Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Morir en Cristo dando la vida.

Homilía ap03005a, predicada en 20020414, con 12 min. y 22 seg.

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Transcripción:

Hermanos, hemos repetido junto con el salmo: ¡Me enseñarás el sendero de la vida! Ese fue el salmo que el apóstol San Pedro citó en aquella predicación del día de Pentecostés. La gente se acercó, se preguntaba qué era eso que había sucedido, y Pedro les dice: "Escuchad mis palabras, enteráos bien de lo que pasa. . . -No se queden con la anécdota, vamos a la raíz de esto; Dice Pedro- . . .Os hablo de Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros, realizando por su medio milagros, signos y prodigios". Y luego les recuerda que han sido causantes de la muerte de Jesucristo.

Y apoyándose en este Salmo 15, según la numeración de la liturgia. Toma esas palabras de David: "Me has enseñado el sendero de la vida. Me saciarás de gozo en tu presencia". Quisiera compartir con ustedes una reflexión sobre esa expresión que está en el Salmo 15 de la liturgia y que el apóstol Pedro repite en su predicación del capítulo segundo de los Hechos. El sendero de la vida. El sendero de la vida, ¿Qué podía significar en aquella expresión del salmo cuando David hace oración? El sendero de la vida; tal vez ahí significaba la manera de conservar la vida. No me entregarás a la muerte. Eso significaba conservar la vida. El sendero de la vida es el sendero de conservar la vida.

Eso en el Antiguo Testamento, pero en el Nuevo Testamento hay un significado más perfecto. El sendero de la vida no es el sendero de conservar la vida, sino el sendero de ofrecer la vida para tener una vida que no acaba. El sendero de la vida. En el Antiguo Testamento es el sendero que esquiva la muerte. El sendero de la vida en el Nuevo Testamento es el sendero que vence a la muerte. En el Antiguo Testamento, lo más grande que podía pasar es: -Dios no me dejó morir-. En el Nuevo Testamento, lo más grande que puede pasar es: -Dios me ha resucitado, Dios me da resurrección-.

Es poca cosa esquivar la muerte, que era lo que se podía alcanzar en el Antiguo Testamento, es poca cosa, porque el que esquive a la muerte una o dos o cien veces, de todas maneras va a ser alcanzado por la muerte. Esquivar la muerte es poca cosa. Lo grande es vencer a la muerte y eso es lo que nosotros tenemos en el Nuevo Testamento. Eso es lo que tenemos por la resurrección de Cristo. El sendero de la vida en el Antiguo Testamento es el sendero que evita la muerte. El sendero de la vida en el Nuevo Testamento es el sendero que vence a la muerte, que triunfa sobre la muerte. Cuando David decía No me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Podemos pensar que se refería a eso. -Me vas a permitir evitar la muerte-. Pero finalmente David murió.

Y eso es lo que destaca también Pedro en su discurso: "Permitidme hablaros con franqueza; el patriarca David murió y lo enterraron". Es decir que el sendero de la vida no puede ser algo tan cortico como lo que aparecía en el Antiguo Testamento. No es un sendero muy largo, porque finalmente, como dice otro salmo, el más robusto resiste hasta setenta u ochenta años, pero cae también. Todos caemos uno tras otro; y esa caída sería una traición o sería una limitación a la promesa de Dios. Sería una súplica no escuchada. "Me enseñarás el sendero de la vida" Sería una promesa no cumplida. Ahora, en el Nuevo Testamento, el sendero de la vida pasa por las tierras de la muerte, pero vence a la muerte.

Esto es algo que es difícil de entender, y eso explica por qué en el Evangelio se nos habla de aquellos discípulos de Cristo que no podían entender. Es algo difícil de entender, y nosotros necesitamos que a nosotros, como hizo con aquellos discípulos, Cristo nos abra el entendimiento. Para mí esa es la frase más importante de la lectura del capítulo 24 de San Lucas. "¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?" -Ellos se detuvieron preocupados- Dice Lucas: "Se les veía la tristeza porque no encontraban el sendero de la vida", porque Jesús había sido el gran profeta de la vida, el profeta que había resucitado muertos, el profeta que había vencido al demonio, el profeta que había triunfado sobre la enfermedad y ese gran profeta muerto. ¿Dónde está el sendero de la vida?

Estaban preocupados, acongojados. Jesús les pregunta: -¿Qué ha sucedido?- Y le cuentan la historia de Él mismo, es decir, una historia que desde los ojos de ellos termina en punta, termina en fracaso. -Nosotros esperábamos, pero ya ves, hace dos días sucedió esto-. No lo vieron, ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? Jesús les dijo: "¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas!" "¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su Gloria?". Y comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a Él en toda la Escritura. Jesús les explica las Escrituras. Jesús les abre el entendimiento. Jesús les permite comprender, porque no es fácil entender cómo el sendero de la vida pasa por la tierra de la muerte, eso no es fácil de entender.

Pero cuando Jesús les explica las Escrituras, el corazón de ellos se abre y va comprendiendo. Hasta ese momento del partir del pan en que un velo cae de sus ojos y reconocen a Jesús, es decir, descubren que el sendero de la vida pasaba por la pasión, pasaba por la cruz, pasaba por el sepulcro. Entender que el sendero de la vida pasa por la muerte no es un asunto solamente de nuestra cabeza. No es solamente referido a Jesús. Hermanos, si el sendero de la vida pasa por la muerte, entonces se cumple aquello que Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera retener su vida, la perderá. El que la pierda por mí, la encontrará". Es lo mismo que estamos comentando hoy.

El que quiera quedarse en el método del Antiguo Testamento, el que quiera simplemente esquivar la muerte, el que quiera evitar toda pérdida. El que quiera no perder ni una. El que trate de no perder nada, terminará perdiéndolo todo. Con esas palabras que Cristo dijo a sus discípulos: "El que quiera conservar la vida, la perderá". Cristo está diciendo: -El sendero de la vida no es esquivar la muerte. El sendero de la vida es darse por amor como yo, darse por amor. En mí, dentro de mí, desde mí-. Por eso esta no es una enseñanza solamente dogmática, para que nosotros asintamos con el corazón y digamos: -Si, si, si, muy bueno o la verdad Interesante. El sendero de la vida pasa por el sepulcro, una cosa como rara, pero bueno, ya aprendí algo nuevo- ¡No! Esta es una lógica para la vida.

Lo que Cristo nos está diciendo con su muerte y resurrección es: -El camino, el camino, el sendero consiste en: Darse, perder, donarse, como yo lo he hecho-. La Pascua no es un recuerdo que tenemos del pasado. La Pascua no es una simple afirmación que hacemos con nuestra inteligencia. La Pascua es la condición, la estructura, la configuración, la lógica de la vida cristiana. Todo en nuestra vida está sellado por la Pascua, porque el sendero de esquivar la muerte, que es el sendero de no perder nada, que es el sendero de tratar de ganarlo todo, que es el sendero de guardarse y protegerse para no ser herido por nada. Ese sendero no conduce a nada. El único sendero que conduce a la vida, el verdadero sendero de la vida, implica perder, pero no de cualquier manera, sino perder en donación de amor. Perder dándose. Es que solo hay dos maneras de morir, hermanos. O uno muere perdiendo la vida o uno muere dando la vida.

El que intenta esquivar la muerte según la lógica del Antiguo Testamento, el que trata de no perder nada, el que trata de que nunca le hagan nada, que nunca le toquen sus intereses, el que intenta eso, el que intenta esquivar la muerte, termina perdiendo la vida, porque algún día te alcanzará la muerte. Y ahí sí, como le dijo Dios a aquel rico que había amontonado tantas cosas: "Lo que has reunido, ¿Para quién será?, ¿Lo que has reunido, para quién será? La muerte, te va a alcanzar. La flecha de la muerte ya fue disparada y te va a alcanzar". ¿Será una muerte accidental? ¿Será una enfermedad? ¿Será violencia de los hombres? No sabemos. Pero la muerte te va a alcanzar.

Solo hay dos maneras de morir: -Perder la vida o dar la vida-. Solo hay dos maneras. O la pierdes o la entregas. Y el que intenta esquivar la muerte termina optando por perder la vida. Jesús nos invita desde la fuerza de su Pascua a no perder la vida, sino entregar la vida, dar la vida. Porque solo el que da la vida, da vida, y el que muere dando vida, muere en Cristo, muere como Cristo y en Cristo tiene una vida que no acaba.

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