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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En la parábola de los talentos Cristo se dirige a aquellos que creen que han recibido poco, porque si aprendemos a reconocer y agradecer lo que tenemos podremos recibir y compartir mucho más.
Homilía ao33004a, predicada en 20111113, con 16 min. y 57 seg. 
Transcripción:
Todo empieza en que la palabra talento, que es la que es más tradicional en la traducción, es una medida de peso que se utilizaba en las balanzas antiguas. O sea que tener muchos talentos es tener mucho peso. No ese peso que llamamos sobrepeso u obesidad, sino tener peso en el sentido de tener influencia, como cuando decimos que una persona da una opinión de peso. O como cuando decimos que esos son los pesados de tal o cual empresa. El peso es una medida de la densidad interna de la cantidad, pero sobre todo de la capacidad de causar un impacto, tener una influencia. Entonces los talentos vienen a ser una medida de cuánta riqueza o de cuánta capacidad de influencia tiene una persona. Todos tenemos alguna capacidad de influencia. Esto no hay que referirlo únicamente al dinero o a la inteligencia. Yo pienso que una persona que sabe bailar muy bien y que tiene un cuerpo espectacular puede tener una influencia muy grande. Como soy cercano a esta red social que se llama Facebook, en la cual deben estar muchos de ustedes estadísticamente hablando, pues a mí me llama la atención cómo hay gente que tiene muchísimos seguidores. O sea que una medida interesante de los talentos es el asunto de los seguidores, ya sea en Facebook, o sea en Twitter o alguno de estos sistemas. Cuando una persona tiene millones y millones de seguidores, hay que suponer que tiene bastante peso. Es decir, que tiene bastante capacidad de influir en otra gente, para bien o para mal. Resulta que hay una serie de cantantes blasfemas y obscenas, vulgares, que tienen millones y millones de seguidores. Esas personas tienen una gran capacidad de influir en la vida de una cantidad de adolescentes, de niñas, de una cantidad de jovencitas, probablemente incluida mi sobrina. Tienen una capacidad muy grande de influir. ¿Y sus talentos? ¿Cuáles son? Unas caderas, una voz, un movimiento que tienen. Y con eso fíjese el peso que logran, la influencia que logran. Entonces, lo primero que yo quiero, mis amigos, es que ampliemos la noción de talento. No nos quedemos con una versión únicamente intelectual, como decir es una persona muy preparada o es una persona muy o una persona muy inteligente. Los talentos los podemos medir con el número de seguidores que tienen en Twitter que tienes en Twitter o como algunos dicen, con mayor precisión, anglófona, Twitter. El número de seguidores de tu Twitter te da una idea de cómo andas en el tema de la influencia que tienes en otras personas. Ese es el primer punto. Segundo punto Jesús destaca que los talentos son distintos y yo quiero subrayar aquí la maravillosa pedagogía de Jesús. A mí me parece que Jesús es un maestro de maestros y además es un psicólogo impresionante. Jesús en más de una ocasión en sus parábolas se refiere sobre todo a la persona que puede tener objeciones contra Dios. Le voy a dar un ejemplo. No hace mucho apareció en las lecturas de la Misa que Jesús invita a que uno ore con perseverancia y esa oración perseverante Cristo la quiere dejar grabada en nuestra mente con esta imagen. Había un juez injusto que no temía a Dios ni le importaba la gente. Pero ese juez era agobiado por las continuas, las repetidas peticiones de una viuda que le reclamaba: "Hazme justicia, hazme justicia". Es decir, esta viuda tenía la característica que nuestros paisas dicen era secadora. Esta señora viuda era capaz de secar un roble o un papayo, y esta señora con esa capacidad de secar, pues tenía realmente agobiado al juez. Finalmente el juez dijo -Bueno, no me importa nada, pero para que deje de cansar esta señora, vamos a hacer lo que ella quiere. . . - Por medio de ese ejemplo. Cristo quiere enseñarnos a orar. ¿Cómo es posible que Cristo utilice ese ejemplo, sabiendo que Dios no es ese ser despiadado, inmisericorde y egoísta representado en ese juez? ¿Por qué Cristo pone esa comparación? Porque cuando una persona realmente se encuentra mal, es decir lo que nuestros jóvenes llaman en la inmunda. Cuando una persona realmente se siente en la inmunda, ¿Qué piensa de Dios? Ah, no piensa que Dios es bueno, ¡No!, lo que piensa es Dios es un juez injusto, como ese vallenato que dice la platica está mal repartida. Es decir, la persona siente que Dios es un juez injusto y Cristo es tan inteligente y es tan caritativo que en su parábola se está refiriendo a ese caso. De modo que aún el que piensa que Dios es un juez injusto debe encontrar un motivo para orar. Esto es lo que yo quiero destacar en mi segundo punto que Cristo tiene esa capacidad de ponerse en el peor de los casos para que a todos llegue su mensaje. Y con eso es como si Cristo, en lenguaje coloquial de hoy dijera aunque estés en la inmunda, lo mejor que puedes hacer es orar. No dejes de orar aunque parezca que es tiempo perdido, aunque creas que Dios es un juez injusto, no dejes de orar por el camino. Tus ojos se aclararán y verás que Dios es distinto. En el caso de la parábola de hoy ¿A quién creen ustedes? ¿A qué tipo de personaje creen ustedes que se está refiriendo Jesús? Pues se está refiriendo a esa persona que padece la enfermedad psicoemocional Neuro psicopática del rezongue. Es decir, esta es la persona que siempre se queja, que siempre tiene un motivo para decir alcanzó para todos menos para mí. Hay gente así. Tal vez muchos de los que estamos acá hemos sido de esa manera. -Yo como nací pobre y encima de eso, feo, entonces todo se me va en deseos,- dice el refrán, citado por el padre Tito recientemente. Entonces ¿Cristo aquí a quién se está refiriendo? ¿Para quién es este discurso? Para esa persona que siempre quiere disculparse, que siempre tiene una explicación de por qué las cosas no funcionan. Porque es que a mí me dieron poquito. A los demás les dieron harto. Hay gente que tiene harta plata. Yo no tengo nada. Hay gente que tiene mucha inteligencia. Yo no tengo nada. Hay gente que es muy bonita. Yo no tanto. Esa persona es el destinatario de la parábola de hoy. Para ti qué crees que las cosas no se te han dado. -No es que a mí no se me han dado las cosas. Es que yo no he tenido oportunidades. Es que yo no me he podido preparar.- Es que para la gente que sufre del. . . Es que es que tal cosa, es que tal otra, para la persona que sufre, del: "Es que. . . " Cristo tiene esta maravillosa enseñanza. Tú que consideras que has recibido muy poco, no te pierdas el resto de la parábola. Ese es el segundo punto. Tercer punto: Jesucristo regaña a ese personaje. El personaje que hace una barricada de de disculpas y dice como a mí me dieron tan poquito como yo no tuve ocasiones. Como yo vengo de un país subdesarrollado, como la guerrilla lleva cincuenta años en este país, como los políticos son unos corruptos, como a los curas no se les entiende nada. Para la persona que tiene esa larga letanía de disculpas, Cristo tiene un regaño conciso y macizo que es este: -Siervo malo y perezoso.- Cristo nos invita a hacer lo que podemos hacer con lo que tenemos. Desde un punto de vista psicológico, la enseñanza de Jesucristo es esta: -No fijes tu atención en el ¡No! Fija tu atención en el ¡Sí! No fijes tu atención en lo que no tienes, porque en la medida en que te concentras en lo que no tienes, más, pierdes. Utiliza lo que sí tienes. Aprovecha lo que sí puedes. Da el paso que sí puedes dar y lograrás cosas maravillosas. Hay ejemplos que hemos comentado también en este templo. Ustedes deben conocer en Internet a un personaje que se llama Tony Meléndez, Tony Meléndez. Este es un personaje sin brazos. Cualquiera podría decir bueno, como ya no tengo brazos, entonces no queda nada para mí en esta vida. Pero este hombre da conciertos y predica en medio mundo tocando la guitarra con los pies. Es un asunto verdaderamente ejemplar. Él no se concentra en lo que no puede. Como no tengo brazos, no puedo nada, no tengo unas piernas, tengo unos pies y puedo educar poco a poco las sinapsis de mi cerebro, los músculos de mis pies hasta lograr interpretar la guitarra. Si usted no conoce a Tony Meléndez, vaya por favor a un buscador en Internet. No diré ningún nombre porque no han pagado la propaganda. Pero vaya a un buscador en internet y ponga Tony Meléndez y usted verá una persona que se concentra en lo que ¡Sí!, porque uno vive concentrado en lo que ¡No! Jesús nos invita a concentrarnos en lo que sí. Ese es el tercer punto. Vamos con el cuarto y último punto. La manera como termina esta parábola le deja a uno un sentimiento extraño. Jesús dice: "Al que tiene, Le darán más y tendrá de sobra, pero al que no tiene le quitarán hasta lo que tiene". Esa frase tomada de manera aislada, esa frase sacada de su contexto, realmente nos deja perplejos, porque esto es precisamente lo que uno ve en el mundo, lo que uno ve en la sociedad. Lo que uno ve es ricos, cada vez más ricos y pobres, cada vez más pobres. Y cuando Cristo da este principio general, si uno lo toma como un principio general, uno dice, pues entonces gravísimos. Entonces no hay nada que hacer. Porque si el Hijo de Dios vivo llegado a esta tierra dice que así son las cosas, entonces no hay esperanza alguna. Pero por favor, no desconectemos este elemento de reflexión del anterior elemento de reflexión, es decir, del anterior punto. Es decir, no te concentres en el no. Concéntrate en el sí. ¿Quién es el que podría decir yo no tengo nada? Es que fíjate que la frase tiene una inconsistencia lógica. Al que tiene le darán más. Al que no tiene le quitarán hasta lo que tiene. Ilógico. Se supone que si no tiene, no tienen que quitarle. Luego, en el fondo, cuál es el mensaje de Cristo? Hasta el que dice que no tiene, siempre tiene algo. Y ese algo, si tú lo sabes aprovechar. Te pasa a la primera parte de la frase. Al que tiene le darán más. O sea que este modo paradójico de hablar es otra estrategia pedagógica de Cristo. Cristo tenía sus estrategias pedagógicas para agarrar la atención y la mente de la gente. Como esa frase que repitió tantas veces: "Los primeros serán los últimos. Los últimos serán los primeros". Uno oye esa frase y le queda grabada porque es una frase paradójica. Cristo tiene esa cualidad como maestro. Utiliza frases enigmáticas y paradójicas para que queden grabadas en la cabeza de manera que usted no la pueda sacar de ahí. De modo que cuando ya no sea domingo como es hoy, sino que sea martes y usted tenga que volver a su trabajo, usted todavía se esté acordando de esta frase. Es una estrategia pedagógica de Jesucristo. Y en esta estrategia pedagógica, ¿Qué es lo que nos quiere decir el Señor? Que aún la persona que dice que no tiene nada sí tiene algo. Deje entonces de rezongar, deje de quejarse. Deje entonces de decir que no tiene oportunidades. Mire lo que sí tiene, porque al que tiene se le dará más. Aproveche eso que usted tiene. Ese llamado de Jesucristo se cumple en el mundo de las finanzas, se cumple en el mundo bursátil, se cumple en el mundo de la ciencia y del conocimiento. Pero a Jesús le interesa que se cumpla, especialmente en lo que tiene que ver con la búsqueda del Reino de Dios, aquél que pone verdadero cimiento en su fe, aquel que pone aunque sea sus dos milímetros de fe. Es posible que alguno de ustedes, queridos amigos, haya llegado a esta iglesia casi por accidente. Es posible que usted sienta que su fe es apenas una llama vacilante. Es posible que usted sienta que ya no le queda casi nada, ninguna razón para creer en Dios. Pero Jesús le está diciendo ese poquito, No diga que no tiene nada. Ese poquitico, ese poquitico. Si usted lo toma en cuenta, al que tiene se le dará más. Utilice su poquitico de fe, ese minúsculo y diminuto mitad de átomo que usted tiene. Utilícelo para que su fe pueda crecer, para que su fe pueda aumentar. Y usted notará que a medida que va creciendo esa fe, usted va aumentando en su capacidad de creer. Como decía San Gregorio Magno refiriéndose a la Palabra de Dios. -Este libro, es decir, la Palabra crece con el que lo lee.- Lo mismo vale para la fe. A medida que va creciendo nuestra fe vamos encontrando nuevos y más hermosos motivos para creer, para que se realice más perfectamente la gloria de Dios en nuestra vida.

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