Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El amor que de Dios recibimos, es fuente del amor que a Dios damos, y del amor que, de Él comenzando, al prójimo al final entregamos.

Homilía ao30009a, predicada en 20171029, con 32 min. y 2 seg.

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Transcripción:

Amados hermanos. La frase que tal vez llama más la atención en el Evangelio de hoy es que Jesús parece poner en el mismo nivel de importancia el amor a Dios y el amor al prójimo. ¿Cómo entender esa comparación entre esos dos amores? ¿Será que da lo mismo amar a Dios y amar a una criatura de Dios? No puede ser. Solo Dios es Dios. Entonces uno puede quedar un poco confundido ahí. Pero como este es un día para salir de las confusiones, porque a eso fue que vinimos. Pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a entender esa frase. Jesús dice, -Este es el más importante y el primero de los mandamientos.- Eso lo dice refiriéndose a: Amar a Dios, y luego dice: -Pero hay un segundo mandamiento que tiene la misma importancia- "Amarás a tu prójimo como a ti mismo".

No cabe decir que da lo mismo amar a Dios y amar al prójimo, porque entonces yo podría reemplazar a Dios. Eso no puede ser. Esa no puede ser la explicación. Entonces empecemos a buscar la explicación con la ayuda de la misma escritura. Una explicación la podemos encontrar en la primera carta de Juan dice El que no ama a su prójimo, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Esto se parece a lo que estamos escuchando aquí. Apoyándonos en esa lectura de la primera carta de Juan, la respuesta a nuestra pregunta, la pregunta es ¿Cómo es que son igualmente importantes los dos amores? La respuesta a nuestra pregunta sería ésta: Lo que sucede es que el amor al prójimo es señal inequívoca de si hay o no hay amor a Dios.

Algo parecido me perdonan lo infantil de la comparación, algo parecido a un camión de remolque. Usted ve que va el camión y va el remolque; y van juntos y van a la misma velocidad y toman las mismas curvas. Y cuando frenan, frenan juntos. Pero hay uno que va delante y hay otro que va atrás, Pero van siempre juntos el camión y el remolque. Entonces, una manera de entender este texto es esa. El amor a Dios es como el camión, el amor al prójimo es como el remolque, pero tienen que ir juntos. El amor a Dios va con el amor al prójimo. De manera que como es tan difícil ver al camión porque el amor a Dios es difícil de ver, eso solo lo conoce Dios. Es más fácil ver al remolque. Entonces, si yo veo un remolque que está allá afuera, quieto, parado, yo saco una conclusión. El camión no se está moviendo. ¿Sí o no? Porque yo veo. Yo no veo al camión. Yo solo veo el remolque. Pero como el remolque va unido al camión, si el remolque no se mueve, quiere decir que el camión no se mueve.

Y el movimiento del camión se llama el amor a Dios. Y el movimiento del remolque se llama el amor al prójimo. De tal manera que si no veo que se esté moviendo el remolque, si no hay amor al prójimo como yo sé que están pegados, quiere decir que no hay amor a Dios. Eso se llama la teología del camión y el remolque. Esa es una manera de tratar de entender. Compréndame, que estamos tratando de entender la Palabra de Dios. Lo que pasa es que a veces uno pasa por encima de esos textos y ya uno tiene 40 años, 50 años, 60, 70. Hay gente con más de 80 años y hay veces que la persona que puedo ser yo. Cuántas veces hemos pasado por encima de este texto y no nos hemos hecho esa pregunta. Entonces examinemos la respuesta.

Primera respuesta posible. El amor a Dios y el amor al prójimo tienen la misma importancia. Porque da lo mismo amar a Dios que al prójimo. ¡Falso! Eso no puede ser. La primera respuesta fue descartada porque nunca será igual amar a Dios y amar a la criatura que Dios hizo. Entonces seguimos buscando. Segunda respuesta, ¿Cómo es la segunda respuesta? La segunda respuesta es la teología del camión y el remolque. No es que sean lo mismo. Es el camión el que mueve al remolque. Pero como siempre, van juntos. Quiere decir que si no se está moviendo el remolque, no se está moviendo el camión. O sea que si no se le ve amor al prójimo no venga a decir que tiene amor a Dios.

Bueno, esa explicación sí es válida. Es así. Esa sirve porque es real lo que nos dice la escritura. Muchas veces yo no puedo saber el amor a Dios que tiene otra persona, sobre todo porque muchas veces la gente cree que ama a Dios y lo que ama es una imaginación. ¿Se acuerdan del ejemplo que dimos en el retiro del Cristo Imaginario? Entonces el Cristo imaginario yo lo amo y Él me habla, yo le hablo, conversamos. A veces conversamos por la calle, vamos hablando. Pero ese es el Cristo imaginario. Es muy difícil evaluar el amor a Dios, es muy difícil evaluarlo, pero como el amor al prójimo es el remolque, si el amor al prójimo se está moviendo, esa es una señal de que el amor a Dios, es decir, el camión se está moviendo. Bueno, esa explicación sirve sobre todo sirve para no decirse mentiras uno. Porque a veces la religión puede convertirse en un pretexto para ciertos egoísmos y comodidades. ¿Recuerda usted la parábola del buen samaritano? Usted recuerda que atracaron a un hombre que iba de Jerusalén a Jericó, y usted recuerda que pasaron un sacerdote y un levita y no hicieron nada; y seguro que ellos tenían buenas explicaciones para eso.

Por ejemplo, la ley de Moisés dice que no hay que tocar cadáveres. Entonces ese sacerdote, que por supuesto está llamado a cumplir estrictamente la ley de Moisés, pasó por ahí y dijo: Estará herido o estará muerto. Tal vez lo que está es muerto, mejor no lo toco. Es muy fácil encontrar pretextos y disculpas es muy fácil. Entonces, el amor al prójimo, el amor al prójimo, sirve de diagnóstico, sirve de señal para saber cómo está el amor a Dios. Interesante. Una explicación útil nos puede servir. Pero miremos otra explicación que es la que de fondo yo le quiero compartir a usted. Porque creo que esa explicación nos va a enseñar cosas nuevas. ¿Qué pasa cuando nosotros amamos a Dios? ¿Qué pasa cuando nosotros abrimos nuestro ser al amor de Dios? Lo primero que nos advierte la Escritura es que el movimiento de amor entre Dios y el hombre no empieza en el hombre, sino que empieza en Dios. Porque también dice la Escritura precisamente en la misma primera carta de Juan dice: "En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero".

Entonces, cuando una persona se abre al amor de Dios, cuando una persona entra en comunión con Dios, cuando una persona es, podríamos decir, inundada de ese amor. ¿Qué sucede? Sucede que se da una tremenda desproporción porque la manera como Dios me ama es incomparable, es infinita, es grandiosa, es compasiva. La manera como Dios me ama me supera completamente. Por eso, cuando una persona se siente amada por Dios, eso produce una serie de reacciones que la gente carismática las conoce muy bien. Por ejemplo, la persona se siente tan amada que ¡Llora, llora de alegría! ¿Qué le pasa, llorando? ¿Qué pasó? Está llorando. ¿Por qué llora? Porque siente que está rebasado. Ella siente que está desbordada del amor de Dios. Otras personas tienen otras experiencias. En algunas ocasiones se hace oración por una persona y la persona parece que se desmayara. Cae.

Esa es una experiencia ¿De qué? De amor. ¿Puede suceder eso? Sí. ¿Por qué? Porque resulta que la capacidad de procesamiento del cerebro humano es limitada, limitada. Hay sensaciones tan fuertes, tan fuertes, que hacen que el cerebro no pueda procesar algunas de las funciones elementales de supervivencia. Hay personas que se desmayan cuando les llega una determinada noticia que puede ser muy buena o puede ser muy mala porque una persona se desmaya, sobre todo si no le saben dar la noticia. ¿Se acuerda de su papá? ¡Sí!, pues se murió. Una noticia así brutal. La persona tiene un impacto emocional neuronal muy fuerte. Se desmaya. Es algo parecido a lo que puede sucederle a una persona cuando se encuentra con el amor de Dios. Ese tipo de experiencia a veces la llaman los carismáticos "Descanso en el Espíritu".

Eso puede pasarle a usted. Usted se siente. Es como si todas las luces, todas las claridades. Usted le pedía a Dios una respuesta, y es como si Dios le diera todas las respuestas, todas al tiempo. Y usted no puede procesar todo eso. Y usted queda en una sensación de asombro, en una sensación de una dulzura. Usted puede llegar a desmayarse. Puede pasar. Traigo estas comparaciones para que nos hagamos una idea de la desproporción que hay entre el amor que Dios nos da y el poquito de amor que en algunas regiones de Colombia llaman Mechita, la mechita, la migaja de amor que usted le da a Dios. Entonces la persona puede tener llanto. La persona puede tener descanso en el Espíritu. No es extraño, yo le hago propaganda a este dato. No es extraño lo que a veces se llama don de lenguas, el don de lenguas que indica la absoluta incapacidad de poner en palabras un gozo que le rebasa a usted. Esta mañana, en el momento en el que llegué a este lugar, estaban orando.

Algunas personas oraban en lenguas. No tiene uno que escandalizarse ni extrañarse. Es perfectamente posible. Por supuesto, la gente que llegó tarde se perdió eso. Pero eso sí, ¿Quién los manda? Entonces, cuando usted tiene una experiencia muy fuerte, usted no puede hablar. Eso también pasa en la naturaleza. Hay personas que han conocido lugares realmente asombrosos de este planeta. El otro día que estaba en una misión en Asunción, en Paraguay, me comentaban sobre la inmensidad, la belleza de las Cataratas de Iguazú. Están en la triple frontera entre Brasil, Argentina y Paraguay. Algunas personas cuando ven ese espectáculo, se quedan sin palabras. El don de lenguas es algo como eso. Es una necesidad de expresar porque usted siente y vive amor. Usted quiere expresar, pero al mismo tiempo es imposibilidad de expresar.

Así que el don de lenguas no es tan raro. Es experimentar al mismo tiempo una necesidad irreprimible de expresar, porque uno tiene que contar lo que está viviendo, pero una imposibilidad de decirlo en un lenguaje articulado. Esas son experiencias de amor, experiencias de alegría, experiencias de asombro. Todas esas experiencias nos muestran que el amor que Dios nos tiene es un amor que nos rebasa completamente. Es un amor que responde a todas nuestras inquietudes, a todas nuestras necesidades, a todo lo que somos y tenemos. ¿Qué pasa cuando usted experimenta ese amor? Cuando usted se siente tan amado, usted no puede defenderse de amar. Esa frase es de la doctora de Siena. Usted no puede defenderse de amar cuando se siente tan amado. Es como cuando a usted le sale una sonrisa. Hay gente que sonríe con facilidad. Hay otras personas que no; les cuesta mucho trabajo, mucho trabajo, sonreír.

Yo siempre pienso que hay gente que tiene deudas grandes. Entonces, claro, con su preocupación, con su deuda, se levantan y con su deuda se acuestan. Entonces les cuesta trabajo. ¿Qué? Sonreír. Como si con la cara seria pagaran más rápido, todo el pocotón de plata que deben. Entonces, hermanos, hay gente seria, muy seria. Cuando uno se llena de ese amor. Es algo que realmente como que lo obliga a uno a sonreír. Es como cuando le dan a una persona una noticia. Pensemos en cosas triviales, superficiales, como un reinado de belleza. Entonces dicen Y la ganadora, la mujer más hermosa, es ¡Hipoplasia! Entonces usted, cuándo ha visto que en un reinado digan es Hipoplasia, y ella diga, -Muchas gracias, gracias a todos. Ha sido una experiencia muy bonita participar en este. . . - ¿No? La persona se le ilumina, el rostro se lleva las manos. Llora. No tiene que fingirlo. Aunque talvez suena como fingido algunas veces, pero. Bueno. Pero no tiene que fingirlo. Le sale.

Entonces lo mismo pasa con el amor a Dios, porque es respuesta al amor de Dios. Ya se lo aprendió, ¿No? -El amor a Dios es respuesta al amor de Dios.- Entonces el amor de Dios que le llega a usted le produce todo eso. Por eso estoy convencido que lo raro no es que la gente ore en lenguas. Lo raro es que haya tanto cristiano que nunca ora en lenguas, que nunca llora, que nunca se desmaya para desmayarlo (lo) toca emborracharlo. Eso me da mucha tristeza, que haya gente que conoce la borrachera del aguardiente, la borrachera de la cerveza, la borrachera del vodka y no conocen la santa ebriedad del Espíritu Santo. Eso sí me da tristeza a mí. Entonces el amor de Dios llega a usted, lo rebasa, lo llena de gozo, no es una cosa fingida y usted siente en ese momento ¡¡Señor, soy tuyo, soy tuyo!!. Quiero estar para siempre contigo. Eso fue lo que le pasó al apóstol San Pedro. ¿Han oído hablar de la transfiguración?

La transfiguración fue una experiencia así, maravillosa. Mejor dicho, ese sí fue el retiro. El retiro espiritual de San Pedro fue ese. ¿Usted se imagina lo que es hacer retiro con Jesucristo en una montaña? ¿Se imagina ese retiro? Esos sí son retiros. Ese retiro con Jesucristo. Y después de conversar y después de compartir, Jesús dice, -Hagamos oración- y éstos se sientan o se postran y de repente empiezan a ver cómo se llenan de luz las vestiduras de Él, cómo su rostro se vuelve como el sol y empiezan a sentir un amor, una alegría, un algo. Pedro sale de sí mismo, es lo que significa la palabra éxtasis. Pedro sale de sí mismo y Pedro dice: "¡Señor, qué bien estar aquí!" -Qué bueno esto, ¡Qué lindo esto!- Pedro no quería que eso se acabara nunca. Ni siquiera pensaba en sí mismo. Él no dice, voy a hacer aquí un peaje, voy a hacer aquí una cabina. ¿No? Empezar a cobrar. No, lo que dice Pedro es: ?Qué bueno hacer unas enramadas. Unas chozas. Quédate aquí. Quédate siempre aquí Jesús?.

Yo sé que muchos de ustedes son enamorados de la Eucaristía y ustedes han vivido eso. Hay momentos en que uno lo siente. Como dice la canción. "Tan cerca de mí, que hasta lo puedo tocar". ¡Qué alegría! Y en ese momento uno siente que se hace realidad el mandamiento: "Amarás al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu espíritu, con todas tus fuerzas, con todo tu ser", ¡Con todo! O sea que el mandamiento del amor a Dios no es un mandamiento externo, no consiste en que usted haga fuerza para ver cómo hago para amar a Dios. Cuando usted ha descubierto el amor de Dios, el amor a Dios, es una respuesta que casi podríamos llamar espontánea. Y usted entonces siente que le pertenece a Dios y usted siente que es de Dios y usted siente que quiere a Dios. Usted siente algo muy grande. Y entonces usted dice lo que dice el salmo ¿Cómo podré pagar al Señor todo el bien que me ha hecho? Usted siente, esto es demasiado, demasiado.

En ese momento usted experimenta algo maravilloso que se llama desbordamiento. Esto es demasiado, esto es demasiado. Esto me desborda, esto es demasiado. Cuando usted se desborda, ese amor que se desborda no es un amor que Dios necesite, no es un amor que Dios requiera. Ese desbordamiento de amor sobre quien cae, sobre quien cae, sobre quien llega Ya por ahí hay alguno que lo alcanzó a decir, hay alguien lúcido. Bendito sea Dios en esta asamblea ¿Sobre quien cae ese amor? ¿sobre. . . ? Sobre el prójimo. O sea, que el amor al prójimo, oiga esta frase, mire, este hombre no ha dejado de tomar apuntes desde la mañana. Es impresionante. Yo al principio creí que él estaba copiando las notas al señor del teclado. Mire el amor al prójimo. Mire esta frase que es muy bonita. El amor al prójimo está hecho de la misma sustancia del amor a Dios, que está hecho de la misma sustancia del amor de Dios. La misma sustancia. Esa es la clave.

Parece que esa es la clave de esta lectura. Se lo repito: -El amor al prójimo está hecho de la misma sustancia del amor a Dios, que está hecho de la misma sustancia que el amor de Dios.- O sea que son tres amores; el amor de Dios. Él nos amó primero, el amor a Dios. Yo le respondo y le digo Te amo, Señor. Tú eres mi fortaleza, Señor, mi alcázar, mi libertador. Pero como ese amor brota, salta. Ese amor recae sobre el prójimo, o sea que es un mismo amor, es el mismo amor. El amor con el que Dios me ama, el amor con el que me concede amarle y el amor que teniendo su fuente en Él, pasa a través de mí hasta mi prójimo. Se lo repito. Concéntrese. A pesar de su agotamiento. Concéntrese: Es el mismo amor. El amor que brotó de Dios para esta criatura, imperfecto y pecador. El amor que de este miserable sale hacia Dios como júbilo y el amor que salpicando de mi corazón, cae sobre el prójimo, que casi me caigo yo aquí. Casi caigo sobre el prójimo.

Son el mismo amor. El mismo amor de verdad que son el mismo amor y el amor de Dios. El amor con que Él me ama. El amor a Dios. El amor con que me concede amarlo y el amor al prójimo, ¿Qué es el amor al prójimo, entonces? Es la salpicadura de ese amor que cae en mí. Entonces fíjate que así tiene sentido. Por eso dice Jesús, tiene la misma importancia el amor al prójimo. Y tiene sentido que diga "Amarás al prójimo como a ti mismo". Es que es el mismo amor. Usted ha visto cuando una persona tiene, por ejemplo, un vaso, tiene una jarra, pero es una persona poco hábil con las manos. Es decir, tiene dificultades de motricidad fina y esa persona va a servir la jarra, pero echa demasiado rápido el líquido, por ejemplo agua sobre el vaso y el vaso se llena y salpica. Esa es la imagen del Evangelio de hoy. La sustancia del amor de Dios es la sustancia del amor con el que yo le puedo responder.

Y en esa fuente que salta hasta la vida eterna, la llama Jesús. En esa salpicadura, en ese rebote del amor en mi corazón, empiezo a amar al prójimo. Por eso el verdadero amor al prójimo está bien descrito en primera Corintios, capítulo 13. ¿Qué dice Primera Corintios 13? El amor que se describe ahí. Ese es puro amor de Dios. El amor que no lleva cuentas, el amor que todo lo excusa, que todo lo soporta. Ese no es el amor con el que uno como ser humano ama. Uno como ser humano no, uno no aguanta tanto, eso tampoco. Ahora ya creen que encontraron. Pues ya. Ahora sí encontraron el bobo pues, no, tampoco. El ser humano no puede amar así. Por eso a veces me parece bonito que lo piden. A veces en las bodas ¿No? ¿Qué lectura quieren ustedes? -La del amor. ¿La del amor? Ojalá cantado por José Luis Perales.- Queremos la lectura sobre el amor. El amor. Está bien que quieran eso, pero yo creo que mucha gente no lo entiende, porque mucha gente lo que entiende con eso es. Así es como quiero que me amen. Y ese no es el sentido de Primera Corintios 13. Primera Corintios 13 es la salpicadura del amor de Dios a través de ti. Por eso dice la introducción del himno de la Caridad, Primera Corintios 13 dice, -Aspirad a los carismas superiores; pero os voy a enseñar un camino más perfecto, o sea que no es algo que venga de ti.

Resumamos: El amor de Dios llega a mí transformando mi corazón, me hace capaz de amarlo a Él y es el mismo amor. Por eso la donación de caridad que Dios nos da es una inserción en la Trinidad. Y el que pueda entender esa frase entiéndala. La donación del Espíritu Santo es una inserción en el misterio de la Trinidad. Porque resulta que el amor con el que yo empiezo a amar a Dios es el mismo amor con el que Él me ama. ¿Y eso en dónde sucede? En la Santísima Trinidad, en el interior de Dios mismo, entre el Padre y el Hijo. Por eso el Espíritu Santo puede verse como donación o puede verse como inserción. El don del Espíritu Santo puede verse como donación que sale de Dios y cae sobre nosotros, o puede verse como inserción de nosotros en el misterio del Dios eterno en la Trinidad. ¡Ay, qué cosa tan sublime!

Quién tuviera sabiduría para entender eso que el don de Pentecostés parece salida, pero es entrada, porque parece que es salida de Dios. Pero como Dios no cambia en realidad esa inserción de nuestro misterio en Dios. Si eso es así, quiere decir que el amor con el que Dios me ama es el mismo amor con el que yo le amo. Pero como ese amor supera mi capacidad, necesariamente se desborda a partir de mí. Y el amor que se desborda a partir de mí es el amor con el que yo amo al prójimo. Y por eso ese es un amor que no pide cuentas, que no lleva cuentas. Es un amor que no tiene dificultad para perdonar, para excusar, porque es amor que viene desde Dios.

Es evidente que el agua que salta de ese vaso es la misma agua que entró en ese vaso. Por eso el amor a Dios y el amor al prójimo tienen esa importancia comparable. Hemos visto tres explicaciones una equivocada claramente en la comparación entre el amor a Dios y al prójimo. Otra muy linda, muy bella, que es la del camión y el remolque que nos ayuda a diagnosticar y examinar nuestra vida. Y la tercera, que ustedes se dan cuenta que es la que yo prefiero y que se la agradezco a Dios: Es la que nos muestra el itinerario del amor, como brota desde el corazón de Papá Dios, se hace presente en la persona de Cristo. Llega a nosotros por la donación del Espíritu; en nosotros, nos transforma y nos hace capaces de amarlo a Él. Pero como nos rebasa, recae sobre el prójimo. Y por eso esos dos mandamientos son comparables.

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