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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Amar al prójimo desde: (1) La certeza de que Dios a todos ama; (2) Mi prójimo es mi pasado y mi futuro; (3) En el camino de la humildad todos terminamos comulgando en Cristo y su kénosis.
Homilía ao30005a, predicada en 20111023, con 35 min. y 20 seg. 
Transcripción:
Después de que uno conoce, aunque sea un poquito, quién es Dios. Ya no es tan difícil amar a Dios. En cambio, el amor al prójimo sí es más difícil. Porque muchas veces el prójimo no es amable. Amable es que le da a uno ganas de amar, que despierta amor. Muchas veces el prójimo no le despierta a uno amor, sino le despierta fastidio, cansancio, urticaria, distancia. Con la ayuda del Señor. Quiero referirme al amor al prójimo. Reflexionemos un poco. Qué nos enseña la Palabra de Dios hoy sobre el amor al prójimo; vamos a decir que el amor a Dios lo damos por descontado, porque cuando uno conoce un poquito de Dios ya empieza a amarlo. Yo quiero apoyarme, sobre todo en la primera lectura tomada del capítulo 22 del libro del Éxodo. Y en particular sobre una frase que ustedes probablemente notaron al oír la proclamación de la Palabra. "No oprimirás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto". Esa es la frase. -No oprimirás al forastero porque tu fuiste forastero en Egipto.- Que el Espíritu Santo venga y nos ayude a comprender esa frase. Porque esa frase es la que parece que le destruye a uno los sentimientos adversos y le ayuda a plantar sentimientos distintos y nuevos. Y de esa renovación y de ese hombre nuevo, y de esa mujer nueva y de ese matrimonio nuevo en Cristo, es de lo que hemos venido hablando. La frase que destruye el sentimiento malo, la frase que ayuda a plantar el sentimiento nuevo es esta frase, "No oprimas al forastero porque tú fuiste forastero en Egipto. No te aproveches de la viuda ni del huérfano, porque si ellos gritan a mí, yo los escucharé. Y entonces tu esposa quedará viuda y tu hijo quedará huérfano". Hay algo tan fascinante en esta lectura, en este modo de hablar. Podemos decir que tiene varios niveles o estratos de explicación. Como gracias a Dios, ya estamos fuera de todo horario. Entonces, démonos un tiempo para mirar siquiera unos dos estratos de explicación. Un primer estrato de explicación es este: Dios no hace acepción de personas. Si Dios, cuando yo era forastero, me trató bien, pues Dios, al que es forastero, ahora lo quiere y lo puede tratar bien. Dios es equitativo y no hace distinción ni acepción de personas. Esa es una explicación, es un estrato de explicación. Es la misma explicación que uno se encuentra en esa frase, pienso que una frase conocida por todos, "Hoy por ti, mañana por mí", -Me puede pasar a mí, te puede pasar a ti.- Como conclusión hay que ayudar, hay que apoyar. Dios es bueno. Cuando yo estaba en la inmunda en Egipto, Dios fue bueno conmigo. Lo mismo a los que están ahora en la inmunda. Dios les ayuda y los saca adelante. Es algo razonable, un Dios equitativo, un Dios que le da oportunidades a todos. Esa explicación es buena, pero tiene un problema. Es insuficiente. Todavía no se mete con mi corazón. Me dice algo sobre la manera como Dios actúa. Es justo que Dios le dé oportunidades al que hoy es forastero, porque yo hace un tiempo fui forastero. Dios me manda que trate bien a la viuda, porque mi esposa también puede quedar viuda, lo cual tiene serias implicaciones para mí. Dios es equitativo. Esa explicación, sin embargo, no se mete conmigo, con mi corazón, con mis proyectos, con mis decisiones. Entonces presentimos que debe haber otra explicación aún más profunda. Así que les invito a descender un poco más en el texto. Les invito a buscar ese segundo estrato, ese nivel un poco más profundo, a ver qué encontramos. Y encontramos entonces algo muy interesante. Mi prójimo es mi pasado. Yo no puedo destruir a mi prójimo sin destruir mi pasado. Si mi prójimo es mi pasado, entonces yo lo llevo dentro. Si mi prójimo es mi pasado, entonces es una parte de mí. Esta explicación puede sonar extraña a quien no conozca la Biblia. Pero resulta que a quien conoce la Sagrada Escritura. Esta segunda explicación le satisface mucho más. Porque en la Biblia ciertamente encontramos más de una oportunidad en que se dice que el prójimo es una parte de mí. Por ejemplo, dice el profeta, y creo que es el profeta Isaías, invitando al amor, amor hacia el necesitado. -No te cierres a tu carne, no te cierres a tu propia carne.- Hablando así, el profeta se refiere al prójimo como si fuera una parte de mí. Yo no puedo dejar desatendido a mi prójimo. Es una parte de mí. ¿Qué nos dice San Pablo sobre nosotros los cristianos? En la primera Carta a los Corintios dice: "Todos nosotros somos miembros del cuerpo de Cristo. . . Y dice para sorpresa mayúscula dice, . . .Y somos miembros los unos de los otros". Eso es bíblico. Somos miembros los unos de los otros. De modo tal que el amor que Dios quiere que nosotros tengamos se parece extraordinariamente al amor que tiene una buena mamá. A las mamás también les ponen casco, como a los bebés. Les han hecho experimentos a mujeres que son mamás, para ver la respuesta de su cerebro ante ciertas circunstancias. Por ejemplo, una familia tiene muchas fotos en el computador de la casa y también están las fotos de cuando el hijo mayor se accidentó. Entonces le ponen estos electrodos en la cabecita a la mamá y le muestran distintas fotos y van registrando la respuesta emocional del cerebro de la mamá. Por ejemplo, qué siente ella cuando ve un hermoso y descansado paisaje; ¿Qué siente ella? ¿Cómo registra su cerebro el rostro de su niña menor? Y de repente le ponen delante la foto del accidente del hijo. En ese momento, el cerebro de ella registra dolor. Está viendo un dolor ajeno. Pero los centros de dolor. Usted sabe que el cerebro tiene distintas áreas donde registra distintas cosas. Los centros de dolor en el cerebro de ella se activan como si ella hubiera padecido el accidente. Ella solo está viendo el accidente de su hijo. Además, un accidente que ya pasó. Pero aunque lo está viendo y no es su cuerpo. En su cerebro se activan los mismos centros de dolor que si ella se hubiera accidentado, literalmente. Una buena mamá. Seguramente alguno que otro papá también. Pero es mucho más intenso en las mamás. Una buena mamá siente en su cuerpo los dolores. Dicho sea entre paréntesis. ¿Ustedes se dan cuenta de lo que sucedió el día de la Cruz con María y Cristo? San Bernardo de Claraval, que no tenía experimentos de electrodos, decía: "La Virgen vivió la pasión de su Hijo". Y el crucificado era Él. Pero los que sufrían eran dos, el niño y la mamá. Entonces, fíjate a dónde vamos. Mi prójimo es mi pasado. ¿Por qué esa frase; de donde la saco? La saco del capítulo 22 del Éxodo. No oprimas al forastero porque tú fuiste forastero. Esto quiere decir que el forastero de hoy, es tu pasado. Es lo que tú fuiste. Tú no puedes maltratarlo sin maltratarte. Nosotros tenemos la idea de que el pasado queda atrás y es irrecuperable. Pero el libro del Éxodo, capítulo 22, nos está enseñando algo muy distinto. Tu pasado existe ahí, tu pasado está vivo. Lo que tú fuiste está vivo en tu prójimo, y tú no puedes maltratar a tu prójimo sin dañarte. Tú estás destruyéndote, si dañas a tu prójimo. Hay otra sorpresa. No explotes. No te aproveches de la viuda ni del huérfano. Porque si ellos gritan a mí, yo los escucharé. Te haré morir a espada. Tu mujer quedará viuda y tus hijos huérfanos. O sea que tu prójimo no solamente es tu pasado. Tu prójimo es tu futuro. Estamos conectados. Nosotros vivimos en una época que exalta el individuo. Yo tengo mi tarjeta de crédito, tengo mi celular, mi correo electrónico, mis gustos, mis decisiones sobre mi cuerpo en el cual nadie más manda. Esa es la cultura nuestra. Pero mira lo que nos dice la Biblia. Estamos conectados. No puedo dañar a alguien sin lastimar mi pasado, sin lastimar mi futuro. Esa conexión demuestra qué es amar al prójimo. Dice el apóstol San Pablo refiriéndose al matrimonio. Es un mensaje que les envía a los esposos. Amar a la mujer es amarse a sí mismo, dice San Pablo. Nadie despreció jamás su propio cuerpo, sino que lo cuida y le da calor. Fíjate eso. Trata a la mujer como cuerpo de él. Yo creo que esta es una espiritualidad, verdaderamente una mística preciosa. Imagínate lo que eso significa. Es mi cuerpo. Es el cuerpo de ella. Pero como ella lo ha entregado, es mi cuerpo. Y es mi cuerpo. Pero como yo lo he entregado, es el cuerpo de ella. Ese es el matrimonio. ¡Qué donación tan perfecta! Pero aún para el caso general. No solamente para el matrimonio. Ya ves, tu prójimo es tu pasado y tu prójimo es tu futuro. No puedes darle la espalda a tu prójimo sin darle la espalda a tu pasado y a tu futuro. Llevamos dos estratos. Son 16, de los cuales veremos 3. El primero es simplemente Dios. Es justo, es cierto, pero es una explicación muy superficial. Entonces nos animamos a bajar un poco más y llegamos a un segundo estrato más profundo y hemos descubierto que estamos conectados. Dios santo. Entonces ya no puedo insultar a nadie. Ya no le puedo desear el mal a nadie. Ya no puedo despreciar a nadie. Ya no puedo maltratar a nadie. En algunos retiros de familia. Donde se habla mucho de reconciliación, yo les digo siempre este ejercicio ¿Ustedes quieren ir para el cielo? La gran mayoría dice que sí. Hagamos la prueba que ustedes ¿Quieren ir al cielo? La gran mayoría. Si los demás suponemos que están un poco ausentes. Y entonces aquí empieza una especie de extraño placer que tiene uno como sacerdote. Después de que la persona ha dicho que sí, ya cayó en la trampa, ya no tienes escapatoria. Entonces yo le digo Mira, ¿Tú quieres ir al cielo? Sí. Entonces. ¿Y quién vas a tener de vecino en el cielo? Ya no pueden devolverse. Ya no pueden decir nada. Y le digo. Y qué tal que te toque en la silla de al lado, en esos estrados maravillosos del cielo. Te toque, por ejemplo, a tu suegra. ¡No! Sí, puede pasar. ¿Tú sabes qué es el cielo? Una de las definiciones más bellas es que el cielo es comunión. Comunión con todos los bienaventurados. Tú te acuerdas. Un señor que te asustó con un cuchillo, te atracó, te robó, te hizo pasar un rato amargo y tú quisiste que se desapareciera. Ese señor no se desapareció. Ese señor se convirtió a Jesucristo. Está lleno de amor a Dios. Murió santamente y te va a quedar al lado por toda la eternidad. Ir al cielo es estar dispuesto a estar en comunión con todos los que Dios ame, y eso incluye todo tipo de personas. Entonces, fíjate, mi prójimo es mi pasado, mi prójimo es mi futuro, mi prójimo es mi comunión. Ese era el segundo nivel. Lleguemos al tercero y último por hoy. Tercer nivel. Bajamos un poco más. Profundizamos porque la palabra es inagotable. Tercer nivel más profundo. En el tercer nivel más profundo que encontramos. Fíjate en lo que nos dice el Señor en el capítulo 22 del libro del Éxodo. Nos dice lo siguiente: "No explotes a la viuda ni al huérfano. Porque si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé. . . Más adelante dice, " . . .Si prestas dinero a uno de mi pueblo, no serás con él un usurero. Si grita a mí, yo lo escucharé". Ahí hay un mensaje. Yo lo escucharé. Es la última frase. Yo lo escucharé porque soy compasivo. Ahí hay algo muy profundo. Indudablemente, Dios quiere que entendamos esto. Que Él está muy cerca. Extremadamente cerca, aterradoramente cerca del dolor humano, de la carencia, de la indigencia, de la necesidad. Ahí hay algo muy profundo. Ahí está Dios, muy cerca, muy, muy cerca. Y eso es lo que nos hace, hermanos. Eso es. Si hablamos de cosas que nos unan y de cosas que no separen, vamos a encontrar lo siguiente. Tú tienes unas cualidades que yo no tengo. Sí es posible que yo tenga unas cualidades que tú no tienes. Estamos hablando de las cualidades, de las fortalezas. Por ejemplo, tú puedes tener entre tus cualidades un talento artístico enorme para la pintura. Tus manos tienen ese don que te lo ha dado Dios y haces unas pinturas preciosas. Yo, servidor de todos ustedes, carezco casi por completo de ese talento. Es decir. No sirvo en absoluto para eso. Es posible que yo tenga un talento que tú no tienes. Entonces, cuando hablamos de cualidades, talentos y fortalezas. Hay dos posibilidades. Una posibilidad es juntémonos todos los que tenemos un determinado talento. Por ejemplo, hay un talento que es ser bonito. Entonces hay en Internet una página que es para los bonitos. Sí, y para entrar a esa página tú tienes que certificar que tienes unas determinadas medidas. O sea que aquí no entra todo el mundo a esa página. Yo fui a entrar a esa página para poder predicar con conocimiento de causa y el computador se me bloqueó Esa es una posibilidad. Asociémonos. Aquí los bonitos y otros dicen Asociémonos aquí los inteligentes. Asociémonos aquí los adinerados. Asociémonos aquí los empresarios. Asociémonos aquí los que podemos correr cuarenta o más kilómetros. Los maratonistas. Esta semana, un británico de cien años de edad completó por primera vez una maratón. Son cuarenta y dos kilómetros y cien años de edad y completó la maratón. Entonces reunámonos aquí. Los maratonistas allá, los inteligentes allá, los ricos aquí, las bonitas aquí. Es comprensible que existan esos clubes. El club de los bonitos, el club de los adinerados, El club de los inteligentes. Pero tú entiendes lo que va a suceder. División Porque el Club de los Inteligentes va a decir, -Nosotros somos los que tenemos que gobernar esto.- Pero los adinerados dirán, -Si yo le doy plata.- Y la bonita dirá, -Si no, te seduzco primero yo.- ¿Ves? Cuando cada uno se aferra a su cualidad o a su talento, entonces vienen las divisiones. Yo tengo lo que tú no tienes. Yo me aferro a eso y lo utilizo entonces como un argumento contra ti. Eso causa división. Pero ¿Qué fue lo que nos dijo la Escritura? Dice que si la viuda o el huérfano claman al Señor, Él escuchará, porque Él está muy cerca del dolor, de la carencia, del defecto, de la necesidad de la enfermedad. Ahí está muy cerca Dios. Es decir, que para unir a la humanidad, las cualidades. No son, no son, porque las cualidades que tú tienes tú las vas a querer hacer brillar. He aquí que soy bonito. Entonces, bonitos del mundo. Venid conmigo. Pero el que tenga dinero dirá otra cosa. El que tenga estudios dirá otra cosa. El burócrata se ríe de todos ellos porque hay una cosa muy simpática con los burócratas. Hay un estudio histórico que demuestra que los que menos sufren en las revoluciones son los burócratas. Burócrata es el funcionario que lleva unos archivos, que tiene un escritorio. Mire que ahora su patrón se llama el no sé qué capitalista. Bueno, muy bien, Ok, no hay ningún problema. ¿Qué hará su patrón? Es el Partido Comunista. No hay ningún problema. Yo sigo firmando aquí. Cambio este sello por este sello. Los burócratas son los que gobiernan el mundo. Mientras las ideologías hacen ruido, los burócratas gobiernan. Si cada uno se aferra a sus cualidades, nos separamos. Y sabes que eso pasa también en el matrimonio ¿No? ¿Sabe cómo funciona en el matrimonio? En el matrimonio. Suele suceder que el hombre considera que tiene la cabeza fría. Tal vez por lo calvo se le enfría, ¿No? El hombre suele creer que tiene la cabeza fría, que está mirando todo con gran objetividad, que es racional, claro, distante, frío, que todo lo está viendo. Ese es el argumento del hombre muy a menudo. Y se siente fuerte en eso. Yo tengo un cuadro muy completo. Espérate, situémonos. Los hombres hacemos enumeraciones y a todo momento el hombre le está diciendo a la mujer, no confundas los temas, estamos en esto. El hombre cree que su mente analítica, su mente capaz de enumerar, distinguir y tomar distancia, es la que resuelve las cosas. Y el hombre se siente fuerte en eso. Y una y otra vez le recuerda a la mujer eso. Por su parte, la mujer sabe que también tiene unas cuantas cartas. Lo que nadie sabe es cuántas. Porque saca una y saca otra y saca otra y otra. Las mujeres tienen muchas cartas y entre las principales mujeres, entre las principales cualidades de las mujeres, es que ellas efectivamente tienen un mapa mucho más completo de las resonancias e implicaciones de las palabras y de los hechos en las personas. Es decir, el mundo de las emociones y los sentimientos. No es que aquí lo que está sucediendo es esto, dice el hombre con gran presunción, como diciendo yo hablé y aquí termina todo. Y la mujer dice pero es que tú no sabes que eso produce esto y esto, y esto y esto otro hasta que lo aturde. Entonces la mujer insistiendo en las resonancias emocionales y el hombre insistiendo en las distinciones racionales y cada uno insistiendo en lo suyo. Y la pareja se divide y la pareja se divorcia. El camino que propone la Biblia para amar al prójimo es: -Tú bájate de tu árbol, yo me bajo del mío y encontremos, que los dos nos alimentamos de la misma tierra.- ¿Qué es bajarse del árbol? Bajarse del árbol es, encontrar mi raíz en el Señor. Pero yo encuentro mi raíz en el Señor cuando descubro mi indigencia. Fíjate a quiénes dice el Señor que los escucha. Ya, ya, ya, en este instante. A los que tienen necesidad. A los que reconocen su limitación. A los que están al límite. Fíjate cómo el Señor nos muestra el camino. Entonces, ¿Cuál es la manera de tener un matrimonio unido? No te fíes de tus grandes cualidades analíticas, racionales, de objetividad. Perfecta esquematización. No te guíes de tu mapa emocional y de tus implicaciones de sentimientos y de personas, ni de tu memoria prodigiosa. Porque las mujeres tienen una memoria prodigiosa. Eso es así. Eso es así. La mujer se acuerda exactamente cuándo fue la vez que el hombre tenía qué. . . y ¡No! Y eso no se le olvida. Eso queda indeleble ahí. Tú no te fíes de tus fortalezas, seas hombre o mujer, no te fíes de ellas. Descubre tu necesidad profunda, descubre tu indigencia existencial y descubrirás al Señor. Entonces, cuando uno baja de sus pretensiones, de sus grandes cualidades, cuando uno baja, baja, baja. Eso se llama "kénosis", ¿No? En teología, baja y baja y baja. Y uno llega al final de esa bajada ¿A quién encuentra? Encuentra a Jesús, que es el primero que ha bajado. Siendo de condición divina, se abajó, se humilló. Cuando tú bajas, cuando descubres tu necesidad y bajas y bajas y bajas por allá, en ese sótano, tú dices ¿Aquí sí vivirá alguien? ¡Jesús! Ahí está. Pero la sorpresa no termina ahí. Jesús te dice Bienvenido. Bienvenido, hermano. Venga, le presento a todos sus demás hermanos, los demás que han bajado. Y ahí la unión se hace fuerte, porque esa unión en Cristo baja, baja de tus pretensiones, baja de tu soberbia, baja de tus fortalezas, baja de ahí, descubre tu necesidad y descubrirás al Dios que nos une a todos y en Él todos somos hermanos.

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