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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Que Dios sea realmente el Rey de nuestra vida.
Homilía ao29002a, predicada en 19991017, con 16 min. y 37 seg. 
Transcripción:
El pueblo hebreo durante un tiempo gozó de independencia. Se podían gobernar ellos mismos. Tuvieron sus propios reyes. El primero de los reyes fue Saúl. Luego vino David y luego Salomón. Hasta ahí había un solo rey para todo el pueblo. Pero ya de ahí en adelante se desordenó la cosa. Porque resulta que el hijo de Salomón, que se llamaba Roboam, ya no tuvo el talento, ni la inspiración, ni la amistad con Dios para mantener unido al pueblo. Entonces se dividieron en dos reinos, uno al norte y otro al sur. Finalmente, el reino del norte se acabó, lo acabaron los asirios y quedó solo el reino del Sur. El reino del Sur fue arrasado por un rey de Babilonia llamado Nabucodonosor. Nabucodonosor llegó y cargó con todo. Desterró a los judíos, los que vivían en el reino del sur, que era lo único que había quedado y se los llevó para Babilonia. Desde ese momento se acabó la independencia política del pueblo hebreo. Ya no tuvieron independencia política. ¿Y se acabaron? Pues no se acabaron. No se acabaron porque hubo. Hubo una pelea entre los de Babilonia y los persas, los babilonios y los persas. Los persas no creían en el Dios de los hebreos. Pero yo tengo que contarle toda esta historia a usted para que percibamos con toda su fuerza el mensaje de la primera lectura, que de pronto lo hemos sentido un poco lejano. Ya verá la sorpresa que nos tiene Dios en esa primera lectura. Resulta que los persas vencieron a los babilonios, vencieron. ¿Y qué pasó? Que el rey de los persas, que en ese momento era Ciro, el señor que mencionaron en la primera lectura, tomó como política de su gobierno deshacer lo que habían hecho los otros. Un poco lo que pasa, por ejemplo, en algunos cargos públicos en nuestro país. Resulta que hay un alcalde que es liberal, por ejemplo, y después llega un conservador a deshacer todo lo que hizo el liberal. Entonces después llega otro liberal a quitar, a cortar todos los planes y todos los procesos que había hecho el conservador. Algo parecido sucedió ahí con los persas, con Persia y Babilonia. Cuando subió Ciro, Ciro ya venció al imperio de Babilonia, Ciro quiso deshacer todo lo que habían hecho los de Babilonia, en particular lo que había hecho Nabucodonosor. Y por esta razón Ciro dijo, -Ah, con que esos tales judíos se los trajeron hace setenta años de allá de su tierra, pues devolvámoslos que se devuelvan para su tierra. Y así los judíos pudieron volver a Jerusalén. Y por eso no se acabó el pueblo judío, mientras que el reino del norte. Acuérdense que se habían dividido, el reino del norte que se llamó propiamente Israel, los asirios se lo cargaron y los asirios, sí, nunca los devolvieron. Y claro, un pueblo desterrado termina por diluirse, por disolverse, por acabarse. Todas esas tribus del reino del norte se acabaron. Y ese era el destino que esperaba a los judíos, los del Reino del Sur. Pero los judíos, aunque fueron llevados a Babilonia después por esa pelea que hubo entre Persia y Babilonia, Ciro dijo, -Bueno, ustedes devuélvanse a su tierra.- Yo ¿Qué quiero destacar en esto? Porque ya son bastantes nombres raros para una sola homilía. ¿Qué quiero destacar yo con eso? Yo quiero que usted tenga el cuadro de lo que estaban pensando las personas y el cuadro de lo que estaba pensando Dios. Hay que tener los dos cuadros en esa primera lectura. ¿Qué pensó Nabucodonosor cuando se alzó; se abalanzó contra los judíos y los despojó de todo? ¿Qué estaba pensando? Satisfacer su codicia, su egolatría, como tantos otros tiranos era un hombre ególatra, el poder. Yo soy el que mando. ¿Ven qué estaba pensando Nabucodonosor, cuando desterró a los judíos? Desplegar su poder, darle importancia, gloria, honor y saciar su codicia. Pero llegó otro más grande que fue el Imperio Persa. ¿Qué estaba pensando Ciro cuando venció a Nabucodonosor o a sus sucesores? ¿Qué estaba pensando? Pues estaba pensando en lo mismo que Nabucodonosor. -Yo les voy a ganar, esta pelea me la gano yo y se acaba el imperio de Babilonia y surge el Imperio Persa. Eso era lo que estaba pensando Ciro. Y cuando Ciro dijo, -Y que esos judíos se vuelvan a Jerusalén.- ¿Qué estaba pensando? -No les voy a dar el gusto de que ni una sola de sus órdenes queden en pie.- Como quien dice, le voy a arruinar todos sus programas de gobierno. Todo lo que quiso hacer. Se lo voy a deshacer. ¿Ciro estaba pensando en Dios? Estaba pensando en el amor a Dios, en la fidelidad a la alianza, en que se cumpliera el plan. Él no sabía nada de eso. Y eso es lo que nos ha dicho la primera lectura precisamente: "Esto dice el Señor a Ciro, dice aquí, -En atención a Jacob, mi servidor, te llamé por tu nombre y te doy un título sin que tú me conozcas.- ¿Cuál es entonces la enseñanza que nos quiere dar esa primera lectura? ¿Cuál es la enseñanza que nos quiere presentar? Pues nos quiere presentar la enseñanza de cómo piensan las personas y cómo obran. Y cómo piensa Dios y cómo obra. Ciro estaba pensando en sus intereses. Tan egoísta como todos, tan codicioso como todos. Pero a través de la codicia de Ciro, Dios estaba cumpliendo su plan. Estaba devolviendo a los judíos a su tierra. Y así regresaron los judíos a su tierra. Los habían sacado en el año 587 antes de Cristo y cerca del año 520 a. de C. Cosa parecida los devolvieron a su tierra. Y de esa restauración el pueblo judío levantó el templo con mucho esfuerzo y se concentraron a estudiar la ley y se conservaron como pueblo. Y de ahí nació Jesucristo. De ese pueblo así conservado después de su destierro. Hay un refrán que resume esta enseñanza: "Dios escribe derecho en renglones torcidos". Muchas veces uno quiere enderezar los renglones a como dé lugar, como quien dice, mientras no se establezca un régimen de justicia, de claridad de verdad. Mientras no se logre que las cosas sean sanas, transparentes y leales, no se puede vivir una vida recta y buena. Paja, eso no es así. Fíjate cómo cada uno de los personajes de esta historia, Nabucodonosor, Ciro, Babilonia, Persia. Cada uno de esos personajes estaba obrando a su propia manera, con su propia libertad y a su propio estilo. Y sin embargo el plan de Dios se iba cumpliendo paso por paso. El plan de Dios se cumple, la obra de Dios se cumple. Ciro, aunque no conocía a Dios, es un ungido de Dios. Ciro, aunque obra movido por su codicia, cumple con el plan de Dios. Ciro, aunque obra para desquitarse del otro y aunque obra para idolatría, es un servidor de Dios, como quien dice. Lo que hace esta primera lectura es una maravilla. Es abrirnos los ojos para que sepamos que son también instrumentos de Dios, incluso circunstancias, lugares, instituciones, problemas, personas que ni siquiera están pensando en Dios, se convierten en instrumentos de Dios. De una manera más clara dice esto el apóstol San Pablo en la carta a los Romanos cuando dice, -Todo concurre para el bien de los que Dios ama, de los que aman a Dios.- Dice propiamente San Pablo: "Todo concurre para el bien.- Nosotros no esperemos vivir nuestra vida cristiana en un mundo donde todo el mundo va a hacerle caso a Dios. En un mundo donde toda la gente le hace caso a Dios, no esperemos eso. Nosotros retrasamos la obra de la santidad de nuestra vida, la obra de la conversión de nuestra vida, porque estamos esperando a que los renglones se pongan derechos. Señores, no es así, no es así. Hoy ¿Cómo estamos? Hoy ¿Quién gobierna? Esa es una pregunta que como tenemos así pensador, vamos a darme ese título. Como pensador me hago con mucha frecuencia. ¿Quién gobierna realmente el mundo? Yo creo que los gobiernos políticamente establecidos no son los que tienen el verdadero poder. Yo he llegado a esa conclusión. Existen senados, cámaras, congresos. Existen cortes constitucionales, existe división de poderes y presidente de la República. Existen muchas cosas, pero ¿Quién gobierna realmente? Eso es difícil decirlo. En un país como este uno no sabe si está en manos de Nabucodonosor o en manos de Ciro, o ¿En manos de quién? Y entonces uno vive en la incertidumbre. ¿Quién es el que realmente gobierna? La primera lectura. Y ahora vamos entendiendo el Evangelio, nos invita a cambiar la pregunta. El problema no es ¿Quién te gobierna a ti? Mejor dicho, ¿Quién dice que te gobierna a ti? El problema es ¿Quién dices tú que es tu rey? El problema no es el que diga que manda sobre ti. El problema es a quién le haces caso tú. Ustedes, mis hermanos, ustedes son llamados hoy por la Palabra de Dios a cambiar la pregunta. No esperemos a que nos gobierne el mejor gobierno, no esperemos a que la sociedad se organice, esté clara, transparente, lúcida y razonable. Dios obrará a través de muchos Ciros. Dios obrará a través de muchos como Nabucodonosor. No esperemos a que sean las circunstancias las favorables. Decía un pensador, las cometas no se levantan a favor del viento, sino contra él. Señores cristianos, señoras cristianas: No esperen, ustedes, no esperen a que las circunstancias sean favorables al Evangelio; también a través de esas personas aparentemente adversas, también a través de esos instrumentos Dios estará obrando. Ahora podemos comprender mejor, digo, el Evangelio que hemos escuchado. Fíjate la pregunta con la que le llegan a Jesús, -Bueno, ¿Vamos a darle dinero al Emperador, sí o no? Cualquier cosa que dijera Cristo, peligraba su vida. Tenían algo de qué acusarlo. Si Cristo decía sí. ¿Qué quería decir? Está a favor del gobierno romano, está a favor del emperador romano. Si Cristo decía ¡No! Es un revoltoso, es un guerrillero, como los zelotes que había en la época de Cristo. De manera que si decía que no, ahí estaban los partidarios de Herodes listos a caerle. Y si decía que sí, que sí había que pagar impuestos al emperador, ahí estaban los fariseos, celosos de la nacionalidad judía. Listos a caerle. Cualquier cosa que dijera. Le tenían la trampa perfecta. ¿Y qué responde Jesucristo? Pues con esa sapiencia que todos conocemos. Bueno -Devuelvanle al emperador lo que es del emperador, y devuelvanle a Dios lo que es de Dios.- Con otras palabras, esto significa, el problema no es ese. Es que tampoco era gran cosa estar gobernado ni por Saúl, ni por Salomón, ni por David. El problema no es quien está encima de usted, ni quien diga que tiene poder sobre usted. El problema es a quiénes están obedeciendo ustedes. El problema no es quien dice que es rey de usted. Sino usted quien dice que es su rey. Yo creo que podemos resumir la enseñanza de estas lecturas exactamente con esa frase: -El problema no es quien dice que es su rey. El problema es ¿Quién dice usted que es su rey? ¿A quién tiene usted por rey? Quién gobierna sobre su vida. Porque si su vida está gobernada por Dios, todas las circunstancias, incluidas las batallas entre Persia y Babilonia, todas las circunstancias, serán instrumentos para que se cumpla en usted, el plan maravilloso de amor que Dios tiene a su favor. Ya no discuta más con las circunstancias. Ya no se enrede más con las circunstancias. Piense que si usted tiene eficazmente a Dios como su rey, las circunstancias obrarán a favor de usted. Aunque parezcan tan extrañas como la lucha entre Ciro y Babilonia, ya no se enrede más con que el precio de la vida, con que la economía, con que la las leyes, la falta de paz, la violencia. ¡Qué pereza!, qué pereza que ese se volvió el único tema. ¡Qué pereza! Como si Dios ya dejara de ser rey. Porque hay esos problemas. La lectura de hoy es vigorosa. Es liberadora. Está diciendo: -Mire, Dios no deja de reinar así haya un Ciro, o haya un Nabucodonosor, o haya el que sea.- Tenga usted a Dios por rey, y las circunstancias obrarán a su favor. Gobierna el Fondo Monetario Internacional, Bill Clinton, Bill Gates o el que quiera gobernar o el que tenga el poder en esta tierra. ¡No importa!, si Dios es mi Rey. Todos esos señores son Ciros, son Ciros. Y a través de ellos, Dios cumple maravillosamente su plan en mí. Y como dijo San Pablo: -En ti y en tu familia,- No nos vamos a enredar más con las circunstancias, con vigor, con prudencia, con vigilancia y con calma. Avanzaremos por esta tierra. Seguiremos nuestro camino con una sola certeza, si Dios es realmente el Rey de mi vida, todo concurrirá en favor de ese plan de amor que Dios tiene para mi.

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