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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Homilía ao27003a, predicada en 20021006, con 15 min. y 38 seg. 
Transcripción:
Hermanos. En la primera lectura tomada de Isaías y en el Evangelio tomado de San Mateo, vemos cómo obra el ser humano y cómo obra Dios. Vemos a un Dios que es cuidadoso, cariñoso, detallista, generoso. Y vemos a un ser humano rebelde, estéril, resistente, exasperante. Si uno se queda mirando el mensaje solamente por el lado de la respuesta o falta de respuesta del ser humano, queda muy triste con este Evangelio. Qué conclusión tan triste la que se saca aquí. A uno lo mataron, a otro lo apedrearon, a otro lo molieron a palos. Y cuando Dios les mandó a su hijo pensando, lo van a respetar, pues dijeron: -Este es el heredero, quitemos de en medio al heredero y nos quedamos con la herencia.- Es la maldad humana que no se abre al plan de Dios. Pero estas palabras no son para que nos limitemos a mirar la maldad humana, sino para que miremos lo que podríamos llamar la terquedad de Dios. Hay una terquedad que viene del pecado, pero hay otra terquedad que viene del amor. Hay una terquedad que lleva a pecar. Pero hay otra terquedad que lleva a salvar al pecador. Y la historia, mis hermanos, la historia del mundo es la historia del enfrentamiento entre dos tercos. El ser humano que es terco y Dios que es más terco. El ser humano es terco, oponiéndose, resistiendo a Dios. Pero Dios es más terco ofreciendo su amor y su gracia. Observemos este detalle. ¿Cómo terminó la primera lectura? En tono triste. Él esperaba respeto del derecho y solo se ve sangre. Esperaba justicia y solo oye quejas. Termina triste. ¿Cómo termina el Evangelio? Dios les va a quitar su reino. Esa parte es triste, pero luego dice, para confiárselo a un pueblo que produzca frutos. Esa pequeña frasecita es la gran diferencia entre el Nuevo Testamento y el Antiguo Testamento. El Antiguo Testamento, por boca de Isaías, termina solamente en la denuncia. El Antiguo Testamento termina solamente diciéndonos Ustedes son unos criminales, unos ingratos, unos irresponsables, una raza amarga y estéril. Mejor dicho, termina en vaciada. Pero el Nuevo Testamento termina de otra manera Dios va a buscar otro pueblo. Dios va a buscar otro camino. Dios resulta más terco que esos viñadores o esos cultivadores crueles. Dios es más obstinado en amar que el ser humano en pecar. La lectura hubiera podido terminar de una manera muy sencilla la parábola que dijo Cristo ¿Qué debo hacer con esos cultivadores? Pues darles una mala muerte. Ah, bueno, ahí hubiera podido terminar. Si; pues sí, se hace justicia. Eran unos desgraciados criminales. Se acabaron y se acabó todo. Pero no se acaba todo. Pero no se acaba todo porque Dios buscará otro camino. Dios buscará otra puerta. Dios tocará a otro corazón. Dios no se va a detener; si nosotros nos detenemos, Dios no se detiene. Vamos a presentar unos dos o tres ejemplos sobre esta historia. Hay casas. Hay familias en que los papás se volvieron perezosos para la fe, perezosos. Hay papás que no van a misa. Pero hay hijos que van a misa aunque el papá no vaya a misa. Hay hijos que están más convencidos de Dios que los propios papás. Conozco el caso reciente. Una señorita hija de papá protestante. Y el papá pues trató de infundir su religión, pero la hija salió por otro lado y la muchachita está pensando en consagrarse a Dios en la Iglesia Católica, no porque el papá se haya detenido y haya dicho yo no quiero ser católico. ¡Já! No quedó cerrada la puerta por eso. Dios tocará otra puerta. Dios no se va a detener si tú te detienes. Mal para ti. Qué pesar contigo. Pero el Evangelio no se detiene. La Palabra de Dios decía San Pablo no está encadenada. Ese es un ejemplo. Muchas veces se habla de los pecados y los problemas de la juventud, pero yo tengo ocasión de conocer muchos muchachos que les ha tocado hacerse solos en la fe, porque los papás no les dieron gran cosa. Y para mí esos muchachos o esas jóvenes valen muchísimo porque llegan a la fe, como se dice a pulso, con fuerza. Les ha tocado duro. Dios no se detuvo. Que porque mi papá es un criminal, mi papá no cree en nada. Mi papá se volvió ateo, mi papá se burla de la iglesia. Entonces yo ¿Tengo que ser lo mismo! No señor. Su papá es su papá y usted es usted. Y no porque el papá se haya detenido ya. Dios va a decir en esa casa no entro. Dios tocará otro corazón y buscará otra persona porque Dios es terco. Otro ejemplo si miramos la historia de la iglesia, encontramos que a lo largo de la historia han surgido cantidad de comunidades religiosas. Y hay una cosa muy interesante. Muchas veces surge una comunidad y parece que es como una gran luz de santidad, pero el tiempo pasa y casi todas las comunidades tienen un declive, se van relajando, ya no tienen el fervor del principio, se van olvidando de sus fuentes y del ejemplo que les dio el fundador o la fundadora, y van declinando las comunidades religiosas. ¿Y qué? Entonces ya Dios por eso se cruza de brazos y dice ya, que se pudra el mundo. ¡No! Hace nacer nuevas comunidades. Eso es muy lindo. Hoy, por ejemplo, mi Dios está haciendo una obra muy grande, no solo en nuevas comunidades, sino también en los laicos. Ustedes, mis hermanos, ustedes tienen muchas veces la delantera en la Iglesia y hay testimonios que uno escucha, que uno como religioso y como sacerdote, uno siente que se ruboriza. Que porque el sacerdote tal vez le falta vida, le falta energía, le faltan ideas, le faltan recursos, ¿Se va a parar el Evangelio? No, señor. El Evangelio no se detiene ni siquiera porque haya sacerdotes malos. Al Evangelio no lo para nadie. Entonces surgen movimientos laicales. Hoy, precisamente, el Papa Juan Pablo II ha canonizado a un sacerdote que tuvo una visión tremendamente profética sobre este tema. San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador de una obra que es fundamentalmente laical. Se llama el Opus Dei. Eso traduce la obra de Dios. Y en el Opus Dei menos del 3% oiga. Menos del 3% son sacerdotes 97, 98% laicos, laicos convencidos de su bautismo, laicos, que no es tan crítico y crítica y que el Padre hizo que el Padre no hizo, que el uno, hizo que el otro miró. Laicos dedicados a dar testimonio de Jesús en su vida cotidiana, en su trabajo, en su lugar de estudio, con sus amigos, con su deporte, con su alegría, con su sanidad y con su santidad de vida, increíble. ¿Ustedes creen que Cristo va a detener el camino del Evangelio porque hay sacerdotes con problemas? Porque hay sacerdotes. . . No, Señor. ¡Ah! Entonces volvámonos protestantes, quitemos los sacerdotes y volvámonos protestantes. No, señor. No está ni tibio. Dios tiene suficiente fuerza para renovar a la Iglesia y fundará nuevas comunidades. Y vendrán nuevas experiencias y vendrán nuevas generaciones de hombres y de mujeres, santos, laicos, religiosos, sacerdotes, santos. Dios no tiene las manos atadas. Y Dios es terco. Es terco en amar, es obstinado en buscar nuestra salvación porque nos ama, porque se compadece de nosotros. Y otro ejemplo: Llega a tanto, pero a tanto la misericordia de Dios. Y Dios es tan terco, tan terco en amar; que incluso se da este caso que no aparecía en el Evangelio de hoy: Cuántas veces sucede; que Dios, después de insistirle a uno, insistirle a uno, insistirle a uno y uno resistente, uno obstinado, terco. . . ¿Qué hace Dios? Se da una vueltecita y vuelve y nos llama entonces por otra puerta, con una ternura tan grande, cómo que se cansó de tocar el timbre y no le abrimos. Entonces busca el portón de atrás a ver si por allá le abrimos y si no, nos toca alguna ventana, si no, nos pone un correo electrónico, si no, nos llama por teléfono, si no, nos manda a sus ángeles, Dios no se detiene. Dios es fuerte y Dios busca caminos para salvarnos. Y esa obstinación la hemos vivido muchos. De pronto, muchos de nosotros tenemos que decir, Dios me ha tenido muchísima paciencia, porque yo a Dios le hice esperar muchísimo. Hay un soneto que ustedes pueden buscar en los libros de literatura y también ya está en Internet un soneto de Lope de Vega: " ¿Qué tengo yo que mi amistad procuras? " Le pregunta Lope de Vega a Jesús, ¿Qué tengo yo que mi amistad Procuras? ¿Por qué pasas las noches del invierno aguantando frío por mí? ¿Por qué me esperas? ¿Por qué me amas tanto? ¿Por qué eres así? Y desde luego, la gran señal del amor de Dios, la gran señal de la terquedad de Dios, es la cruz. Llegar hasta allá. Eso es demasiado. Éste es el amor en el que nosotros creemos. En las lecturas de hoy, no nos quedemos únicamente diciendo ¿Ve; si ve lo malo que es el ser humano? ¡Así somos! ¡Así somos todos! ¡No! No se quede mirando al ser humano que es barro y ceniza. Mire usted la terquedad del amor de Dios y alégrese pensando que Dios encuentra puertas y las busca y las buscará hasta el final. Por eso, Dios le dijo a Santa Catalina de Siena, que no era tan fácil tampoco condenarse. Fíjese, eso. No es tan fácil tampoco condenarse, porque la condenación supone que una persona tiene que huirle mucho a Dios, mucho. Dios nos busca de muchas maneras a través de las enfermedades, a través de los amigos, a través de las bondades de la creación, a través de su Santa Palabra, a través de predicaciones. Dios nos busca y nos busca y nos busca en muchas maneras. Tiene que ser uno demasiado, demasiado cerrado, demasiado sordo y demasiado tonto para huir de la voz de Dios. Dios nos busca, Dios nos ama. Dios es terco en amarnos y en buscarnos. ¡Qué lindo es nuestro Dios!

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