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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los bienes que tenemos son encargos del Señor lo cual implica responsabilidad. En los detalles se muestra quiénes somos y hacia dónde va nuestro corazón.
Homilía ao33008a, predicada en 20201115, con 6 min. y 57 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! Las enseñanzas del Evangelio de este domingo podemos decir que son tres: La primera, que los bienes que nosotros tenemos en realidad más que nuestros, son encargos del Señor, es decir, los bienes son de Él y los encargados somos nosotros; esto cambia completamente la perspectiva sobre la propia vida humana. Segundo, que esos bienes hay que cultivarlos, no solamente tenerlos, sino ponerlos a trabajar. Y en tercer lugar, que hay que tener particular cuidado de los detalles; hay que estar atentos a los detalles, cuidar lo pequeño, atender lo pequeño. El que es fiel en lo pequeño es fiel en lo grande. Tres enseñanzas de este Evangelio. Entonces, primero, que los bienes son de Él. Muchas veces la Escritura nos advierte sobre el peligro de creernos dueños de las cosas, porque ya sabes, cuando uno se cree dueño, entonces uno obra según su antojo y capricho; en cambio, cuando uno recuerda que los bienes son de Dios, uno sabe que uno tiene una responsabilidad. ¿De dónde viene la palabra responsabilidad? De responder, yo tengo que responder por unos bienes. El que es dueño o el que se cree dueño, cree que no tiene que responder ante nadie, -yo veré qué hago con lo mío-, esa es la frase más anticristiana de este día. -Yo veré qué hago con lo mío-. Por eso es tan terriblemente anticristiano aquello de: -mi cuerpo, mi decisión-. No, ni es tu cuerpo, ni es tu inteligencia, ni es tu voluntad, ni es tu vida. Yo sé que eso te suena antipático, porque hay un impulso en el corazón humano a creernos dueños y nos encanta creernos dueños. Pero el mensaje es muy claro. Además, eso no cambia nada el hecho de que tú te destruyas, de que tú destruyas tu cuerpo o tu futuro, o tus cosas; no quita tu responsabilidad. Simplemente cuando tú te crees dueño, te estás metiendo en una burbuja de fantasía, pero esa burbuja estalla finalmente. Es como la persona que dijera: -Yo soy dueño del Banco de la República-. Pues lo puedes decir en tu habitación y lo puedes gritar dentro del baño de tu casa; pero eso no cambia las cosas, y si tú pretendes utilizar el dinero del Banco de la República para tu solo provecho, pues te vas a meter en un crimen, un delito, un juicio y una cárcel. Entonces, primero eso, recordar que nosotros somos administradores. Segundo, que hay que cultivar los dones que hemos recibido, los dones que hemos recibido no son para que se queden únicamente estáticos, hay que cultivarlos y eso quiere decir que necesitamos sabiduría, prudencia, celo por la gloria divina. ¿Qué es lo que yo debo hacer? ¿Cómo puedo cultivar esto? Dejar inactivos nuestros dones, dejar inactivo lo que Dios nos ha entregado es una irresponsabilidad, eso también es irresponsabilidad. Ahora bien, cultivar los dones ¿qué quiere decir? Muchas veces cultivar el don quiere decir complementarlo. Esto lo hemos comentado en otra predicación, procura complementar tu don. Por ejemplo, si eres una persona extrovertida, ese es un don; pero el ser extrovertido necesita un complemento. Por ejemplo, la mucha extroversión requiere del complemento de la prudencia, porque una persona que sea muy extrovertida y que sea imprudente, pues finalmente va a terminar haciendo daño. Entonces, el cultivo de nuestros dones es siempre complementarlo. ¿Eres una persona muy sensible? Maravilloso, eso es extraordinario, eres sensible, qué bien; pero has de complementar tu sensibilidad, porque si te dedicas únicamente a encerrarte en tus sentimientos y tus apreciaciones y lo que tú crees que sucede. Pues entonces, terminas encerrándote en ti mismo y convirtiéndote en juez, de todos los demás. Entonces el que sea muy sensible debe procurar ser también compasivo de manera que me duela no solo lo mío, sino que me duela lo que le sucede al otro, ves. Entonces cultivar los bienes, ¿que quiere decir? que yo tengo que aprender a completar. Por eso el que tenía cinco talentos consiguió otros cinco; es decir, complementó, el que tenía dos tiene que conseguir otros dos y así sucesivamente. Y lo último que hemos dicho es: hay que cuidar los detalles ¿por qué?. Porque en los detalles se muestra realmente quiénes somos, en los detalles se muestra hacia dónde va nuestro corazón. Observa cómo eres tú en lo pequeño y observa, entre otras cosas, cómo tratas a los pequeños. Alguien decía: -La mejor manera de conocer al gerente de una gran empresa no es conocer cómo trata a los socios de la mesa directiva, a esos tiene que tratarlos bien porque su puesto depende de ellos; no es cómo trata a los jefes de otras grandes compañías, no, eso es muy fácil deducirlo, hay que ver cómo trata al jefe de guardia de vigilancia, a la señora que ayuda con el aseo, a esa secretaria tal vez humilde y necesitada, a ese empleado que le viene a pedir una ayuda en un momento difícil-. Es ahí, donde se conoce realmente el corazón de la gente. Así que grandes enseñanzas de Cristo que nos cambian la manera de ver nuestra propia vida.

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