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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Tengamos gran misericordia para quienes tienen dificultades para creer en la resurrección de Cristo, teniendo al mismo tiempo claridad y firmeza en nuestra fe.
Homilía ap02008a, predicada en 20170423, con 6 min. y 19 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! Como vivimos en tiempos de dura incredulidad, no solamente en personas con poca formación en la fe, sino también en gente que ha tenido bastantes estudios de religión y de teología. El Evangelio de hoy resulta particularmente elocuente porque lo que nos muestra es cómo un apóstol que había estado con Cristo, que había sido formado por Cristo, que había convivido con Cristo, encuentra, sin embargo, difícil de aceptar la noticia de que ese Cristo al que sabe crucificado y muerto ha resucitado, le resulta imposible aceptar la resurrección. También resulta imposible de aceptar para muchas personas de nuestro tiempo. La verdad es que afirmar que el mismo que fue torturado y murió en la cruz, ahora vive y está rebosante de Gloria y va delante de nosotros camino del Padre. Eso resulta difícil de aceptar, porque las evidencias de la ciencia, las evidencias del sentido común, van completamente en contra de semejante afirmación. Nuestra experiencia es exactamente lo contrario. Nosotros sabemos que si una persona muere, se queda muerta. Es lo mismo que sabían aquellos que vivieron en el siglo primero. El que muere se queda muerto. Y es lo mismo que sabe Tomás, el apóstol que aparece en el texto del Evangelio de hoy. Para él es perfectamente claro si alguien muere, se queda muerto. Pero llega una noticia a oídos de Tomás. Los demás compañeros, los demás apóstoles, le dicen: "El que ha muerto ahora vive". Y aunque Tomás tenía conciencia del poder de los milagros de nuestro Señor Jesucristo. Esto ya le parece demasiado. No logra aceptarlo, no logra creer. Lo que hay que destacar en este punto es la misericordia de Jesucristo, que trata con tanta paciencia y pedagogía a este apóstol escéptico, en lo cual hay una lección también para nosotros. El camino que hemos de tomar con aquellas personas que tienen tantas dificultades para creer no es el camino del rechazo, no es el camino del desprecio, no es el camino del orgullo y la superioridad. El único camino es el de una sana pedagogía, el de un testimonio lleno de amor y el de una firmeza como la que tuvo Cristo con Tomás. Porque Tomás decía: "Si no meto mi dedo en el agujero de los clavos, si no meto mi mano en su costado, no creeré". Y Cristo con firmeza le responde en el mismo lenguaje: "Aquí están mis manos, mete tus dedos; aquí está mi costado, mete tu mano". Esa firmeza de Cristo que pareciera la de un desafío, no es en realidad un reto. Es una invitación de amor. Es una invitación que brota de la inmensa misericordia del Señor. Pues hemos de tener presente este mensaje para también nosotros tratar con esa misma misericordia a las personas que encuentran dificultades para creer. Al mismo tiempo, sin embargo, debemos estar claros en nuestra propia fe. Si nosotros nos dejamos llevar por aquellos que niegan la resurrección corporal de Cristo, entre los cuales, repito, hay gente con muchos estudios y hay gente con doctorados y todas esas cosas en teología. Si nosotros nos dejamos llevar por éllos. Yo hago esta pregunta: ¿Qué queda realmente del Evangelio? No me refiero al mensaje moral, porque quienes niegan la resurrección de Cristo, la resurrección corporal, siempre nos dicen que el cristianismo consiste en trabajar por la paz, la solidaridad, la justicia. Y entonces uno puede responder: -Pero es que para trabajar por la paz, la solidaridad y la justicia no se necesitaba todo ese sufrimiento de Cristo-. Ya los profetas del Antiguo Testamento hablaron con suficiente elocuencia sobre la necesidad de servir al pobre, de ayudar al necesitado, de defender los derechos del oprimido. Así que para eso no se necesitaba Cristo. Y sobre todo, y esto es mucho más grave; si nosotros nos atrevemos a negar relatos que hablan tan claramente de la resurrección y de las apariciones del Resucitado, pues entonces: ¿Por qué no aplicarle el mismo método a otras partes de la Biblia? Si cuando la Biblia dice, por ejemplo, que Cristo se apareció a sus discípulos y les dijo: "Tóquenme; un fantasma, no tiene carne y huesos como ustedes ven que yo tengo". Sí, un relato tan claro como ese puede ser retorcido para que niegue exactamente lo que está diciendo que es la resurrección corporal; entonces, ¿Por qué no podemos afirmar que todos los demás textos de la Biblia también pueden ser retorcidos y ninguno en realidad dice lo que parece decir? O sea que la negación de la resurrección del Señor es también la negación de la Biblia entera. Si yo puedo tomar los relatos de la resurrección, de las apariciones del Resucitado, y puedo retorcerlos para que nieguen exactamente lo que están diciendo, con el mismo método, puedo retorcer cualquier parte de la Biblia para que diga solo lo que a mí me interesa, o lo que está de moda o lo que el mundo hoy está dispuesto a aceptar. Por eso, hermanos, gran misericordia con los que tienen dificultades para creer, pero al mismo tiempo gran claridad y firmeza en nuestra fe. Amen.

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