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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La luz de Dios irá llegando poco a poco irá llegando a nuestras vidas si nos abrimos en este Tiempo Pascual al misterio del triunfo de Jesucristo y si le seguimos proclamando Rey de nuestras vidas, Rey de nuestro futuro.
Homilía ap02013a, predicada en 20230416, con 6 min. y 22 seg. 
Transcripción:
¡Feliz Pascua para todos! El Evangelio de hoy nos presenta el encuentro entre un incrédulo y la resurrección de Cristo. Pero en esta oportunidad, amigos, permítanme que nuestra atención se vaya a un pequeño pero muy importante detalle. Los discípulos, excepto Tomás, estaban encerrados, nos dice la Escritura. Estaban encerrados por miedo a los judíos. Y quiero subrayar la palabra miedo. Te invito a que estudiemos durante unos breves minutos el miedo de aquellos hombres. Y te invito a que nos preguntemos sobre nuestros propios miedos. Porque ¿Sabes una cosa? Creo que el miedo tiene, por decirlo de alguna manera, capas. Hay miedos que son más superficiales y hay miedos que son más profundos. Por ejemplo, uno puede tener el miedo de perder su empleo; pero uno puede tener un miedo más profundo, por ejemplo, perder al papá o la mamá, o perder la salud, o perder la cabeza, perder la razón. Hay distintos niveles de miedo y yo creo que ese estudio de los niveles de miedo nos ayuda a comprender lo que ellos estaban viviendo. Por ejemplo, yo alcanzo a ver por lo menos tres niveles de miedo en estos hombres, aquellos apóstoles después de la muerte de Cristo. Un primer nivel de miedo de ellos es evidentemente, que después de apresar y torturar con tanta crueldad a Cristo, pues -los que seguimos somos nosotros-. Esa es una preocupación que ellos podían tener. Es decir; lo que viene para nosotros es tortura y muerte. Y eso, por supuesto, no lo quiere nadie. Ahí hay un nivel de miedo que lo podemos llamar un miedo físico. Me van a torturar, me van a apresar, probablemente me van a matar. Segundo: Hay otro nivel de miedo, que es el que tiene que ver con el sentido de lo que uno hace. Éllos habían acompañado a Cristo de camino a Jerusalén, pero como hemos comentado en otras oportunidades, lo que ellos imaginaban sobre la llegada a Jerusalén, pero sobre todo el reinado de Cristo en Jerusalén, pues era algo muy distinto, absolutamente opuesto a lo que sucedió. Quiero decir, ellos se imaginaban que esa bienvenida que le da la gente a Cristo, -Hosanna al hijo de David- era apenas el comienzo, apenas el comienzo de una época de poder y de prosperidad. Es decir, la vida de éllos ya tenía una ruta y en esa ruta estaba la victoria. Eso lo tenían claro, pero eso no fue lo que sucedió. Ellos se han quedado sin proyecto. Ellos se han quedado sin ruta. Lo podemos sintetizar este miedo con la expresión ¿Y ahora qué? Ahora ¿Qué hacemos? Es el miedo de la desorientación. El primero es el miedo físico. Este otro es el miedo existencial, el miedo de la desorientación. Y todavía podemos encontrar un nivel de miedo que tiene que ver con el futuro. Porque el futuro inmediato de ellos era gobernar con Cristo en Jerusalén, y eso pues no va a suceder, porque Cristo fue apresado y crucificado. Pero entonces, ¿Cuál es el futuro? ¿Qué es lo que sigue para el futuro? Es decir, no solo ¿Qué voy a hacer ahora?, sino ¿Qué va a pasar conmigo en el futuro? Y esa preocupación del futuro es una preocupación que muchos podemos experimentar, que casi siempre uno trata de evitar. Uno trata de no pensar en eso. Pero es una pregunta que vuelve, ¿Qué va a pasar conmigo en el futuro? ¿Qué es lo que voy a hacer en el futuro? Por ejemplo, ¿Cuál será mi vejez? ¿Cómo voy a afrontar la soledad? ¿Cómo voy a vivir? Esos miedos, entonces, tienen varios niveles. Hay un miedo físico, hay un miedo existencial, hay un miedo del futuro. La presencia de Cristo, de Cristo resucitado no soluciona instantáneamente. O, si me permites, la palabra no soluciona mágicamente esos miedos. Pero la presencia de Cristo empieza a traer una luz, empieza a traer una ruta, empieza a traer una esperanza para éllos. Así como al amanecer, poco a poco va llegando la luz, así también la luz poco a poco irá llegando a nuestras vidas, si nos abrimos durante este tiempo pascual al misterio del triunfo de Cristo y sobre todo, si lo seguimos proclamando Rey nuestro, Rey de nuestras vidas, Rey de nuestro futuro, Rey de nuestro corazón. A Él sea la Gloria por los siglos. Amén.

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