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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Asómate a la profundidad y realismo que tiene la palabra AMOR en la Biblia.
Homilía ao30013a, predicada en 20231029, con 27 min. y 0 seg. 
Transcripción:
Hermanos, este es un Evangelio más bien breve, que nos enseña varias cosas, por ejemplo, lo que es central y esencial en la vida, así como es esencial y es central en la Biblia. Y eso que está en el centro es el amor. Amar a Dios con todo el corazón, amar al prójimo como a uno mismo. Esta es una enseñanza que hay que recordar con alguna frecuencia, porque uno puede perderse en muchos detalles. Yo recuerdo a un padre dominico con el que solía confesarme. Ya era bastante mayor y una vez fui a confesarme con él. Le conté la lista de mis miserias y él se quedó pensando unos pocos segundos y después me dijo. "Que no se te pase la vida sin amar a Dios". Esas palabras fueron como su testamento, porque ese padre que se llamaba Marco Tulio Prieto, ese padre falleció una semana después. Fue la última conversación que yo tuve con él y fue en el sacramento de la Confesión. Evidentemente, cuando la vida va pasando, uno le va dando como su proporción a las cosas y a veces lo que nos angustia demasiado, lo que nos preocupa, lo que nos motiva demasiado. Con el paso del tiempo se muestra que no era tan importante. A eso llaman madurar. Hay gente que le da mucha importancia, que a conseguir un vehículo nuevo, que estar a la última moda, que ir a los lugares que están en tendencia en las redes sociales. Pero después el tiempo va pasando y uno ve que todo eso es muy vacío y que muchas veces es solo mercadeo y que realmente no hay tanto valor ahí y uno se va quedando con lo esencial. O le doy otro ejemplo, lo que también pasa en las parejas. A veces hay parejas que discuten, que pelean mucho, pero usualmente con el paso del tiempo se van dando cuenta que la mayor parte de las peleas son cosas tontas que no vale la pena pelear por eso. Que muchas veces lo único que está sucediendo ahí es el choque de dos inmadureces y de dos egos. Entonces, la primera enseñanza que nos trae este evangelio es aprender a centrarnos en lo esencial. Y lo esencial es que no se te pase el tiempo sin amar a Dios, decía el Padre Prietico. Y por supuesto, el segundo mandamiento semejante al primero Amarás al prójimo como a ti mismo. Primera enseñanza, no olvidar lo esencial. Segunda enseñanza. Es interesante que la Iglesia nos propone como primera lectura un texto que habla de muchas obras de misericordia y de compasión. Y fíjese que no tiene la palabra amor. Estaba mirando nuevamente aquí, y no, no tiene ni la palabra amor. Habla de compasión, habla de ayudar, de nunca oprimir, de jamás explotar al prójimo. Entonces, ¿Qué nos quiere decir esto? Aquí viene la segunda enseñanza. En la Biblia el amor no es un asunto solo de palabritas. Por eso dice la primera carta de Juan: "No amemos de palabra y con la lengua". El amor no es solamente un tema de sentimientos. No es que estén mal los sentimientos. Amar sentimentalmente es algo bonito y los sentimientos no están ausentes de la Biblia. Incluso el sentimiento dulce de amor, por ejemplo, de una pareja está en la Biblia. Claramente en varios pasajes, los más conocidos en el libro del Cantar de los Cantares. No es que esté mal, de ninguna manera está mal el sentimiento, sino que no ponga usted el centro del amor en el sentimiento. ¿Por qué? Porque el sentimiento tiene tres problemas que le voy a contar aquí para que no diga que nadie le advirtió. Mire, primer problema, el sentimiento es inestable. Usted no tiene el mismo grado de sentimiento todo el tiempo. Hay veces que usted siente que hay un gran amor y otras veces no siente tanto amor. Hay veces que usted siente que es maravilloso estar con una persona y otras veces usted siente ¿Qué hago yo con este tipo? ¿Qué hago yo con esta tipa? Entonces el sentimiento sube y baja, y uno no puede quedarse con el sentimiento solamente porque el sentimiento es incierto y es tan incierto que a veces la gente dice, ¡No!, es que el amor se acabó y no es cierto. No; es que el amor se acabó. Se acabó la emoción, se acabó el sentimiento, se acabó la excitación. Se acabó el gusto. Pero el amor no tenía por qué haberse acabado. El amor tiene que ser más grande que eso. Usualmente lo que yo he visto, así como observador imparcial, es que muchas veces la gente comprende mejor el tema del amor con los hijos que con la pareja. ¿Por qué? Porque mire lo que le pasa a usted con sus hijos. Si un día su hijo, por ejemplo, hace mala cara, para lo cual suelen ser muy buenos, bastantes hijos, hace mala cara, le tuerce la boca, está así como irrespetuoso. ¿Usted va a decir; ¡No! dejo de amar a este hijo? ¡No! A usted le duele, a usted le preocupa, usted lo siente, pero usted no deja de amar a su hijo. Eso demuestra que el amor tiene que ser más que un sentimiento, porque el sentimiento sube y baja. Y esta es una de mis preocupaciones como sacerdote. Cuando la gente entra en la edad de los noviazgos, que ahora se entra demasiado pronto y con otros problemas que mencionaremos después. Entonces el tema está en que en los noviazgos la gente le pone demasiada, demasiada tiza, demasiado énfasis al sentimiento y con solo sentimientos no se construye un hogar, no se construye un futuro y a veces no se hace un caldo. Así que hay que tener cuidado con eso. El sentimiento es muy inseguro. Segundo, la mayor parte de los sentimientos dependen demasiado de las cosas exteriores. Concretamente, dependen demasiado del aspecto físico. Dependen demasiado de si la persona es bonita y resulta que hay una verdad que es tan cierta y tan lapidaria como que hay que pagar impuestos. Y esa verdad es, todos nos vamos volviendo feos. Eso es así. Usted puede ser hombre, mujer, pero usted se va volviendo feo. Usted no va a tener la misma belleza. La belleza tiene su curva y un momento en el que la persona está en su punto más alto. De ahí en adelante es como en el Tour de Francia. Ya todo es bajada, entonces ya empieza a bajar, a bajar, ya no está tan bonita, ya no está tan bonita. Usted la mira y dice no, no, no, no está tan bonita realmente así, bonita como yo la conocí, no está tan bonita. Entonces el sentimiento como depende muchas veces demasiado de lo material, de lo corporal, de los sentidos, es un desastre. Por eso yo también les digo a hombres y mujeres, pero sobre todo a las mujeres les digo mire usted, cuide el tema del pudor, no se esté mostrando, no se esté exhibiendo. ¿Por qué? Porque si usted se está exhibiendo, usted está acostumbrando a su hombre. Lo está acostumbrando a que la quiera únicamente por lo que usted muestra. Pero entonces ¿Qué pasa? Que entonces la gente se pone cuando está así, jovencita bonita. Y todavía tiene una cosa que se llama cintura, porque después eso desaparece, pero todavía tiene cintura. Entonces cuando todavía tienen cintura, se ponen una ropa. Entonces es a mostrar la barriga, mostrar la barriga. Bueno, si la persona tiene cintura, pero cintura que merezca ese nombre que poquita realmente tienen. Así una cintura que se diga tiene buena cintura, si tiene cintura, entonces más o menos, más o menos se ve bonita. Pero entonces ¿Qué pasa? Que ella empieza a exhibir cintura, empieza a exhibir cintura, acostumbra al hombre, lo acostumbra a que se fije en el cuerpo de ella, el cuerpo, el cuerpo y después trate de cuidar esa cintura, ¡Ay! ahí sí la veré. Ahí sí, la veré. No, eso no hay manera. Eso después sufren, van al gimnasio, invierten plata, cambian de instructor, hacen tratamientos, todo lo que sea. Y finalmente se llega a una conclusión. Mi cintura jamás volverá. Ese es un día muy duro en la vida de una mujer. Mi cintura no volverá. Hubo cintura. Hubo en otra época, pero ya no volverá. Entonces, si usted ha acostumbrado a su hombre, a su novio, que después es su esposo, lo ha acostumbrado a estarse, muestre y muestre. Si usted es una de esas mostronas usted lo acostumbró mal. Además, usted lo entrenó para que después esté buscando a las que sí tienen cintura. Entonces cuando ya usted, ni por más que haga ejercicios, usted sabe que en algún lugar de su cuerpo existe una cosa llamada abdominales. Eso tiene que existir. Usted se palpa donde nadie la vea, usted se palpa. ¿Dónde están? Pero los abdominales no aparecen, la cintura no aparece. Y como usted educó a su hombre a que viera piel, no a que la quisiera por otras cosas, sino a que la quisiera solo por la piel. Entonces él se empieza a mirar otras pieles. ¿Ve el problema del sentimiento? Tercer problema que tiene el sentimiento. El sentimiento va muy unido a una cosa que se llama la pasión, una cosa que se llama el deseo. Pero si usted examina estadísticamente, tome usted un matrimonio real, no los matrimonios de películas, ni mucho menos de esas porquerías de pornografía. Tome un matrimonio real. ¿Cuántas horas al día está ardiendo de deseo? Entonces usted hace sumas. ¿Cuántas horas al día? Y eso, por más que sea, por más que tomen, se unten, hagan, lo que sea. Eso no dura. El deseo no dura. La mayor parte de la convivencia no está marcada por el deseo. La convivencia no la sostiene el deseo. La convivencia necesita que se valoren otras cosas. Muchas de las cuales, muchísimas de las cuales no producen gran sentimiento o son otro tipo de sentimientos. Por ejemplo, le voy a contar cómo se sabe que un matrimonio va en buena ruta. Decimos que un matrimonio va en buena ruta cuando va creciendo la admiración, el respeto, la gratitud cuando hay agradecimiento, respeto y admiración de él hacia ella, de ella, hacia él. Usted dice: -Va bien ese matrimonio, bien va ese matrimonio, ese matrimonio va enfocado, Ese matrimonio va a durar porque van creciendo esas tres cosas.- Hay admiración, hay respeto, hay gratitud. Ese matrimonio va bien, ahí vamos bien. Lo demás, cuando exista, cuando venga, cuando llegue, pues claro, bienvenido. Dentro del plan de Dios también está que haya gusto, que haya sentimiento, que haya emoción, pero que uno se concentre en eso, que uno le dé el primer lugar a eso. No, eso no dura, eso cambia demasiado, eso es demasiado exterior y además tiene vida muy corta. Entonces por esa razón la Biblia, que es muy sabia, nos muestra que el amor no se queda en el sentimiento en donde se queda el amor. El amor tiene que ver con otras cosas en la Biblia que son las siguientes: Yo fuera usted. Yo trataba de recordar porque no les voy a decir que escriban ahora, pero trate de recordar todo lo que pueda esta homilía que le va a servir para la vida. En la Biblia el amor tiene que ver con decisiones, con preferencias y con acciones. Eso es lo que tiene que ver. Mire usted, por ejemplo, esta frase que es a nadie se la explica a uno si uno se queda con el tema del sentimiento. En el Evangelio de Juan, Jesús suelta esta frase: "Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando". ¿Quién entiende la amistad así? Nadie. Nadie. Porque para nosotros la palabra amistad consiste más bien en que yo me siento bien con esa persona. Tenemos gran afinidad, hacemos cosas juntos. Pero Jesús es muy concreto. Se trata de un hacer. Y en otra ocasión dijo Cristo: "Ustedes ¿Por qué andan diciendo Señor, Señor, y no hacen?" Entonces el amor en la Biblia tiene que ver con: -Decisiones, con preferencias y con acciones.- Y póngale cuidado que eso es exactamente lo que uno como ser humano quiere. Eso es lo que uno quiere oír. Palabras bonitas que le escriban un buen poema. Cuando la gente escribía poemas, ahora manda memes. Pero cuando la gente escribía poemas y todo eso, y escribe una carta bien hermosa y de mañana pienso en ti y no desayuno. A mediodía. Pienso en ti y no almuerzo por la noche. Pienso en ti y no duermo del hambre que tengo. Que le escriban a uno cosas bonitas. Pues eso gusta, eso gusta. Que le digan a uno cosas bonitas. Pero los matrimonios, la familia, la comunidad. Aquí conectamos con la comunidad, porque resulta que la definición de vida religiosa según el Derecho canónico, es la decisión que toman hombres y mujeres de consagrarse únicamente a Dios, sumamente amado, sumamente amado. Entonces, qué les toca a estas queridas consagradas que son un testimonio y para mi un baluarte. Y me han hecho tanto bien estas religiosas. ¿Qué es lo que tienen que hacer ellas? Eso se ve en los hechos, se ve en las decisiones, se ve en las preferencias. Yo prefiero a Dios. ¿Qué es lo que hace, por ejemplo, una religiosa? Una religiosa, que usted la ve y usted dice. . . Pero se ve como inteligente. Se ve como, como agradable, se ve como bonita. ¿Qué hace allá metida? ¿Sabe lo que hace aquí metida? Mostrar a quién prefiere. Eso es consagrarse a Dios. Por eso la Iglesia dice que la persona que vaya a consagrarse como religioso, o como religiosa, tiene que tener capacidad y valoración de matrimonio. ¿Cómo así? Sí, señor. Una persona que no comprende la dignidad del matrimonio, que no lo valora y dice: ¿Me entró a un convento? Esa vocación es falsa. ¿Por qué? Porque la Iglesia se apoya en la Biblia. Y la Biblia dice: Usted tiene que mostrar que usted entró al convento, no, porque no podía otra opción. No para esconder una tendencia que puede ser vergonzosa. Usted entró al convento porque usted prefiere a Dios y tiene que mostrar que usted prefiere a Dios. Entonces el amor está en decisiones, en preferencias y en acciones. Y esa es otra lección muy importante. Y la última lección que vamos a ver ahora está en la frase final que dice Cristo o de las últimas. Dice Él: -El mandamiento principal y primero es amar a Dios.- El segundo, porque hay un primero, luego viene el segundo. El segundo es semejante. No dice es igual, no dice es lo mismo con otras palabras, es semejante. ¿Por qué insisto en esto? Porque hay una cierta tendencia teológica de crear confusión, como diciendo que si yo amo al prójimo quedó resuelto el amor de Dios. ¡No! Hay una frase en la primera carta de Juan que dice: "El que no ama a su prójimo, a quien ve, ¿Cómo va a decir que ama a Dios, a quien no ve?" Pregunta: ¿Significa ese versículo de la primera carta de Juan que es lo mismo una cosa que otra? No, lo que está diciendo es que el amor al prójimo es el síntoma, es la señal, necesaria, pero no suficiente, de que haya amor a Dios. Es una señal. Así como cuando hay una enfermedad, a veces una señal es la fiebre. Pero la fiebre no es la enfermedad. La fiebre es el síntoma. Una sonrisa alegre es el síntoma de que una persona está bien. Pero eso no significa que la sola sonrisa indique que la persona está bien, porque también puede ser buena para actuar. Entonces, amigos, el amor al prójimo no lo confundamos con el amor a Dios. El amor al prójimo sirve como diagnóstico, insisto, necesario pero no suficiente. Sirve de diagnóstico del amor de Dios. Y de hecho, la razón para amar al prójimo es Dios. Por eso hay que tener cuidado que esto se entra a veces en las comunidades religiosas. Entonces le dicen a uno usted tiene que ver a Dios en sus hermanos. Y uno que es así, un novicio absolutamente ingenuo como yo, que era completamente ingenuo. Entonces el novicio ve que le dicen, tiene que ver a Dios en sus hermanos. Y uno empieza a ver los hermanos de uno y dice Dios no tiene tan mala cara. Dios no es tan grosero, Dios no es tan envidioso. Entonces hay que tener cuidado con esa frase. Esa frase de que hay que ver a Dios en el hermano. Cuidado con eso, porque esa puede ser una trampa, una trampa porque luego usted empieza a ver, a ver aquí quién se parece a Dios en este monasterio. Empecemos a ver una por una, ver a quién se parece a Dios, y a veces se le va uno la lista en blanco. El amor al prójimo. ¿Cómo funciona? Mire esta hermosura que nos muestra Cristo. Mire cómo funciona el amor al prójimo, que eso es una belleza. El amor al prójimo funciona de la siguiente manera Hay que ponerle un poquito de catequesis y teología a esto. Usted es imagen de Dios. Yo soy imagen de Dios. Una imagen muchas veces borrosa, muchas veces ensuciada, muchas veces sepultada. ¿Qué sería una imagen de Dios, así como, como sin mancha ni arruga? A eso se llama la Virgen María. Esa es una persona que refleja con tanta intensidad, con tanta pureza, con tanta perfección, lo que es el amor de Dios, que realmente encontrarse con María es como ver realizado el plan de Dios. Es algo fantástico, pero la mayor parte de nosotros estamos muy lejos de la Virgen María en ese sentido, porque nosotros somos imágenes borrosas, imágenes sucias, imágenes sepultadas de quién es Dios. Entonces, ¿Cómo tiene uno que amar al prójimo? Sigamos el ejemplo de Cristo ¿Cómo amaba Cristo al prójimo? Cristo amaba al prójimo. ¿Por qué? Porque le caía bien la gente. No tenemos pruebas en los evangelios de que a Cristo había mucha gente que le caía mal, incluyendo sus mismos apóstoles, porque una vez dijo "¿Hasta cuándo tendré que soportar a esta gente?" Parecía como frase de priora una cosa así. Entonces Cristo se cansó. Cristo se saturó de la gente. A Cristo no le parecía súper agradable, súper nice, súper chévere, súper cool estar con la gente, ¡No! Muchas veces la gente es aburrida, la gente es ingrata y los grandes santos han mostrado lo mismo. Así, por ejemplo, San Vicente de Paúl decía -Cuando vayamos a amar a los pobres, no nos fijemos en su comportamiento, porque suelen ser bruscos e ingratos.- Entonces uno no tiene que partir de la base de que la gente se parece a Dios. Uno tiene que partir de la base de que por allá, por allá, bien sepultado, por allá, bien adentro, en un lugar que que está más adentro que los abdominales. En ese lugar profundo, profundo, está la imagen de Dios. Entonces, ¿Amar al prójimo qué? Es que me parece simpático, agradable, me inspira, no, Mucha gente no le inspira a uno, sino rabia o le inspira a uno es como lástima o como fastidio. Entonces cuando le dicen a uno -Mire a Dios ahí. Yo qué voy a ver ningún Dios ahí- Lo que tengo que ver, o si lo puedo ver, es de esta manera, como Cristo: -Hay una imagen de Dios que está en esta persona, y mi trabajo y mi alegría es que esa imagen que muchas veces está sepultada, borrosa, ensuciada, vaya saliendo. Y esa es una gran alegría. Eso fue lo que hizo Cristo. Piense usted, por ejemplo, ¿Cómo encontró Cristo a Mateo? Mateo era un tipo que trabajaba para el Imperio Romano, amador del dinero, más bien codicioso con su círculo de mafiosos. Tenían ahí una mafiecita. Ese era Mateo. ¿Y qué hizo Mateo? Pues Mateo fue llamado por Cristo. ¿Y qué fue lo que hizo Cristo? Esto es lo más bello. Cristo fue limpiando poco a poco toda esa basura de codicia. Fue limpiando toda esa hojarasca, fue quitando todo eso hasta que al final quedó el verdadero Mateo, el verdadero Mateo, el Mateo que Dios quería. ¿Qué hizo Cristo con la Magdalena? La Magdalena estaba sepultada de basura. Pobre mujer, nos dice la Biblia poseída de siete demonios. Era, era realmente terrible el estado de ese corazón. ¿Qué hizo Jesús con su palabra, con su oración, con su testimonio? Fue limpiando ese corazón, lo fue limpiando para que quedara lo que estaba debajo. Entonces, ver a Dios en el hermano no es algo inmediato. Es en primer lugar una certeza teológica. Hay una imagen de Dios que poco a poco irá apareciendo y en algunos casos aparece solo en la agonía. Toda una vida trabajando y por allá, en la agonía, se dice -Sí, señor, parece que sí si llegó a esa imagen de Dios,- entonces ¿Qué es lo que queremos decir con esto del amor al prójimo? Que el amor al prójimo no es por simpatía. El amor al prójimo brota del amor de Dios. Yo amo al prójimo porque sé que ese Dios que me ha amado primero y ese Dios a quien yo amo, ese Dios se refleja en lo más profundo del corazón de esa persona. Y yo quiero que esa imagen aparezca y yo quiero ayudar a que esa imagen aparezca. ¿Entonces un buen sacerdote qué tiene que hacer? Ayudar para que la imagen de Dios que está en cada uno de ustedes, aparezca. Ese es mi trabajo. Mi trabajo, que es mi manera también de seguir a Jesús, es que cada uno de ustedes, desprendiéndose de toda mugre y de toda basura, cada vez refleje como en rostro descubierto la gloria de Dios. Eso es amar a Dios y al prójimo.

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