|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Al distinguir entre lo del Cesar y lo de Dios, Cristo enseña cómo el margen de señorío de los poderes de esta tierra es tan limitado.
Homilía ao29004a, predicada en 20141019, con 4 min. y 8 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! El evangelio de hoy es bastante conocido por aquel refrán que dice Cristo y que seguramente hemos escuchado varias veces, aquello de: -Dar al César lo que es del César y dar a Dios lo que es de Dios-. Esa frase, con mucha frecuencia se interpreta como una clave para entender las relaciones entre la tarea de la Iglesia y, por ejemplo, la tarea del Estado. Se supone que la Iglesia tiene su propia tarea y el Estado tiene lo suyo y a cada uno hay que darle lo que le corresponde. Incluso en términos económicos, el Estado pide sus impuestos, la Iglesia necesita de tu colaboración, la Iglesia necesita de tus diezmos. En ese sentido se puede interpretar la frase de Cristo. Pero la liturgia de hoy es realmente muy rica y me parece que adquiere otro sentido cuando tomamos en consideración la primera lectura que es tomada del profeta Isaías en el capítulo 45. Sucede que en el siglo VI antes de Cristo, los hebreos, el pueblo hebreo, había sido desterrado a Babilonia. El pueblo que realizó ese destierro fueron los caldeos, y los caldeos tuvieron una terrible derrota a manos de los persas, de manera que cuando Ciro, el rey de los persas, doblegó al imperio Caldeo, ya no le interesaba tener a los judíos en Babilonia, no era indispensable para sus propios planes de grandeza de Persia; a él no le interesaba que Babilonia fuera grande, ni que reuniera tantos pueblos. De manera que para disminuir la fuerza, el esplendor de Babilonia; dispersó a muchos pueblos que habían sido traídos a esa ciudad, seguramente para construcción y para embellecerla. De modo que Ciro fue el rey que determinó que los israelitas volvieran a su tierra, terminando de esa manera el oprobio y el dolor incalculable del destierro. Fíjate que Ciro tenía sus propias motivaciones, Ciro era lo que podríamos decir un político, un hombre de Estado, a él le interesaba lo suyo. Pero mientras él estaba buscando lo suyo a través de él, Dios estaba realizando sus planes y parece que este es el elemento que quizás debiera cautivar más nuestra atención. Por encima de Ciro, que se considera dueño de pueblos, es Dios el que va dirigiendo la historia y de la misma manera, por encima del emperador romano, por encima del César, es Dios quien está dirigiendo lo suyo. Así que la frase de Cristo, también significa que el espacio de cierta autonomía que tienen los gobiernos de este mundo, no le quita señorío de Dios, sino que por encima de las pretensiones muchas veces arrogantes de los distintos pueblos, por encima de las pretensiones de los grandes de este mundo, Dios sigue siendo Dios, y su gloria no se la otorga a nadie.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|