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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Las lecciones de una viña sin fruto: (1) Aprender a ser agradecidos con lo que Dios ha hecho por nosotros a través de tantas personas; (2) Cuidado con creernos dueños porque somos sólo administradores; (3) Si seguimos el camino de Jesucristo también nosotros seremos algunas veces desechados pero a través de ese descarte Dios hace obra en nosotros y nos guía.
Homilía ao27013a, predicada en 20201004, con 24 min. y 36 seg. 
Transcripción:
Mis hermanos. La primera lectura de Isaías y el Evangelio según San Mateo nos presentan una imagen agrícola. La imagen de la viña. Una viña que ha recibido cuidados pero que no da, no puede dar sus frutos. Esta imagen de la viña tenía que ser muy cercana, muy fácil de reconocer por la gente de aquel tiempo. Quizás algunos de nosotros sólo hemos visto viñedos en fotografía o en vídeo. Para ellos era algo mucho más cercano. Los que saben de viñedos saben que precisamente lograr un buen vino no es fácil. Por eso hay regiones que se especializan en producir vinos de la más óptima calidad. Para lograr ese nivel es necesario tener muchos cuidados. Es decir, dedicarle tiempo, podríamos decir dedicación, cariño, se necesita para esa viña. Y esa es la primera imagen que debe llegar a nuestro corazón hoy. Porque el viñador, como lo dice expresamente el Evangelio de Juan capítulo 15, el viñador, es Dios mismo. O sea que el primer elemento que es bueno que tomemos hoy en consideración es cuánto ha hecho Dios por mí. ¿De cuántas cosas me ha rescatado; de cuántos peligros me ha salvado? ¿Cuántos mensajes me ha enviado; cuánta gente buena ha puesto a mi alrededor? Todas esas personas buenas que has tenido cerca son los cuidados del viñador. Todas esas personas que has tenido y que te han ayudado en uno o en otro sentido, son expresiones del amor del viñador. Por consiguiente, el primer acto necesario en este domingo es un reconocimiento de todas esas bondades de Dios, bondades a través de tantos caminos. Mis hermanos, a veces damos por descontada la gente. Me acuerdo una vez, un matrimonio me hablaba con tristeza porque les habían cambiado al párroco y me decían ellos, -Nosotros no supimos valorar a este sacerdote cuando lo tuvimos cerca. Era un hombre sencillo, pero un hombre ante todo, de muy buen corazón. Él preparaba sus homilías con todo el amor. Atendía a la gente lo mejor posible, sabía acompañar, pastorear.- Como dice el Papa Francisco, -Este era uno de esos pastores con olor a oveja- y la gente tal vez no supo valorarlo, pero después de unos años lo cambiaron de lugar y en ese momento, al ver lo que estaban perdiendo, como que tomaron conciencia de lo que siempre habían tenido. Es solo un ejemplo, pero lo mismo podemos decir de papás, mamás, hijos, amigos, esposo, esposa. A veces tenemos tanta capacidad para fijarnos en los defectos de las personas y qué fácil es encontrar defectos. Yo digo, por ejemplo, mis hermanos de comunidad, en este convento donde yo vivo, si ustedes hablaran con cualquiera de ellos rápidamente, podrían darles una lista de mis defectos, no son tan difíciles de encontrar. Entonces, para ver defectos, estamos listos. Pero si alguien te pidiera la lista de las cualidades y la lista de las bondades de ese esposo que Dios te dio, de esos hijos que Dios te dio, de ese sacerdote de tu parroquia, de ese amigo que siempre está ahí, que te da un consejo. Entonces el primer mensaje hoy es ¿Qué tanto aprecio tenemos por esas personas? Por favor, no esperes a que se te vayan. Ya he contado en otras ocasiones lo que me decía un anciano sacerdote que había sido párroco mucho tiempo y que había tenido que presidir muchas veces los funerales. Decía él, -La gente que más llora, en el funeral, es la gente que menos apreció al difunto y la gente que menos hizo algo por él, y decía este sabio sacerdote; con mucha frecuencia la gente en los funerales llora no tanto por el difunto, sino por sí misma, por la pérdida que ha tenido.- Entonces, repito, primer mensaje, apreciar lo que hemos recibido, lo que hemos recibido, agradeciendo a la gente. No demos por descontadas a las personas. Yo muchas veces lo he dicho, lo repito hoy con gusto. Por favor, que abunde la palabra gracias, que abunde la palabra gracias en tu día. Que no cueste tanto trabajo que salga de tu boca. Gracias. Gracias por lo que haces conmigo. Gracias por la paciencia que me tienes. Gracias por esos pequeños detalles que hacen la vida. Pasemos a la segunda parte: En el caso del Evangelio, ya vamos a centrarnos en el Evangelio. Vemos que estos labradores, que en realidad eran arrendatarios y eran administradores, ¿Cuál fue el error que cometieron? Es evidente el error que cometieron. Empezaron a creerse dueños y el que empieza a creerse dueño considera que puede gastar, administrar, hacer como le parezca, porque se cree, ¿Se cree qué? se cree dueño. Cuidado con creernos dueños, Es un error muy grande. ¿Y qué significa creerse dueño uno? Pues te voy a dar un ejemplo que es un poco brutal. Me disculpas. ¿Has visto cómo algunas feministas, sobre todo las radicales, andan diciendo "mi cuerpo, mi decisión?" Con lo cual, dicho sea de paso, están decidiendo sobre un cuerpo que no es el suyo, porque el cuerpo de la criatura que está creciendo en el vientre de una mujer embarazada no es de ella. Como decía hermosamente una buena mujer provida de Estados Unidos, decía ella: -Yo nunca fui parte de mi mamá.- Nosotros somos un ser diferente de nuestros padres. Por eso tenemos nuestro propio ADN, tenemos nuestras propias características genéticas. Entonces, fíjate la brutalidad de ese lema -Mi cuerpo, mi decisión.- Es un lema bruto, ilógico, absurdo y además homicida porque termina matando a otra criatura. Pero pensemos en una persona que no está embarazada. Y esa persona, hombre o mujer, dice: -Mi cuerpo, mi decisión.- Esa persona está tomando su cuerpo como suyo, como únicamente suyo. Y cuando tú tomas tu cuerpo como tuyo, entonces consideras que tu cuerpo o es una herramienta o es un elemento de comercio, o es un objeto de disfrute como si fuera un juguete. Y ninguna de las tres cosas es. Cuando nosotros empezamos a considerarnos dueños, en realidad lo que estamos haciendo, y esto creo que es un poco profundo, lo que estamos haciendo cuando nos creemos dueños es ofrecer en el altar de la idolatría nuestras mejores capacidades. Si mi inteligencia no está al servicio de Dios y de su Gloria, ¿Al servicio de quién está? Si mi tiempo no está al servicio de Dios y de su Gloria, ¿Al servicio de quién está? Si mis talentos, capacidades, amigos, no están al servicio de Dios, ¿Al servicio de quién están? Porque lo maravilloso de amar a Dios es que poniendo a Dios como primero de nuestros amores, ya sabemos que todo lo demás encuentra su orden. Pero cuando nosotros empezamos por ponernos a nosotros mismos en ese lugar que le corresponde a Dios, porque ya nos creímos dueños en ese momento. Lejos de buscar y de encontrar nuestro propio bien. Terminamos sirviendo a ídolos. El ídolo de la codicia, el ídolo de la lujuria, el ídolo de la envidia. Cualquier ídolo, El ídolo de la ira. Es decir que cuando tú te crees dueño, en realidad lo que hiciste fue pasar a la peor esclavitud. Yo fuera usted, escribía esa frase. -Cuando empiezas a creerte dueño, entraste en la peor esclavitud.- ¿Por qué? Porque nosotros siempre seremos siervos o siervos de Dios, para nuestro bien, para nuestra plenitud y para nuestro gozo, o seremos servidores del pecado, de los ídolos y en últimas, de los demonios, que son los peores señores, porque únicamente quieren explotarnos y lograr nuestra destrucción. Por eso esa frase que he repetido tantas veces y que creo que cabe aquí: "El Dios verdadero te alimenta, te alimenta con este pan que ha de ser el cuerpo de Cristo". El Dios verdadero te alimenta. -Los ídolos se alimentan de ti.- Por eso, cuando tú te declaras servidor de Dios, y eso es considerarte únicamente administrador de lo que tienes, eso es ser servidor de Dios. Cuando te consideras servidor de Dios, estás sirviendo al que te cuida, te alimenta, te ama y busca tu bien. Cuando en cambio tú dices, -No voy a servir a Dios- y te ilusionas pensando que tú eres el dueño de tus cosas, en realidad lo que haces es entrar a servir a los ídolos que terminan alimentándose de ti. Entonces. Segunda parte de nuestra enseñanza en este domingo: Servidores somos siempre, Siempre somos servidores, pero el que escoge servir a Dios puede repetir lo que han dicho tantos santos. Servir a Dios es reinar, porque servir a Dios es servir al Dios que te cuida, que te alimenta, que ama tu bien y que lo busca. Tercera y última enseñanza en este hermoso domingo número 27 del tiempo ordinario. ¿A quiénes dirigió Cristo esta parábola? El comienzo del texto que fue tomado del capítulo 21 de San Mateo, lo explica muy bien ¿A quién dirigió Cristo estas palabras? Dice en aquel tiempo dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, y les recuerda unas palabras del Salmo 118. No habéis leído nunca en la Escritura, "La piedra que desecharon los constructores o los arquitectos es ahora la piedra angular". Es el Señor quien lo ha hecho. Ha sido un milagro patente. Esas palabras les recuerda Cristo a ellos. ¿Por qué Cristo les recuerda estas palabras? Pues porque ellos, los sumos sacerdotes y los ancianos, se consideraban dueños como los labradores aquéllos. Ellos se consideraban dueños de la viña de Dios. Ellos creían que eran dueños del pueblo. Por eso el Papa Francisco no se cansa de decirnos a todos, pero muy especialmente a los obispos y a nosotros los sacerdotes "No se crean dueños, no se crean príncipes. Ustedes son servidores". Y luego está el Papa en otra ordenación de algún obispo o de algún sacerdote o sacerdotes, y que vuelve a decir el Papa Francisco a nosotros especialmente. En primer lugar, ¿Qué nos vuelve a decir? -No se crean dueños, no se crean príncipes. Ustedes son servidores, ustedes son servidores.- Nos lo repite el Papa, como se dice en España, por activa, por pasiva y por perifrástica. Nos lo repite en todos los lenguajes. Mis amados hermanos, estos ancianos y estos sumos sacerdotes se creían dueños de la viña del Señor. Ellos creían que tenían al pueblo en su poder. Y esa es una de las razones principales por las que detestaron a Cristo, la piedra angular. Pero ¿Qué enseñanza podemos tomar nosotros de este mensaje, de esta parte final, del mensaje de hoy? Que si nosotros somos de Cristo, también nosotros seremos desechados por unas cuantas personas. Y esa parte es dura, esa parte es dura, es muy dura. Te voy a dar dos o tres ejemplos de cómo sucede esto, de que a uno lo desechen, porque mucho Cristiano no está preparado para eso y a muchos, especialmente de nuestros jóvenes. No se les está enseñando esto, no se les está advirtiendo esto. Y por eso cuando llega el momento en el que se sienten descartados, se sienten desechados y empiezan a decirles tú eres un -Looser, acuérdate, looser- ¿No? Tú eres el perdedor. Entonces los jóvenes empiezan a sentirse así como descolocados, desconcertados, porque no se les predicó esto que ahora estamos queriendo predicar. ¿Qué cosa? Que te van a desechar, que si eres de Cristo te van a desechar. Y voy a dar ejemplos para que te des cuenta que sí. Los ejemplos típicos y los voy a tomar de la juventud. Los ejemplos típicos tienen que ver con los goces, con los disfrutes, que suelen ser característicos de la juventud. Por ejemplo, resulta que una persona, una muchacha cristiana católica, convencida que viene de un hogar cristiano católico y convencida, entra en la universidad. Mis ejemplos antes siempre eran de la universidad, pero esto ya está pasando en los colegios, ya hace tiempo está pasando en los colegios. Lo que pasa es que estoy un poco atrasado, pero ténganme paciencia, me estoy actualizando. Entonces esta muchacha viene de su hogar cristiano católico y resulta que en su círculo de amistades la gente no piensa como ella. ¿Por qué? Porque ella cree en el matrimonio de un hombre y una mujer para toda la vida. Un hombre. Una mujer para toda la vida. Y resulta que en su círculo de amistades. No es eso lo que se piensa. Resulta que en el círculo de amistades de este muchacho o de esta chica la idea que hay es que puede ser hombre con hombre, mujer con mujer, dos contra tres, tres contra dos, lo que sea. Y además, mientras el amor dure. Porque si el amor se acaba, pues ¿Para qué esa tortura? ¿Por qué me van a obligar a vivir con alguien que yo no quiero vivir? Cuando esta chica que es correcta, bien educada, cristiana y católica y viene de un hogar semejante, se da cuenta de que en su entorno todo el mundo piensa diferente. ¿Cómo crees que se siente ella? Desechada. Desechada. Ella siente que es desechada. Ella siente que ella es la aburrida. Ella siente que es la que no van a invitar. Ella siente que es la que no va a tener éxito social. Entonces hay que advertirle a todo cristiano católico. Hay que advertirle que será desechado. Será desechado. Y esto es algo fuerte. ¿Por qué? Porque todo ser humano quiere aceptación. Si tú me preguntas a mí, yo también soy un ser humano. A mí me encanta que la gente me quiera. Y me gusta mucho querer a la gente. Pero a mí también me han desechado Ya he contado varias veces mi historia. Yo estaba estudiando Física Pura en la Universidad Nacional de Colombia. Estaba en sexto semestre. Bendito sea Dios con muy buenos resultados académicos. Cuando yo entro al noviciado de esta hermosa comunidad dominicana y hago mi noviciado en la ciudad de Chiquinquirá, un buen grupo de mis compañeros de estudio hicieron el viaje a Chiquinquirá a verificar si era cierto que yo estaba en esa locura de haberme metido de cura, porque para ellos ese era el lenguaje. No entendían mucho de frailes, comunidades, nada. Se metió de cura y ellos fueron allá. Mis compañeros fueron en masa a hacerme una visita. Fue un momento muy bonito para mí, pero no tan bonito, porque al final, cuando ya se dieron cuenta que de verdad yo no iba a volver a la física, por lo menos de un modo formal, yo no iba a volver a la física y de verdad iba a seguir de cura, como decían ellos. Pues hasta ahí llegó la amistad. Yo fui desechado. Yo te puedo asegurar que en esa visita no había menos de doce personas y mi memoria debe estar fallando. Seguro eran más. Pero digamos que fueran diez, doce personas. De esas diez, doce personas. Nunca volví a saber de nadie. Luego reapareció uno de esos amigos. Hace como cinco años. Me saludó, me recordó que era de la Nacional no sé qué y desapareció. O sea que a uno sí lo desechan y hay que preparar a la gente para eso, para ser desechada. Porque si no preparas a tus jóvenes, si no preparas a tu gente para ser desechada, cuando se desconciertan y dicen, Ay, pero ¿Por qué nadie me quiere? Como decía un niñito que no sabía hablar, nadie me quiere, -Todos me odean,- decía el niño. Pues eso va a hacer que se desconcierte y que dé paso atrás. Entonces esas cosas pasan, esas cosas pasan. Si tú vas a seguir a Cristo, si tú vas a tomar en serio el Evangelio, también a ti te van a desechar. Pero te tengo una buena noticia: A través de ese camino de descarte también Dios está obrando. Te va a costar trabajo creerme estas palabras, pero te pido que las creas a través del camino del descarte. Dios te está guiando, Dios te está guiando. Ten presente eso. Hay una frase, hay un meme que ha circulado por ahí en redes sociales. También me llegó a mí un meme católico que dice: Cuando Dios te quita ciertas personas de tu vida, está respondiendo a lo que le dijiste en el Padrenuestro, "Líbranos del mal". Sí, hermanos, hay gente que Dios tiene que quitártela, porque tendrían esas personas tanto poder de seducción, tanta influencia sobre ti que no te iban a llevar a nada bueno. Yo sé que hay veces que a uno le duele. -Ay, pero cómo fui a perder tal grupo de amigos, tal amiga que era tan especial, tal amigo?- Pero si éramos uña y mugre siendo yo la uña, claro, éramos uña y mugre. Entonces uno, uno siente dolor, dolor de que se pierdan esas amistades, Pero yo te invito a que no tengas tanto dolor a través de los descartes, a través de ser descartado, también Dios te está guiando y te está salvando. Créeme que a veces Dios tiene que quitarte unas amistades o noviazgos, o qué sé yo, tiene que quitarte unas amistades y unos afectos que para ti eran tan importantes. Y el corazón sangra y el corazón sufre. Pero después, mucho después, el corazón entiende y repite lo del salmo, "Me estuvo bien el sufrir, así aprendí tus justos mandamientos". Y luego uno dice, Dios mío, de la que me estabas librando. Una vez me decía eso una muchacha en una confesión, me decía, Padre, yo vengo a confesarme. Bueno, dijo ahí sus pecados y dice esto: -Yo renegué mucho contra Dios.- No es un pecado que uno oiga todos los días. Tal vez uno lo comete más de lo que lo confiesa. Entonces yo renegué mucho contra Dios. Obviamente le pregunto, Bueno, y tú ¿Por qué renegaste tanto contra Dios? -Porque yo tenía un novio que yo lo quería y lo quería y él sí tenía sus defectos. Es decir, él me engañó con todas las compañeras de la universidad, pero era un buen hombre. En el fondo era un buen hombre.- Yo ya no sabía dónde quedaba el fondo de ese señor, pero según ella, en el fondo, vaya usted a saber dónde le quedaba el fondo. En el fondo era un buen hombre, decía ella. Y entonces, obviamente, el sacerdote tiene que hacer la otra pregunta: ¿Y cómo caíste en cuenta? ¿Cómo descubriste tu pecado? Pues resulta que él se casó con mi mejor amiga porque me estaba engañando con mi mejor amiga. Y ahora yo veo lo que ella sufre. Y yo digo, esa hubiera sido yo. Es una historia triste. Yo no me estoy poniendo feliz de esa historia. Es una historia muy triste, porque ese es un matrimonio desastroso del que estamos hablando. Pero lo que quiero decir es que la chica que se estaba confesando se dio cuenta de que Dios le había quitado un problema. O sea que por eso te quiero decir, Dios te va a llevar por el mismo camino de Cristo. Si tú eres seguidor de Cristo, y si tú eres seguidor de Cristo, te va a llevar por el camino de Cristo y el camino de Cristo incluye que te desechen. Pero yo te digo, aunque uno no entienda, te lo digo porque me ha pasado. Ya me pasó con mis compañeros de universidad y me ha pasado con muchas otras personas. A mí me podrían llamar Nelson el desechado, pero sigamos aquí, no tan llorones. Entonces, mire, le voy a contar una cosa. Te van a desechar. Sí, te van a desechar. Pero en medio de ello, en medio de eso, Dios te está protegiendo. Dios te está guiando. Y llegará un día en el que tú dirás Señor, yo no sabía que estaba caminando al borde de ese abismo. Gracias, gracias, gracias, Señor. Quiero repetirte y con esto terminamos Dios nuestro Padre, Dios nuestro Señor y Dios nuestro Padre, porque es nuestro Señor y nuestro Padre, siempre escucha las oraciones. Cuando Él te concede de verdad lo que tú pides, alégrate y agradece. Y cuando no te lo concede, alégrate y agradece, porque él debe tener muy buenas razones por las que te da lo que te da y por las que no te da lo que no te da. Así que sigamos nuestra celebración. Hermosas enseñanzas nos trae este Evangelio del capítulo 21 de San Mateo. Recuerdas ¿Cuáles son las tres principales enseñanzas? Primero que agradezcamos Dios nos ha acariciado, nos ha cuidado toda la vida. Hay que agradecer. Segundo, cuidado con creernos dueños, porque creerse dueño significa que ya no sirvo a Dios, sino a los ídolos. Y tercero, seremos desechados. Pero en medio de esa experiencia dolorosa, es Dios. Es Dios el que nos está guiando. A Él gloria y honor por los siglos. Amén.

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