Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Lo que le da propósito y sentido a la vida es producir bien, ese bien es fruto que generas para gloria y alabanza de Dios y que cambia la vida de alguien.

Homilía ao27014a, predicada en 20231008, con 6 min. y 31 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

Encontramos en las lecturas de hoy uno de los temas bíblicos más hermosos y más desarrollados. La viña. El pueblo de Dios, comparado con una viña, con un cultivo y Dios es el que cultiva este tema de la viña, aparece varias veces, aparece en Isaías, aparece en San Mateo, aparece en San Juan, aparece también en los Salmos. Es decir, es realmente un tema de alguna frecuencia en la Biblia. ¿Cuáles son los, digamos, los puntos centrales que nos recuerda la viña? El trabajo, la paciencia y el fruto. Trabajo, paciencia y fruto. El trabajo lo hace fundamentalmente Dios. La paciencia es la expresión de su amor que es misericordioso y que precisamente nos tiene paciencia. Como bien dijo San Agustín ¿No? "Tarde te amé". Como quien dice, -Tanto me esperaste, Señor.-

El trabajo y la paciencia son de Dios, pero el fruto se espera de nosotros. Y tanto en el texto de Isaías, en la primera lectura como en el Evangelio, la gran pregunta es el fruto. Podríamos decir que este es un domingo que nos invita a preguntarnos por la fecundidad, por el fruto. Observa una cosa, cuando una persona vive únicamente para sí misma, por ejemplo, para darse gusto, para su placer, para su fama, para eso que hoy se repite tanto en las redes sociales los problemas de narcisismo; cuando la persona está metida en eso, pues ¿Qué sucede? Que no hay un fruto hacia afuera y por eso Dios nos ha llamado para que nosotros demos fruto. Es lo que expresamente encontramos en el capítulo 15 de San Juan. "Yo los he destinado para que vayan y den fruto".

Por eso tenemos que preguntarnos ¿Qué sucede cuando una vida no da fruto? La vida que no da fruto. Es esa misma vida que decimos es absurda. Cuando la persona siente, -Mi vida no tiene sentido.- Es que lo que nosotros decimos con ese lenguaje así medio filosófico, mi vida no tiene sentido. Cambia la palabra sentido por la palabra fruto y vas a entender todo. Quizás tú mismo lo has dicho, o quizás lo has dicho a alguien cerca de ti. Cuando escuches esa frase, -No es que ¿Cuál es el sentido? No le veo sentido a mi vida. Cambia la palabra sentido siempre que la oigas, cámbiala por la palabra fruto y verás la frase que te queda. Cuando una persona dice, -Mi vida no tiene fruto.- Ah, eso cambia las cosas, porque si tú dices mi vida no tiene sentido. Seguramente entras en una serie de análisis y pensamientos.

Te vas, quizás por el camino de las preguntas y respuestas y empiezas a decir: ¡No! Tal vez el sentido de la vida es comprender el sentido de la vida, es darle sentido a la vida, como dijo otro haciendo un trabalenguas. Bueno, y te quedas ahí. Pero el verdadero sentido de la vida es dar fruto. ¿Y qué es dar fruto? Pues dar fruto es producir un bien, generar un bien. Ese bien que tú generas, que es Gloria y alabanza para Dios y que cambia la vida de alguien. Ese es el sentido, ese es el fruto. O sea que en el fondo estas lecturas de la viña nos terminan enseñando qué significa una vida con sentido, una vida con propósito. Esta es una expresión que se oye cada vez más en español. La expresión yo creo que viene prestada del inglés. Una vida con propósito.

Pues tener una vida con propósito, tener una vida que tenga sentido, no es otra cosa que tener una vida que dé fruto y dar fruto, ¿Qué es dar fruto? Es el bien que tú produces, el bien que sale de ti, ese bien que se convierte en alabanza del amor de Dios y que se convierte en un bien para otras personas. A la edad que tengo te puedo decir que yo no he encontrado una persona que esté en actitud de servicio, en actitud de marcar la vida de otros, de hacerle bien a otros y que sufra de depresión o que sufra de tristeza, de amargura. La gran respuesta a la amargura, a la soledad, al absurdo que vive tanta gente, es haz el bien produce fruto como la viña. La viña tiene que producir fruto si se cultiva y se cultiva la viña y al final no hay uvas o lo que sale es una cosa amarga, pues hay como una frustración y un fracaso. Entonces pregúntate ¿Cuál es el fruto? ¿Cuál es el fruto que estoy produciendo? ¿En dónde estoy dejando una huella de bien?

Ese bien que estoy dejando. Eso es lo que le da sentido a mi vida. Y cada uno puede aplicar esto. Si, por ejemplo, eres docente y te esfuerzas para que tus estudiantes no solamente pasen un curso, sino realmente asimilen algo que les sirva. Eso es fruto. Si tú eres un padre de familia y das amor y educación, y tus hijos, tus hijas son buenos ciudadanos y tú sientes, son gente de bien, Eso es tener fruto, eso es darle sentido a la vida. Por supuesto, nosotros, sacerdotes, predicadores, estamos destinados, estamos llamados a ser gente que da fruto. Ese es el propósito. No es tan misterioso en la Biblia. No es tan misterioso, No es de tanta filosofía. No es que esté mal la filosofía, pero en la Biblia no es complicado. No es tanta filosofía. Preocúpate de dar fruto y encontrarás junto con el fruto, la alegría, la felicidad, el propósito, y encontrarás que tu vida tiene un significado y que simplemente estás feliz y agradecido de existir.

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