Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La verdadera unidad no se construye desde el miedo, sino desde el amor. Los cristianos estamos llamados a promover una comunión que transforme la convivencia.

Homilía ap02014a, predicada en 20260412, con 6 min. y 15 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

Este es el segundo domingo de Pascua, conocido también como el Domingo de la Misericordia. Las lecturas de hoy nos invitan a hacer una reflexión inesperada sobre la unión, la unidad que se da entre los seres humanos. Como vivimos en una época de tantas divisiones, polarizaciones, conflictos, tensiones, incluso guerras, yo creo que es bien interesante hablar sobre la unión, pero mira que hay un contraste tremendo entre la primera lectura y el Evangelio. La primera lectura está tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles y nos habla de unión. Es la unión que surge del amor.

El Evangelio, en cambio, nos habla de otra forma de unión. Los apóstoles estaban muy, muy asustados porque tenían un temor, razonable además, de que podían atacarlos. Éllos eran los discípulos de Jesús. Y si a Jesús lo habían tratado como lo habían tratado, pues los que seguían eran ellos. Entonces tenían mucho miedo y permanecían prácticamente encerrados, con la excepción de un discípulo que normalmente, es el que se lleva toda la predicación en el segundo domingo de Pascua, ese discípulo era Tomás. Sabemos que Tomás era una persona bastante razonable, probablemente escéptica, ese es el mismo que dice: -Mientras no vea la huella de los clavos- "Mientras no vea el agujero de los clavos. No creo".

O sea, era una persona escéptica y posiblemente la razón por la que Tomás no estaba junto con los demás apóstoles es porque Tomás, con ese carácter crítico que tenía, él decía: -No, yo no estoy convencido de que el peligro sea tan grande. Yo voy a averiguar por mí mismo cómo está la situación-. Posiblemente esa es la razón por la que Tomás no estaba con los demás apóstoles. Pero sigamos con el tema de la unión, porque esto es fascinante. Mira, en la primera lectura aparece la unión que tienen los cristianos después de que llega el Espíritu Santo, después de que el amor se hace presente en sus vidas. Y entonces esa es la unión, repito que da el amor.

Pero ¿Qué clase de unión tenían aquellos apóstoles cuando estaban encerrados en el Cenáculo? No era la unión del amor, era la unión del miedo. Estaban reunidos porque todos estaban asustados, y entonces el miedo hacía que se mantuvieran juntos. Pero no es que ellos estuvieran realmente conectados unos con otros. Lo único que les conectaba era, tú estás asustado, tú estás asustado, tú estás asustado y yó también estoy asustado. Entonces hay una forma de unión que es la unión por el amor. Y hay otra forma de unión que es la unión por el miedo. Y esto tiene repercusiones interesantísimas. Porque resulta que, por ejemplo, en la política hoy se está explotando muchísimo la unión por el miedo.

Por ejemplo, cuando los candidatos están en sus campañas, y aquí me refiero tanto a los de derechas como a los de izquierdas, cuando éllos están en sus campañas, apelan muchísimo al miedo. Por ejemplo: -mire, si ustedes no votan por mí, este país se va a destruir completamente-. Ahí, frente a una amenaza tan grande, la gente dice sí, tenemos que agruparnos, tenemos que agruparnos para luchar -en contra de-. Fíjate cómo la unión por el miedo siempre es una unión -en contra de-. Pero los otros, los de más bien la línea de izquierda, también apelan al miedo. Miren, si ustedes no votan por nosotros, entonces lo que va a suceder es que los oligarcas de siempre, los ricachones de siempre, van a seguir haciendo de este país lo que quieren, y se van a conculcar los derechos de los pobres y se va a destruir lo poco que se ha logrado y van a acabar con. . .

Eso también es miedo. Y en las guerras también funciona muchas veces el miedo, porque es básicamente presentar al enemigo como el principio básico de destrucción, como aquello que va a acabar con todo. Y para que no acabe con todo, entonces tenemos que nosotros luchar muchas veces, luchar como se dice ahora con esas guerras -preemptive-, es decir, una guerra como preventiva -antes de que tú me pegues, porque yo sé que tú me vas a pegar, entonces yo te pego primero a ti-. Y yo creo que esa manera de pensar es muy riesgosa, muy, muy riesgosa. Tenemos que tener mucho cuidado con eso.

Ciertamente uno tiene que tener precauciones, no puede ser tonto, no puede ser ingenuo; pero cuidado con la unión por el miedo. Además que la unión por el miedo también suele ser una unión ficticia. Cuando tú ves a un grupo de personas que se agrupan únicamente para luchar contra un enemigo. Eso no significa que ellos sean amigos. El hecho de que nos unamos para luchar contra alguien no quiere decir que entre nosotros estemos realmente unidos, y por eso yo creo que se puede describir este tiempo de la Pascua como el paso de la unión por el miedo; a la auténtica unión en la comunión, la auténtica unión por el amor.

Que esa transformación llegue. Mira, no es, no son palabras bonitas, no es romantizar las cosas. No es ingenuidad. Es la única alternativa que tiene la humanidad para que no sigamos simplemente golpeándonos unos a otros y creyendo que la única fuerza que cuenta es la fuerza con la que yo te puedo destruir. Que esta Pascua traiga una diferencia en nuestros corazones y que nosotros seamos una diferencia allí donde vivimos. De nuevo, feliz Pascua para ti y para los tuyos.

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