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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El Resucitado nos trae la paz
Homilía ap02015a, predicada en 20260412, con 9 min. y 2 seg. 
Transcripción:
Hermanos queridos, empecemos por admirar el saludo que Jesucristo da a sus apóstoles. Como lo hemos oído en la proclamación del Evangelio. Tres veces les desea la paz. Era un saludo tradicional en el mundo judío. Algunos de ustedes reconocerán la palabra: "Shalom", que significa precisamente paz, y que era un modo usual de saludo. Pero detrás de ese saludo acostumbrado había algo no acostumbrado. Algo absolutamente único, porque Cristo está saludando con palabras de paz a aquellos que lo abandonaron, aquellos cobardes que lo traicionaron. Aquellos que no estuvieron ahí cuando Él los necesitaba. Esto tiene que llamar nuestra atención. ¡Cristo! Podemos decir que fue despedido de esta tierra en medio de una tempestad de insultos, de agresiones, de crueldad y de odio. Así fue despedido Cristo el día de la Cruz. Pero ¿Cómo saluda Él? Con una palabra de paz. Esta palabra majestuosa en boca del Señor, muestra la altura de su amor y el tamaño de su victoria. Con esa palabra Cristo está mostrando que está por encima del odio. Está por encima de esos insultos. Está por encima de esos azotes. Está por encima de esas espinas. Cristo está por encima de esa tormenta. Muchos de nosotros hemos tenido la experiencia de volar en estos aviones que se remontan por encima de las nubes, en más de una oportunidad. Uno tiene la experiencia de salir y está el tiempo, está el clima complicado, con lluvia, con viento. Apenas atraviesas las nubes y estás por encima, solo la claridad, solo la luz, solo la serenidad. solo la paz. Ese es Cristo. Por encima de las tormentas, por encima de los insultos, por encima de la mezquindad y la violencia y el odio. La serena paz de Cristo. Y si nosotros le dimos a Él la guerra; Él trae a nosotros la paz. Esa paz que vence ante todo el egoísmo, origen de todas las guerras. Porque las guerras empiezan precisamente por el egoísmo, es decir, porque quiero todo para mí, quiero todo el terreno para mí. Quiero toda la riqueza para mí, quiero toda el agua para mí. Ahí es donde empiezan las guerras. El Resucitado nos trae un mensaje profundo de paz, porque el egoísmo queda vencido allí donde Cristo vence. Por eso fíjate lo que nos presentaba la primera lectura, la del libro de los Hechos de los Apóstoles. ¿Qué nos presentaba? Egoísmo vencido, seres humanos, hombres y mujeres capaces de compartir. Capaces de preocuparse por el necesitado, capaces de mirar por encima de sus intereses. Así empieza la paz. Cuando Cristo, por el poder de su bendita cruz y por el valor de su Santísima Sangre, vence el egoísmo, entonces somos capaces de mirar más allá y somos capaces de ser constructores de la paz que viene de Dios, porque el egoísmo ha quedado vencido. Hay otra cosa que nos roba también la paz. Es el miedo. Si Cristo saludó a aquellos hombres con esa palabra: "Paz a ustedes", es porque también nos ha dicho San Lucas, nos ha dicho San Juan, perdón, nos ha dicho que ellos estaban encerrados. ¿Por qué? Por miedo, por miedo. El que tiene miedo no tiene paz. Está esperando. ¡Qué golpe me viene! Qué problema me viene; qué angustia, ¡qué angustia vivir! Hermanos, cuántas personas están viviendo en medio de la angustia, el desasosiego. A mí me admira la cantidad de personas que están padeciendo ataques de pánico, inseguridad, angustia, ansiedad. Cristo llega. Cristo llega a nuestros corazones, no soluciona mágicamente las cosas, no, no se trata de magia. Se trata de que sepas que Él está contigo. Los problemas llegan, las preguntas llegan, las amenazas llegan; las persecuciones y las contradicciones llegan también. Pero esta vez ya no estamos solos. Esta vez Él está con nosotros. Cristo no viene a quitarnos todos los problemas, pero sí viene a estar a nuestro lado y así nos trae el don de la paz. Una última cosa quiero mencionar que también nos quita la paz, el remordimiento, la conciencia de que hemos obrado mal. Ese recuerdo de nuestras malas obras nos acusa; y ahí viene la tercera victoria de Cristo: La Misericordia. Su misericordia que llena la tierra. Su oferta de perdón. Su maravillosa promesa, ese amor inmenso, esa piedad sin límites, esa misericordia inagotable trae a nosotros la paz. Es verdad que recordamos nuestros pecados y la primera carta de Juan nos advierte: "Si decimos que no somos pecadores, estamos haciendo mentiroso a Dios". Pecadores somos, y hay dedos que nos acusan y son en primer lugar, nuestros propios dedos, nuestro propio recuerdo, nuestra propia memoria. Pero Cristo también es capaz de traerle paz a ese remordimiento, no volviéndose cómplice de nuestro pecado, no diciéndonos que no importa el pecado, sino mostrándonos que el pecado puede ser perdonado, que el pecado puede ser vencido y que Él está ahí, ahí para perdonarnos, para abrazarnos, para entendernos. Cómo entendió a Tomás. Resumen: Saboreemos la grandeza del saludo de Cristo cuando dijo: "Paz a ustedes". Saboreemoslo y notemos que Cristo trae la paz por lo menos de estas tres maneras: Venciendo al egoísmo, fuente de todo conflicto, importantísimo. Derrotando el miedo con su presencia que nos dice: -Estoy a tu lado-, vas a tener batallas, pero no vas a estar sola, no vas a estar solo. Y tercero: Con su abundante perdón, trayendo primero la avanzada, la vanguardia de la misericordia, que es el arrepentimiento y luego el diluvio de su amor perdonador que cambia completamente nuestra vida. La Gloria sea para Cristo. Amén Amén.

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