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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

En día de la canonización de Juan XXIII y de Juan Pablo II: la misericordia es la primera invitación de Dios a la santidad.

Homilía ap02007a, predicada en 20140427, con 4 min. y 37 seg.

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Transcripción:

El 27 de abril del 2014. Es una fecha que con seguridad vamos a recordar muy bien. 27 de abril de 2014 Segundo domingo de Pascua Según la liturgia de nuestra Santa Iglesia Católica. Y debido a un decreto del Papa Juan Pablo II. Este segundo domingo de Pascua es conocido como el Domingo de la Misericordia. Pero hay algo muy particular en este Domingo de la Misericordia es precisamente la fecha de canonización del mismo Papa Juan Pablo II, fecha también en que es canonizado el Papa Juan XXIII, llamado el Papa Bueno, Angelo Roncalli. Karol Wojtyla, un italiano y un polaco que desde el 27 de abril de 2014,son reconocidos una vez y para siempre como santos dentro de nuestra Iglesia.

Yo quiero relacionar la santidad y la misericordia, porque es precisamente la misericordia la que nos introduce en el plan de Dios. Atrapados en las redes de nuestros pecados y luego atrapados en las redes de la culpa, y luego atrapados en las redes del cinismo y finalmente atrapados en las redes de la desesperación. ¿Qué sería de nosotros? La tentación, el pecado, la culpa, el cinismo, la desesperación. Son estas las principales redes con las que el espíritu de las tinieblas ataca nuestra fragilidad.

Y la verdad es que la mayoría de de nosotros conocemos bastante bien el poder que tienen esas redes y la manera como nos sentimos prisioneros. Unos de la desesperación y la tristeza, otros del cinismo y la trivialidad, otros de la culpa y la amargura, otros de los vicios que incluso rechazan, otros de la persistencia de sus tentaciones. Por eso, cuando llega el rocío bendito de la misericordia, que se expresa particularmente en la persona y en la Palabra de Jesús, todo cambia, porque esa misericordia nos permite ver a Cristo también en su propia tentación que es vencida.

Esa misericordia nos permite recibir perdón de nuestros pecados y fuerza nueva para no recaer. Esa misericordia de Cristo sirve también para que nosotros, así renovados, podamos elevar nuestra conciencia moral y no sucumbir simplemente a cómo son las cosas. Al contrario, iluminados por la misericordia, no nos limitamos al ser de las cosas, sino que emprendemos la marcha hacia el deber ser. No basta con constatar que hoy por hoy hay mucha gente que ofende a Dios, que mata al prójimo, que desprecia la dignidad de la vida, que la familia se destruye; no, el cristiano no es uno que se limita a constatar.

Tiene esa Gracia, ese poder del Espíritu y sabe que lo que ha recibido para sí mismo Dios lo puede dar también para otros. Y, por supuesto, esta es la raíz de su esperanza. Hombres de esperanza, hombres de oración, hombres de espíritu, testigos valiosísimos de la Divina Misericordia. San Juan XXIII ruega por nosotros. San Juan Pablo II. Ruega por nosotros.

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