|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Nuestra esperanza no es solo aguardar sino conservar viva la fe, la oración, la confianza en Dios, el servicio. Nuestra esperanza tiene como objeto directo la eternidad, esperanza que traspasa el umbral de la muerte.
Homilía ao32010a, predicada en 20231112, con 4 min. y 51 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! Estamos llegando al final del año litúrgico. Y una cosa fascinante de la liturgia en nuestra Iglesia Católica es que el final del año y el comienzo del nuevo año litúrgico ambos están marcados por una palabra bellísima, la palabra esperanza. Por ejemplo, el Evangelio de este domingo nos habla de esperanza. Bueno, concretamente nos habla de la espera. Esperar a Cristo como aquellas jóvenes, aquellas vírgenes, esperaban el momento de iniciar la fiesta de las bodas. Esperar. Y la pregunta es si sabemos esperar. Sobre esta pregunta quiero hacer dos anotaciones que yo creo que nos van a servir mucho para nuestra vida cristiana. Primera, que esperar no es solamente aguardar. Esto es clave. Esperar no es simplemente soportar que el tiempo pase. No es solamente aguardar. Nuestra esperanza tiene un carácter diferente y por eso se suele hablar en la Iglesia Católica de que nuestra esperanza es una esperanza activa. La esperanza activa quiere decir que así como aquellas muchachas tenían que tener aceite en sus lámparas, nosotros tenemos que llenar de aceite nuestras lámparas. No podemos simplemente dormirnos. Esto es muy importante. Hay que tener aceite en la lámpara y el aceite en la lámpara. ¿Qué significa? A lo largo de los siglos se han dado distintas interpretaciones. Por ejemplo, algunos dicen que conservar el aceite en la lámpara es conservar la llama de la oración, la llama de la fe, la llama de las buenas obras, la llama de la confianza en Dios. Lo que está claro es que no podemos simplemente dormirnos en los términos de Cristo. Con bastante frecuencia el sueño se equipara a la muerte. O sea que cuando todas esas jóvenes que son diez se duermen, de alguna manera se está hablando metafóricamente de lo que nos va a pasar a todos, porque todos vamos a morir. Pero son despertadas. Efectivamente, hay resurrección de los muertos, pero no todas. No todas las que se despiertan entran en la alegría del banquete. Con lo cual también hay una enseñanza. Hay que llegar al umbral de la muerte con aceite en la lámpara, un aceite que traspasa la frontera de la muerte. Las vírgenes que eran previsivas, que eran sabias, pues guardaron aceite y al despertarse del sueño, es decir, al resucitar de entre los muertos para salir al encuentro de Cristo resucitado, tenían aceite. ¿Entonces las enseñanzas cuáles son? Primero, que nuestra esperanza no es sólo aguardar, sino que hay que conservar viva la fe, la oración, la confianza en Dios, las buenas obras, las obras propias del servicio, las buenas obras propias del que da, del que entrega, el que da de sí. No vivas únicamente para ti mismo. Ese es el aceite que es capaz de traspasar la frontera de la muerte. Y lo segundo es que nuestra esperanza tiene como objeto directo la eternidad. No estamos esperando únicamente que mejoren las cosas en el país, que me salga este negocio, que pueda casarme con la persona que amo. No queremos. Queremos realmente que haya una esperanza en nosotros que traspase el umbral de la muerte. ¡Qué hermosa y qué poderosa es la esperanza cristiana! Y ten la seguridad de que en estos días finales del año litúrgico seguiremos hablando mucho y espero que muy bien, de lo que significa la esperanza.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|