Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El reino de Cristo se manifiesta ya en este mundo con la acción transformante de su amor y de su gracia.

Homilía ao34011a, predicada en 20201122, con 15 min. y 46 seg.

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Transcripción:

Mis hermanos, esta fiesta bella de Jesucristo, Rey del Universo, viene a cerrar de alguna manera el año litúrgico, como decíamos al comienzo de la Misa. Puede decirse que la plenitud del misterio de Cristo, la plenitud de la victoria de Cristo, todavía no aparece. Es verdad que Él en su persona ya resucitó. Es verdad que el cuerpo que colgó de la cruz ya está glorioso a la diestra de Dios Padre. Sin embargo, debemos decir que la victoria de Cristo todavía no es completa y no es completa por tres razones.

Primera, porque todavía vemos muy revuelto el mal con el bien. Por eso las lecturas de hoy enfatizan en cómo Dios, en su calidad de pastor y de juez, va a separar la confusión en la que nosotros vivimos. La ambigüedad permanente en la que estamos no muestra el señorío de Cristo. Incluso en algunas instituciones de la Iglesia a veces nos quedamos perplejos. Vemos cosas buenas, pero cosas que nos preocupan o nos frustran. Entonces no aparece todavía la plena victoria de Cristo. Segundo, no aparece toda la victoria de Cristo por otro motivo. Y es que el bien que hay en ti, y en ti y en mí, en cada uno de nosotros, todavía no ha dado su pleno fruto.

Nosotros hemos recibido semillas, la semilla de la Palabra, hemos recibido talentos, como nos decía una parábola hace poco. Pero todavía el fruto pleno de lo que nosotros podemos dar todavía no ha aparecido. Y nos dice Cristo en el Evangelio según San Juan: "Yo los he destinado para que ustedes vayan y den fruto, un fruto que permanezca". Ese fruto todavía no aparece. De tal manera que todavía la victoria de Cristo está por aparecer en su plenitud. El tercer argumento que nos muestra que todavía no aparece toda la victoria de Cristo, es el hecho de que tenemos muchas inseguridades y miedos, incluso en nuestra propia fe, que es lo más grande que tenemos en esta tierra. No hay una certeza absoluta de perseverancia. Por algo Cristo nos dice. . . "El Espíritu es animoso, pero la carne es débil. Oren, oren para perseverar". Y en otro lugar nos dice: "El que persevere hasta el final se salvará".

Como todavía no se ha dado esa perseverancia perfecta, todavía tenemos mucha incertidumbre y muchos temores. Quién de nosotros sería tan irresponsable, tan temerario como para decir, -Si viene una persecución, yo aguanto y venzo- No, eso sería cometer la misma imprudencia del apóstol Pedro que en la última cena le decía a Cristo: -Aunque tenga que morir por ti, yo seré fiel-. Y ya ve con qué salió al fin. Entonces la victoria de Cristo todavía no aparece en plenitud. Y por eso esta fiesta de Cristo Rey nos lanza al límite último de la historia, donde esperamos que aparezca con toda claridad esa victoria del Señor.

Aprendamos o recordemos tres cosas sobre esta victoria de Cristo. Son muy útiles para nuestra vida cristiana. Primera: Démonos cuenta, mis hermanos, que en Cristo servir y reinar van juntos. Los poderes de este mundo, como lo dice el mismo Cristo, tienen la característica de que cuanto más encumbrada es una persona, más espera que le atiendan y que le sirvan y que se plieguen a sus gustos o reclamos. Pero nosotros vemos que en Cristo no es así. Precisamente en la Última Cena el Señor les dijo estas palabras. -Ustedes me llaman el Maestro y el Señor, y dicen Bien, porque lo soy. Si yo, que soy el Maestro y el Señor les he lavado los pies, ustedes deben hacer lo mismo-. En Cristo. Servir y reinar van unidos. Al principio parece una contradicción.

Asociamos el servicio ante todo con las personas que tienen poca influencia y que tienen que prestar sus manos y su fuerza para cumplir los deseos o las órdenes de otros. Pero la verdad es que el servicio y el reino están unidos en Cristo y deben estar unidos también en nosotros. En efecto, ¿Cuál es la llave que abre, el corazón humano? No es la violencia. La persona que te maltrata, la persona que se impone a ti con agresión es la persona que tú detestas y es la persona que en cuanto puedas la quitarás de tu vida. No es la sola fuerza, no es la sola inteligencia. Cuando descubres que una persona cerca de ti es muy inteligente pero que no tiene buen corazón, tú más bien lo que sientes es, -Tengo que cuidarme de esa persona. Es peligrosa, Es astuta-. Tú no quieres a esa persona en tu vida Ni la sola inteligencia, ni el solo dinero, ni el solo poder, realmente tienen dominio sobre el corazón humano.

El corazón humano se abre muy poco a poco a través de la confianza, a través del cuidado, a través del amor. Aquella persona que se interesa por tu bien, aquella persona que gasta tiempo contigo, sobre todo escuchándote en las horas de necesidad, Esa es la persona que realmente va entrando en tu corazón, esa persona que tú sabes que realmente te quiere, esa es la persona que quieres tener cerca. Y cuando esa persona te dice algo, Cuando esa persona te da un consejo, tú le pones cuidado porque tú sabes, es alguien que me quiere, es alguien que busca mi bien. Así se nota cómo no están tan lejos el servicio y el reinado. Cristo es el gran servidor, ante todo servidor de la voluntad del Padre, pero también servidor nuestro que ha lavado nuestros pies para que nos purifiquemos del camino recorrido y para que nos podamos sentir en casa.

Cristo se ha hecho servidor nuestro sanándonos enfermedades del cuerpo y del alma, perdonándonos nuestros muchos pecados, mostrándonos el camino. Y te aseguro, a medida que vas conociendo más lo que Cristo ha hecho por ti, también se abre más y más tu corazón hasta el día en que descubres algo maravilloso. Que el corazón de Él se abrió primero. Y es así como el servicio se convierte en lenguaje de amor que hace que Cristo cada vez tenga más y más poder en nosotros. Por eso en Cristo servir y reinar están siempre unidos. Segunda de tres enseñanzas que vamos a compartir hoy. El reinado de Cristo es universal. Es una de las palabras que se utiliza con toda propiedad en esta bella fiesta de Cristo Rey. Él es Rey universal. Por eso dice aquí el título Solemnidad de nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo.

¿Qué significa Rey universal? Quiere decir que la galaxia Andrómeda, la que está más cercana a nuestra galaxia, la Vía Láctea, ¿También le pertenece a Cristo; es un asunto simplemente de territorios, de geografía? Más que eso, Jesucristo es Rey universal porque su reinado de amor y de gracia quiere tocar todos los aspectos de nuestra vida. Esto es bueno recordarlo en esta fiesta, porque es posible que ya hayamos recibido a Jesucristo en nuestra vida, pero todavía no le dejamos reinar en algunas áreas, en algunos aspectos de nuestra vida. Así, por ejemplo, hay personas que reciben gozosamente a Cristo y tienen una cierta piedad, pero a la hora de manejar sus asuntos económicos dejan a Cristo como aparte.

Esta imagen me hace acordar una simpática predicación de un buen sacerdote a un grupo de jóvenes. Les decía: -Si tú para entrar a un lugar de diversión tienes que dejar a Cristo a la puerta, ese lugar no te conviene-. Si tú vas a entrar. Qué sé yo, a una discoteca y tú le tienes que decir a Cristo quédate aquí. Aquí entro yo solo, tú quédate acá, porque lo que vas a ver no te va a gustar. Si tú tienes que dejar a Cristo por fuera, ese lugar no te conviene. Cristo quiere reinar en todas las áreas de nuestra vida, en nuestros afectos, en nuestro tiempo libre, en nuestras amistades, en nuestra afectividad y sexualidad, como digo, en nuestro entretenimiento, en nuestros proyectos, incluso en nuestro pasado, en la manera como recordamos nuestro pasado.

No le da gloria a Dios que recordemos del pasado únicamente lo que nos parece amargo y lo que nos hace aparecer como víctimas. Cristo quiere reinar en todos los aspectos de nuestra vida. En el gobierno civil siempre se hace una gran diferencia entre lo público y lo privado. En el gobierno civil siempre se hace una diferencia menor de edad o mayor de edad. En el gobierno civil siempre se hace una diferencia, ¿Es un ciudadano, está legal o está ilegal? Esa clase de diferencias no existen cuando hablamos del reinado de Cristo. Cristo quiere ser rey y a través de su gracia y su amor es Rey, de todo en nosotros. De lo privado, de lo que sucede en lo más oculto. De hecho, Cristo dice en el Sermón de la montaña: "Tu Padre que ve en lo escondido, te lo recompensará".

De tal manera que no hay lugar en contra de los deseos de Adán y Eva, que, según el relato simbólico del Génesis, fueron a esconderse entre unos árboles. No hay árboles que nos escondan de la mirada o del plan de Dios revelado en Cristo. Recordar que Cristo es Rey universal significa también que nosotros, como cristianos, hemos de aspirar a que se reconozca y se honre a Cristo públicamente. Cristo no es para esconderlo como si fuera una vergüenza. Hay gente que habla de la religión como diciendo ustedes escóndanse allá en la sacristía y allá verán que rezan. No, Cristo no es una vergüenza. Está llagado, pero no es una vergüenza para que nosotros tengamos que esconderlo respetando los derechos de los demás ciudadanos, nosotros proclamamos a Cristo Rey también en las calles y en las plazas.

El tercer y último elemento que cabe recordar en esta fiesta de Cristo Rey es que su reinado no es el reinado del espectáculo. También aparecía en alguna de las lecturas de la misa de entre semana, hace pocos días. El Reino de Dios no vendrá espectacularmente. A veces nosotros incluso he conocido católicos muy fervorosos que quieren, como una especie de despliegue triunfal de la gloria de Cristo. Una cosa es que nosotros no nos avergonzamos de Él y lo proclamamos públicamente. Eso es una cosa. Pero otra cosa es el triunfalismo, esa especie de farándula religiosa que también a veces ha entrado en la Iglesia. Nosotros no necesitamos exhibicionismo, no necesitamos grandes despliegues en ese sentido.

El gran reinado de Jesucristo sucede principalmente en las relaciones humanas, en la sencillez del que da una sonrisa, un vaso de agua, aquel que es capaz de perdonar cuando parecería imposible el perdón. Aquel que es el primero en pedir disculpas. Ahí empieza el reinado de Cristo. No tenemos que esperar a grandes manifestaciones exteriores. Cristo inicia su reinado en lo más sencillo de nuestra vida privada y de nuestra vida familiar, y por eso todos podemos hacer algo para que Cristo reine. Y debemos hacerlo si hemos sido conquistados por su corazón.

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