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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La enorme importancia que Jesucristo el da a "dar fruto" tiene una razón: una vida fecunda es una vida cargada de sentido.
Homilía ao27006a, predicada en 20111002, con 16 min. y 6 seg. 
Transcripción:
Me da la impresión, queridos hermanos, que el texto del Evangelio que hemos oído tiene su punto culminante en la última frase que dice Jesús. De hecho, en las últimas palabras producir fruto. Jesús en varias ocasiones habla de la importancia del fruto. Tú te acuerdas, que en otra ocasión dijo: "El árbol bueno da frutos buenos. El árbol malo da frutos malos". Al árbol se le conoce por su fruto. El fruto es algo que sale del árbol, por supuesto, pero también es algo que habla del árbol. Así como el fruto nos permite conocer el tipo y calidad del árbol. Por eso también dijo Cristo en otra oportunidad, "Por sus frutos los conoceréis". En la cena de despedida, en la Última Cena, Cristo tiene estas palabras: "Yo os he llamado y os he destinado para que vayáis y deis fruto, un fruto que permanezca". Esas frases o esa frase dicha en ese momento tan dramático, cobra un peso muy especial, porque estamos hablando del Testamento de Jesús. Se trata de un hombre que está resumiendo el propósito de su vida. Es alguien que está diciendo, en síntesis, qué era lo que quería. Por eso la palabra fruto es tan importante. "Os he destinado. . . -que ya en sí misma es una palabra muy fuerte- . . .para que vayáis y deis fruto". Y lo mismo aparece en el Evangelio de hoy, tomado de San Mateo. Estamos en el ciclo A y este es el Evangelio de Mateo, capítulo 21. Observemos este detalle; en el desenlace de la parábola, Jesús no insiste tanto en qué tipo de castigo hay que darle a esa gente, A esos que no solamente eran irresponsables, sino que eran francamente perversos. Cristo no parece tan preocupado en imaginar cuál sería la tortura, cuál sería el desquite, cuál sería el castigo apropiado para gente tan malvada. Cristo no se detiene tanto en buscar el culpable, sino en solucionar el problema, cosa que en sí misma es una gran enseñanza. Porque yo creo que muchas veces nosotros hacemos exactamente lo opuesto. Nos obsesionamos en buscar quién tuvo la culpa. Y si ustedes miran muchas de las discusiones que a veces se presentan en la familia, en la pareja, entre amigos, en una comunidad religiosa o en una comunidad o grupo de oración. Las discusiones van aquí. ¿Quién tuvo la culpa? Jesús no parece obsesionado por la culpa ni por quién tuvo la culpa. La preocupación de Jesús es ¿Cómo echamos a andar este cuento; cómo logramos que esto funcione? ¿Cómo se puede hacer para que haya un fruto? Parece bastante cierto que Jesús está muy preocupado, muy centrado en el tema del fruto. Hay muchos otros nombres que tiene el fruto. Fruto es una imagen tomada del mundo agrícola. El fruto es lo que está al final de toda una serie de esfuerzos. Por ejemplo, en la primera lectura tomada de Isaías capítulo 5, vemos que un cierto viñador ha tomado una cantidad de trabajo, ha hecho unos esfuerzos, y entonces el fruto sería como la culminación de esos esfuerzos. La lógica consecuencia de esos esfuerzos. Entonces ya vemos que la palabra fruto está asociada con otras palabras que tal vez pueden decirnos mucho en nuestra cultura, que es un poco menos agraria, quizás no muchos de nosotros tenemos la experiencia, por ejemplo, de cultivar con gran laboriosidad un campo para luego ver qué es lo que va a salir de cosecha. Pero en cambio, sí tenemos otras preguntas. Por ejemplo, quitemos la palabra fruto y pongamos la palabra sentido. ¿Cuál es el sentido? Ah, ese es otro lenguaje. La parábola agrícola, de repente, se nos vuelve casi un discurso filosófico. ¿Cuál es el sentido de nuestros esfuerzos? Porque todos tenemos que esforzarnos de muchas maneras. La persona que va al gimnasio se esfuerza. El estudiante en su universidad se esfuerza. El trabajador que tiene que madrugar se esfuerza. El papá o la mamá que tratan de educar a los hijos se esfuerzan. Entonces, el esfuerzo no es algo privativo del mundo agrícola. Todos nos esforzamos y en ese sentido se ve que esta parábola va a tocar muy de lleno nuestra vida. Porque cuando Cristo está tan obsesionado, digo entre comillas, cuando Cristo está tan concentrado en el tema del fruto, Cristo en realidad está hablando del antiguo y siempre renovado problema del sentido de la vida. ¿Tiene sentido que yo me esfuerce? ¿Tiene sentido que yo trate de ser hermoso o inteligente o bien preparado? ¿Tiene sentido que yo trate de ser honesto o buena persona? Hoy hay mucha gente que no le ve sentido a eso. Los de las revueltas en Londres hace unas cuantas semanas. No le ven sentido a eso. No le ven un significado a eso. Los muchachos y las niñas del Mechoncito aquí, tapando el ojo. Muchachos y niñas a los que se suele llamar "Emos". Esos niños y niñas no le ven sentido a nada. No encuentran que ningún esfuerzo tenga verdaderamente fruto. Si usted, por ejemplo, se siente de buen ánimo, le recomiendo que vaya y hable con un emo para que le baje ese ánimo. Entonces usted habla con el emo y el emo le dice que nada tiene sentido, nada tiene significado a todo responde con un desdén infinito o si no con un gruñido que difícilmente puede distinguirse de otras especies animales. El emo no le ve sentido a nada. Hay una epidemia de suicidios en el mundo. Hace unos pocos días, un niño en Brasil disparó a la profesora. En mis tiempos, uno se podía imaginar eso, pero jamás hacerlo. Bueno, el niño este le disparó a la profesora y después procedió a suicidarse. Hace dos o tres días, un señor medio loco, medio borracho, medio trastornado, decía que tenía el demonio. Entró a una iglesia, le pegó un tiro en la cabeza una señora embarazada que al parecer no tenía nada que ver con él. La señora murió prácticamente en el acto. Parece que lograron rescatar el bebé que estaba dentro de ese vientre. Ese hombre no le ve sentido a nada. Hecho ese crimen. Se arrodilló delante del altar, dijo -Tengo al demonio detrás- y se pegó otro tiro. Es decir que este lenguaje de Cristo es importantísimo porque hay mucha gente que no le está viendo ningún sentido, que no le está viendo ningún fruto a su esfuerzo. Hay personas que se esfuerzan por ser bonitas, y entonces hacen muchas horas de gimnasio, muchas horas de operaciones, muchas horas de casting. El que no sepa lo que es casting, averigüe, por favor. Está fuera de foco. Hay que hacer casting. Entonces la modelo hace horas y horas de casting y se arregla y se pone bonita. Y luego el mes siguiente se hace otro tratamiento para ser más bonita y luego se hace una serie de fotos que se las pagan carísimas y ese dinero lo invierte para volverse más bonita y entonces lucha todos los meses, todas las semanas por ser perfecta, porque no puede haber un bendito defecto en mi piel, porque tengo que tener las medidas precisas, porque todos mis ángulos tienen que ser absolutamente impecables y sobre todo, tengo que despertar un deseo, el macho. Y después de que tiene el dinero, las curvas, la piel y despierta el deseo, el macho no le encuentra sabor a eso. Y entonces se tira desde un edificio y se suicida la elegante modelo. No le vío sentido a ese tipo de belleza. Tenemos a otra artista muy famosa, una de las voces realmente interesantes de estos últimos años. Ustedes y yo sabemos la historia. Esta señora Winehouse. En ¿Qué ha terminado? 27 años de edad. No le ve un sentido. Su preciosísima voz, sus miles y miles de fanáticos que la esperaban, le tenían paciencia, la aplaudían, le enviaban mensajes. Nada de eso tuvo sentido. Pudo más el sentido de absurdo. La succión. Oiga, la succión del absurdo. Ah, Amy Winehouse se la tragó la succión del absurdo. No le vio un sentido. Entonces usted se da cuenta que esta parábola de Cristo no es únicamente una historia exótica de los tiempos agrícolas. Este es el problema gravísimo de la vida humana. Y lo que Cristo nos está diciendo es que la vida solo tiene sentido cuando tiene fruto. Y en esto sí que sirve bastante el mundo agrícola, porque el fruto ¿Qué es? El fruto es el comienzo de una nueva vida. En las condiciones normales de la naturaleza, el fruto del naranjo es la naranja, que tiene pepas de naranja para que haya otro naranjo en las condiciones normales de la vida. El fruto es el comienzo de algo más. Luego, lo que Cristo nos está diciendo hoy es que el verdadero remedio contra la lógica ¿Cómo se llama . . .? Emo ¡Eso! El verdadero remedio contra la lógica emo. Contra el suicidio. Contra la succión del absurdo. El verdadero remedio es. . . Da vida. Produce el bien. Lleva el bien. Siembra vida. Dala. Dala. Lo que hace que tu vida tenga significado es que tú le diste vida. Le diste alegría, le diste amor, le diste fuerza. Ayudaste a levantar a alguien. Lo que sostiene tu vida son las sonrisas de aquellos que tú ayudaste a levantar. Eso es lo que te sostiene. Eso es lo que da significado. Y por eso es tan peligroso encerrarse uno en un mundo de privilegios, porque así te pongan 25 escoltas, ninguno de ellos puede impedir que tú te suicides. La vida no se protege con altas rejas electrificadas. La vida no se protege con muros que separen los países ricos de los países pobres. La vida se protege cuando esa misma vida se ofrece con generosidad. Cuando esa vida da fruto. Y voy a terminar con una frase polémica: yo sé que a esta capilla, a este templo, viene gente muy culta, así como ustedes y ustedes son personas que estudian y que leen. Y ustedes son personas que saben de medicina y psiquiatría y varios de ustedes me van a poder contradecir. Pero yo tengo que decir también mi testimonio en los 46 años y medio de vida que tengo. Yo no he conocido una sola persona, que verdadera, genuina, sincera y humildemente, se entregue con constancia, a hacerle bien a la humanidad y que sufra de depresión. No he encontrado una sola persona. La depresión. No quiero acusar a los que la sufran, solo Dios sabe cada historia. Y yo no soy médico ni soy psiquiatra. Pero desde mi punto de vista y desde lo que yo he visto en estos años, la depresión huye de los corazones que saben entregar su fruto, de la gente que sabe dar vida, de la gente que sabe salir de su pequeño círculo, de su pequeño club y de las cuatro paredes de su familia para decir hay otros. Y esos otros también merecen sonrisa, alegría, salud, vida, esperanza. Dar fruto era la gran preocupación de Jesús. Porque Jesús nos amaba y nos ama mucho.

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