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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dones de Dios en tu vida
Homilía ao33007a, predicada en 20171119, con 16 min. y 0 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos. Siguiendo el hilo del Evangelio, siguiendo el texto, recojamos con la ayuda del Espíritu Santo, algunas enseñanzas para nosotros. Que van a ser en número de unas cuatro o cinco, pienso yo. La primera es aquello de que Dios a cada uno le dio según su capacidad. Es el mismo pensamiento que expresa San Pablo en otro lugar: -Dios no les va a poner una carga superior a sus fuerzas-. -El Dios que te da una tarea, te da la gracia para cumplir esa tarea-. Esto es importante tenerlo en cuenta porque corren en nuestro tiempo algunas voces que quieren presentar una vida sin pecado, como una especie de imposible, como si el pecado fuera una especie de mal inevitable que toca simplemente aceptar y tolerar. Pero en el momento en el que decimos que el pecado es un mal inevitable, estaríamos diciendo que Dios nos está poniendo en una tarea para la cual no estamos capacitados. Y eso va en contra del texto de San Pablo, y eso va en contra del Evangelio de hoy. Aquello a lo que Dios nos llama es también aquello para lo que Dios nos capacita. Esto nos invita a tener una actitud de disponibilidad. Si el Señor nos lleva por una ruta, si el Señor nos pone en un camino, si el Señor nos indica una responsabilidad, por ejemplo, a través de la comunidad, Él estará con nosotros, no nos va a dejar solos en el cumplimiento de esa misión. Ese es un primer mensaje. El segundo mensaje lo tomamos de la matemática, de la aritmética. El que tenía cinco ganó otros cinco. El que tenía dos, ganó otros dos. Ahí debe haber un mensaje. ¿Por qué Cristo? Que hubiera podido decir cualquier otro número, hubiera podido decir el que tenía cinco logró producir uno más o diez más. Pero es un detalle, quizás un detalle pequeño, y posiblemente haya una enseñanza ahí. Como buenos escrutadores de la palabra, le preguntamos al Espíritu Santo si hay una enseñanza ahí, y creo que sí la hay, porque cada virtud que uno tiene, cada cosa que uno ha recibido, necesita ser complementada con otra virtud para que no se eche a perder. Y a veces, cuando no encontramos esa virtud complementaria, entonces lo que parecía que era para bien ya no es tan bueno y ya no produce su verdadero fruto. Vamos a dar algunos ejemplos de esta clase de virtudes complementarias para que entendamos por qué a cada talento que uno tiene hay que buscarle el talento complementario. Pensemos, por ejemplo, en una persona que es dulce, es una persona tan tierna, tan dulce, tan amorosa, Eso es algo bello. Pero si la persona es solamente dulce y complaciente, también podría ser complaciente con el mal. Entonces se necesita que complemente su dulzura con otra virtud. Por ejemplo, si es una persona que es muy dulce y tierna, necesita otra virtud que va a ser, por ejemplo, la fortaleza, fortaleza para saber oponerse en el momento en el que quieran utilizar la dulzura que él tiene o que ella tiene, la quieran utilizar para el pecado. Entonces, si pensamos por ejemplo, en una mujer que es muy dulce, muy tierna, muy complaciente y por no ofender a un amigo o a una amiga, se convierte en cómplice de un pecado. Su dulzura le sirvió para mal, entonces su dulzura ella la tiene que complementar, por ejemplo, con una cierta firmeza. Pensemos en otro ejemplo de cómo las virtudes tienen que complementarse. Una persona tiene autoridad. El tener autoridad es un don de Dios, como lo dice la Escritura, porque toda autoridad viene del Señor. Pero si una persona recibe autoridad, si una persona tiene autoridad y se llena su corazón y su cabeza de su autoridad, seguramente va a abusar de ese poder. Entonces necesita complementar esa autoridad que ha recibido, tiene que complementarla, por ejemplo, con la compasión. El que es poderoso y solo poderoso seguramente abusa de su poder. En cambio, el que es poderoso y además de ser poderoso, es compasivo. Tiene como una especie de contrapeso y eso le hace mucho bien. Esto vale prácticamente para todas las virtudes. Demos todavía otro par de ejemplos, porque a veces no es tan fácil discernirlo. Pensemos en el caso de la pureza. La pureza es una virtud preciosa. Es una virtud que está ante todo y en primer lugar, en el corazón de Jesucristo y en su Santísima Madre. Pero si una persona toma una obsesión de pureza, seguramente puede encerrarse demasiado en sí misma y puede llegar el momento en el que es demasiado distante o poco expresiva con otras personas. Y resulta que lo hermoso es tener la virtud de la pureza, pero tener también la capacidad de dar ternura y de ser expresivos con otros. Entonces, aunque la pureza en sí misma es una virtud bellísima, hay que complementarla con una cierta ternura, con una cierta expresividad, como vemos en Cristo. Cristo, el Virgen por excelencia, con su carne santísima y purísima, no tiene problemas en que una mujer le acaricie los pies cuando llora desconsolada. No tiene problemas en abrazar a los niños para bendecirlos. No tiene problema en tocar al leproso, no tiene problema en abrazar y consolar a Marta y a María, las hermanas de Lázaro. Entonces hay que complementar cada talento con otro talento más. Parece que ese mensaje está aquí presente. Cada uno de ustedes tiene talentos y yo creo que ustedes no tienen ni cinco ni dos, sino muchos más talentos. Quiere decir que una de las tareas que nos deja el Evangelio de hoy es buscar cuáles son los talentos complementarios a los que Dios me ha dado. El último ejemplo que quiero dar de esta complementariedad tiene que ver con el estudio. Algunos de nosotros puede gustarnos mucho la parte intelectual. Ten cuidado. Ten cuidado, porque si te dejas llevar solamente por ideas y por tu formación académica, se te puede olvidar que lo más importante en el Reino de los cielos no es llegar con una buena bibliografía, sino llegar con obras de amor. Entonces, ese talento, el talento de inteligencia que Dios te dio, lo tienes que complementar con otros. Y esa idea del complemento quizás es una enseñanza que podemos tomar del Evangelio de hoy. Así que llevamos dos puntos. Primero, que Dios, el Señor siempre nos capacita para la misión que nos pone. No nos va a poner una tarea, no nos va a poner un camino. Hay que saber confiar en Él. Segundo, que a cada talento, cada virtud, hay que saber encontrarle su virtud complementaria. Y eso fue lo que hicieron los hombres buenos administradores de esta parábola. Vamos a buscar una tercera lección. Dice hacia la parte final. El hombre que no trabajó. El hombre que enterró el talento. Dice. Tuve miedo. ¡Atención! Cuidado con el miedo. El miedo es la gran parálisis del alma. Tuve miedo. Tuve miedo. Toda la explicación que da este hombre, realmente es la única explicación que da. Tuve miedo. Y como tuvo miedo, no hizo nada. El miedo es la manera de encadenarte a lo que fuiste. El miedo es la manera de cerrarte a lo que puede ser. De manera que la tercera enseñanza de hoy en este evangelio es esa. Cuidado con el miedo. Yo he visto fracasar vocaciones muy bellas, por ejemplo, a la vida religiosa por miedo. Cuando una persona empieza a hacer cuentas en su cabeza y dice Bueno, y si me pasa esto? Y si luego me arrepiento? Y si luego me llega la tentación? Y si luego si? Si montas en tu cabeza todos los, "¿Y si luego. . . ? " Nunca haces nada. Lo mismo es con el matrimonio. Lo mismo es con un negocio. Lo mismo es cualquier cosa. Dando un ejemplo ridículo. -Si salgo de aquí. . . Pero ¿y si me cae un meteorito allá? El miedo te paraliza. Cuidado con el miedo. Esa fue la explicación que dio este hombre. Pero además dice otra cosa, para justificar su miedo. Dice: -Sé que eres un hombre exigente-. La idea que este hombre tiene de su amo. Y por supuesto, detrás de ese amo, tenemos que reconocer al Señor. Es que ve a Dios solamente como exigencia. Y el que ve a Dios como el que exige. Volvemos al primer punto. Exige, pero también capacita, ¿No? Si yo me quedo mirando a Dios solamente como el que exige. El Dios exigente es un Dios que solamente despierta miedo y el miedo paraliza. Entonces Dios exige, sí, pero Dios exige y da. Dios exige y da infinitamente más de lo que exige. Si yo me quedo solo con la foto de que Dios exige, entonces Dios quiere que yo haga esto y además quiere que evite esto y además quiere que no caiga en esto y además quiere que yo me da miedo y el miedo me paraliza. Entonces la tercera enseñanza es. Mucho cuidado con el miedo. Mucho cuidado con el miedo. ¿Y cómo se vence al miedo? El miedo se vence sabiendo que el mismo que llama y que exige es el mismo que da y que acompaña. El gran mensaje de Dios para sus guerreros siempre es "Yo estaré contigo". Yo estaré contigo. Y es muy hermoso ver que ese mensaje en la Biblia se le dice prácticamente solo a hombres, a varones y a varones que van a entrar en guerra, como Gedeón, por ejemplo. Como en el libro de los jueces aparece. Que yo me acuerde. Puedo estar equivocado. Solo hay una mujer a la que se le dice el Señor está contigo. Porque ella, la bendita, iba a entrar en el combate definitivo contra Satanás. El Señor está contigo. De modo que cuidado con el miedo y la victoria sobre el miedo. Es el mismo Dios que me llama, el mismo Dios que me da una misión, el mismo Dios que me exige es el Dios que me capacita. Él no solamente llama y exige, Él también capacita y acompaña y acompaña. Y el cuarto y último punto lo tomamos del final de la parábola. Dice aquí -Al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará-. Esa expresión parece un himno de injusticia, un lema de injusticia. Hay dos maneras de leer esa frase. Una manera es constatar en ella lo que podemos llamar una ley de la vida. O sea, realmente así son las cosas. Tú te das cuenta que lo primero que te pide el banco para prestarte dinero es que tú tengas dinero. O sea, al que tiene se le dará. Si yo voy al banco y le digo no tengo nada, présteme el banco, me dice no te presto. Y de hecho le quita hasta lo poco que tiene. Eso también se cumple. Entonces la frase de Cristo se puede interpretar como una descripción de que así es la vida en realidad, o se puede tomar también en un sentido alegórico y espiritual que es muy bello. Y es que a medida que tú vas cultivando, que vas respondiendo al Señor, aquello que tú vas teniendo, al que tiene, se le dará. Y esto es lo que encontramos en las vidas de los santos. Precisamente aquellos que cultivaron sus talentos y sus dones llegaron a eso, a que se van complementando y por eso vemos que casi no importa desde qué punto un santo empiece a subir al monte de Dios, según San Juan de la Cruz, el monte de Dios es el mismo Cristo. No importa de qué punto alguien empiece a subir en el monte de Dios. A medida que va subiendo, a medida que va ascendiendo en Cristo, Dios le va completando los dones que originalmente no tenía. Y esto es hermosísimo. Así encontramos, por ejemplo, a un santo como Martín de Porres, Martín de Porres, un santo caracterizado por la humildad, la caridad y el servicio. O sea, él empezó a subir el monte de Cristo. A partir de ahí, a partir de la humildad, la caridad y el servicio. Pero a medida que vamos subiendo, Dios nos va completando. Y esto es muy bello, muy bello, porque en Cristo está la plenitud de todo don y de toda virtud. Y a medida que vamos ascendiendo en Cristo, nos vamos haciendo más semejantes a Él, y Él nos va dando lo que no teníamos al principio. Y cito a Martín de Porres porque este santo de la humildad hacia el final de su vida, era conocido también por la finura y sabiduría de sus consejos. Un hombre sin estudio, pero un hombre que tenía una sabiduría divina. Porque a medida que va subiendo, Dios te va complementando. Dios va reproduciendo en ti cada vez más la plenitud de Jesucristo y eso hace que se cumpla lo que dice el Evangelio de hoy: "Al que tiene se le dará". Entonces, hemos de confiar en el Señor. Repasemos las cuatro enseñanzas. La primera es Dios capacita. No tengamos entonces temor. Bueno, ese es el tercero. Entonces el primero es Dios capacita. ¿El segundo cuál era? Había un segundo que decía que hay que buscar la virtud complementaria. No te quedes con lo que ya tienes. ¿Tienes capacidad de liderazgo en el mundo? Compleméntalo con liderazgo en Cristo. Tienes belleza física, Compleméntalo con la belleza de tu alma, o sea, toda virtud hay que encontrarle su complemento. Tercero, no tengas miedo. La victoria sobre el miedo es saber que el que llama y exige, es el mismo que capacita y acompaña. Ese es el tercero y el cuarto, es al que tiene, se le dará. Que es la invitación a seguir las huellas de San Juan de la Cruz, a subir al monte de Dios y saber qué Dios, a medida que le vamos respondiendo, nos va dando más y nos va complementando de una manera preciosa, cada vez más a imagen de su Hijo Jesucristo.

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