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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
¿Estamos utilizando nuestros talentos para darle la gloria a Dios y para trabajar en su viña o los usamos para el pecado, robándole la gloria que le pertenece solo a Él?
Homilía ao27010a, predicada en 20171008, con 6 min. y 22 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! Estamos en el domingo número veintisiete durante el tiempo ordinario y estoy seguro que los oyentes atentos de la Palabra de Dios se habrán dado cuenta de algo muy interesante, y es que nuevamente aparece el tema de la viña en el Evangelio. Hace dos domingos, en el domingo número veinticinco, teníamos aquellos trabajadores que fueron llamados a trabajar en la viña del Señor a distintas horas del día; una semana después encontramos un padre de familia que llama a sus hijos a trabajar y entonces uno dice: que sí va, pero luego resulta que no llega, mientras que otro dice: que no va, pero después cambia de opinión y va a trabajar; y en este domingo nuevamente la viña, en esta ocasión tenemos una viña que ha sido arrendada, es decir, que tiene unos administradores, para ser más precisos, y estos administradores se adueñan de la viña. Entonces hay como tres enseñanzas distintas que indudablemente están conectadas y todas son del Evangelio de San Mateo. En el Evangelio de hace dos semanas, el del domingo veinticinco, se destaca la gratuidad con la que Dios recompensa el trabajo que hacemos, en el domingo pasado, domingo veintiséis del tiempo ordinario, se destaca el hecho de que es posible nuestra conversión y que toda conversión supone comprometerse a trabajar por el Señor, trabajar por su gloria, por su Reino, por su viña. Y ahora encontramos otro mensaje, la viña, aunque nosotros la trabajamos, la disfrutamos y recibimos una parte de la cosecha, la viña sigue siendo de Dios, la viña es de Dios y existe el peligro de que nosotros nos adueñemos de la viña; porque fíjate que la viña si dio fruto, el fruto llegó, pero ese fruto no le llegó al dueño, sino que los administradores pretendieron quedarse con ese fruto. El problema no es esterilidad de la viña, el problema es usurpación por parte de los administradores. Y claramente el mensaje va dirigido en primer lugar, a los que eran líderes del pueblo judío en ese tiempo. Ahí va en primer lugar el mensaje a ellos, que han usurpado el lugar de Dios, de manera que las promesas fecundas de Dios se están cumpliendo, la bendición de Dios está llegando, pero esos frutos preciosos no florecen para la gloria del Señor, sino que están siendo acaparados, están siendo robados, secuestrados por aquellos administradores, es decir, por los líderes del tiempo de Cristo. Pero ahora tenemos que preguntarnos sobre nosotros mismos: Qué fácil es a veces acusar hacia afuera, ¿no? Qué bueno preguntarnos nosotros mismos, ¿En qué sentido uno puede llegar a caer en eso mismo, uno puede llegar a ser un usurpador?. Pensemos en los dones que nosotros hemos recibido, que son ciertamente las herramientas también con las que nosotros podemos trabajar en la viña y con los cuales nosotros podemos darle la gloria, el honor y el amor a Dios. ¿Y qué ha pasado con esos talentos? Por ejemplo, cuando una persona es muy inteligente, muy hábil y utiliza toda su inteligencia solamente para enriquecerse, para adueñarse de las cosas; esa persona está secuestrando, está robando lo que no le pertenece, lo que le pertenece en realidad al Señor. Entonces, el mal uso de nuestros talentos viene a equivaler a eso que aparece en el texto del Evangelio de hoy: Le quitamos a Dios lo que le pertenece y nos estamos adueñando de eso, parece que esa es la situación, eso es exactamente lo que sucede. Pensemos otro tipo de dones, la belleza, la belleza, el esplendor de la belleza, habla de la gloria divina, por eso dice el Salmo: -El cielo proclama la gloria de Dios. El firmamento canta esa gloria del Señor-. Pero qué sucede muchas veces con la belleza, en el caso nuestro, de los seres humanos, la belleza que se utiliza para seducir, la belleza que se utiliza simplemente como un argumento de consumo, como un recurso de consumo, la belleza que se utiliza para la pornografía, esa hermosura de la obra de Dios queda tronchada, queda fracturada, queda mutilada y obligada a servir a los ídolos, por ejemplo, a los ídolos del dinero, de la fama o de otro orden. Entonces sí que hay una aplicación muy directa de este texto para nosotros. Cada uno haga inventario de las muchas bendiciones de Dios y cada uno descubra en esas bendiciones cómo las está utilizando. Porque si las estamos utilizando para el pecado, si estamos centrados únicamente en nosotros mismos, entonces esta parábola tiene severa advertencia que no debemos dejar perder.

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