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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El Señor nos llama con su gracia. ¿Qué nos retrasa o nos retiene? Y ADEMÁS: Una explicación sobre aquel hombre que no llevaba el traje de fiesta.
Homilía ao28012a, predicada en 20201011, con 12 min. y 8 seg. 
Transcripción:
Amados hermanos. Anoche a las siete tuvimos la primera celebración a la que cordialmente pudieron asistir algunas personas de entre ustedes, comunidad creyente que celebra su fe en este templo de Santo Domingo; esta es la segunda Eucaristía que tenemos. Y aunque el uso de los tapabocas o mascarillas reglamentario, cuando estamos en distancia más corta, impide que se vean las sonrisas, yo por lo menos sí puedo regalarles la alegría y la sonrisa de verlos aquí, de tenerlos en casa. > Me parece una hermosa coincidencia que el evangelio de hoy nos habla de una invitación a un banquete. Y para ustedes, amadisimos hermanos, esta invitación se hace tan real hoy por el banquete de la Eucaristía. Bendito sea el Señor. > Observemos que en el Evangelio hay un tono de cierta tristeza, es como el lamento de Dios, porque no le acogemos sus invitaciones, porque somos muchas veces resistentes. La primera vez en la primera invitación que hizo, dice simplemente -no quisieron ir-. Luego mandó otros criados a que llevaran la invitación y el resultado fue más decepcionante. ¿A qué se refiere Cristo con esto? Siempre es bueno mirar los destinatarios, ¿A quién le estaba hablando el Señor? Al comienzo del texto de hoy, que es del capítulo número 22 de San Mateo; se nos dice que estaba hablando a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo. Claramente la parábola va en primer lugar referida al rechazo que estos personajes tan importantes dentro de la vida de los judíos, el rechazo que ellos habían tenido a la predicación de Cristo. > Pero Cristo también se refiere al rechazo que han experimentado los profetas, los profetas, que Dios durante tantos siglos envió a su pueblo y que sin embargo fueron rechazados. Aplicación para nuestra vida: ¿Somos dóciles a los llamados de Dios?. > Dios nos llama de muchas maneras, en parte, esa abundancia de criados de la que se habla en este texto tiene que ver precisamente con las múltiples llamadas de Dios. Por ejemplo, nosotros tenemos medios de comunicación, a través de Internet o a través de la televisión, podemos encontrar cosas muy valiosas, cosas de Dios. > Ayer hubo una transmisión que tal vez algunos de ustedes vieron: la beatificación de un jovencito llamado Carlos Acutis o Carlo, un italiano, y muchas personas, gracias a Internet, gracias a la televisión, pudieron unirse espiritualmente a esa ceremonia. Entonces uno puede aprovechar las cosas buenas que hay en los medios de comunicación; hay muchos canales buenos en la televisión, bueno, en televisión no sé qué tantos, pero en Internet hay muchos canales buenos, para nuestra fe, para cosas interesantes, no tiene que ser todo religión, pero hay muchas cosas muy buenas. ¿Las estamos aprovechando?. Ese es un tipo de llamada. > Otra llamada es la que Dios nos hace en nuestra propia conciencia, muchas veces el Señor nos llama a que oremos más, a que oremos mejor. Piense usted lo que tiene en su casa; tal vez hay libros muy buenos; empezando por la Sagrada Escritura, que están poco leídos. . . Ahí, a través de esas páginas, a través de esas invitaciones, es Dios quien nos está invitando. Él nos llama de muchas formas. Quizás una persona amiga suya le habla de una obra buena en la que usted puede colaborar, sé que tenemos muchas limitaciones por la pandemia, para servir, para ayudar a otras personas, y a veces somos perezosos, somos lentos, no respondemos a las llamadas de Dios. Este es un mensaje que nos da el Evangelio. > La otra parte del evangelio es más extraña es el tema de este hombre que no tenía el vestido de fiesta o el vestido de boda; como lo que se dice antes es que fueron invitados muchísimos, casi metidos a la fuerza en ese banquete; uno puede preguntarse ¿por qué se le trata tan duro al que no tenía vestido de fiesta?. Pues yo me he puesto en la tarea de investigar en distintos comentarios bíblicos qué dicen los expertos, qué dicen los exégetas sobre este hecho, es decir, ¿por qué se trata tan duro al que no tenía el vestido de fiesta? Y me he encontrado algunas cosas interesantes que paso a compartirles: > En primer lugar, hay que tener en cuenta que la ropa en aquella época era muy valiosa, muy valiosa; para nosotros la ropa tiene por supuesto un costo, pero es que en aquel tiempo en que todo tejido tenía que hacerse, por supuesto a mano, y era bastante resistente, pues había personas que tenían muy pocos vestidos. Incluso se daba el caso de gente que prácticamente vivía con un solo vestido. > La ropa era algo realmente muy valioso y por eso, como encontramos en varios pasajes de la Biblia, por ejemplo, en el segundo libro de los Reyes, o también en el libro del Génesis, se habla de regalos de ropa. Particularmente los reyes, la gente poderosa regalaba ropa como recuerdo de los grandes acontecimientos, era una manera de dejar memoria de un hecho significativo. > Se organiza una gran fiesta y nosotros, en nuestro tiempo, ¿qué dejamos como recordatorios? Pues se dan distintas cosas, tarjetas o porcelanas, qué sé yo, en la época de Cristo no era extraño que en los grandes acontecimientos se regalaran vestidos. Esa es una interpretación. De tal manera que el vestido quedaba como un recordatorio de una gran boda, porque se trata de la boda del hijo del rey. No es cualquier comida, es la boda del hijo del rey. > Entonces es muy posible, según el parecer de varios intérpretes, de varios estudiosos, es muy posible que eso muestra la extrañeza del rey. El hecho de que este no tuviera la ropa de fiesta es algo así como que le está rechazando el regalo; -si yo regalé a todos el vestido, ¿por qué tú no lo tienes puesto? ¿Qué pasa contigo? ¿Por qué me rechazas?- Y nos damos cuenta que el hombre no tiene ninguna respuesta porque dice que se quedó callado, que no tenía nada que decir. Y por eso es arrojado fuera, -has rechazado mi regalo-. Esa es una posible interpretación. > Hay otra en la que va, por ejemplo, un famoso exégeta llamado Joaquim Jeremías, Joaquim Jeremías dice, que el término que se utiliza aquí, es el vestido de la boda, pero es que el vestido de la boda no necesariamente tenía que ser lujoso; repito, esta es otra interpretación, porque las costumbres de aquella época no son las costumbres nuestras. Por eso necesitamos ayuda para tratar de entender el texto. > Lo que dice Joaquim Jeremías y dicen otros, es que aquí se trata de ropa para la boda. Y muchas veces, cuando no había el regalo de ropa, que fue la primera interpretación, lo mínimo que se le pedía a una persona es que si iba a asistir a la fiesta fuera con ropa limpia, no con la ropa del trabajo, como aquellas personas, como en aquel tiempo la ropa se utilizaba por muchos días continuos, ese no es el caso nuestro, entonces la persona que trabajaba, por ejemplo, con los rebaños o que trabajaba en el campo, vivía realmente sucio, terriblemente sucio, no solamente por su propio sudor, sino por el oficio que hacía. Cuando llegaba a una fiesta, la gente tenía su ropa de fiesta, que no era que fuera necesariamente lujosa, pero era ropa limpia. A la fiesta, a la boda no se va con la ropa del trabajo, se va con ropa de fiesta. > Esa era la manera de corresponder al regalo de haber sido invitado.: -voy a ir con una ropa limpia-. De manera que, según algunos intérpretes, este pasaje lo que significa es: ¿Qué clase de desprecio me estás haciendo que ni siquiera te has puesto una ropa limpia, sino que has venido con la ropa del trabajo, la ropa sucia, la ropa de cada día? -Esta boda de mi hijo no significa nada para ti, y por eso, lárgate de este lugar-, esa es la segunda interpretación. > Hermanos, no tenemos manera de saber cuál de las dos interpretaciones es la correcta, pero en realidad se parecen en la conclusión. La conclusión es, finalmente, que hay que responder al amor de Dios y hay que responder con nuestra propia colaboración en algo tan sencillo como ponernos el vestido que Él nos regala. Los padres de la iglesia siempre dicen que ese regalo es el regalo de la gracia, ponernos el vestido que Él nos regala o por lo menos prepararnos para apreciar, para realmente agradecer la boda del hijo. > Termino diciendo que esta parábola tiene una prolongación en el libro del Apocalipsis. En el Apocalipsis se nos habla de la boda, se vuelve a hablar de esta boda y el rey es Dios, y el Hijo es Cristo, y la novia que tiene su vestido inmaculado, es la Iglesia purificada por las persecuciones, pero sobre todo purificada por el amor y la fe en su Amado, que es Cristo. Es a esa boda, la boda de Cristo, la boda del final de los tiempos a la que nosotros somos invitados y que tiene como una especie de anticipación en cada Eucaristía. > Sigamos esta celebración dándole gracias a Dios, porque nos invitó para que escucháramos su Palabra y porque hoy, concretamente en este templo, esa invitación se hace más real todavía, pudiendo comulgar sacramentalmente.

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