Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

"Ya no habrá más tiempo".

Homilía ao32001a, predicada en 19961110, con 6 min. y 58 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, las parábolas son un recurso pedagógico maravilloso de la predicación de Jesús para imprimir en los corazones de los oyentes una enseñanza al mismo tiempo profunda y fácil de recordar y de transmitir. Hoy la Santa Iglesia nos ofrece esta parábola de las diez doncellas, igual podría traducirse las diez vírgenes, y así quizás la recordamos por la traducción que solía leerse en el Evangelio del domingo.

Las costumbres judías en torno al matrimonio suponían, entre otras, esta especie de ceremonia en la que el novio, con una especie de corona de flores, iba a buscar a una determinada hora del día o de la noche, iba a buscar a su a su prometida o a su novia, y eso servía de comienzo para una celebración, para una fiesta. No se trata entonces de la costumbre que tenemos nosotros, de celebrar el matrimonio tal día a tal hora en tal iglesia, sino, que tenían como esa especie de juego y las celebraciones matrimoniales, por otra parte, eran muy largas. Eso se convertían en una especie de pequeñas ferias y fiestas, como cuando tenemos nuestras ferias y fiestas en Chinácota o en Supatá o en La Palma, que son celebraciones no de un instante, sino un conjunto de momentos en los que participaban de la familia, de él y de la familia de ella.

Este ambiente era bien conocido por todos los oyentes de Cristo cuando por primera vez predicó esta parábola. Para nosotros suena un poco extraño y por eso hay que añadir algunas explicaciones como las que estamos haciendo. Pues bien, viene a suceder que en esta comparación Cristo logra describir con maestría un profundo contraste. De lo que se trata en realidad es de que quede en el ánimo de sus oyentes el contraste entre la modorra, la pereza con que toca esperar a que sucedan las cosas y la prisa cuando ya llegó el novio y hay que correr y no les alcanzan las piernas para llegar a la tienda, para volver a la fiesta, para tocar y para decir si pueden o no ser recibidas. Se trata del contraste entre ese tiempo en la historia, en el que parece que nada sucede; y ese es el tiempo en el que también quizás estamos nosotros.

Ya la segunda carta de Pedro hace la advertencia, algunos dicen, piensan que ya no va a suceder nada, porque desde la creación del mundo el mundo sigue igual. Y así pueden sentir muchas personas: Sale el sol, se pone el sol, nace gente se muere gente, se cae un presidente o termina su periodo, eligen otro presidente o llega otro presidente, cae un imperio, se levanta otro imperio y por eso se puede creer que nada está sucediendo y por eso uno se va adormeciendo en la fe y uno se va adormeciendo en el amor y se va limitando al mínimo. Y esa es la lámpara que está a punto de apagarse.

Me gusta mucho esta nueva traducción en la expresión que dicen las doncellas precavidas a las no precavidas, les dicen: -no nos va a alcanzar para todas-. La traducción usual decía: -Si no alcanza para nosotras y para vosotras, mejor id a la tienda-. Esto refleja mejor, me parece, las palabras del Señor, es la certeza de que ya es demasiado tarde. Si es aficionado usted al Apocalipsis, búsquese el texto en el que un ángel grita con voz potente -Ya no habrá más tiempo-.

Ese es el mensaje de este Evangelio y la Iglesia nos lo presenta, pues porque el año litúrgico se está acabando. Nos quedan unos poquitos domingos antes de que termine este año litúrgico y estemos ante la visión maravillosa del retorno de Cristo Señor. Por eso la Iglesia nos va preparando.

Pues bien, ya no habrá más tiempo, no es indefinido, no es infinito el tiempo. A cada persona se le acaba su propio tiempo y en el momento de la muerte ya no se le puede pedir aceite de buenas obras, aceite de fe, aceite de la gracia del espíritu. Son como las interpretaciones que se ha dado al aceite. Ya no se le puede pedir ese aceite a nadie. Se ha acabado el tiempo.

Pero lo que dice Jesús no solo vale para cada persona, sino para la historia. En algún momento no sabemos cuándo se acabará el tiempo y ya nadie podrá hacer nada por nadie. Luego, ahora que sí tenemos tiempo, ahora que sí es posible, hay que colmarse de fe, hay que colmarse de gracia, hay que colmarse de buenas obras y no hay que dejarse engañar por las apariencias.

Si nos da la impresión de que este tiempo va demasiado despacio y nunca sucede nada, cuando se precipiten los acontecimientos finales, quizá lloraremos el desperdicio de tantos días, de tantas ocasiones en nuestra vida.

Fiados de Cristo Señor, aprendamos su enseñanza y dispongámonos para acogerlo en la Eucaristía, mientras un día lo acogemos glorioso, viniendo desde los cielos.

Amén.

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