Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Vivir los pasos en el camino de los testigos del Evangelio.

Homilía ap03004a, predicada en 19990418, con 6 min. y 9 seg.

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Transcripción:

Los apóstoles, todos del Señor le abandonaron. El evangelista San Marcos dice que todos le dejaron y que Él se quedó solo. La primera lectura que hemos escuchado nos presenta unos apóstoles valientes que dan testimonio con mucha fuerza, con mucha alegría, que se dirigen sin temor alguno a todos los que quieran escucharlos. Entre esos cobardes y traidores y estos valientes y fieles. Ha transcurrido un tiempo, pero sobre todo, más que el tiempo ha pasado Dios.

Primer lugar abandonado por ellos. Solo recordamos que tuvo oración por sus enemigos y una mirada que llamó a conversión al apóstol San Pedro. Puesto en la cruz, no renegó de nadie ni pidió venganza para nadie. En un silencio de oración descendió al sepulcro, y allí, en ese sepulcro, como si fuera vientre de la tierra, preparó el nacimiento del hombre nuevo, que será todo aquel creyente, todo aquel que ponga fe viva en Él.

Pero tampoco su resurrección supuso un cambio dramático y completo en los discípulos. Primero, la noticia que llevan estas mujeres, empezando por María Magdalena, y esa noticia no la alcanzan a entender. Luego sale a su encuentro y en apariciones como la que hemos escuchado hoy de los discípulos de Emaús, les abre el sentido de las Escrituras y no solo abre las Escrituras, sino que abre las mentes de ellos para que puedan unirse el corazón de Dios y el corazón del hombre.

Y estos vuelven a Jerusalén y se encuentran con los otros discípulos y dicen: -Ha resucitado el Señor, nos lo hemos encontrado y lo hemos reconocido al partir el pan-. ¿Y ya salieron a anunciar? Todavía no. Todavía no. Vendrá el tiempo de la Ascensión del Señor en que les pedirá más oración. Y de ese horno, de esa fragua de la oración, quedarán preparados para recibir el rocío, que es también fuego del Espíritu Santo.

Notemos entonces cuáles son los pasos dentro de este camino que va desde la traición a la hora de la cruz hasta el anuncio a la hora del apostolado. Primero la confusión, después el dolor por haber traicionado, después escuchar la noticia de la resurrección, después volverse a las Escrituras, después sentir que el corazón arde, después reconocerle en el pan, después compartir la noticia con la comunidad, después orar con toda la comunidad pidiendo el Espíritu. En estas cuentas mías son por lo menos siete pasos que van desde el dolor por haber traicionado a Jesucristo hasta la oración serena, fervorosa y confiada, para que ese mismo Cristo ya resucitado, nos dé el poder del Espíritu Santo.

Estos siete pasos, o quizá más, los dieron los apóstoles atraídos y a la vez empujados por el amor de Jesucristo. No se ha extinto, no se ha acabado, ese amor de Jesús, Él sigue también a nosotros, haciéndonos vivir esos siete pasos, llamándonos también a nosotros, al dolor de nuestros pecados y al llanto, porque somos traidores; llamándonos también a nosotros, a escuchar la noticia de la resurrección, a abrir las Escrituras, a dejar que Él nos caliente el corazón, a reconocerle cuando el pan se parte en la oración de la comunidad, la oración por excelencia que es la Santa Misa. A unirnos con nuestros demás hermanos y a suplicar juntos el don del Espíritu Santo. Para eso se vive este tiempo de Pascua.

Este tiempo de Pascua es para que nosotros vivamos también todos estos pasos y nos unamos en una plegaria que ya podemos empezarla; con la mirada fija en Pentecostés, nos unamos en una misma plegaria para que esa fuerza del Espíritu Santo haga en nosotros lo que hizo en estos primeros testigos del Evangelio.

Y así también a nosotros Cristo nos sacará como de sepulcros, nos sacará con una mirada nueva, con una palabra nueva, pero sobre todo con un corazón nuevo y con una gracia nueva para contar la potencia del amor que a Él lo resucitó y que a nosotros nos convierte.

Sigamos esta celebración. ¿Cuántos pasos de los que he mencionado están presentes en la Santa Misa? También en la Misa se nos invita a arrepentirnos, reconocer que somos pecadores, oír la noticia de la resurrección, abrir las Escrituras, dejar que Él nos caliente el alma, Verle cuando se parte el pan, orar juntos.

De algún modo, la Eucaristía, oración perfectísima reúne todos estos elementos para que nosotros, como hechos una misma cosa con lo que se ofrece sobre el altar, seamos consumidos por el mismo Espíritu y salgamos renovados a dar fe de la noticia de la Resurrección. Vamos a vivir, pues, esta celebración en ese espíritu y que Dios nuestro Padre, haga en nosotros lo que vemos que hizo con estos discípulos en Emaús.

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