de esta tierra. Ella sufrió una tribulación espiritual muy fuerte y tuvieron que llamar a algunos sacerdotes para que oraran por élla. Ustedes pueden imaginarse que un alma tan buena, tan generosa, tan caritativa como fue la Madre Teresa le arrebató al enemigo, le arrebató al demonio muchas almas. Y todo indica que en los días finales de la vida de Teresa de Calcuta, el demonio, por así decirlo, intentó desquitarse de ella, le producía una especie de aturdimiento y a la vez un vacío, una especie de sequedad. Ella se quejaba de haber pasado años enteros en una terrible sequedad. -Sequedad espiritual, desierto-. Decíamos en alguna de las predicaciones de hoy. Que el amor no se puede identificar con el sentimiento. Creo que un ejemplo maravilloso de esta frase, de esta enseñanza es exactamente la Madre Teresa de Calcuta. Ella vivió años sintiendo poco, muy poco, ¡¡¡Muy, muy poco!!! y sin embargo, amando mucho, amando a manos llenas. Esta historia de la Madre Teresa de Calcuta la cuento porque cuando se acercaba la hora de la muerte, muchas voces querían acaparar la atención de ella. La voz del demonio, por supuesto. La voz de la nada. La voz del absurdo. La voz de la confusión. Voces que trataban de llamarla a ella, de confundirla a ella y de decirle: -No tiene sentido lo que has hecho. Todo lo hiciste por tu orgullo. Todo se va a perder. Esto no tiene ningún fruto-. Eran muchas voces, pero en medio de esas voces, élla; soportada por la oración de sus hermanas y de muchísimos amigos en todo el mundo y sostenida por el ministerio de los sacerdotes, ella fue capaz de reconocer la voz del pastor, la voz de Cristo. Por eso uno tiene que venir a la Santa Misa y uno tiene que leer la Biblia y uno tiene que postrarse ante el Santísimo, y no una ni dos, sino muchas veces. Porque cada vez que oyes un texto de la Sagrada Escritura, cada vez que te postras ante Jesús, estás afinando tu oído para reconocer la voz del pastor. Cuando llegue la hora de tu muerte, no sabemos quién de nosotros tendrá que partir primero para la Casa del Padre. Cuando llegue la hora de nuestra muerte, también a nosotros nos va a suceder algo parecido a lo de la Madre Teresa, aunque seguramente no tenemos toda esa virtud que élla tuvo. Es decir, también nosotros tendremos que enfrentar a esa hora de la muerte que distintas voces, distintas voces, están tratando de llamarnos. La voz del abismo, la voz de la nada. La voz del absurdo. Voces que nos van a decir con un lenguaje pegajoso. Nada valió la pena. Perdiste tu tiempo. Todo se ha hundido en el absurdo. Y en esos momentos, en esos momentos, vamos a necesitar la intercesión de la Santísima Virgen María. Vamos a necesitar esa intercesión como la necesitó la Madre Teresa. Y vamos a necesitar un oído muy despierto, un oído que sepa reconocer la voz de Cristo. Decía San Ignacio de Antioquía, a quien mencioné anteriormente. Él decía describiendo su propia experiencia cuando ya le faltaban días para el momento en que iba a ser sacrificado en el Coliseo Romano. Decía San Ignacio de Antioquía: -Ya lo único que siento en mi corazón es una voz que me dice Sube al Padre. Una voz que me llama hacia Dios-. En medio de la confusión que podemos imaginarnos que él vivía siendo prisionero del Imperio Romano, sometido a humillación y tortura. En medio de todas esas voces. Ignacio tenía la capacidad de oír. La capacidad de afinar esa oreja para escuchar únicamente la voz de Cristo. Pero esto lo necesitamos no solamente para la hora de la muerte, también cuando vamos por esta tierra, también en los días de nuestra vida necesitamos esa voz, porque hay demasiadas voces, hay demasiados lenguajes en las calles, demasiadas voces, anuncios, propuestas en internet, en televisión, en la radio, en las vallas publicitarias. Hay demasiados cursos que nos ofrecen por todas partes. Si ustedes caminan por un sector populoso de Bogotá, llámese un Chapinero, por ejemplo, ustedes ven en las ventanas de las tiendas y restaurantes toda clase de avisos. . . -filosofía oriental, yoga, conozca su mente, el poder de la redención, un curso de milagros, la nueva era, no sé cuántas cosas. Y en medio de todo eso; Congreso de Kejaritomene. Eso debe ser peligroso. Son muchísimas voces. Muchísimas. Deje la idolatría del catolicismo. Entre a nuestra iglesia de garaje. Ve, ahí, Eso es un aviso que hay ahí. Hay una cantidad de avisos. Hay una cantidad de voces. Si uno no tiene el oído afinado a la voz de Jesucristo, esas voces lo van conquistando a uno y no solamente las voces que están escritas o pronunciadas, sino los ejemplos que se nos presentan. Poco a poco nos van cambiando los valores porque poco a poco nos van presentando nuevos modelos. Entonces ahora, por ejemplo, me decía una amiga es difícil encontrar una sola novela, sea venezolana, ecuatoriana, mexicana, panameña o colombiana. Es difícil encontrar una novela que no haga gracia de algún homosexual. Esa es una voz, ese es un mensaje que nos están metiendo día por día, como diciendo: -fíjate que es divertido, fíjate que es normal, fíjate que es bien recibido- y después nos sacan una cantidad de modelos que no tienen otro oficio sino estarse acariciando, cargando, besando y entonces eso lo está mirando nuestra juventud y entonces ya eso le parece normal a las niñas, ah entonces es normal que entre niñas nos acariciemos y nos besemos y no sé qué. Y eso es ternura y eso es cariño. Y ese mensaje va entrando y va penetrando en nosotros. Y junto a esos mensajes que tienen que ver con el tema sexual, hay muchos otros mensajes, los que tienen que ver, por ejemplo, con el dinero. Cuanto más dinero tienes, más vales. Por eso ya lo dijo la canción amigo. "¿Cuánto tienes?, ¿Cuánto vales? Principio de la actual filosofía". Oiga, y esa canción es vieja y ya era actual ese principio En ese momento calcule, analice, sume y reste. Entonces nosotros tenemos que venir a la Santa Misa y tenemos que afinar el oído. Uno tiene que oír predicación católica, tiene que leer buenos autores. Yo estoy en una campaña de promoción sin que nadie me pague porque nadie me paga Campaña de promoción del Papa Benedicto XVI, porque me parece un maestro de la fe. Porque me parece un testigo excepcional de la fe de los apóstoles. Yo remito a la gente a la página del Vaticano. La página del Vaticano es Vatican, o sea, sin la O porque está en inglés Vatican Punto, La letra "v" pequeña y la letra "a" "vatican.va". Entre ahí. Lea las palabras del Papa, sus audiencias, sus homilías. Ese si es predicador, ese no es un improvisado, ese si es un maestro, ese si sabe lo que está diciendo. Cuando uno oye predicación católica, cuando uno lee la palabra de Dios con fe y con amor y la medita, cuando uno asiste a la Santa Misa, está acostumbrando el oído a la voz de Cristo. Y entonces llegan las otras voces, pero las otras voces no tienen poder sobre mí, porque ya la voz de Cristo me conquistó. La voz de Cristo me restauró. Estos discípulos de Emaús estaban subyugados por el poder de las voces, de la depresión, la tristeza, la derrota, el fracaso. Éllos estaban en el poder de unas voces, unas voces. ¿No? Así como dicen que les pasa a algunas personas que oyen vocecitas. Entonces estos estaban en poder de unas voces y cada uno servía de refuerzo negativo para el otro. Entonces iban caminando dos y el uno decía: -Oiga, esto sí es muy triste. Y el otro decía: es lo peor que ha pasado. Y después el uno decía: ¡Qué tristeza tan grande! Tristeza no es palabra, ¡Esto se va a poner peor! Cada uno le reforzaba la tristeza al otro. Cada uno servía de mala noticia para el otro. Cada uno servía de anti Evangelio para el otro. Eso se parece a cuando se llaman dos amigas. Yo soy enemigo del teléfono entre las amigas. A menos que realmente utilicen su voz para el mensaje de Cristo. Suena el teléfono. Al otro lado de la línea está Filomena, por ejemplo: -Oiga, ¿Si sabe lo que ha sucedido, ahora sí; sabe lo que inventaron?- ¿No? Y ahora qué, qué? ¿Qué inventaron? -No. Pues ahora están. Ahora están matando. Imagínese-. Ay, no, no me diga. Pero yo sí. Yo sí dije que eso tenía que ser así, porque por aquí está peor. Si yo te contara. Aquí está peor la situación. Aquí no solo matan, sino que comen del muerto. ¡Ay, no! ¿Cómo va a ser?, ¿A dónde iremos a llegar? Pero yo no sé. -Mis hijos que no responden. No, eso no es nada. Mis hijos están peor que los suyos. . . Esas están haciendo como los discípulos de Emaús. Cada una le refuerza a la otra lo malo que está el mundo. -Si ve todo lo que pasó, no, pero es que con esta carestía. Pero es que yo si he dicho que todo es plata. Sí, porque todo se metalizó. Sí, porque el dios dinero-. Y no saben que están en ese jueguito. Como ya lo he dicho otras veces, están haciendo. . . -las letanías de Satanás-, porque eso se convierte en alabanza al poder del mal. ¿Qué es lo que están diciendo esas dos señoras en su conversación? Y mientras tanto hacen rico a Telmex o Telecom o la ETB. ¿Qué es lo que están haciendo? ¡¡¡Están alabando el poder del mal!!! Lo que están diciendo es: -Uy, el mal, cómo es de fuerte. Uy, si el mal es pero muy grande. Uy! El mal llega a todas partes; si el mal está en todos lados. El mal, el mal, el mal o el mal ¡¡¡No saben que están alabando al mal!!! Por eso usted tiene que en este momento llegar a su casa y hablar con Telmex. Pero el problema realmente no es Telmex. Para ser franco, el problema no es la ETB, ese no es el verdadero problema. Usted tiene que llegar a su casa y hacer una resolución. Este pasaje de Emaús yo lo tengo que aplicar en algo concreto. Yo no puedo ser un anti-evangelio, no puedo ser un anti-evangelio para mi amiga, la amiga que me llama, la próxima vez que me llame mi amiga. . . - ¿Ay si sabe que por aquí están matando? Entonces uno le dice: ¿Ya leyó los discípulos de Emaús? Claro, la otra queda gringa. Pero usted me entiende la idea. Bueno; ese es un modo práctico de aplicar lo de los discípulos de Emaús, que uno tiene que educar el oído para la voz de Jesús, porque ¡¡¡A mí no me va a llevar, a mí no me va a pastorear cualquier voz!!! no, a mí no me va a llevar cualquier voz. Yo quiero la voz de mi Pastor y yo no quiero ser anti-evangelio para la otra persona. Entonces la persona deprimida y yo triste y la persona se hunde más. Y entonces, ya en último término, el asunto es. . . Oye, y ¿Cuánto veneno de ratas se necesitará para que. . . ? Eso. Esas conversaciones son espirales de la muerte. Yo no le voy a hacer ese juego, a estos dos los sacó de su espiral de muerte. El poder de Jesús. Jesús se les unió. Y entonces éllos se quedaron mirándole apesadumbrados, y dijeron: -Bueno, ya somos tres los fracasados-. Usted no sabe todo lo que pasó hombre, era un tipo bueno; ¿Pero de qué sirve ser bueno? Eso es lo que estaban diciendo los discípulos de Emaús. -¿De qué sirve ser bueno? Mire, mire cómo acabó, y ahí vienen unos con qué o que resucitó-. Pero eso no, eso no es cierto. Eso no sabemos. ¿Estaban qué? Aturdidos por las voces. Por esas voces de incredulidad. Y ¿Cómo los sacudió Jesús? Esto es muy importante para la gente que siente sueño en la misa. ¿Cómo los sacudió Jesús? -Taaardos de entendimiento. Oh, es que ustedes sí. Ay, es que no entienden nada-. Lo cual significa que a veces a uno también lo tienen que regañar. Bueno, también lo tienen que sacudir un poco. Hay que sacudir. Jesús hace una obra maravillosa reconstruyendo la esperanza. El amor construye la esperanza, decíamos en la mañana. Jesús hace una obra maravillosa educándolos en la fe. Porque el amor educa. Pero luego viene un detalle muy interesante: Con esto terminamos esta homilía porque hay que dejar para el próximo Congreso. Resulta que hasta el día de hoy yo siempre había pensado que estos dos discípulos, los que iban para Emaús. Cuando le dicen a Jesús: -Quédate con nosotros-. De alguna manera estaban expresando como una necesidad de éllos. Como quien dice: -No queremos perder tu compañía, no queremos perder tu presencia-. Es posible que esa sea la causa. Pero después leí en la carta a los Hebreos que se hace un elogio muy grande de la hospitalidad y dice una cosa muy bonita La carta a los Hebreos dice: -No os olvidéis de la hospitalidad, porque gracias a élla muchos hospedaron ángeles sin saberlo-. La hospitalidad es un deber sagrado, especialmente en esta cultura, en esta cultura de, del Antiguo Oriente. Es un deber sagrado. Es un deber profundo, profundamente enraizado. Es muy posible, como quien dice. No es absurdo que ellos le hayan dicho a Jesús: -Quédate con nosotros. El día se está acabando- por una preocupación hacia ese Jesús, hacia ese peregrino. Y ¿Por qué creo que esta interpretación es interesante? Porque fue ese acto de caridad de ellos que se preocuparon por Jesús. Ese acto de caridad los abrió. Abrió para ellos la oportunidad de conocer a Jesús, abriendo su morada, abriendo su posada a Jesús. Recibieron la revelación más preciosa que uno se puede imaginar en esta tierra. El Hijo de Dios a mi mesa, el Hijo de Dios ahí en mi casa. Jesucristo resucitado conmigo. ¡Qué belleza! ¡Qué belleza! Es decir, se puede pensar no es absurdo que fue ese corazón generoso de ellos que pensaron este señor para dónde coge a estas horas? Ya el día terminaba, llevaban horas caminando. El día terminaba. Jesús hizo como que seguía adelante, es decir, no quiso ser carga para ellos. Y ellos le dicen: -No, quédate, quédate con nosotros-. Se preocuparon por Él. Es posible que esa sea una interpretación. Se preocuparon por Él, No quisieron dejarlo solo caminando en la noche. -No, quédate con nosotros. Hay espacio para ti. Ven. Quédate con nosotros-. Le abrieron un espacio. Hicieron un acto de amor con Él. Y ese acto de amor abrió para éllos la revelación del amor más grande. ¿Sabe por qué me parece tan bella esta interpretación? Que el Señor en su misericordia, si es correcta y si es del Señor, me la regaló hoy. ¿Sabe por qué me llama tanto la atención esa interpretación? porque yo creo que le da una dimensión muy particular a lo que nosotros llamamos caridad. Cada vez que yo abro un pequeño espacio en mi vida para esos que son desconocidos para mí, para esos que son nadie para mí, cada vez que yo le abro un espacio a una persona que no conozco, para que encuentre un poquito del fuego de Emaús, un poquito de acogida, un poquito de amor, ahí Jesús también se revela. Ahí Jesús también muestra su Gracia, multiplica de modo extraordinario. Es decir; así como en la Eucaristía nosotros entregamos estos pedacitos de pan y se convierten en lo más precioso que existe en todo el universo, que es el cuerpo de Cristo, así también cuando yo abro un poquito de espacio para un hermano, para alguien que está triste, para alguien que se va a quedar solo en la noche, cuando yo le abro un espacio a ese hermano. Jesús toma ese pequeño acto de amor como si fuera un pedacito de pan y lo convierte en la gran revelación de su amor. Por eso yo quiero terminar invitando a todos a que en la medida de lo posible, nuestras agendas, nuestro tiempo, incluso nuestras casas, hasta donde es posible, nuestras instituciones se abran un poquito. Porque cada vez que recibes a ese que se iba a quedar solo en la noche, seguramente está recibiendo a Jesús. Y Jesús mismo se va a revelar en tu vida mostrando lo que Él trae para ti. Tú le das el poquito que tú tienes, le das los panes y los multiplica, le das las hostias y Él las convierte en su cuerpo y su sangre. Le das ese poquito de tu agenda y de tu tiempo, y Él en su agenda eterna, dice: -Quiero que esté siempre conmigo, este que me ha recibido-. Sigamos esta celebración. Hemos hablado sobre Cristo, que ahora Cristo, desde la humildad de ese pan que se convierte en su Cuerpo y su sangre, nos hable del amor que nunca muere. Amen. Amen.

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