Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La oración colecta del Domingo II apunta a la dimensión trinitaria de la Pascua: Bautismo que nos hace hijos del Padre; efusión del Espíritu; valor de la Sangre del Hijo.

Homilía ap02010a, predicada en 20170423, con 33 min. y 44 seg.

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Transcripción:

Amados hermanos. Las oraciones y las lecturas del día de hoy. Tienen un aspecto que podemos llamar trinitario. Sin forzar las cosas. Vamos a ver que el número tres es bien importante en este día. Observemos que en la oración propia de este día domingo segundo de Pascua. Le pedimos a Dios ¿Qué? La oración dice así: -Dios de eterna misericordia, que en la celebración anual de las fiestas pascuales reavivas la fe del pueblo santo, acrecienta en nosotros los dones de tu Gracia para comprender verdaderamente-. Eso es lo que le vamos a pedir a Dios. Comprender verdaderamente ¿Qué? Tres cosas: A propósito de los que tienen esta hoja, lo pueden seguir ahí en la página de entrada. Las tres cosas que pedimos el día de hoy; para que se vea cómo esto tiene una hermosa estructura trinitaria.

Primera cosa: -Que comprendamos verdaderamente la inestimable grandeza del bautismo. Grandeza del bautismo que nos purificó. -Luego: Del espíritu que nos regeneró. Y, -De la sangre que nos redimió. Tres. Este día, en que la Iglesia cierra la octava de Pascua. Estamos haciendo como un balance de cuáles son los regalos que nos dio el Señor en su Pascua, y los tres grandes regalos de la Pascua están en esas tres palabras: El bautismo. El Espíritu. Y la Sangre.

El bautismo. Dice aquí que nos purificó; el Espíritu que nos regeneró, y la sangre que nos redimió. Esas tres realidades tienen que ver con tres sacramentos de nuestra Iglesia Católica. El primero es evidente, el Bautismo. Pero luego nos habla del Espíritu, el sacramento en el que particularmente pedimos el sello del Espíritu es. . . La Confirmación. Y luego nos habla de la. . . Sangre. Y el sacramento en el que particularmente contemplamos, adoramos y nos unimos a la sangre de Cristo es. . . La Eucaristía. ¿Sí ves? Tenemos bautismo que nos purificó. Espíritu que nos regeneró. Sangre que nos redimió. Y esos tres elementos que son los tres grandes tesoros de la Pascua, son también los sacramentos de la iniciación cristiana.

Llegamos a ser cristianos a través de esos tres sacramentos el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, donde aprendemos que el tiempo de la Pascua es un tiempo para renovar uno; la base, la fuente, el cimiento, de su vida cristiana. El Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. Pero también aparecieron tres verbos, junto con estas tres realidades sacramentales aparecieron tres verbos que ya los he dicho algunas veces. El Bautismo nos purificó. El Espíritu nos regeneró, la Sangre nos redimió. El Espíritu nos purifica. Quiere decir que nos limpia de toda idolatría y de toda consecuencia del pecado.

El Bautismo hace esa realidad en nosotros, bautismo que nos purifica, es decir, ahí está la realidad del perdón. El Espíritu nos regenera, la regeneración, oiga, "re-generación", generar de nuevo. Eso ¿Cómo se llama? Vida Nueva. Entonces, primero está el perdón, después está la vida nueva y luego aparece la sangre que nos redimió. Es muy bonita la etimología del verbo redimir. Redimir viene del verbo latino -Emere-, que quiere decir comprar. De manera que redimir literalmente quiere decir recomprar, recuperar. En muchos lugares existen casas de empeño. Una persona tiene una deuda y necesita dinero. No tiene dinero, pero tiene algo precioso. Por ejemplo, una joya. Va a la casa de cambio y deja en prenda esa joya y le dan dinero, que es lo que necesita.

Si felizmente su situación económica mejora después de un tiempo, ¿Qué es lo que hace la persona? Recupera esa joya preciosa. Tiene que llevar el dinero que le dieron y un poco más. Y con eso redime. Eso es lo que significa redimir, recuperar, pagando un precio. Eso fue lo que hizo nuestro Señor Jesucristo, con su sacrificio bendito en la cruz. Cristo en la cruz, derramando su sangre, nos recuperó para el Padre. Como dice el apóstol San Pablo en su carta a los Colosenses: "Nos arrancó del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo querido". Observemos entonces que la redención significa ser liberados de la cautividad del pésimo amo que nos tenía cautivos, que nos tenía esclavos. Entonces, las tres grandes palabras de la Pascua son: El perdón, expresado por el Bautismo que nos purifica, la vida ¡¡¡nueva!!! expresada por la fuerza del Espíritu que nos regenera. Y luego ¡¡¡la liberación!!! expresada por la fuerza de la Sangre de Jesús que nos ha recuperado para Papá Dios.

O sea que el tiempo de la Pascua es el tiempo para experimentar la fuerza del perdón, la fuerza de la vida nueva y la fuerza de la liberación. Por eso, con un saludo muy especial y cariñoso a quienes vienen de los grupos de oración de la Renovación Carismática. Usted se da cuenta que el lenguaje de la Pascua es el lenguaje de la Renovación Carismática, Perdón y sanación, Vida nueva, liberación. Lo que sucede es que eso no se lo inventaron los carismáticos, eso se lo inventó Jesús. Es Jesús el que se inventó esta fuerza de liberación. Entonces, ahí está el aspecto trinitario Bautismo, Confirmación y Eucaristía, purificación, regeneración y redención, perdón, vida nueva y liberación. Es un movimiento trinitario. Pero quien dice movimiento trinitario pues ya tiene que pensar en Dios, que es un solo Dios, en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu.

Y por supuesto, las tres Divinas Personas están en esto que estamos explicando, porque el Bautismo me hace hijo de Papá Dios. La Confirmación trae a mi vida la fuerza del Espíritu Santo y la sangre me hace partícipe del amor quemante, transformante, liberador del Hijo. O sea que ahí están las tres Divinas Personas, solo que enunciadas en ese orden particular Dios Padre, Dios Espíritu, Dios Hijo. Ese es el orden en el que aparecen. Esto se llama el movimiento Trinitario, la dinámica Trinitaria de la Pascua. Y ¿Cómo voy a saber yo si he aprovechado la Pascua? Lo voy a saber fácilmente si estoy experimentando que soy perdonado por un Dios que me ama y que arranca de mí toda idolatría.

Si soy regenerado y tengo vida nueva y puedo cantarle como antes no le cantaba. Y si soy liberado, mis cadenas han sido rotas y ha empezado para mí una nueva etapa. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Dimensión y dinamismo trinitario. Si vamos al Santo Evangelio, amados hermanos, vamos a encontrar también este dinamismo. Y de nuevo, no tengo que forzar nada. Nada tengo que forzar. Ustedes lo puede ver en el Santo Evangelio. Ubíquese en la página donde está el Santo Evangelio para que usted vea las maravillas que estamos encontrando. Ahí está.

¿Qué era lo que estaba pidiendo Tomás el apóstol? A Tomás le decían: "Hemos visto al Señor". Pero en el fondo lo que está buscando Tomás es la huella y la certeza de la sangre. Y por eso Jesús le dice: "Aquí, -aquí- están, mis manos, aquí está, mi costado". Ahí está la evidencia de la sangre. Hermosas reflexiones hacen los santos predicadores de la antigüedad sobre este dato. Aunque el Cristo resucitado es humanidad glorificada que se levanta hacia el Padre, por piadosa dignación de Dios. Las huellas de los clavos y de la lanzada quedaron en el Resucitado para toda la eternidad. ¿Por qué quiso Cristo que quedaran las huellas de los clavos y las huellas de la lanzada en su cuerpo? Porque esa es la oración perenne que Él levanta por nosotros.

Cristo en el cielo está orando por nosotros, no con largos discursos, la oración de Cristo son sus llagas abiertas, sus llagas eternamente frescas, flores de una primavera que jamás se marchita. ¿Cómo ora Cristo por ti hoy? Mostrando sus llagas. Son sus llagas frescas las mismas que vio Tomás, la oración permanente que recuerda el manantial de la sangre. Y de esas llagas frescas podemos decir que bebe la Iglesia, y de esas llagas frescas podemos decir que bebemos nosotros, que somos Iglesia suya. En la Divina Eucaristía. De manera que cada vez que recibimos la sangre de Cristo, estamos acercándonos a las llagas frescas del Señor. Ahí está la presencia de la sangre que redime en el Evangelio de hoy.

¿Estará presente la acción del Espíritu Santo? Mire usted el texto que lo tiene ahí, y usted se da cuenta de que aparece claro que aparece el Espíritu Santo. Jesús los saluda utilizando la fórmula tradicional del pueblo hebreo Shalom. En griego se oye tan hermoso: "Eirene hymín" nosotros traducimos: -La paz sea con ustedes-. Ese es el saludo de Cristo. Pero después añade después de saludar, -¿A ustedes no les parece muy hermoso Jesucristo, que primero saluda y luego si habla, lo que tiene que decir?- Con qué cortesía ¿No?, fue echado de esta tierra con todo género de violencia? Y Él, cuando llega todo pulcro, todo cortés, empieza por saludar, como diciendo: -Perdón que les interrumpa-. Shalom, Eirene hymín; paz con vosotros. Y después de saludar, ¿Qué es lo primero que dice? Dice esto: "Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes". Ahí está el padre. ¿Y qué más dice? -Al decirles esto; Sopló, sopló sobre éllos-. No se extrañen las familias que van a recibir la bendición al final.

No se extrañen de que este servidor de ustedes va a utilizar el mismo gesto de Jesús sobre cada familia por la que voy a orar. Yo voy a repetir el gesto de Jesús. Voy a soplar. Voy a soplar ¿Pensando en qué? En el gesto de Jesucristo sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo". ¿Sí lo ve? "Como el Padre me envió, los envío yo". Ahí está el Padre. "Reciban el Espíritu Santo". Ahí está el Espíritu. "Aquí están mis llagas", ahí está la sangre. Hermanos, este es un Evangelio trinitario. Esto es la belleza del encuentro con el Dios vivo, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta es la belleza de saber que recuperamos nuestras raíces. ¿Cómo podemos aplicar a nuestras familias estas hermosas enseñanzas?

Porque la Pascua, amados hermanos, no es una realidad individual. Precisamente porque la Pascua me introduce en el misterio del Dios Uno y Trino, la Pascua también es la fuente de donde surge la comunidad, la Comunión Eclesial. ¿Cómo se puede hacer realidad esta belleza, en la familia? Bueno, pues hemos dicho que son tres regalos. . . el perdón, la vida nueva y la liberación. Gracias a Dios hay una justa en Israel. Y ahora yo les hago una pregunta: En la vida de la familia, ¿No será que es importante el perdón? No lo digo yo, hermanos. Yo trato de no ser original como predicador. La Iglesia no me ha llamado a que yo sea original. A usted no le sirven las ideas que a mí en mi fantasía me surjan. A usted le sirven las palabras y las realidades que vienen de Cristo, de los apóstoles y de la Iglesia.

Entonces, no lo digo yo. Fíjese lo que nos decía el Papa Francisco hace unos meses. No exactamente a nosotros, sino a un grupo de familias. Les decía Oiga, esta frase del Papa Francisco: "Sin el perdón es imposible la vida de pareja, la vida de familia" Es imposible. Entonces, los tres grandes regalos de la Pascua son, según dice aquí, la justa en Israel, el perdón, la vida nueva y la liberación. Y las tres las necesitamos en la familia, necesitamos familias que sean capaces de perdonar. Porque la incapacidad de perdonar significa una guerra perpetua. Familias capaces de perdonar. ¿Y cómo va a ser eso posible?

Como bien lo enseña Cristo en el Evangelio, las únicas personas incapacitadas para perdonar, son las personas que se creen perfectas, buenas, justas e incapaces de equivocarse. La persona que tiene conciencia de sus errores, de sus equivocaciones, esa persona. Ya tiene una cierta capacidad de perdón. Entonces, si el primer regalo de la Pascua es el perdón, yo pregunto ¿Qué tan importante es eso para la familia? Y la respuesta me la da el Papa Francisco. "Sin el perdón no es posible la vida de familia". Pero para que haya perdón en la familia, ¡¡¡cada uno!!! tiene que entrar en su corazón, tiene que entrar en su realidad. O como dice la doctora de la Iglesia Catalina de Siena: -Tiene que entrar en el conocimiento de sí mismo en su celda interior-.

Porque cuando aprendo a reconocer que soy persona que se equivoca y que está en camino, soy capaz también de entender que los hijos, que el papá, la mamá, el esposo, la esposa están en camino. El regalo de la Pascua es regalo para la familia, vida nueva. El perdón siendo un regalo tan precioso, de todas maneras, está mirando por el retrovisor a lo que pasó. La vida nueva está mirando hacia lo que vendrá. Y de verdad que necesitamos familias nuevas, familias renovadas, familias que tengan experiencia de vida nueva. ¿Por qué las familias tienen que tener esa experiencia de vida nueva? Porque de otra manera serán familias colonizadas, invadidas, invadidas por los valores que son disvalores de este mundo.

-Cuando uno no tiene una vida propia, empieza a tener una vida prestada-. Cuando uno no tiene una vida propia, empieza a tener una vida prestada. ¿Qué significa eso? Que si usted no sabe ¿Qué es ser varón? Usted va a esperar a que la publicidad, los medios de comunicación, la opinión pública, las celebridades que estén de moda le enseñen qué significa ser hombre o qué significa ser varón. Si usted como mujer no tiene un principio de vida nueva en usted, entonces usted va a tratar de aprender a ser mujer a partir de lo que diga la publicidad, las revistas que se venden en los supermercados, los programas de televisión, las celebridades que salen en los noticieros. Ésas serán las personas que le van a enseñar a usted qué significa ser mujer.

Pero en una pareja donde ella está aprendiendo a ser mujer a partir de la televisión y él está aprendiendo a ser hombre a partir de Internet. Entonces será el matrimonio de Internet con la televisión; y de ahí ¿Qué surge? El WhatsApp. Que son los hijos, entonces, dese cuenta que si usted no tiene una vida propia, si usted no sabe lo que es ser papá, si usted no tiene por dentro vida, una fuente de vida, que lo haga ser varón, que lo haga ser esposo y que lo haga ser papá. Usted va a depender de lo que el mundo le diga que son esas cosas. Y resulta que el mundo es experto hoy en llevarnos a donde quiere y como quiere. Por eso la familia necesita Vida Nueva. La familia necesita un principio vital interno. Por eso es indispensable que las familias aprendan a orar juntas.

Esposos esposos. Ustedes hacen oración juntos. Yo sé que ustedes hacen muchas cosas juntos. Se divierten, comen, pasean, acampan, a veces en lugares exóticos. Yo sé que ustedes tienen su intimidad como marido y mujer, apenas natural. Ustedes se juntan para muchas cosas. ¿Se juntan para orar, se juntan para sentir la vida nueva de Dios que les va marcando el camino? ¿Ustedes oran con sus hijos para que Dios le muestre a esa pequeña barca que tiene como timonel al varón? Ustedes. ¿Ustedes de verdad oran para que esa pequeña barquita, esa iglesia doméstica, llegue a buen puerto? Si no estamos orando como familia, ¿Qué de extraño tiene que se hundan tantas barcas? Vida nueva mis hermanos, Vida nueva.

Si no tenemos vida nueva en nosotros, estamos dependiendo de una vida prestada y la vida prestada se llama Internet, se llama televisión; se llama WhatsApp, se llama lo que sea. Y ciertamente a Internet no le interesa mucho si yo me divorcio o yo me caso, o yo me separo o yo me suicido. Y a la televisión no le interesa otra cosa, sino que yo produzca dinero a los que hacen televisión. Entonces yo necesito para la familia, necesito perdón y para la familia necesito vida nueva y para la familia necesito liberación. Este es de los aspectos en los que la Renovación Carismática más ha insistido. Tiene base bíblica. Capítulo sexto de la Carta a los Efesios: "Nuestra lucha no es únicamente contra la carne y la sangre. Estamos luchando contra los espíritus del mal", y la familia tiene que luchar contra los espíritus del mal. Porque viene de Satanás la presión para que en todas partes se aborte.

Hay un barco que salió de Italia, eh, Perdón, de Holanda. Lleva por nombre -Women on Waves-. Mujeres sobre las olas. Ese es un barco que lleva algunos doctores o doctoras, enfermeros o enfermeras y que se dedica a practicar abortos. Ese barco lo que hace es acercarse a los países donde está prohibido el aborto o donde está limitado el aborto y lo que hace es invitar a las niñas o mujeres que quieren abortar para que se vayan en ese barco y salgan del mar territorial del país respectivo. Por ejemplo, hace poco estuvieron en Guatemala. Guatemala es un país que tiene prohibido el aborto.

Entonces el barco de Women on Waves, que es un barco de asesinos, ese barco de asesinos que nunca se sacia de derramar sangre de fetos humanos, Ese barco llega a Guatemala y hay mujeres, enfermeras y doctoras y doctores que están en ese barco con sus herramientas listas para matar más fetos y llegan a Guatemala. Gracias a Dios, Bendito sea el gobierno guatemalteco se plantó y les dijo: -Ustedes se van de aquí- y no los dejaron. Dieron una vuelta, acaban de llegar a México para lograr que niños y niñas mexicanos mueran. Si eso no le habla a usted del poder de Satanás, si eso no le habla a usted de las estrategias del demonio. Yo no sé qué idea tiene usted sobre el demonio. Y la familia está siendo atacada por todas partes. El cardenal Jorge Mario Bergoglio, hoy Papa Francisco, refiriéndose a esa perversión llamada ideología de género, ese pretender que podemos negar la biología para que yo pueda considerarme lo que yo sea y casarme con quien yo sea. Eso lo aseguró Jorge Mario Bergoglio siendo cardenal. Es una estrategia del demonio.

Recientemente, el Cardenal Rivera, Cardenal Primado de México, tuvo el valor, Dios lo bendiga. Dios lo bendiga. Tuvo el valor de decir en público: "Es del diablo, eso de pervertir la biología, de pervertir la naturaleza, de negar la naturaleza; eso es del demonio". Lo cual no significa que nosotros vamos a ser ni agresivos ni irrespetuosos con las personas que tienen una tendencia transexual u homosexual. Son problemas distintos. El respeto para cada ser humano está claro, pero la idea, óyeme bien lo que estoy diciendo; la idea, la idea de que se puede eliminar la naturaleza y que puede quedar únicamente la voluntad autocreadora de un ser humano que se hace a sí mismo como una especie de Prometeo del siglo XXI.

Esa idea, nos dice el Cardenal Rivera, es satánica. Si ustedes examinan los enemigos que están destruyendo la familia van a encontrar por todas partes al enemigo. No es que uno esté obsesionado con el diablo. Claro que no. Pero uno se da cuenta dónde está el origen de todo eso. ¿Por qué el demonio se ceba contra la mujer; por qué el demonio se ceba contra la familia? Porque en el vientre de todas ustedes, queridas amigas respetadas, señoras, señoritas y niñas, en el vientre de ustedes está todo el futuro de la humanidad. Toda la humanidad está en los vientres de ustedes, y en la confusión y la perversión sobre la sexualidad. Es finalmente una confusión y perversión sobre la mujer y sobre la pareja y sobre la familia. ¿Por qué? Porque ahí está todo el futuro de la humanidad.

Nosotros los varones no tenemos esa capacidad, la tienen ustedes, las mujeres. Por eso el ataque a la mujer desde Génesis capítulo 3. Siempre la mujer es la primera atacada y por eso toda forma de agresión, de desprecio, de irrespeto o de uso objetivante de la mujer, forzosamente tiene el perfume asqueroso, el olor hediondo de Génesis capítulo 3. Eso quiere decir que para defender la familia se necesita también -Li be ra ción-. Tenemos que reclamar el poder de la sangre de Jesucristo para que defienda la familia. Me están llegando cifras escandalosas sobre lo que está sucediendo con las parejas en este amado país. Me están diciendo que más del 70% de los matrimonios acaban en divorcio. Yo digo: ¿A los bolivianos no les interesa su futuro? Pero, hay herramienta, hay arma, hay camino.

El camino es defender la vida, ¡¡¡El camino es defender la familia!!! ¡¡¡El camino es unirnos, unirnos en oración!!! ¡¡¡Clamarle a Cristo Jesús!!! clamarle ¿Qué? Los tres regalos que nos perdone, que nos dé vida nueva y que nos libere. Porque hay criminales que son capaces de viajar desde Holanda, hasta Guatemala, hasta Colombia, hasta México, solamente, solamente para darse el gusto de matar un feto humano. Mientras haya ese tipo de personas, tenemos que saber que existe con gran fuerza la acción del maligno en nuestro tiempo. No queremos para esas personas otra cosa, sino su conversión.

No pedimos otra cosa sino su conversión. Cerramos aquí nuestro, nuestra reflexión, hermanos. Resumen: Este es un evangelio trinitario Bautismo, Confirmación y Eucaristía. El Padre, el Espíritu Santo y el Hijo. Las llagas de Cristo. El soplo de Cristo y el encargo de Cristo. El perdón de Cristo. La regeneración que solo Cristo trae y la liberación que tanto anhelan nuestras familias. Vamos a seguir esta celebración, queridos hermanos, desde el corazón les invito, les exhorto, les suplico unidos a Jesús, unidos a su Palabra, unidos a su oración, unidos al poder de su Espíritu en defensa de todos, especialmente de los más débiles.

Amén.

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