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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El señorío de Jesucristo no se limita a lo privado, a lo personal o individual; el señorío de Jesús es universal, en todas las realidades privadas y públicas, incluyendo el mundo civil y político.
Homilía ao29009a, predicada en 20231022, con 9 min. y 52 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! Quiero contarles como sacerdote por misericordia de Dios, que hay homilías que son muy agradables de hacer, porque uno trata de contar, uno trata de compartir con los hermanos, cómo hay que entender un texto. Y claro, la Palabra de Dios está llena de luz, de sabiduría y de belleza. Pero hay otras ocasiones en que la labor es un poquito más difícil, porque a veces, y eso también es deber del sacerdote, uno tiene que explicar cómo no hay que entender un texto. Por ejemplo, eso nos ha pasado varias veces con esas palabras de Cristo cuando Cristo dice: "No juzguéis" Y entonces uno tiene que pasar por la tarea de explicar que eso no quiere decir que uno no puede meterse en la vida de nadie y que simplemente hay que dejar que cada quien haga lo que quiera, porque si hablo, si digo cualquier cosa, ya estoy juzgando. Entonces esas homilías que son homilías sobre temas, muchas veces de controversia, son un poco más difíciles de hacer, un poco menos agradables, pero son también necesarias. Hoy creo que nos toca una de esas homilías difíciles, y la llamo, homilía difícil porque de lo que vamos a hablar es de esa frase que dijo Cristo en el Evangelio de hoy: "Hay que dar al César lo que es del César y hay que dar a Dios lo que es de Dios". Esta palabra, esta frase de Cristo tan llena de sabiduría, pues es la respuesta que da el Señor, cuando los fariseos trataban de apresarlo con una pregunta muy capciosa y la pregunta era: ¿Hay que pagar impuestos o no hay que pagar impuestos? Y casi que cualquier cosa que Cristo dijera pues lo iba a meter en problemas. Porque si Cristo decía: -Si hay que pagar impuestos-, entonces quiere decir que tú estás reconociendo la autoridad del César; y como el César se cree un Dios, y como los romanos quieren imponer sus dioses sobre nosotros, entonces tú estás a favor del mundo pagano y estás en contra de la alianza predicada por los profetas. Si Cristo decía: -No hay que pagar el impuesto al César-, pues eso dejaba a Cristo perfectamente alineado con los rebeldes, muchas veces, de estilo guerrillero; esos eran los zelotas, esos rebeldes que estaban a toda costa tratando de luchar contra el ejército romano y contra el poder romano, y por consiguiente eso convertía a Cristo en un enemigo de los romanos. O sea que era una pregunta, supremamente venenosa, una pregunta capciosa. ¿Qué podía Cristo responder frente a eso? Buen punto, ¿Qué podía Cristo responder? Entonces Cristo dice esta frase, pero esa frase muy fácilmente se puede malinterpretar. Yo voy a comentar aquí unas dos o tres malas interpretaciones de esa frase: Por ejemplo, algunas personas consideran que esa frase quiere decir, que tiene que haber una perfecta separación entre la Iglesia y el Estado, porque hay que dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Y sí, hay que tener una separación entre Iglesia y Estado, pues eso quiere decir que nosotros debemos estar en contra de todo Estado confesional y debemos estar en contra de cualquier reconocimiento público, por ejemplo de la fe católica, al estilo de esos acuerdos que celebra la Santa Sede con algunos países y que se suelen llamar concordatos. Entonces algunos católicos, supongo yo, que incluso de buena fe, consideran que los concordatos y cualquier tipo de reconocimiento público de la fe católica, es decir, todo aquello que le dé un estatuto público a la fe católica con alguna clase de derechos, es una contradicción a las palabras de Cristo, porque para ellos hay que mantener una estricta total separación entre Iglesia y Estado y por consiguiente, pues no cabe ninguna forma de concordato ni muchísimo menos un Estado confesional. Pero realmente, ¿Es ese el sentido de las palabras del Señor? ¿Es esa la manera como debemos entender lo que Cristo ha dicho? Porque uno puede hacer esta pregunta si ese fuera el sentido de las palabras de Cristo, ¿Cómo podemos conciliar esa idea de la separación absoluta entre fe y mundo civil o entre Iglesia y Estado? ¿Cómo podemos compaginar eso con otras expresiones muy claras, muy vigorosas, muy contundentes y muy coherentes que están en el Nuevo Testamento? Por ejemplo, Cristo dice: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra". Entonces los poderes civiles ¿no tienen que someterse también al reconocimiento de que existe un Dios y de que ese Dios se ha revelado, y que la plenitud de esa revelación está en Cristo?. Ahí entra una contradicción. O mira esto otro, cuando dice el apóstol San Pablo: -Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios-. Esas expresiones no parecen excluir ninguna realidad humana. El señorío de Cristo no es un señorío que se limite únicamente a lo privado, a lo personal, a lo individual o a pequeñas comunidades, el señorío de Cristo es universal; y de hecho, esta fiesta que tenemos los católicos, la fiesta de Cristo Rey es una fiesta que proclama exactamente eso, proclama que nosotros creemos en el señorío de Cristo en todas las realidades, privadas y públicas; eso incluye también el mundo civil y político. El error que no debemos cometer, sin embargo, es pensar que si Cristo reina también en el ámbito público, eso nos autoriza a maltratar a los que no han llegado a la fe. Y lamentablemente eso ha sucedido en ciertos regímenes de cristiandad. Entonces, la posición realmente equilibrada no es convertir en un absoluto la separación entre Iglesia y Estado. La posición realmente equilibrada es: -Queremos que el Estado, y queremos que toda realidad humana proclame a Cristo, pero entendemos que en la medida en que eso se vaya logrando, ese no es un permiso para caer en ninguna forma de abuso ni en ninguna forma de maltrato a los que no tienen nuestra fe-. Esa sí es una comprensión correcta del texto. Otro ejemplo de esa mala interpretación es cuando se dice que el ser humano tiene su capacidad racional y que cuando se habla de dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, pues Dios me dio una razón, entonces yo tengo que guiarme por esa racionalidad y de acuerdo con mi racionalidad, pues yo puedo hacer cosas que tal vez no están de acuerdo con lo que suele enseñar la Iglesia. Esto que estoy comentando no es disparatado, no es un invento mío, sino es lo que de hecho sucedió, por ejemplo, cuando el Papa San Pablo VI, publicó en 1968 en su encíclica Humanae Vitae. Dice el Papa Pablo VI en esa encíclica que el uso de métodos artificiales anticonceptivos es intrínsecamente contrario a la naturaleza propia del acto íntimo entre el hombre y la mujer en el matrimonio. Pues mucha gente dijo: -Pues no, porque resulta que yo tengo mi capacidad racional y desde mi capacidad racional que me la dio Dios y que Dios respeta, a mí no me parece eso-. Y esta idea de aplicar el propio criterio por encima de la enseñanza de la Iglesia ha resurgido también ahora incluso hay un documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe que parece sugerir eso con respecto a las personas divorciadas y vueltas a casar, donde en la práctica lo que se dice es -que ellos disciernan-. Como quien dice Dios les dio su capacidad racional, Dios les dio su capacidad de discernimiento que ellos hagan lo suyo. Pero ese no es el sentido, porque precisamente lo que Dios da sigue estando bajo el gobierno de Dios. Entonces, el hecho de que yo tenga una capacidad racional no quiere decir que luego yo utilice mi razón o mi capacidad racional para contradecir lo que Dios con su autoridad ha revelado, ha mostrado y ha enseñado en buenos y grandes momentos, La Santa Iglesia Católica. Por eso digo que este texto hay que saberlo entender. Evidentemente no se trata de que nosotros omitamos el señorío de Dios, sino más bien que reconozcamos el señorío de Dios, al cual ciertamente tiene que someterse también el César. Es un tema que merecería tratarse de un modo más extenso, pero yo creo que estas aclaraciones nos ayudan a avanzar en la dirección correcta. Gracias por estar aquí y que Dios te bendiga.

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