Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Dar a Dios lo que es de Dios signfiica descubrir la inmensa deuda de gratitud, obediencia y sobre todo AMOR, que tenemos con Él.

Homilía ao29006a, predicada en 20171022, con 42 min. y 20 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Queridos hermanos, la lectura que hemos escuchado del Evangelio de Mateo nos presenta un ataque contra Jesús, una trampa. La trampa que le ponen a Jesús, es una pregunta difícil que está diseñada para que cualquier cosa que Cristo respondiera servía para acusarlo. Por eso decimos que es un ataque. Le preguntan por un tema que era muy discutido en esa época, el tema de pagar los impuestos al César, es decir, al emperador romano. Si Cristo decía que si había que pagar impuesto, eso situaba a Cristo como colaborador con un imperio pagano, idólatra, enemigo de Dios. O sea que si Cristo decía si hay que pagar impuestos, podían decir este está dando culto a los ídolos, este no puede ser el Mesías.

Si Cristo decía que no había que pagar impuestos, entonces lo podían acusar de otra cosa, lo podían acusar de rebelde, de guerrillero contra el emperador y así podían hacer intervenir a los romanos en contra de Él. O sea que realmente era una pregunta muy inteligente, pero con una inteligencia perversa. Era un ataque a Jesucristo. De eso se trataba. Pero es tan hermoso ver que lo mismo que luego sucedió en la cruz, cuando Cristo es atacado, lo que de Él brota en la cruz es sangre de perdón y de misericordia. De tal manera que la maldad que se concentró en la cruz resultó en una abundancia de bondad de parte de Cristo. Los mismos clavos que son el resumen de nuestra maldad contra Cristo, son las llaves que abren la bondad de Dios para nosotros. Y de esa manera, las mismas llagas que resumen el pecado del mundo son las llagas que concentran y que expresan la bondad infinita, la clemencia infinita de Dios.

Eso es lo que pasa en la cruz, y esa es la maravilla de la cruz. Que toda nuestra maldad quedó expresada allí, pero toda la bondad de Dios quedó expresada también allí. Eso que pasó en la cruz, eso también pasa, guardadas las proporciones en escenas como la que tiene el Evangelio de hoy. Es decir, van contra Cristo con un ataque. Pero lo que sale de Cristo es luz, es sabiduría, es bondad. Eso es lo que sale de Cristo. Solamente por recordarte otro pasaje del Evangelio Recuerdas lo que nos cuentan sobre aquella mujer adúltera sorprendida en adulterio y le dicen: "La ley de Moisés manda apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?" Si Cristo decía no la apedreen, ya podían acusarlo de una cosa. Tú contradices la ley de Moisés y te crees más que Moisés. Eres un blasfemo que niega la ley. Ya lo podían acusar de eso. Pero si Cristo decía apedréenla, parecía que ese gesto estaba en contra de toda la predicación de la misericordia, que se sabía bien que era el centro del mensaje de Jesucristo.

O sea que o lo ponemos en contradicción consigo mismo y que niegue la misericordia, o lo ponemos en contradicción con Moisés y lo acusamos de blasfemo. Ese fue otro ataque ¡Duro!, otro ataque lleno de perversidad, lleno de inteligencia diabólica. Sobre la inteligencia diabólica nos habla la Carta de Santiago, donde advierte que así como hay una sabiduría divina, también hay una sabiduría perversa. Y esa sabiduría perversa es fruto de la inteligencia de los ángeles caídos, es decir, de los demonios atacando a Cristo. El demonio inspira esta clase de ataques inteligentes contra Cristo. Pero también en el caso de la mujer adúltera, Cristo nos deja un mensaje de sabiduría y de inmensa bondad.

O sea que la introducción en esta predicación, hermanos, es que cuando Cristo es atacado, a pesar de que es vergüenza nuestra que eso haya sucedido, la maravilla es que nuestra maldad lo que termina haciendo es producir un manantial de bondad que cae sobre nosotros. Y esa maravilla se ve en el pasaje de la adúltera. Esa maravilla se ve en el pasaje de hoy, en la pregunta sobre los impuestos. Y esa maravilla se ve de modo concentrado, absoluto y definitivo en la cruz. Por eso todo cristiano, al mirar la cruz, tiene que sentir. Ahí es donde está la respuesta, Porque ahí es donde toda nuestra maldad se muestra y denuncia. Y ahí es donde toda bondad tiene su fuente. Terminada esa introducción, ahora centrémonos en la respuesta que da Cristo, que tiene una relación maravillosa con el lema del encuentro del Nuevo Pentecostés de la Renovación Carismática, aquí en El Pahuichi de la Mansión, en muy poco tiempo, en contadas semanas.

Efectivamente, lo que Cristo da como respuesta el día de hoy es: "Den al César lo que es del César y den a Dios lo que es de Dios". Pues en esta ocasión yo quiero centrarme en la segunda parte de la respuesta de Cristo, es decir, que demos a Dios lo que es de Dios. Meditemos un poco en lo que es esa respuesta en lo que significa eso. -Dar a Dios lo que es de Dios.- Eso nos invita a preguntarnos cosas un poco extrañas, tal vez, como por ejemplo ¿Qué merece Dios? ¿Qué le corresponde en justicia a Dios? Porque Jesús dice -Den a Dios lo que es de Dios.- Entonces tenemos que preguntarnos ¿Qué es lo que es de Dios? O sea, ¿Qué le corresponde a Dios? Es decir, ¿Qué es lo que en justicia se le debe?

Esta reflexión fue la que llevó a Santo Tomás de Aquino a afirmar que la religión, la virtud de la religión, pertenece a la virtud de la justicia. Según Santo Tomás, el darle honra, culto, alabanza, amor, obediencia a Dios, es ante todo un acto de justicia. De manera que la persona que no reconoce a Dios, la persona que niega a Dios, la persona que se burla de Dios, la persona que no comunica la gloria de Dios, es una persona que en primer lugar está pecando de injusticia. Porque si una persona merece algo, si ese algo le pertenece y yo no le doy lo que le pertenece, eso se llama una injusticia. Eso es una injusticia. Si yo desconozco las autoridades que están legítimamente constituidas así yo no esté de acuerdo con ellas, pero si están legítimamente constituidas, yo estoy cometiendo una ofensa, estoy cometiendo un delito.

Bueno, pues aquí no estamos hablando de cualquier autoridad, estamos hablando de la máxima, la máxima autoridad, que es precisamente la autoridad de Dios. Entonces, la segunda idea, la primera idea era la introducción, ¿No? La introducción, donde hablamos de cómo Cristo es tan maravilloso que aunque nosotros lo atacamos con la lanza, de Él lo que sale es agua que nos lava y sangre que nos redime. Esa fue la introducción. La segunda parte es entender que nosotros tenemos deberes de justicia. Oye, deberes de justicia con Dios. O sea que es una injusticia no creer en Dios. Es una injusticia negarle la honra a Dios, es una injusticia negarle obediencia a Dios. Es una injusticia negarle culto a Dios. Cuando nosotros levantamos nuestra voz, levantamos nuestras manos. Cuando nosotros ¡¡Proclamamos con nuestra voz jubilosa que Él es el Señor!! ¡¡No le estamos regalando nada, le estamos dando lo que Él ya merece!!

Lo dice el libro del Apocalipsis con estas palabras que la Iglesia repite cada semana en la liturgia de las horas en vísperas: -Digno es el Cordero degollado, ese es Cristo. Digno es el Cordero degollado de recibir la gloria y la alabanza.- Digno es. ¿Qué significa digno? Que Él ya se lo merece, que no le estás dando nada a Dios cuando tú le das la honra y la alabanza, no le estás haciendo un favor a Dios. Cuando vienes a misa Dios no queda en deuda contigo porque tú le obedezcas. Es un deber que tú y yo tenemos. Es un deber. Para descubrir este deber no se necesita ser un genio. Basta con hacer una o dos comparaciones, por ejemplo, con la vida de familia.

Si el papá y la mamá se esfuerzan por los hijos, si un día esa mamita hermosa prepara un delicioso desayuno para su hijo, que el hijo se levante de la mesa y le diga Mamá, gracias. Ese gracias ¿Es un regalo que le da el hijo a la mamá? ¡No! Si vamos a hablar en términos precisos, el agradecimiento expresado con esa palabra es lo mínimo que ese hijo le debe a esa hermosa mujer que ha tenido ese detalle. Es una deuda que él tiene. Entonces, lo primero que hay que descubrir es que nosotros tenemos, pero muchísimas, pero muchísimas, muchísimas deudas con Aquel que nos ha amado, Aquel que nos ha amado sin límite. Y es muy importante saber que todo lo que nosotros hagamos, todo lo que nosotros hagamos, todo se queda corto frente a lo que Él ha hecho.

Un gran santo dominico, misionero, gran predicador. El patrono de nuestra provincia dominicana en Colombia es San Luis Beltrán. Y San Luis Beltrán. Lo que le pedía a Dios era la gracia de pagarle a Dios con un amor que se pudiera parecer al amor que Él nos ha dado. Eso era lo que Él le pedía. ¿Y quiénes son los únicos? Óyeme bien, ¿Quiénes son los únicos que hasta cierto punto han podido pagar con lo mismo que les fue dado? ¿Quiénes son esas personas? ¿Quiénes son esos hombres y mujeres? Porque hay hombres y mujeres que hasta cierto punto sí han pagado. Nunca será igual, pero hasta cierto punto sí han pagado con lo mismo que les fue dado. ¿Quiénes serán? Los mártires. Entre todos los santos brillan los mártires y por eso nuestro fundador, Santo Domingo. Y por eso San Luis Bertrán quería eso. Concédeme que yo te pague, que yo te pague con lo mismo que tú me diste.

Porque resulta que el Espíritu Santo le había abierto tanto el corazón, la mirada, la inteligencia a San Luis Bertrán que San Luis Bertrán sí que veía clarísimamente todo lo que Dios le había dado y sentía una deuda de amor. Has hecho tanto por mí, tanto, pero tanto por mí. Y esa deuda de amor hacía que Luis Bertrán ardiera en deseos de morir por aquel que murió por él. Ese es el estado normal de un cristiano. Un cristiano en estado normal desea morir por su Salvador. Ese es el estado normal. Y ese estado normal es el estado que tienen los mártires. Y esos mártires son niños, niñas, jóvenes de ambos sexos, hombres casados, sacerdotes, mujeres casadas, vírgenes, multitud de hombres y mujeres han sentido el impulso de pagarle a Dios la deuda de amor.

O sea que mis hermanos, tenemos que pedirle a Dios que con la gracia del Espíritu Santo nos abra el entendimiento para que descubramos la deuda de amor que tenemos. Porque el día que uno descubre esa deuda de amor, ¡Uno pierde la vergüenza para alabar a Dios, para bendecirlo, para cantarlo, para proclamarlo, para compartirlo! La persona, que para alabar a Dios tiene esa timidez, tiene esa mezquindad. Yo veo cómo mis hermanos aquí de la mansión Dios los bendiga siempre, cómo siempre nos están invitando a que tengamos fuego del Espíritu, a que tengamos amor, a que nos entreguemos con todo nuestro ser, cada uno con su estilo. Yo los veo cómo nos invitan, nos exhortan, nos llaman, nos presionan, nos obligan: "Alabe a Dios. . . " Y hay gente que le dice, Alabe a Dios, ¡Bendito sea Dios! Alábelo más fuerte. . . -dice Dios.- Grite, ¡Ay! ¿Qué es lo que nos están diciendo en ese lugar? ¿Qué es lo que nos están diciendo en este lugar? Sede de cada Congreso del Nuevo Pentecostés. Como es tradición cada noviembre.

¿Qué es lo que nos están diciendo? Lo que nos están diciendo. Y ese es el sentido de cada congreso aquí en La Mansión. Lo que nos están diciendo es, -paga la deuda de amor que tienes- para eso, ¿Qué se necesita? Abre los ojos de tu corazón. Date cuenta lo que Dios ha hecho por ti. Date cuenta cómo te ha amado. Date cuenta cuánto te ha perdonado. Date cuenta cómo te ha cuidado. Date cuenta de qué infierno te ha rescatado. Date cuenta qué cielo te ha que ha prometido. Date cuenta de que te alimenta con el cuerpo y con la sangre de su hijo. Date cuenta de que Él no tiene sino un Espíritu Santo, y ese espíritu es el que te da a ti. Date cuenta que tiene una causa para ti que se llama la Iglesia en la tierra y en el cielo. Date cuenta que te ha dado los mejores ejemplos en los santos y en las santas. Date cuenta que te guía con la Palabra de Dios. Y si te das cuenta de todo eso, ¿Qué vas a hacer?

Morirte, morirte de gozo, morirte de gratitud, morirte de júbilo, decirle ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación invocando su nombre. Y ahí es cuando Tú te llenas de júbilo y te llenas de gozo y te llenas de canto. Esa es la razón por la que el Padre Jesús danza. Ustedes lo ven como Él danza y se llena de júbilo. Yo ya casi le estoy cogiendo el paso. ¿Por qué? ¿Por qué danza? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Porque el Espíritu Santo le ha mostrado un poquito. Porque el día que le muestre todo el día que le muestre todo el amor que le tiene. Ese día nos reuniremos aquí y diremos Dale, Señor, el descanso eterno y brille para él la luz. Uno se muere, uno se muere. El día que uno descubre realmente el tamaño del amor que Dios le ha tenido y la deuda de amor que uno tiene con Él. Uno se muere.

Y nosotros. Hoy estoy muy dominico. Nosotros tenemos una santita dominica, la beata Imelda Lambertini, que murió el día de su primera comunión. ¿Y por qué murió? Pues el problema grave que tuvo Imelda Lambertini se llama sobredosis de Espíritu Santo. El Espíritu Santo de tal manera iluminó a esta niña que era más o menos como esta chiquita que está aquí sin las gafas. Llenó a esta niña del poder de su amor y de su sabiduría. Imelda Lambertini entendió lo que significaba comulgar, comulgar, recibir a Jesús, el Hijo de Dios, el Hijo del Eterno Padre, viene a mí, me ama, me da todo su ser. Poco después de comulgar, su corazoncito no aguantó y siguió comulgando para siempre en el cielo. Se llama la beata Imelda Lambertini. Entonces nosotros tenemos una deuda, una deuda de amor.

Y esa deuda de amor no es entonces favores que nosotros le damos a Dios. Por eso decía San Pablo, yo no evangelizo por gusto, yo no evangelizo porque me paguen. Ay de mí si no evangelizara. Y luego él mismo se pregunta. ¿Y entonces no hay pago? Y responde, sí hay pago. Participar del mismo Evangelio que yo comparto. Entonces el que ha abierto los ojos, porque eso lo hace el Espíritu Santo, abrirte los ojos. El que ha abierto los ojos se da cuenta el contenido de la frase del Evangelio de hoy. Darle a Dios lo que es de Dios. ¿Y qué es lo que es de Dios? ¿Qué merece Dios? Pues todo porque mi deuda de amor con Él es infinita, es infinita, infinita. Ya que estamos tan dominicos, entonces vamos a mencionar otra santa Dominica. No sé si alguna vez me la hayan oído en una predicación. Se llama Santa Catalina de Siena.

Santa Catalina de Siena es una santa dominica del siglo XIV. Ella tuvo experiencias parecidas a las de la beata Imelda Lambertini, Santa Catalina de Siena habla, por ejemplo, del don de lenguas. Del don, ustedes saben que hay variedad en el don de lenguas. El don de lenguas puede ser don de hablar una lengua extranjera, puede ser el rebosamiento de la experiencia de amor que impide que tú pongas en palabras lo que estás viviendo. Eso es sobre todo lo que se llama don de lenguas en la Renovación Carismática. Rebosamiento de amor. Quedas rebozado sobre rebozado del amor de Dios, hasta el punto de que ya no cabe en palabras humanas. No hay lengua, no hay aimará, no hay quechua, no hay francés, no hay mandarín, no hay portugués, no hay español, no hay latín, no hay griego, no hay árabe, no hay lengua en la que tú puedas expresar el tamaño de lo que estás viviendo.

Entonces, en ese momento, tu lengua empieza a inventar un lenguaje nuevo. Eso es lo que se llama don de lenguas. Ese es el don de lenguas. Esa es la maravilla. ¡No es tan raro! ¡No es tan raro! No es tan raro. Bueno, Santa Catalina de Siena habla de ese don, de cómo ella más de una vez se quedó sin palabras. Y ella misma escribe o manda que sea escrito porque parece que logró escribir solo al final de su vida. Y eso por una intervención milagrosa. Ella manda escribir la experiencia de no poder responder nada a Dios. Ella siente que se vuelve como una bebita que empieza a hacer como los bebés, hacer ruidos como los bebés, es decir, como el don de lenguas, porque se ve completamente rebosada, completamente sobreabundante en el amor de Dios. Bueno, Catalina de Siena nos enseña una cosa muy importante cuando una persona está así, inundada del amor de Dios, descubre tres cosas.

Primero, que según dice la carta a los Efesios, capítulo 3, Dios nos da mucho más de lo que podemos pensar o imaginar, es decir, lo que decía San León Magno: -Tienes mejor Dios de lo que pensabas- Esa frase de San León así, me fascina, me llena, me colma. "Tienes mejor Dios de lo que pensabas". Entonces, lo primero, cuando el Espíritu Santo obra de esta manera, es que tú sientes que de verdad, de verdad, de verdad es muy grande, es muy grande su amor, muy grande, muy grande. Eso es lo primero. Lo segundo, Tú descubres que aunque entregaras tu cuerpo a las llamas, aunque tú mismo murieras mártir, eso todavía sería poco. Es decir, tú sientes que no hay manera de pagar tanto amor. Y lo tercero, y este fue el descubrimiento que el Señor le inspiró a Catalina.

Lo tercero que sucede es que sucede ahí lo mismo que con una represa. ¿Qué sucede en una represa? Cuando una represa llega a niveles críticos, hay peligro de que la estructura ceda, se agriete y haya un desastre. Dios nos libre. Por eso, cuando las represas llegan a ciertos niveles. ¿Qué les toca hacer? Abrir llaves. Cierto. Bueno, llaves gigantes, Abrir los desagües y sale esa agua. Porque si no, la represa se resquebraja. Se rompe. Bueno, una represa que se reventó de amor fue la de la beata Imelda. Tan bella esa niña. Yo la amo. La beata Imelda murió así por sobredosis de amor. Bueno. Pero Catalina descubrió que en ciertas oportunidades, en ciertas ocasiones, en ciertas vidas, Dios abre y quiere que nosotros abramos esas compuertas. ¿Y qué es abrir esas compuertas?

Lo dice la Santa de Siena con las siguientes palabras, habla el Padre Celestial; y dice, el bien que ustedes no pueden hacerme a mí, es decir, como ustedes no me pueden devolver toda el agua que yo les he dado, esa inundación de amor que yo les he dado, como ustedes no me pueden devolver todo el diluvio, porque el Génesis nos habla de un diluvio, pero ese fue diluvio de destrucción. En cambio, el diluvio del Nuevo Testamento es el diluvio de Pentecostés, que fue un diluvio de construcción, de reconstrucción de toda la creación en el nombre de Jesús. Entonces lo que dice Dios es. . . Como ustedes no me pueden devolver todo el diluvio, diluvio de amor que yo les he dado, como no me lo pueden devolver a mí, abran esas benditas compuertas. ¿Y hacia dónde sale ese amor? ¿Hacia dónde sale? Hacia hacia el prójimo. Uy, esta gente está en plena sintonía.

¡Esa sale hacia el prójimo! Eso me gusta de La Mansión que suelen poner en primera fila gente que responde bien. Entonces, el amor al prójimo, ¿Qué es? El amor al prójimo, óigame esto, que si usted entiende esto, se le facilita el perdón, se le facilita la sanación, se le facilita la liberación, se le facilita, Mire incluso problemas del colon se pueden arreglar. ¿De qué hablo? Entiéndame bien esto. El amor al prójimo no es, en primer lugar, una decisión heroica suya. El amor al prójimo no es una decisión heroica suya, que usted hace, tal vez por obedecer un mandamiento. El amor al prójimo no es, en primer lugar, su decisión. El amor al prójimo es el fruto del desbordamiento del amor de Dios en usted. En esto consiste el amor. Dice la primera carta de Juan. No en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero.

Y ese amor con el que Él nos amó primero es el diluvio que hemos llamado diluvio del Nuevo Testamento, que es el que llena tu represa. Y cuando la represa de tu corazón está a punto de colapsar y tú dices Uy, voy a hacer la beata Imelda número dos. ¡¡Cuando tú estás a punto de colapsar, cuando ya falta poco para colapsar, Dios te dice ahora que estás rellenito de amor, Ahora que estás llenito, llenito, llenito de amor, es el momento para que empieces a amar!! Y entonces el amor al prójimo es un delicioso alivio. ¿Por qué? Porque tenías demasiado amor adentro. Ese es el amor al prójimo. Le voy a hacer la comparación. Cuando usted toma el amor al prójimo como una decisión, entonces ¿Cómo es el amor al prójimo como una simple decisión suya? Simple, ojo que el adjetivo es clave, simple decisión suya.

¿Qué pasa cuando usted toma el amor al prójimo como una simple decisión suya? Lo que pasa es que usted dice, está bien, de hoy en adelante voy a querer a mi suegra. Bueno, de hoy no, de mañana temprano. Me doy unas horas de margen. Me doy unas horitas de margen. A partir de mañana empiezo a querer a mi suegra. Voy a tratar de entender esa señora, voy a tratar de quererla, voy a tratar de. Voy a tratar de, y voy a tratar de. Entonces, a partir de mañana la voy a querer, le voy a hacer buena cara. Es verdad que ella tiene cara de camión por debajo, pero yo, yo le voy a hacer buena cara a ella, yo la voy a tratar bien. Entonces al otro día aparece muy puntual porque tiene hasta ese defecto de ser puntual. Aparece puntual la señora suegra. Y este hombre está tratando, tratando, fíjate, el verbo está tratando, ahí es cuando está funcionando solo tu voluntad está tratando. Voy a tratar de quererla, voy a tratar de saludarla, voy a tratar de sonreírle.

Entonces saca su sonrisa. Por supuesto, le sale una sonrisa hipócrita en la que no creería nadie. Hola suegrita, buenos días. Qué temprano que ha llegado. Siga, siga, por favor, siga. ¡Ay!, pero vino más fea que nunca. Y francamente, . . . Y cuando uno intenta y cuando uno trata. Y cuando uno se esfuerza. ¡No funciona! ¿Y qué es lo que sucede? Primera Corintios 13 nos lo responde. Ustedes recuerdan primera Corintios 13 es el himno de la caridad. ¿Y qué dice San Pablo en el himno de la caridad? -Que el amor verdadero no lleva cuentas.- En cambio, cuando uno está tratando, uno siempre tiene aquí una serie de contabilidades. Primera vez que le sonrío y no me sonríe. Segunda vez que le sonrío y tampoco me sonríe. Tercera vez que trato de ser buena y ella no es buena. Cuarta vez que lo intento y ella no quiere. Es quinta vez. Sexta vez.

Voy a aguantar hasta la vez dieciocho. Lo que le pasó a Pedro. Te acuerdas cuando Pedro le dijo a Jesús ¿Cuántas veces tengo que perdonar eso? ¿Qué quiere decir que Pedro estaba llevando una contabilidad va, una van dos, van tres. Van cuatro. Cuando él dijo van cuatro, él dijo, voy a preguntarle a Jesús para ver si son hasta siete. Entonces llegó donde Jesús y le dijo, ¿Cuántas veces tengo que perdonar? ¿Hasta siete? Y Jesús no le dijo hasta siete, sino le dijo hasta setenta veces siete. Y Jesús agregó y la cuenta se resetea cada día. Ah, entonces las esperanzas de Pedro se fueron al suelo. ¿Por qué? Porque Pedro estaba tratando. Y cuando uno está tratando, y cuando uno está intentando, y cuando uno está esforzándose, uno está llevando cuentas.

Pero Pablo nos dice primera Corintios 13 dice que el amor no lleva cuentas. ¿Y cómo es posible no llevar cuentas? ¿Cómo es posible que yo no me dé cuenta que ya van cinco veces y con esta seis o ya son siete? Creo que son ocho, mejor. ¿Cómo es posible amar sin llevar cuentas? Solo es posible amar sin llevar cuentas cuando el amor es fruto del desbordamiento de la represa. ¿Por qué? Porque el que está amando únicamente con sus fuerzas siente que el depósito se le va bajando, se le va bajando. Ya le tuve paciencia. Una vez el depósito bajó, le tuve paciencia, dos veces bajó, le tuve paciencia tres veces, bajó. A las cuatro veces empieza a sonar la alarma. Eh, eh, eh, eh. ¿Qué significa? ¡Nivel crítico! Nivel crítico. O sea, me estoy quedando sin amor. Me estoy quedando sin amor. ¿Eso qué significa? Estoy a punto de darle una patada. Estoy a punto de. . . ¿Por qué? Porque está llegando a un nivel crítico, porque estoy llevando cuentas, porque estoy llamando yo.

Y resulta que el amor que cabe en ese corazoncito tuyo o en este corazoncito mío, el amor que cabe es muy pequeñito. Entonces, como es muy pequeñito, se va agotando y se va agotando y se va agotando. Por eso, cuando el amor al prójimo se convierte en intente, trate de ver, trate de ver, verla de otro modo, trate, trate de pensar las cosas de otro modo. Mire, intente búsquele el lado bueno. Búsquele. ¿En qué sentido es simpática? En qué sentido es agradable? A ver qué le, ¿Qué le gusta a usted de esa señora? Bueno, por ejemplo, a veces me pongo a diseñar lápidas. Entonces. No le vas a encontrar el amor al prójimo, que es apenas intentar, intentar, tratar. No funciona. Y por eso las personas descubren que no logran perdonar. No logro. No logro perdonar lo que me hizo mi esposo, No logro perdonar a mi papá, no logro perdonar a mi tío, no logro perdonar a la persona que me abusó, no logro perdonar al sacerdote que me dio un mal consejo, no logro perdonar, no logro perdonar a mi amiga en la que yo puse toda mi confianza y después me vendió barato.

No logro perdonar porque no logro perdonar, porque estoy tratando de perdonar con mi depósito y entonces yo miro mi depósito y mi depósito está muy bajito y yo miro cuánto amor necesitaría para perdonar a esa amiga que me traicionó, que parecía una persona leal, pero me falló y yo le di mucha confianza. Y yo digo, necesitaría 38 veces más nivel de agua para poder perdonarla. No doy para allá. No soy capaz de perdonar. Por eso. Uno no es capaz de perdonar, porque uno quiere perdonar con el minúsculo depósito que uno tiene y el minúsculo depósito que uno tiene no da para eso. Entonces, ¿Qué es amar al prójimo? Amar al prójimo es llenarse hasta rebosar del amor de Dios. Por eso yo amo lo que se hace en la Renovación Carismática Católica y lo que se hace en este lugar. Y por eso es muy importante que usted esté aquí o en otro lugar semejante, pero yo prefiero que esté aquí en el Congreso del Nuevo Pentecostés.

Es importante que usted esté aquí porque usted tiene que llenarse de ese amor. Por usted. Usted que me está oyendo hoy aquí en el Pahuichi, usted que va a oír después esto por internet, Usted que me está oyendo por radio Campo, usted tiene que saber que la única manera de amar al prójimo es primero experimentar una abundancia hasta reventar del amor de Dios. Cuando usted esté lleno. Así que. Nos falta la última parte de la predicación y ese amor al prójimo. Ya hemos dado el caso de disculpar, de perdonar. Pero ¿Cuál es el amor más grande al prójimo? El amor más grande al prójimo, el amor más perfecto al prójimo está expresado, por supuesto, en Juan capítulo 3 versículo 16: "Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo único, para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna". Eso quiere decir que el modo más perfecto de amar al prójimo es llevarlo a Jesús.

El modo más perfecto es llevarlo a Jesús. ¿Y cómo llevamos a las personas a Jesús? A través de nuestra oración. Segundo, nuestro testimonio. Tercero, nuestra ayuda oportuna. Cuarto, nuestra predicación ¿Ya se los aprendió? Se los repito: ¿Cuáles son los modos adecuados de transmitir el máximo amor al prójimo? Porque hay muchas maneras de amar al prójimo. Uno ama al prójimo cuando es atento, cuando es cortés, cuando es justo. Hay muchas maneras de amar al prójimo, pero la manera más grande de amar al prójimo es hacerlo partícipe del amor más grande, que es el amor que manifestó Jesús en la cruz. Ese es el modo más perfecto. Ese es el modo más grande. Ese es el modo más santo de amar al prójimo. ¿Y cómo logro yo eso? A través de orar por mi hermano, a través de dar testimonio ante mi hermano, a través de dar ayuda oportuna cuando mi hermano lo necesita y a través de la predicación explícita. ¿Y sabe qué? Ese llevar a mi hermano el fuego del amor de Dios. Ese es el tema de este año en el Congreso de la Renovación, aquí en La Mansión.

Llevar la llama del Evangelio a mi hermano, llevar la llama del Evangelio. No hay amor más grande. Ese es el bien más grande que tú puedes hacer. Mira, por supuesto, las obras de caridad corporales son importantes. Dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, darle una manta al que tiene frío, visitar al que está en la cárcel. Todo eso está bien. Todo eso es necesario. Esas son obras de misericordia corporales. Pero como bien enseña San Agustín, en la eternidad, y todos estamos llamados a la eternidad. Todos, todos, todos en la eternidad, ninguna de esas obras de misericordia serán necesarias o serán recibidas. Porque dice hermosamente San Agustín de Hipona En el cielo no tendremos hambrientos a los cuales alimentar, ni sedientos a los cuales dar agua, ni presos a los cuales visitar, ni gente con frío a la cual arropar con una manta.

Entonces, ¿Cuál es el amor que atraviesa el umbral de la muerte? ¿Cuál es el amor que dura para siempre? El amor que pone en contacto a tu amiga con Jesús. El amor que pone en contacto a tu amigo con Jesús. El amor que pone en contacto a tu papá con Jesús, a tu mamá, a tu tío, a tu cuñada y también, nunca lo olvides, a tu suegra. Es eso; entonces, ¿Qué es lo que sucede? Que uno está lleno. Uno se llena, se llena del amor de Dios. Primero se llena. Para eso son estos congresos, Para eso uno tiene que venir, para eso uno tiene que orar, para eso uno tiene que entrar en alabanza. No se trata de ejercicio físico únicamente. Lo importante no es la parte aeróbica si lo quieres llamar así. Lo importante es que a través de esa expresividad tú estás entrando en plena alabanza para abrir tu corazón a un amor que te rebasa y ese amor que te colma, ese amor que te rebasa, ese amor que te inunda, es el mismo amor que luego tú conviertes ¿En qué? Oración, testimonio, apoyo y evangelización.

Eso es amar al prójimo. Oración. Testimonio, apoyo, evangelización. Ahora, de atrás para adelante. Evangelización. Apoyo. Testimonio. Oración. Eso es amar al prójimo. Bueno, todo lo demás también. Pero lo central del amor al prójimo es eso. Entonces yo le doy gracias a Dios por este lugar de evangelización y por cada lugar donde se predica el Evangelio de Jesucristo. Yo le doy gracias a Dios por cada corazón que se levanta en amor a Él, por cada corazón que quiere compartir la Buena Noticia. Por algo dice la Carta de Santiago: "Sepan y entiendan que quien convierte a un pecador de su mala vida cubre la multitud de sus pecados". ¿Qué tal esa promesa; ah? ¡Qué tal esa promesa para los que hemos pecado, como es el caso de este servidor!

Esa es una gran noticia, porque eso significa que si a través de la evangelización, que es acto de amor, si a través de la ¿Cuál fue el otro que dijimos? el apoyo, la ayuda oportuna a través del testimonio de vida, a través de la oración. Si a través de esos recursos que son los recursos del Espíritu Santo, yo puedo sacar, yo, pero es el Señor obrando en mí. Claro, si yo puedo sacar al pecador de su pecado, eso cubre la multitud de los pecados, eso limpia la vida. Entonces por eso es tan importante decirle a la gente que no se quede concentrada dándole vueltas y vueltas y vueltas al pasado, porque hay personas que se quedan así, dándole vueltas al pasado. Es que yo cometí un error. Es que cuando yo era chiquito yo hice esto. Es que cuando yo y a mí me pasó esto y después me pasó esto y entonces yo hice y la gente se queda dándole vueltas y vueltas al pasado, pero resulta que el Evangelio lo que quiere es que tú le des vueltas y darle vueltas al futuro.

Darle vueltas al futuro es crear esa vida nueva. Porque tú puedes. Óyeme bien, tú puedes compartir la buena noticia, tú puedes llevar la buena noticia. Y cuando tú y cuando tú, qué esto es lo más lindo, cuando tú puedes por fin, por fin, cuando tú puedes llevar el mismo amor, la misma llama de amor de Dios que te llegó a ti, se la puedes dar a tu prójimo. Y cuando ese prójimo, cuando ese hombre, esa mujer, ese hermano, esa hermana está ardiendo en el amor de Dios, en ese momento tú le estás dando a Dios lo que es de Dios. ¿Amén? Amén. De pide por favor.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM