Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Nuestra fe cristiana no mira el final como un desastre sino como una puerta, que conduce más plenamente al encuentro con Dios.

Homilía ao32005a, predicada en 20141109, con 4 min. y 52 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!. Este es el domingo número 32, durante el tiempo ordinario. Esto significa que definitivamente vamos llegando al final de nuestro año litúrgico, y cuando se llega al final, se llega también a un nuevo comienzo. Nuestra fe cristiana no mira el final como un desastre, lo mira como una puerta. Pero, por supuesto, la pregunta es: ¿Qué hay detrás de esa puerta? Para aquellos que no creen en Dios, detrás de la puerta de la muerte solo existe el vacío, el olvido, la disolución en la nada. Para nosotros, en cambio, como cristianos, sabemos que hay alguien que ha estado tocando a la puerta y por eso sabemos que detrás de esa puerta, el que nos espera no es otro sino Jesucristo.

Ese sentido de la presencia y de la espera de Jesucristo, va a impregnar todo este final del año litúrgico hasta llegar a la gran Solemnidad de Cristo Rey e incluso las primeras semanas del nuevo año litúrgico, es decir, el Adviento del siguiente año, que será el 2015. Tener este sentido, este sentido profundo de la espera de Cristo también tiene una implicación. Y es que si Él nos ha estado esperando, tenemos que preguntarnos si nosotros le estamos esperando.

Encontramos en la primera lectura de hoy un texto del Libro de la Sabiduría, es el capítulo sexto del Libro de la Sabiduría y habla de uno que se ha afanado por la sabiduría, la ha buscado ansiosamente. Esa búsqueda de la sabiduría le ha llevado a despertarse muy temprano en la mañana y a velar hasta altas horas de la noche. El sacrificio del descanso, el sacrificio del sueño tiene, sin embargo, una razón de ser; es un sacrificio por amor, es el deseo de encontrar aquel tesoro, el tesoro de la sabiduría.

Bueno, ese texto nos lo propone la Iglesia como una especie de introducción a la parábola que vamos a encontrar en el Evangelio de hoy, parábola del capítulo 25 de San Mateo. Es el famoso texto de aquellas vírgenes que están esperando a que el esposo vuelva de la boda según las costumbres de la época. Después de una boda tenía que venir una gran celebración y las amigas se juntaban para esperar a que esa gran fiesta empezará. Pero la fiesta podía empezar a medianoche o podía empezar en la madrugada, no se sabía la hora del comienzo de la fiesta y por eso hay que velar, por eso hay que estar atentos porque no tenemos certeza del comienzo de la fiesta.

Pero fíjate de lo que estamos hablando, estamos hablando del comienzo de una fiesta; ese es el sentido más profundo de la esperanza cristiana. No estamos esperando el comienzo de un desastre, estamos esperando el comienzo de una fiesta, no estamos esperando la llegada de la nada, la llegada del absurdo, estamos esperando la llegada de Cristo.

Y por eso lo que quiere nuestra Madre la Iglesia, es que nuestros corazones tengan ansia de Cristo, que tengan hambre de Cristo. Así como aquel hombre del Libro de la Sabiduría, que tiene profunda hambre para encontrar esa luz que sabe que es necesaria en su vida. Eso es lo que quiere la Iglesia de nosotros, que lleguemos a ese tipo de hambre, que sintamos ansia de Cristo.

Por supuesto, no es un llamado al temor, es un llamado a despertar, es un llamado a amar y es un llamado a esperar, no simplemente aguardando, sino disponiendo nuestro corazón para ese gran encuentro con Cristo.

Bella es nuestra vida cristiana y por supuesto, solemne, el llamado del Señor que nos atrae hacia tanta belleza. De nuevo, ¡feliz domingo! Es Cristo el que te espera en este domingo.

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