Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Vives en una espera sin sentido ó te preparas para entrar al banquete del cielo? Cristo quiere que participes de su alegría con perseverancia porque no sabes el día ni la hora.

Homilía ao32006a, predicada en 20171112, con 5 min. y 37 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

El Evangelio de hoy empieza a inculcar en nosotros ese sentido de preparación, ese sentido de vigilancia que es tan propio del final del año litúrgico. Efectivamente, a medida que vamos llegando al final del año, los textos del Evangelio nos acercan también al final de la vida de Cristo. Y la predicación de Cristo al final de su vida, nos invita a reflexionar sobre el final de nuestra propia vida y también sobre el final, incluso el propósito de la historia humana.

Por eso estas lecturas van a ir poco a poco aumentando su intensidad, en esa exhortación a que estemos atentos, a que despertemos, a que no nos dejemos llevar por la corriente, a que no nos durmamos, es decir, a que no seamos indiferentes y pasivos frente a lo que está sucediendo en el mundo. Ese es el contexto general, podemos decir de estas lecturas de fin de año y por eso hay distintos mensajes, distintas parábolas que nos van llevando en esa dirección.

Hoy, por ejemplo, Jesucristo utiliza una comparación a partir de lo que era una costumbre en aquella época. Sucede que cuando se celebraba una boda, por lo menos una boda de cierta importancia o categoría, se hacía como una especie de simulación de un rapto, una manera de expresar la intensidad del amor y el sentido de la aventura y la capacidad de tomar riesgos por aquella persona que se ama. Se supone que si un hombre llega al extremo de fugarse con la mujer que ama, pues eso tiene ese sentido de aventura, de intensidad y también de riesgo.

Bueno, la verdad es que Dios ha tomado esa clase de riesgos con nosotros, y es evidente que esos riesgos tuvieron consecuencias. Dios lo ha arriesgado todo por nosotros y el sentido y la intensidad de su compromiso se notan perfectamente cuando nosotros pensamos en Cristo en la cruz.

Volvamos a las costumbres de aquel tiempo: Como se trataba de simular una especie de fuga o de rapto, entonces lo que sucede es que la novia, la que se iba a casar, la que se estaba casando, pues tenía que estar atenta durante la noche porque no sabía en qué momento iba a llegar el esposo. Pero como por otra parte era solo una simulación, pues era también el comienzo de la fiesta, el comienzo del banquete nupcial. Una idea muy querida para nuestro Señor Jesucristo, una idea que tiene su plena y hermosísima expresión en el libro del Apocalipsis, donde se nos habla del banquete de bodas del Cordero.

Así que tenemos por una parte la aventura, el riesgo de una fuga, pero por otra parte, el gozo de una fiesta, de un banquete. Esas dos ideas están en el texto de hoy. Lo mismo en aquella época que en nuestra época, era frecuente que la persona que se iba a casar, es decir, la novia, fuera acompañada por algunas de sus amigas más cercanas. De modo que no solamente ella, sino sus compañeras tenían que estar también en ese ejercicio de vigilancia.

Eso es lo que nos permite comprender mejor el texto del Evangelio de hoy. Como era una especie de rapto o de fuga simulada, entonces no se sabía a qué horas iba a llegar el esposo. Pero por otro lado, como se trata de entrar a una fiesta, pues había que estar listos para poder participar de esa celebración, esa es la idea. Y nos damos cuenta que algunas de las compañeras de la novia o de la esposa, algunas de las compañeras se prepararon muy bien, dijeron: -No se sabe esto cuánto va a durar- mientras que otras se prepararon mal.

Y esa comparación entre el prepararse bien y el prepararse mal es la que Cristo quiere que quede en nosotros. No vaya a suceder que nosotros no esperemos lo suficiente, no nos preparemos bien y entonces nos perdamos de lo realmente bello, porque esperar en la noche no es agradable, entrar al banquete, sí.

Así que tú escoges si tu vida va a ser una espera sin sentido o si tu vida va a ser preparación para entrar al banquete del Reino de los Cielos.

Son imágenes muy sencillas, muy pedagógicas, que utiliza nuestro Señor Jesucristo para que todos podamos entender el mensaje que nos quiere dar.

Él quiere que participemos de su alegría, pero necesitamos perseverancia, necesitamos paciencia, necesitamos constancia porque no sabemos el día ni la hora.

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