Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La misma misericordia que hizo que Cristo se encarnara y viviera oculto es la que se manifiesta también en su resurrección confirmándonos en la fe, la esperanza y el amor.

Homilía ap02011a, predicada en 20200419, con 7 min. y 0 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo! ¡Feliz Pascua para todos!. Con este segundo domingo de Pascua, estamos concluyendo la octava de Pascua. Se llama Octava, como las octavas de la música. Bien sabemos que en música, si tú empiezas en una nota y recorres ocho exactamente, llegas a la misma nota pero más alta. Por ejemplo do, re, mi, fa, sol, la, si, do. Ese segundo do va a ser una octava más alto que el primero.

Algo parecido acontece en la liturgia. Llegamos al segundo domingo de Pascua y hemos hecho una escala, una escala preciosa, que nos ha mostrado numerosos testimonios, de cómo el Resucitado se ha manifestado a sus discípulos. Este domingo ha adquirido un apellido desde hace unos cuantos años. Muchas personas lo llaman el Domingo de la Misericordia. Se debe a una decisión del Papa Juan Pablo II que acogiendo lo que está en los escritos de Santa Faustina Kowalska, llamó a este domingo, el Domingo de la Misericordia. Y eso que ha hecho el Papa nos invita a pensar en la relación entre la resurrección y la misericordia.

Debe haber una relación. Claro que sí. ¿Cuál es esa relación?, ¿Cómo se conecta la misericordia con la resurrección? Porque cuando uno piensa en la cruz y uno piensa en todo lo que sufrió nuestro Señor y en la manera como hizo oración, perdonó a sus verdugos, llamó al paraíso al ladrón arrepentido. Todas esas son muestras de misericordia, pero es un poco menos obvio encontrar la misericordia en la resurrección.

Y sin embargo, debemos recordar todos que en el Credo, en su forma larga, llamado Credo Niceno Constantinopolitano, se le llama así por dos ciudades, Nicea y Constantinopla. Porque efectivamente, en el siglo cuarto se reunieron importantísimos concilios en esas dos ciudades y fue de ahí de donde vino el credo que nosotros decimos en la Misa.

Pues bien, en ese credo se dice: -por nosotros y por nuestra salvación-. Y luego sigue: -bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó y se hizo hombre-. Pero lo que quiero destacar es esa expresión: -por nosotros y por nuestra salvación-, Y lo que tal vez se nos ha olvidado subrayar es que todo lo que se dice de Cristo, óyeme bien, todo lo que se dice de Cristo es por nosotros y por nuestra salvación.

De manera que si Él se encarnó, fue por nosotros y por nuestra salvación; si vivió como humilde obrero artesano en Nazaret, fue por nosotros y por nuestra salvación; si se fatigó en los caminos de Galilea o de Samaría, si luego padeció en la cruz, fue por nosotros y por nuestra salvación.

En esa misma línea, debemos afirmar también, que si ha resucitado, fue por nosotros y por nuestra salvación. Porque en cuanto Verbo de Dios, Jesucristo nunca iba a dejar de ser Dios. La unión con el Padre, la unión que el Hijo tiene con el Padre no es una unión que dependa de los azares, los cambios, la aceptación o el rechazo que pueda darse en la historia humana.

Es decir que también la resurrección fue por nosotros y por nuestra salvación. Y cuando uno cae en cuenta de esto, seguramente descubre también que la misma misericordia que hizo que Él se encarnara y que viviera oculto, y que ayunara en el desierto, y que se esforzara como lo hizo, esa misma misericordia, es la misericordia que se manifiesta también en su resurrección. Este enunciado general yo creo que ya nos da una ruta interesante y muy clara.

Pero conviene precisar más. ¿Por qué hay misericordia? ¿En qué sentido hay misericordia en el Resucitado? Las apariciones nos muestran que el Resucitado no se manifiesta para llamar a cuentas a sus Los discípulos, que sería algo, diríamos muy humano, ¿no? ¿Ustedes por qué me abandonaron? ¿Ustedes por qué me traicionaron? Tampoco se. . . manifiesta el Resucitado para condenar a los que lo condenaron a Él.

Entonces las manifestaciones del Resucitado tenían un propósito diferente. Y si estás pensando lo que yo estoy pensando. Esas manifestaciones fueron por nosotros y por nuestra salvación. Fueron actos de misericordia. Mira, fue un acto de misericordia que Él llamara por su nombre a María Magdalena y que la constituyera en Apóstol de los Apóstoles. Y fue un acto de su misericordia, cuántas veces Él repitió ¡Alégrense!, y cuántas veces Él repitió: "No tengan miedo" . Estas son palabras llenas de ternura, son palabras llenas de compasión y son palabras que nos muestran a un Dios misericordioso.

Pero todavía hay más, si nos damos cuenta, a lo largo de sus manifestaciones, Jesucristo estaba confirmando en la fe. Estaba levantando la esperanza y estaba preparando a esos apóstoles para darles la efusión de un amor que los haría fuertes, fuertes hasta el martirio.

Entonces el Resucitado se manifestó, no porque Él necesitara nada de nosotros, no porque le faltara algo a la perfectísima unión que tiene con el Padre, sino solamente para ayudarnos en nuestra fe y en nuestra esperanza y en nuestro amor. Ese es Jesús. Esa es su manera de obrar.

Y por eso, qué bueno celebrarlo en esta ocasión como el Señor de la Misericordia. A Él alabanza y gloria. Amén.

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