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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
No es razonable esperar una vida en donde lo lógico acontezca siempre; mucho más razonable es fiarse de quien es fundamento de todo cuanto es y existe.
Homilía ao30007a, predicada en 20141026, con 31 min. y 20 seg. 
Transcripción:
Muy queridos hermanos. El primer mandamiento es amar a Dios sobre todas las cosas. Esto lo hemos aprendido seguramente desde la escuela primaria. Desde nuestra primera catequesis. Y sin embargo, me pregunto si en realidad lo hemos aprendido. Sabemos repetirlo, pero pregunto. ¿Sabemos qué significa? El verbo amar en la lengua hebrea tiene un sentido muy fuerte que equivale muchas veces a nuestro verbo preferir. Por ejemplo, si un joven tiene varias amigas y amigos y está en edad y en disposición de buscar con quien va a compartir el resto de su vida, nosotros tal vez diríamos, se enamoró de tal jovencita. Pero propiamente como eso suena en hebreo, es de la siguiente forma: -Él prefirió a tal muchacha- Y lo que hace más dramática las cosas es que luego diría pospuso, descartó a las demás. Prefirió a esta y descartó a las otras. Es muy fuerte, pero ese es el sentido de amar. Amar es preferir. No es un simple sentimiento, amable, precisamente. Dulce, agradable. Cuando reducimos el verbo amar a esa especie de sentimiento dulce, uno siente que uno puede amar prácticamente a todo y a todos. Y dentro de todo lo que uno ama, bueno, pues amar a Dios, ¿Cómo no voy amar a Dios? Por favor. Ahora pasemos el interruptor a la clave hebrea. A la clave semita. Amar significa preferir. Ese sentido, de hecho, está en nuestra lengua. Cuando se dice "Con todo tu corazón". ¿Qué se está diciendo? Se está diciendo que realmente Dios lo ocupa todo y que lo que yo no pueda amar en Dios no lo debo amar, lo debo descartar. Cuando dice que ame a Dios con toda mi alma, quiere decir que en mi alma no debe haber espacio sino para el amor de Dios y lo que yo pueda amar en Dios, y lo que no pueda amar en Dios quiere decir que no lo debo amar. Es decir, que no es solo una disquisición sobre la lengua hebrea. La que nos lleva a esta conclusión es que el texto mismo lo muestra. Entonces, yo quisiera, con el favor del Señor, que recuperáramos ese sentido fuerte que está en las palabras y que está particularmente en la lengua original de este mandamiento, la lengua hebrea. Amar significa preferir. Quedémonos con esa frase: Amar significa preferir y salgamos a la calle. Quedémonos con la frase amar significa preferir y lleguemos a nuestro lugar de trabajo. Vayamos con la frase amar significa preferir y encendamos el aparato de televisión o conectémonos a Internet. Tomemos la frase amar significa preferir y examinemos cómo estamos viviendo. Quizás podemos tomar la frase amar significa preferir, como una especie de lente de aumento, como una lupa con la cual queremos ver nuestra vida. Entonces empezamos a descubrir que esa sola frase tiene una potencia impresionante. Porque entonces quiere decir que con alguna frecuencia, con alguna frecuencia, quizás no todo el tiempo. Lo que yo preferiría. Ese es un modo condicional del verbo. Lo que yo preferiría, no lo debo preferir. Es posible que lo desee, pero no debe tener el primer lugar. Hace poco me escribió una joven amiga cuyo problema es precisamente que está dejando de ser joven. Y ese es un problema porque ella ve que van pasando los años y parece que no llega aquella persona que ella quisiera que llegara. Está sola. Ella está esperando su príncipe azul y parece que como dice el chiste, cuando le ha llegado, no ha llegado del tono de azul que ella esperaba. Entonces esta muchacha cuyo problema es que está dejando de ser muchacha. Se siente muy mal, muy mal con su vida, porque de algún modo ella no se ve a sí misma madurando, envejeciendo en soledad. Detesta la soledad y entra en un conflicto profundo consigo misma, con la vida, con Dios. De manera que la consulta que me hace a través del correo electrónico es más o menos como un llamado de auxilio. ¿Cómo tengo que pedirle a Dios para que llegue ese personaje? Dicho sea entre paréntesis. A veces uno de sacerdote quisiera cómo poner una agencia de encuentro de parejas, porque también pasa lo otro. Se encuentra uno con una cantidad de muchachos que dicen no, las muchachas hoy son todas superficiales, no les interesa sino su ropa, su cuerpo. No quieren que se les dañe su figura, no quieren hijos. ¿Dónde encontraré yo una buena mujer? Paso al siguiente correo, ¿Dónde encontraré yo un buen hombre? Entonces estoy pensando seriamente empezar a pasar correos de uno al otro. Para ver si se encuentran y se entienden. Esta muchacha de la historia está desesperada. Ha entrado en depresión, tiene conflicto interior. Se siente mal. Puede decirse que todo ha funcionado en su vida. El aspecto profesional, académico, financiero, familiar. Pero esa parte que para ella es tan importante, comprensiblemente, muy importante, comprensiblemente, de ningún modo la juzgo. Esa parte que es tan importante, no ha tenido realización, no ha tenido feliz desenlace. Y esa es una frustración que ella tiene. Y como es una mujer creyente, acude a Dios y entonces hace una pregunta sumamente ácida. Esa pregunta es ¿Cómo tengo que pedirle a Dios para que me entienda la necesidad, la búsqueda que yo tengo? Para otra persona esa búsqueda angustiosa puede ser otra, puede ser su desempeño profesional. Yo tengo en mi familia. Quizás ustedes también en sus familias, casos cercanos de personas que siempre quisieron encontrar un trabajo diferente. Este no es mi lugar. Yo le pido a Dios algo distinto. Yo no le pido grandes cosas, pero le pido al Señor que me conceda un trabajo donde yo pueda ganar lo suficiente y donde me sienta realizado, que sea menos rutinario, que sea menos peligroso, que tenga mejor ambiente. Y lo grave de esa petición, es que es una petición razonable. Lo mismo que la petición de la otra joven cuyo problema es que está dejando de ser joven. Esa también es una petición razonable. Entonces, ¿Qué hacemos con las peticiones razonables? Y una vez entrados en gastos. La lista de peticiones razonables realmente es muy larga, porque uno también puede pedir razonablemente otras cosas. Por ejemplo, uno puede pedir razonablemente si es una persona casada, puede pedirle razonablemente a Dios; yo quiero que mis hijos sean genéticamente perfectos. Es decir, yo no quiero por ahí accidentes, enfermedades raras. Yo no quiero problemas genéticos, pero resulta que esos niños también nacen, o por lo menos son concebidos, en muchos países los matan antes de nacer, pero son concebidos. Entonces aquí entramos en un terreno muy difícil, el terreno de lo razonable, lo deseable y lo esperable. Es un terreno muy complicado porque parece muy razonable para una pareja decir nosotros queremos que todos nuestros hijos sean normales. Me disculpan que tenga que utilizar esa palabra porque esa palabra puede resultar ofensiva para quienes tengan hijos con ciertas condiciones genéticas. Pero es para que nos entendamos. No tengo intención de lastimar a nadie. Es perfectamente razonable para unos papás decir yo quiero tener hijos normales. Yo no le estoy pidiendo mucho a Dios, para otra persona es razonable decir yo quiero un buen trabajo, yo no quiero robarle a nadie, soy una buena persona, pero quiero un buen trabajo. Y mi amiga, aquella que mientras estamos hablando está dejando de ser joven. Mi amiga, que ella también está pidiendo algo razonable. Yo soy una buena mujer, yo no estoy buscando nada extraordinario. Lo que quiero es construir un buen hogar. Un hogar hermoso, lleno de amor. ¿Qué hacemos con lo razonable frente a lo esperable? ¿Qué hacemos? Es un problema muy serio. Es un problema muy grave porque muchas cosas que son razonables nunca llegan a nuestra vida. Muchas. Y ahí las personas entran en conflicto con Dios. Incluso se da el caso de personas que reniegan de Dios. Algún caso tengo también en mi familia esto que me ha sucedido, yo no me lo merezco. Yo no he hecho nada para que me pase esto. Me parece que es una injusticia. Luego, ese Dios del que me han hablado, ese Dios, yo ya no puedo creer en Él. El famoso, el centenario problema del mal, sobre todo de ese mal que no parece tener ninguna explicación. Bueno, ¿Qué es lo que hemos hecho en esta reflexión hasta ahora? Primero hemos destacado que el verbo amar significa preferir dentro del contexto de la lengua hebrea y que además, aunque no hablemos hebreo, uno ve en la misma traducción que el sentido es efectivamente lo que dice la lengua. Amar significa preferir. Eso fue lo primero. Lo segundo es plantearnos un problema agudo, complejo. Ese problema es ¿Qué hacemos con nuestros deseos razonables, no cumplidos? ¿Qué hacemos con nuestras expectativas razonables no cumplidas? Pasemos entonces a la tercera parte de nuestra reflexión. Por un momento. Mis queridos hermanos. Por un momento vamos a quitar a Dios de esta escena, por un momento. Es un ejercicio de pensamiento solamente. Vamos a quitar a Dios de esta escena por un momento y vamos a preguntarnos sobre lo razonable. Vamos a ponerle un signo, un pequeño signo de interrogación sobre lo razonable. Vamos a preguntarnos si es razonable esperar una vida en la que no haya contratiempos, una vida en la que todo deseo lógico tiene su cumplimiento. Vamos a analizar eso. Por un momento. Vamos a hacer ese análisis sin entrar a Dios en la ecuación, no vamos a meter a Dios y literalmente tendremos que mencionar algunas ecuaciones, pero no vamos a meter a Dios ahí. Solamente nos vamos a preguntar si realmente es razonable, porque razonable viene de razón. Vamos a preguntarnos si realmente es razonable esperar una vida en la que no haya contradicciones a nuestros deseos lógicos. Algunos detalles de lo que voy a comentar tienen que ver con matemáticas y tienen que ver con probabilidades. A quienes no estén familiarizados con esos conceptos solo les pido un poco de paciencia, porque las conclusiones van a ser patentes para todos, no solo para quienes tengan conocimiento de matemáticas. Los matemáticos establecen la probabilidad de que algo suceda, como un número que se encuentra entre cero y uno. Cero significa que es completamente imposible. Uno significa que necesariamente sucederá. Una probabilidad de cero punto cinco quiere decir mitad y mitad. Si tiro una moneda al aire, la posibilidad de que caiga, por ejemplo, cara o sello, como se diga en cada país es la mitad, cero punto cinco. Hay eventos que son muy poco probables. Eso quiere decir que si un evento es muy poco probable, ese número que está entre el cero y el uno va a ser un número muy pequeño, Por ejemplo, cero punto uno. O sea, un décimo. Un evento que es demasiado poco probable, seguramente va a ser un centésimo, un milésimo. Ese es un evento que es muy poco probable. Resulta que las cosas que nosotros consideramos razonables no tienen probabilidad de uno. Tienen una probabilidad altísima. Por ejemplo, ¿Cuál es la probabilidad de que nosotros terminemos esta Eucaristía sin que se nos caiga el techo encima? No tengan pánico, por favor, no se asusten. No abran los ojos. La probabilidad de que terminemos en paz esta Santa Misa es muy alta. Cero coma nueve nueve nueve nueve nueve ocho cinco cuatro Una cosa altísima, pero no es uno, porque existe una pequeñísima probabilidad. Dios nos libre, una pequeñísima, pequeñísima probabilidad de que suceda algo distinto. En Inglaterra se dio el caso de una señora que estaba durmiendo y la despertó un ruido salvaje porque se había roto el techo y se había roto el techo porque había entrado un meteorito que cayó en la cama de ella. Es el único caso registrado en toda la historia de la humanidad. Una persona herida por un meteorito. O sea que esas cosas pueden suceder. Por supuesto, la probabilidad de que yo pase la noche completa sin que me caiga un meteorito es altísima. Cero punto nueve nueve nueve nueve nueve Ponle yo no sé cuántos nueves. Y al final por allá, un tres, un cinco, lo que sea. O sea que el concepto principal en este momento es darnos cuenta de que la probabilidad de que algo razonable suceda puede ser tan alta como tú la pongas, pero nunca es uno. Nunca. Ese es el primer punto en esta explicación. Explicación que es importantísima porque es la que sirve para entrar en diálogo con la gente que no cree en Dios. Por supuesto, este servidor, y pienso que todos los que estamos aquí gozamos de la fe en Dios, pero hay gente que no. Sigamos, ¿Cuál es la probabilidad de que dos cosas independientes sucedan? Los matemáticos han estudiado eso y la probabilidad es la multiplicación de las dos probabilidades. Por ejemplo, la probabilidad de que yo tire la moneda y me salga cara. En los países en los que se habla de cara y sello o cara y cruz, tiro la moneda. La probabilidad de que salga cara es un medio, cero punto cinco. La probabilidad de que me salga dos veces cara será un medio por un medio que me va a dar un cuarto, o sea, cero punto veinticinco. Bueno, aquí es donde la cosa se pone realmente interesante, porque resulta que la probabilidad de que no me suceda una tragedia es altísima, pero no es uno. Para simplificar las cosas, vamos a suponer que esa probabilidad es, por ejemplo, nueve décimos, o sea, cero punto nueve. En la vida real esas probabilidades son mucho más grandes, pero es para simplificar las cifras en la cabeza. Cero punto nueve nueve décimos. Entonces, la probabilidad de que no me suceda una tragedia es nueve décimos. La probabilidad de que dos veces no me suceda una tragedia es nueve décimos por nueve décimos. Eso ya me dio cero punto ochenta y uno. Seguramente se te encendió una alarma. La probabilidad de que no me suceda dos veces es menor de la probabilidad de que no me suceda una vez. Sigamos. Si hablamos entonces de la probabilidad de que no me suceda tres veces una tragedia será nueve décimos por nueve décimos por nueve décimos. Entonces hago la multiplicación. Nueve por nueve, ochenta y uno por nueve, setecientos veintiuno. Quiere decir que la probabilidad de que ya no me suceda tres veces es cero punto siete dos. La probabilidad de que no me suceda una tragedia tres veces es menor. Oiga, esto está grave. Esto empieza a ser preocupante. Esto empieza a ser muy preocupante, porque entonces yo me doy cuenta de que si multiplico la siguiente vez me da como cero punto seis cuatro ocho nueve. Cero punto sesenta y cuatro. Esto va bajando. Señal de alarma. La probabilidad de que esa tragedia no me suceda cuatro veces es cero punto sesenta y cuatro ochenta y uno. Si no me falla la matemática porque estoy multiplicando en la cabeza. Tú te das cuenta lo que va a suceder después de que ha pasado mucho tiempo y de seguir multiplicando. Hay un momento en que ese número se vuelve menor que cero punto cinco. Es decir, hay un momento en el que es más probable que me suceda la tragedia al momento, a la probabilidad de que no me suceda. No he entrado aquí en ningún texto bíblico. No he citado ningún padre de la Iglesia. No he tomado ningún dato del catecismo. Estoy hablando de eventos, probabilidades, matemática pura. De eso es de lo que estoy hablando. O sea que, matemáticamente hablando, la pregunta es ésta ¿Es razonable esperar una vida sin eventos que contradigan mis expectativas? La respuesta es ¡No!, porque resulta que la vida es una continua multiplicación de probabilidades que están muy, muy cerca del número uno, pero que por la repetición de eventos en ciertas circunstancias hacen más probable que me suceda una cosa u otra. Este servidor de ustedes viaja bastante. Es parte de mi oficio. Soy misionero, soy predicador. Me toca viajar bastante. ¿Cuál es la probabilidad de que no se caiga un avión? Es una probabilidad muy alta. Viajar en avión es más seguro que viajar en carro. De hecho, según dicen los que han estudiado eso. Pero resulta que tú vives tomando bastantes aviones. Eso me pasa a mí. Entonces yo sé que en un momento dado es sumamente probable que yo tenga cerca un accidente aéreo por el solo hecho de que viajo muchísimo en avión. Es muy probable. Entonces, ¿Qué hago? Me dedico a viajar en combi. La probabilidad de que no me suceda un accidente en combi es tal. Y si sumo es tal otra y tal otra y tal otra. La probabilidad de que no me dé cáncer, la probabilidad de que no me dé tuberculosis, la probabilidad de que yo no tenga una hipersensibilidad al herpes. La probabilidad de que . . . Si lo analizas desde un punto de vista solamente racional, te das cuenta de que imaginar una vida sin tragedias, una vida sin contradicciones, una vida sin que se oponga a mis expectativas, así mis expectativas sean razonables, es una suposición ilógica. Y ahí terminamos la tercera parte de esta reflexión. La primera parte era el verbo amar significa preferir. La segunda parte es qué hacemos con nuestras peticiones razonables que no se cumplen. Y la tercera parte es darnos cuenta de que nuestras peticiones razonables no son razonables. Es decir, que esperar que en la vida todo lo que a mí me parece lógico me va a llegar. Es decir, porque yo soy una mujer buena, piadosa, no soy una reina de belleza, pero. Pero tengo con qué. Bueno, todo eso, todo eso que tú pones así, razonable. Eso no significa que tenga que llegarte. No es razonable. Oye, lo que te estoy diciendo. No son razonables nuestras peticiones razonables. ¿Por qué? Porque nuestras peticiones razonables no toman en cuenta lo que he dicho de la ley de probabilidades. Y para establecer ese principio, no hemos citado ningún texto bíblico. No es razonable suponer una vida sin contradicciones, sin accidentes, sin tragedias, sin problemas. Entonces vamos a decirlo de otra manera. Lo realmente razonable es suponer que mis deseos serán contradichos, alguna vez. No todas las veces. Pero alguna vez, en algún campo, mis deseos serán contradichos. Yo quiero una vida saludable. ¿Quieres una vida saludable? Pero resulta que genéticamente tienes una predisposición que no te la imaginas al Parkinson. ¿Pero por qué me gané esta rifa? ¿Por qué? ¿Por qué, puños al cielo? De una vez. ¡Puños al cielo! ¿Por qué yo me gané esto? No es razonable levantar los puños al cielo. No es razonable. Estudia un poquito de matemáticas. No te digo que estudie los evangelios ni las encíclicas de Juan Pablo II. Te digo que estudies matemáticas y te darás cuenta que no es razonable levantar los puños al cielo por el hecho de que tienes una predisposición fantástica, trágicamente, para una enfermedad muy grave. Último punto de nuestra homilía. Entonces ahora vamos a tratar de juntar estos hilos que hemos ido ofreciendo. Lo que tenemos es que amar significa preferir, que tenemos muchas peticiones que nosotros mismos consideramos razonables y que luego nos hemos dado cuenta que no son tan razonables. Entonces, ahora ¿Sabes lo que estamos encontrando? Que lo realmente razonable es exactamente lo que dice la Biblia. Porque en el fondo, aquello de que voy a amar a Dios sobre todas las cosas y voy a preferir a Dios por encima de mis planes, entre comillas razonables, es lo realmente razonable. Que tú digas: -Voy a preferir a Dios por encima de los vaivenes, incertidumbres, inseguridades, tragedias de la vida.- Que tú digas eso te pone en la mejor disposición incluso para afrontar las contradicciones. Es decir, la petición que nos hace Dios. Esa petición que es mandato y que se condensa en esta frase: -Prefiereme, prefiereme por encima de todo- Que significa por encima de tus planes, por encima de tus deseos, por encima de tus expectativas. Eso que puede parecer la voz de un tirano, eso que puede parecer una voz que nos condena al infantilismo y la dependencia intelectual. Eso es lo más razonable del mundo. Porque lo contrario, suponer que no me va a suceder lo irracional o que Dios tiene que librarme de lo irracional, es lo que en el fondo es irracional. Así que amar a Dios es lo más razonable del mundo. Preferir a Dios es lo más razonable del mundo, y esto significa que no hay nada más razonable que aceptar aquello que sucede en nuestra vida y desde el principio bendecir a Dios sabiendo que mi cabeza tardará tiempo en entender. Efectivamente, llegar a descubrir cuál es el sentido de aquello que me acontece o cómo encaja una pieza deforme dentro de la vida mía que era tan bonita. Eso toma tiempo. Pero una cosa es el bien que Dios me hace y otra cosa es el tiempo que yo requiero para entender ese bien. No hay nada más razonable, no hay nada, nada más razonable y bello. No hay nada que le pueda traer tanto bien a tu corazón como simplemente decir puesto que yo no me hice a mí mismo, puesto que soy obra de tus manos, en ti descanso, Señor. Tú sabrás lo que haces. En ti. Descanso. Un momento, Padre. ¿Está diciendo usted entonces que uno no tiene que tener deseos, proyectos, que uno no tiene que empeñarse en las cosas, que uno tiene que vivir más o menos a lo que salga? No estoy diciendo eso. ¡Empéñate!, empéñate. Haz la tarea. Ustedes no me han preguntado qué le respondía a la amiga aquella cuyo problema es que está dejando de ser joven. Pues yo le respondí, y por supuesto que al responderle le dije: -Tienes que hacer tus tareas, hacer tus tareas es, bueno, donde puedes conocer gente, a conocer gente. Por supuesto, es necesario que te arregles, es necesario que. Es decir, eso ayuda. Eso es importante, Eso ayuda. Eso está bien. No te digo que te exhibas, pero. Pero sí que te arregles. Que estés bella. Dios te ha dado belleza. Es bueno que manifiestes esa belleza. No la escondas. Haz tu tarea y haz tu tarea también buscando el mejor trabajo que puedas conseguir y haz tu tarea también tratando de cuidar tu salud lo mejor que puedas. Haz tus tareas, pero ten presente que más allá de tus tareas, las contradicciones existen. Y si tú estás haciendo tu tarea, y si haciendo tu tarea te llega una cosa que te contradice radicalmente, no pierdas la paz. Es el momento de decir Bendito sea Dios. Alguna cosa has pensado. Alguna cosa buena has pensado para mí. De hecho, si uno no hace la tarea, uno siempre quedará con la duda. ¿No será que yo me produje esto? Esto que me está sucediendo, ¿No será que yo mismo lo causé? Pero si tú estás haciendo tu tarea, y si haciendo tu tarea te suceden cosas que te contradicen, no pierdas la paz. Sonríe al Señor y dile ahora te amo más que nunca. Ahora te bendigo y te doy gracias, Señor. Hablando con psicólogos que trabajan en procesos de duelo. Me han dicho que la recuperación de un duelo es más rápida en las personas que tienen ese tipo de pensamiento. La persona, en cambio, que se pone a destruir su mente y su cerebro y su cráneo. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? No produce nada. Eso no produce sino más amargura. Si tú hiciste tu tarea, si tú haces las cosas lo mejor posible, con honestidad, con tu propio corazón y tus principios fundados claro en los principios de Dios, si tú haces tu tarea como es y llega una contradicción, no pierdas la paz. Habrá un momento de dolor, claro que sí, pero no pierdas la paz. Empieza por darle las gracias y la gloria a Dios mentalmente. Eso es más sano para tu fe. Es mucho mejor y estoy seguro que multiplica las bendiciones en tu vida. Ese mensaje hermoso nos trae San Mateo en su capítulo 22.

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