Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Razones por las que Jesucristo no nos dejó saber la fecha de su venida.incluyendo el hecho de que también la ignorancia es providencia y tiene su modo de sabiduría.

Homilía ao32007a, predicada en 20171112, con 30 min. y 43 seg.

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Transcripción:

Amados hermanos, como hemos dicho en otras ocasiones, es bueno, siempre con respeto y en espíritu de fe hacer algunas preguntas cuando nos acercamos a la Sagrada Escritura. El gran Anselmo de Canterbury definía la teología, como la fe que quiere entender. No le imponemos condiciones a Dios, pero ciertamente queremos entender para mejor servir, para mejor amar.

La pregunta con la que podemos acercarnos hoy a esta lectura, y no solo a ella, sino a las lecturas del final del año litúrgico, es: ¿Por qué Cristo nos mantiene en esa expectativa?. ¿Qué pasaría? Si Cristo dijera simplemente: -voy a llegar en tal año, en tal fecha, tengan todo listo para mi llegada-. ¿Por qué Cristo nos mantiene en esa ignorancia?Antes de llegar a una respuesta, podemos ya tener una primera enseñanza para nosotros.

Y es que Dios nos enseña no solamente cuando está presente, sino también con su ausencia, También la ausencia de Dios, ausencia sensible, por supuesto, porque siempre como soberano está presente en todo. Pero la ausencia como percepción nuestra, la ausencia en nuestra sensibilidad, lo que a veces llamamos desierto, o a veces decimos: -no sé qué se hizo Dios, ¿Dónde está? ¿Por qué no me responde? También la ausencia es bendición, también el desierto es bendición, también la ignorancia es bendición; el conocimiento es bendición, pero también hay una ignorancia que es bendición; esto puede parecer extraño, puede parecer incluso contradictorio. ¿Cómo así que el conocimiento es bendición?, y ¿cómo así que la ignorancia puede ser también bendición?

Bueno, acerquémonos un poco a la predicación de Cristo y creo que podremos tener respuesta de por qué la ausencia también es bendición.

Existe en el corazón humano la tendencia a controlar; cuando nosotros queremos controlar el tiempo, controlar los recursos, controlar las distancias, controlar los métodos; estamos haciendo un ejercicio de dominio y por eso, en la medida en que tratamos de controlarlo todo, llega el momento en el que queremos dominarlo todo. Y cuando queremos dominarlo todo, le quitamos espacio al que es dominus.

Sabemos que el verbo dominar viene del latín dominus, en latín quiere decir precisamente, señor. De manera que cuando queremos controlarlo todo, queremos dominarlo todo. Y cuando queremos dominarlo todo no le dejamos espacio al Dominus, no le dejamos espacio al Señor. Por eso vemos que desde el comienzo de la Sagrada Escritura, desde el comienzo de la historia de la salvación, Dios utiliza con enorme providencia; es lo que se llama economía de la salvación.

Dios utiliza con gran providencia tanto lo que revela como lo que calla, ejemplo Génesis capítulo 12, Dios le dice a Abraham: "Sal de tu tierra y de la casa de tu padre". Ahí le está dando un conocimiento, le está diciendo de dónde debe salir, pero también le da una ignorancia, "Ve a la tierra que Yo te mostraré". Si Abraham hubiera sido del siglo XXI con estos aparatos celulares, Abraham hubiera dicho: -Dame la dirección-. Y yo le pregunto a Google ¿dónde queda eso? Y después de que sabemos a dónde queremos llegar, también queremos determinar cómo llegamos allá. Ese es el poder a veces ilusorio que nos dan estos aparatos; tú tomas tu celular y entonces dices bueno, rutas para llegar allá, -Puedo irme por tal avenida, puedo irme por tal camino, puedo hacer esto, a ver ¿qué hago, qué hago, qué hago? Me voy por aquí.

El que tiene conocimiento pleno cree que tiene dominio pleno. Por eso Dios administra la ignorancia. ¡Cosa bonita!. Dios administra la ignorancia, porque en la majestad y en la soberanía de Dios todo está al servicio de su plan de Salvación, y a veces la ignorancia es parte de ese plan.

Bueno, y saliéndonos de la religión, así por dos minutos, ¿La ignorancia sirve en otros campos, hay veces que se utilice voluntariamente la ignorancia en el tiempo nuestro, en el que se idolatra la ciencia, la ignorancia sirve de algo, produce una utilidad social?. -La respuesta sorprendente es sí-.

Por ejemplo, si una persona va a hacer una encuesta que tenga validez científica, es parte de la validez científica, que no escoja a quiénes va a encuestar; porque si yo voy a hacer una encuesta sobre si Argentina, está más por la derecha o por la izquierda, pero yo escojo a los encuestados, entonces yo escogeré tal vez a los que sean de mi tendencia; y si yo soy de izquierda, voy a escoger a los de izquierda. Entonces es requisito para la validez científica de una encuesta que yo ignore a quiénes voy a encuestar. O sea que también en el plano de la ciencia la ignorancia tiene importancia. De hecho, ese es uno de los problemas que tienen esas encuestas, esos estudios científicos, científicos muy, muy entre comillas, que se han hecho comparando la situación de los niños que son educados por papá y mamá y los niños que son educados por dos papás o dos mamás.

Se ha descubierto que en la mayor parte de esas encuestas se escoge el target, se escoge el destinatario de la encuesta para que la encuesta dé lo que se quiere que dé. O sea, son encuestas sin validez científica, lo cual demuestra que la ignorancia no hay que despreciarla, la ignorancia es clave, la ignorancia es muy importante.

Es tan importante la ignorancia que la ignorancia también se necesita en el campo farmacéutico y médico. Así, por ejemplo, cuando se va a probar un nuevo medicamento, que ya haya garantías que no va a producir un daño, entonces se hacen pruebas en las cuales el que administra el medicamento no sabe si está dando el medicamento o si está dando un placebo y las personas a las que les da el medicamento son personas que él no sabe si tienen la enfermedad o la condición que se trata de mejorar o no la tienen.

Entonces son en estudios de doble ignorancia y hoy en día todas las farmacéuticas hacen estudios de doble ignorancia para ver si un medicamento realmente sirve. O sea que, ¡oh sorpresa! También la ignorancia es importante, también la ignorancia es clave. Bueno, vamos entonces aprendiendo cosas. Si la ignorancia la utilizan las farmacéuticas y si la ignorancia la utiliza la estadística contemporánea no tiene nada de extraño de que Dios utilice también la ignorancia y la ignorancia, ¿Cómo la utiliza Dios?

La ignorancia la utiliza Dios para quitarte control. ¿Por qué Dios quiere quitarte control? Porque después del pecado original, el afán de controlar, el afán de dominar, el afán de imponer uno su criterio, su gusto, su plan, es tan grande que si uno cree que tiene conocimiento completo, uno impone todas las condiciones y no deja a Dios ser Dios. Hemos aprendido, me parece algo interesante, volvemos a recordar; hemos aprendido que la ignorancia también está en el plan de Dios y que a Dios le interesa que yo ignore algunas cosas, porque el espacio de mi ignorancia es el espacio donde yo recuerdo quién es el verdadero Señor.

Además, el espacio de mi ignorancia es el espacio del comienzo de la verdadera sabiduría. El que es considerado como proto filósofo, como primero entre los grandes filósofos usualmente es: Sócrates y Sócrates es conocido fundamentalmente porque descubrió su ignorancia. Sócrates fue al oráculo de Delfos y en ese oráculo recibió un mensaje extraño. -Tú eres el hombre más sabio del mundo-. Y Sócrates salió perplejo del oráculo de Delfos y dijo: ¿Cómo puedo ser yo el hombre más sabio del mundo si hay tantas cosas que no tengo ni idea? -Hay gente que sabe más que yo en términos de leyes, en términos de geometría, en términos de astronomía, saben más que yo-. ¿Por qué dijo el oráculo? Se preguntaba Sócrates, qué, yo soy el hombre más sabio del mundo. Sócrates, sin caer en vanidad, se puso a reflexionar en el tema y llegó a una conclusión: Es que hay algo que yo sé que los demás no saben, y es que yo sé que soy ignorante, o sea que es bello.

El descubrimiento de la ignorancia es grande, es un regalo de Dios, descubrir la ignorancia es un regalo de Dios, descubrir que no sé muchas cosas, es un regalo de Dios, descubrir que navego en medio de misterios, que mi propia vida es un misterio y que estoy en la rendija entre dos gigantescas eternidades, la que me ha precedido y la que me seguirá.

O sea que la ignorancia también presta otro servicio, y es que la ignorancia me abre al asombro, y la ignorancia también presta otro servicio; y es que la ignorancia me dispone a la escucha; la persona que cree que sabe todo no escucha a nadie. ¿Cuál fue la súplica que hizo Salomón cuando subió al trono? Salomón pidió: -Dame un corazón que sepa escuchar-.

De modo que hay tres grandes bienes que trae la ignorancia. Vivimos en la etapa en la que uno cree que la información es poder y es la etapa de la informática y de los informáticos y por consiguiente, la etapa de los hackers. Vivimos en el tiempo de los hackers, la informática, la criptografía. Pero en este tiempo, como en todos los tiempos, la ignorancia sigue cumpliendo funciones claves y hemos recordado o aprendido tres: La ignorancia me prepara en la humildad para que yo no me crea dueño de todo, la ignorancia me dispone al asombro y la ignorancia me pone en el camino de la escucha.

Entonces vemos que Dios es sabio cuando nos permite que ignoremos muchas cosas. La sabiduría de Dios pasa también por nuestra ignorancia en muchos casos. Por supuesto, aquí no estamos hablando de la ignorancia que corresponde a un desprecio del conocimiento, ni tampoco a la ignorancia, que es fruto de desidia en la aplicación para conocer. No estamos hablando de la ignorancia culpable, estamos hablando del sentido salvífico que puede tener esta clase de ignorancia.

Cuando uno descubre el valor salvífico que puede tener la ignorancia, uno descubre también que es terriblemente insensato agarrarse a preguntas contra Dios: ¿Por qué me pasó esto? ¿Por qué? me hace el favor y me explica ¿por qué? Explique, siéntese en el sillón de los acusados, Dios y diga, ¿por qué? Uno quiere someter a juicio a Dios.

El libro de Job nos cuenta esa historia; cómo Job, llevado de su impaciencia, porque no termina de entender por qué, por qué le ha pasado todo, Job dice: -Yo quiero enfrentarme con mi Creador, que se ponga frente a mí y aquí le voy a hablar-. Esa es la actitud de Job. Nosotros queremos someter a juicio a Dios, queremos preguntarle y queremos obtener de Él respuestas. Pero una vez que entendemos que la ignorancia nos ayuda en la humildad, en el asombro y en la escucha, vemos que el mejor camino no es acosar a Dios con preguntas, eso no es sabio, ese no es el mejor camino.

Simplemente, cuanto mayor sea el misterio, mayor tendrá que ser el silencio. Cuanto mayor sea el dolor, más profunda tendrá que ser la escucha. Cuanto mayor sea lo que no entiendo, más humilde tendrá que ser mi alma ante aquel que todo lo sabe. ¿Quién nos muestra estas respuestas preciosas ante el misterio y ante el dolor? Lo muestran los santos, todos, pero muy particularmente María Santísima al pie de la Cruz. ¡Qué linda!, cuando el misterio se hace infinito, cuando el dolor se hace infinito, cuando la noche se cierne sobre ella; el precioso silencio de María es como un sagrario que se dispone para acoger la verdad divina, para acoger la sabiduría que nadie puede poner en palabras. Esa es María al pie de la cruz. Ahí termina la primera parte de esta homilía, son diecisiete. Pasemos a la segunda parte, bueno, se puede acortar un poco, está bien, se puede acortar un poco.

Pasamos a la segunda parte. . . La primera parte es la importancia de la ignorancia para que dejemos de quejarnos, porque uno se agarra a preguntas contra Dios, ¿y por qué y por qué me dio esta enfermedad? Me acuerdo un carismático de mi país preguntándole a Dios, él mismo lo cuenta en su testimonio ¿Y por qué? ¿Por qué me dio este cáncer? Y sintió una voz en el corazón, una voz que él sintió que venía de Dios. O sea, Dios le respondió Y qué fue lo que le respondió, éste le preguntó ¿Por qué me da este cáncer? Y Dios le respondió Y ¿por qué no? Y ¿por qué no? O sea, ¿el cáncer sí le puede dar a tu vecino y no te puede dar a ti? El cáncer le puede dar a tu enemigo, a tu jefe y no te puede dar a ti. ¿Por qué no tú? tú ¿por qué no?. Tú preguntas ¿Por qué si? Yo pregunto ¿por qué no?

De hecho, el libro de Job, que hace todo un estudio de este precioso tema, hacia los capítulos 38 y 39, nos lleva a la respuesta final de Dios. Y la respuesta final de Dios va en la línea de lo que estamos hablando aquí: Humildad, asombro y escucha. Por eso Job dice: -Yo solo te conocía de oídas, pero ahora te han visto mis ojos, ¿Qué diré? Nada, mano a la boca, me callo-. Encontró la escucha, encontró la humildad y encontró el asombro.

Pasemos a la segunda parte. ¿Qué más podemos aprender del hecho de que Cristo no nos dijo cuándo iba a volver? Cristo no nos dijo cuándo iba a volver, por otra razón que aparece frecuentemente en la Escritura. Y es porque nos enseñan los Evangelios, con bastante frecuencia que nuestro nombre no es dueños, nuestro nombre es administradores. El que es dueño de algo lo siente suyo para siempre.

Cuando pensamos en el retorno de Cristo, el retorno de Cristo Señor, inmediatamente evocamos aquellas parábolas en las que al regresar un señor pide cuentas. Acuérdate del caso de la parábola de los talentos, que es la parábola que vamos a tener el próximo domingo del ciclo A tiempo ordinario, será el domingo número. . . -Ahora si todos respondieron 33, muy bien. El domingo 33 del ciclo A del tiempo ordinario tiene la parábola de los talentos. Si no me falla la memoria.

Entonces el retorno del Señor ¿Que me recuerda? que siempre estamos como administradores y nunca somos dueños. Y eso ¿Por qué es importante? Eso es importante porque cuando uno se siente dueño, entonces uno cree que uno puede hacer lo que se le dé la gana. La actitud del dueño aparece en una de esas parábolas de retorno. Son varias las parábolas de retorno, en una de esas parábolas de retorno, la de los viñadores que fueron reclutados a lo largo del día. Recuerda lo que dice el dueño que manda que se pague un denario a los que empezaron a trabajar por la tarde y luego les paga también el mismo denario, a los que trabajaron todo el día, y entonces, cuando llegaron los que habían trabajado todo el día, le dicen, -pero cómo así, si estos solo trabajaron un momento- y el dueño de la viña les responde. . . ojo, que estas palabras tienen mucha enseñanza, les dice: -quiero darle a éste lo mismo que a ti, ¿es que no puedo hacer en mis cosas lo que a mí me parece?-. Esas son las palabras del dueño.

O sea que Cristo en la parábola distingue cuidadosamente, palabra de dueño y palabra de administrador. Las palabras del dueño son: -Yo hago lo que se me dé la gana-; claro en Dios la gana, la voluntad no está separada ni del poder, ni de la sabiduría, ni de la misericordia. Pero dejemos la frase hasta ahí. -El dueño cree que hace lo que se le da la gana-. Entonces, en el momento en el que uno se considera dueño, empieza a ser caprichoso, empieza a ser déspota y empieza a rebelarse contra Dios.

Entonces, ¿Por qué Cristo no nos reveló la fecha de su llegada? Porque hay en ello una pedagogía que nos lleva a reconocernos no como dueños que hacen, lo que se les da la gana, sino como administradores que un día tendrán que presentar cuentas.

Llevamos dos respuestas, la primera respuesta: Porque Cristo no nos dijo cuándo iba a regresar, porque en esa ignorancia hay frutos buenos para nosotros, los cuales son principalmente tres: humildad, asombro y escucha. Segunda respuesta: Por qué Cristo no nos dijo cuándo iba a regresar, segunda respuesta, porque de acuerdo con la misma enseñanza que dan otras parábolas, Cristo no quiere que nosotros nos veamos como dueños, sino que nos veamos simplemente como administradores. Y el que es administrador sabe dos cosas muy importantes: que su tiempo es limitado y esto es muy importante, saber que el tiempo es limitado, porque apenas descubres que tu tiempo es limitado, descubres que tu tiempo es valioso.

El que no descubre el límite no descubre el valor. ¿Cuándo empieza uno a preocuparse del aire? Cuando lo contaminan, cuando el aire se vuelve contaminado, el aire bueno se vuelve escaso, cuando el aire se vuelve escaso, descubrimos que es valioso. ¿Cuando empezó la humanidad a preocuparse por los océanos? cuando empezamos a dañar los océanos, cuando empezamos a contaminar los océanos. Cuando empezamos a arruinar la vida en los océanos; empezamos a descubrir que los océanos eran valiosos porque vimos el límite del océano.

O sea que uno descubre el valor a través del límite, y eso quiere decir que en la medida en que yo descubro que mi vida es limitada, descubro que mi vida es valiosa, porque si mi vida es limitada, lo que suceda en mi vida y me queda ya poco tiempo, lo que suceda en mi vida es precioso.

En varias oportunidades he tenido ocasión de hacer las siguientes cuentas que rápidamente hago con ustedes aquí: Tres años corresponden a un poquito más de mil días, treinta años corresponden entonces a un poco más de diez mil días; eso significa que noventa años de vida son cerca de treinta mil días, todo eso está indicando que la vida de cada uno de nosotros, en las actuales circunstancias de la humanidad está marcada por cerca de treinta mil días. O sea que tú puedes imaginarte una cuadrícula, una cuadrícula que tenga treinta mil cuadritos y puedes ir tachando y lo que te queda, es lo que te queda, si es que vas a vivir un poco más de noventa años, porque treinta mil días son un poco más de noventa años. Es posible que si hay gente que dura realmente bastante, es posible que sí.

Entonces, cuando descubres el límite de tus días, descubres el valor de tus días. Esta fue predicación muy querida por el padre Rafael García Herreros, uno de los grandes iniciadores de la Renovación Carismática en Colombia. García Herreros decía: -Si mi vida es como un minuto, entonces que sea un minuto de Dios-. De ahí viene esa expresión Minuto de Dios viene de ahí.

Entonces el reconocerme administrador me hace reconocer que la cuenta de mis días es limitada y reconocer el límite de mis días es reconocer el valor de mis días. Pero por otra parte, reconocer que tengo que dar cuentas de mi vida también me confronta con la responsabilidad. Fíjate que cuando uno se considera dueño, uno cree que tiene toda la libertad y cero responsabilidad. Eso está expresado en la voz del dueño de la viña. -Es que no puedo hacer en mis cosas lo que me dé la gana-. El que se cree dueño toma la balanza y una balanza que tiene libertad y responsabilidad, ¿no? Y el ideal es que esos dos platillos estén bien equilibrados, que tengas tanta libertad como responsabilidad. Pero cuando te crees muy dueño, bajas y bajas y bajas y le das todo el peso al platillo de la libertad. . . -yo hago lo que yo quiera-; por supuesto, la responsabilidad desaparece.

Entonces, al recordar que la cuenta de mis días es limitada y no sé cuál sea el límite, reconozco que mi vida tiene un valor, un valor que es inmenso, y eso pone el contrapeso para que la responsabilidad recupere su importancia en mi vida. Entonces, al no decirnos Cristo cuando regresa, Cristo nos ha puesto a recuperar responsabilidad y a recuperar el valor de nuestra propia vida, porque somos administradores y no somos dueños. Esa es la razón, la segunda razón por la que Cristo no nos dijo cuándo iba a volver.

La tercera respuesta, que es la última que vamos a ver, porque no les gustó la idea de los diecisiete puntos, nos quedaremos solo con tres. La tercera respuesta que vamos a ver tiene mucha relación con el pasaje del Evangelio de hoy. -Mientras vamos de camino podemos intercambiar bienes, consejos, ayudas. Pero al terminar la vida cada uno muere solo y al presentarse ante la eternidad, cada uno se presenta solo-. No es que este texto del Evangelio nos invite al egoísmo, sería largo aquí entrar a explicar la estructura literaria de la parábola, no vamos a hacer eso.

No es que Cristo quiera invitarnos al egoísmo, más bien nos invita al realismo que hemos de tener ante el retorno suyo, ya se trate de la muerte de cada uno o ya se trate del final de la historia. Cada uno muere solo, y esto es muy importante, porque en el tejido de nuestras justificaciones y disculpas siempre involucramos a otras personas. Pero cuando te tienes que presentar solo, solo ante Dios. En ese momento lo descubres a Él plenamente como Señor y lo descubres como tu única esperanza de salvación.

Eso es lo que aparece representado en el pasaje de hoy a través del hecho de que aquellas vírgenes necias, aquellas jóvenes necias, las que no prepararon suficiente aceite a última hora, están tratando de arreglar el problema y no logran arreglarlo. Te repito, no es una invitación al egoísmo, es una invitación al realismo frente al hecho de que cada uno muere solo y que cada uno tendrá que presentarse ante Dios con lo que es.

Sorprendentemente, hay que recordar que hay personas que han pasado por lo que se llaman experiencias de vida después de la muerte. La Iglesia Católica es muy escéptica con respecto a esas experiencias porque en la mayor parte de los casos; lo que se describe ahí tiene demasiada relación con baja oxigenación en un cerebro enfermo. O sea que no hay que ponerle palabra de Dios debajo de los libros que hablan de ese tipo de cosas.

Pero sí que hay enseñanzas que podemos tomar: un número enorme de esas personas que han pasado por esas experiencias, aunque no sean tampoco las más graves, han llegado a una conclusión: mi vida tiene que tener un nuevo propósito a partir de esto. Es decir, la persona se da cuenta de que tiene que tomar decisiones y tiene que hacer algo que realmente valga la pena. Además, varias de esas personas han tenido una sensación de encontrarse como con una luz maravillosa, dulce y bondadosa, pero una luz que ilumina lo profundo de su corazón y que les invita a reconocer qué es lo que han hecho.

Y lo interesante es que ninguna de esas personas en ese momento ha tenido ni modo ni ganas de echarle la culpa a nadie ni delegar su responsabilidad en nadie. Entonces Cristo no nos dijo cuándo iba a llegar, para que tomemos conciencia de que finalmente cada uno tiene que responder por su vida. O como diría Santo Tomás de Aquino, aunque hay multitud de limitaciones en la libertad humana, existe siempre un margen en el que tú, y solamente tú eres libre, en el que tú y solamente tú decides. No todo en tu vida es consecuencia de lo que otros hicieron. No todo en tu vida es reacción frente a lo que otros hicieron. Una parte de tu vida la estás esculpiendo tú, y esa parte es la que es más propiamente tuya, y de esa parte es de la que vas a dar cuentas al Señor.

Entonces hemos encontrado tres respuestas, mis hermanos, las otras catorce se irán desarrollando en distintos congresos, las tres respuestas son muy sencillas, pero creo que tienen su profundidad y su belleza. La ignorancia tiene un papel en el plan de Dios, porque la ignorancia me abre a la humildad para que yo deje de querer controlarlo todo, me abre al asombro para que yo vuelva a ser como un niño y me abre a la escucha para que yo empiece a ser discípulo. Segunda respuesta Cristo no dijo cuándo iba a volver, porque yo no debo sentirme dueño de nada. De todo he de dar cuentas y por consiguiente, sé que mi tiempo es limitado y por eso es valioso y sé que debo crecer en el sentido de la responsabilidad. Y tercero, Cristo no me dijo cuándo iba a volver, porque cuando Él regrese, sea en el momento de mi muerte personal, o sea, en el final de la historia de toda la humanidad, será demasiado tarde para echar culpas o responsabilidades a otras personas, y simplemente seré lo que soy delante de Él. Y en ese descubrimiento de lo que soy delante de Él, de lo que soy, delante de Él estaré. . . vuelvo a mi tema con la desnudez de su cruz. El Cristo desnudo y la desnudez de mi vida frente a Él.

Bueno, ya que vemos que esas respuestas nos pueden ayudar, saquemos una última conclusión, y ¿Cómo se relaciona toda esta belleza de reflexión sobre el tiempo que nos queda y las ausencias y desiertos? ¿Cómo se relaciona con esta liturgia que estamos celebrando? Mira, cada vez que nos acercamos a la mesa del altar, trascendemos el tiempo y el espacio. El Jesús que me saluda, que me ama, que me besa, que me bendice, que me toca, que me sana, que me libera, en la Eucaristía, es el mismo Jesús del Calvario, es el mismo Jesús del sacrificio Eterno y Redentor.

De modo que pegados al que es Eterno, vencemos con Él al tiempo; pegados al que es Eterno, vencemos con Él, al tiempo. El que lleve una vida Eucarística, cosa que se espera en primer lugar de nosotros, sacerdotes, el que lleve una vida Eucarística, ese está preparado, ese no tiene preocupación de si Jesús vuelve hoy por la noche, mañana por la mañana o dentro de quinientos años.

El que lleve una vida Eucarística con el Eterno vence al tiempo, el que lleva una vida Eucarística sabe que la eternidad ya empezó. Empezó cuando mi boca se abrió y cuando mis oídos escucharon: -El cuerpo de Cristo, y yo respondí: Amén.

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